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Educación, ética y poder PDF Imprimir E-mail
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Educación y cultura - Arte
Escrito por Jesús Solís Alpuche   
Miércoles, 23 de Junio de 2010 18:06

Las doctrinas filosóficas europeas, frutos de su propio desarrollo social y económico, desde Grecia, llegan a la conclusión errónea, de que la naturaleza está regida por leyes determinadas, y el espíritu humano por otras. Hegel dice que “La naturaleza es lo que no ha sido trasformado”. Ferranter Mora, por su parte dice que “La naturaleza se opone a la cultura, a la gracia, a la libertad”. En lo personal considero que estas afirmaciones van en contra de la realidad de la evolución del universo y afectan nuestro desarrollo cultural y educativo.

El error de postular dos leyes distintas: una para el universo y otra para el espíritu humano, escinde al ser humano del universo y de ahí nace el individualismo que produce la tragedia de la humanidad. Según la enseñanza de la doctrina occidental dominante los seres humanos estamos aislados o independientes del cosmos y de la naturaleza, la que desde la Biblia judaica, bastión de nuestra cultura y educación occidental, está a disposición “del hombre”: (Dios los bendijo, diciéndoles: sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla. Exploten los peces del mar, toda clase de semillas, árboles frutales y dominen a las aves del cielo, a los animales y cuanto ser viviente se mueva en la tierra. Génensis 1.- 28 y 29).

En cambio, las culturas prehispánicas, por observación milenaria comprendían que el ser humano es parte del universo, y todas las partes del cosmos forman una organización comunal. Ahora, ¿cómo nuestros antepasados mayas y demás culturas mesoamericanas se sintieron parte del universo?

Para respondernos no hay más que pensar como pensaban nuestros antepasados, por ejemplo que la tierra, el agua, el aire, el viento y el sol, trabajan comunalmente para hacer brotar la semilla que produce la mazorca de maíz, y si del maíz y otras emillas dependemos para alimentarnos, el mismo ser humano debe ser comunitario. Otro ejemplo es el trabajo de la luna sobre las plantas para regular el ascenso de la savia, según se halle en cuarto menguante, luna llena o creciente. Lo mismo influye la luna y coopera en la germinación, la gestación, la imaginación y la sensibilidad afectiva y sexual entre todos los seres vivos.

Quiero insistir en la diferencia de visiones del mundo, entre la educación y cultura occidental que en las escuelas producen con su enseñanza un “recurso humano” para ser un “triunfador” como profesional sobre los demás, seres sujetos a la ley de la oferta y la demanda de empleos técnicos y profesionales en serie, donde nadie es indispensable; y la visión de las culturas prehispánicas y su pensamiento en el que: cada organismo humano, es un universo en pequeño, es una comuna con la capacidad de comprender hasta el infinito la grandeza de Dios del que forma parte, lo mismo que de la sociedad hermanada entre sí, y del universo.

En el estudio médico antiguo nuestras glándulas laboran comunalmente, se influyen se avisan, interactúan y si una glándula no responde al aviso de otra, esta insiste, segrega más cooperación, envía mensajes urgentes. El corazón, los riñones, el hígado, los pulmones, todos trabajan en común organizadamente. También nuestros cinco sentidos trabajan en forma comunitaria para informarnos. ¿De qué nos informan? De la grandiosa realidad común  que nos rodea, nos pertenece, y a la que pertenecemos.

La educación, dicen las definiciones, es un proceso amplio y complejo que abarca actividades diversas con un alto grado de intencionalidad, para apoyar la formación de las personas. Esta es al menos la definición académica que ocupan los educadores y especialistas en el tema.

En nuestro país, y particularmente en nuestro estado, Yucatán, existe un rezago enorme en materia educativa, porque a mi juicio, el modelo educativo, como el modelo de desarrollo que se busca imponer, carece de credibilidad y aceptación popular desde el principio. La educación es por obligación para el pueblo, no un satisfactor de bienestar, para el bienestar común.

No obstante el reconocimiento de los derechos a la cultura de los pueblos indígenas el año 2001 en la Constitución, durante 509 años se trató de imponer el idioma castellano como oficial al mismo tiempo que 62 poblaciones indígenas les eran negados sus derechos en la ley. Hoy sabemos que nuestro país es pluriénico, plurilingüe y diverso en sus culturas porque los derechos indígenas a sus culturas se reconocen en la Ley,  aun que no en los hechos.

La resistencia indígena, entonces, a integrarse a los procesos de desarrollo occidental del país no son gratuitos, Los pueblos originarios que habitan nuestro territorio nacional son descendientes de extraordinarias civilizaciones con diferentes niveles socioculturales. Herederos de riquísimas culturas ancestrales que vieron truncado su desarrollo autóctono por la invasión y la conquista del Siglo XVI.

Derrotados por la fuerza de las armas y la técnica de guerra, de una nación que basa su cultura en el despojo y el lucro individual así como en la explotación del trabajo humano (por esta causa sostenía más de 300 años de batallar con los moros), nuestros pueblos, con más avances que España en la astronomía, las matemáticas, la arquitectura, la farmacopea, las artes y los oficios, pasaron a ser durante cuatro siglos, esclavos encubiertos, diezmados por enfermedades desconocidas, reprimidos en sus manifestaciones religiosas y culturales, hechos víctimas de un sistema de servidumbre humana como la cultura occidental marcaba. Es la causa del rechazo y la resistencia de nuestros pueblos indígenas a integrarse a los procesos de educación y desarrollo. El choque cultural subyace y en los hechos la dominación y el despojo persisten.

Los procesos educativos son esencialmente procesos de comunicación, entre maestros y alumnos. La comunicación se establece cuando existe una identidad entre lo que se comunica entre dos o más personas. Esto es lo que a fallado a mi ver en los programas educativos, para que en nuestro país todos nos hagamos visibles en el desarrollo. Un desarrollo diferente, justo y visible para todos.


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