1.- El neoliberalismo, la descomposición social y el ecocidio

Foto: Aisletwentytwo
Foto: Ais­let­wentyt­wo

La huma­ni­dad ha gene­ra­do posi­bi­li­da­des tec­no­ló­gi­cas. Al mis­mo tiem­po entre los seres huma­nos pre­va­le­ce y cre­ce la des­con­fian­za recí­pro­ca, al ais­la­mien­to y la vio­len­cia físi­ca o ver­bal que en su for­ma extre­ma lle­ga a la gue­rra, el secues­tro, la deni­gra­ción y la tor­tu­ra.

Antes del des­va­ne­ci­mien­to del pro­yec­to de la Unión Sovié­ti­ca y de los paí­ses socia­lis­tas, el otro mun­do “posi­ble” se cono­cía con el nom­bre de “socia­lis­mo”. Las desilu­sio­nes y el des­pres­ti­gio en el que caye­ron los par­ti­dos que toma­ban ese sím­bo­lo hicie­ron que muchos se rebe­la­ran con apo­yo y orien­ta­ción de pro-capi­ta­lis­tas, ini­cian­do así la era del “neo­li­be­ra­lis­mo”.

Al no haber con­cep­tos alter­na­ti­vos fren­te a la cri­sis del “socia­lis­mo real”, el pro­yec­to neo­li­be­ral envol­vió a gobier­nos, par­ti­dos polí­ti­cos y a muchos ciu­da­da­nos de casi todos los paí­ses, pro­pi­cian­do una super­con­cen­tra­ción del poder eco­nó­mi­co, tec­no­ló­gi­co y polí­ti­co mien­tras la pobre­za abar­ca a más del 80% de la pobla­ción mun­dial. El neo­li­be­ra­lis­mo cons­ti­tu­ye una vorá­gi­ne de poder eco­nó­mi­co y polí­ti­co que depre­da los recur­sos natu­ra­les ponien­do en crí­ti­co ries­go la sobre­vi­ven­cia de la espe­cie huma­na.

Los con­flic­tos socia­les se agu­di­zan en todo el mun­do, espe­cial­men­te en los paí­ses eco­nó­mi­ca­men­te pobres, y en algu­nos casos, como en el Medio Orien­te y en Ciu­dad Juá­rez, Chihuahua, la vio­len­cia irra­cio­nal no pare­ce tener lími­tes. Se des­ta­pan por todos lados escán­da­los de corrup­ción que minan las ya esca­sas espe­ran­zas y la des­gas­ta­da con­fian­za social.

A prin­ci­pios del siglo XXI pre­va­le­ce que cada uno sólo vea sus intere­ses inme­dia­tos y, como en un “embo­te­lla­mien­to social”, unos obs­tru­yan el desa­rro­llo de otros, y así en esen­cia se obs­tru­yan a sí mis­mos. Hay quie­nes pien­san que el abu­so de unos sobre otros es algo natu­ral.

No deja de ser absur­do pre­ten­der com­ba­tir la vio­len­cia con más vio­len­cia, pero así ha sido has­ta aho­ra. Ante la vio­len­cia de los gobier­nos los pue­blos se han rebe­la­do his­tó­ri­ca­men­te toman­do las armas. La huma­ni­dad no ha teni­do la inte­li­gen­cia para com­pren­der­se y orien­tar­se pro­po­si­ti­va­men­te. Los inten­tos his­tó­ri­cos rea­li­za­dos no han sido sufi­cien­tes.

Más de tres mil años de la cul­tu­ra occi­den­tal nos han acos­tum­bra­do al indi­vi­dua­lis­mo, sin poder cap­tar que, en esen­cia, el bien­es­tar de los demás es la base del bien­es­tar de cada uno.

El Movi­mien­to de Trans­for­ma­ción Social (MTS) pre­ten­de con­vo­car a todos a edi­fi­car una cul­tu­ra social, eco­nó­mi­ca y polí­ti­ca en la que pre­va­lez­can la jus­ti­cia, la equi­dad, el afec­to y la liber­tad. A tra­vés del ejem­plo y de los avan­ces del MTS podre­mos moti­var o des­per­tar a los que tie­nen mie­do o dudan de la posi­bi­li­dad del cam­bio social.

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