2 de octubre, hace 45 años

Segui­mos a los que se diri­gían hacia la Ala­me­da. En el Hemi­ci­clo se reali­zó un mitin en el que se denun­cio de repre­sión de la poli­cía en diver­sos plan­te­les, escu­cha­mos a una madre acu­san­do, que en uno de esos cho­ques su hijo había sido ase­si­na­do por la poli­cía y lla­ma­ba al Pre­si­den­te Díaz Ordaz, cha­cal ase­sino, exi­gía jus­ti­cia y cas­ti­go; con­vo­ca­ba a mar­char a los Pinos.

Ter­mi­nó el mitin y pidie­ron que nos reti­ra­mos en gru­pos, cami­na­mos sobre ave­ni­da Niño Per­di­do, hoy Eje Cen­tral, nos encon­tra­mos con otros que venían corrien­do del zóca­lo, los habían des­alo­ja­do con vio­len­cia, agi­ta­dos y asus­ta­dos, algu­nos san­gra­ban de bra­zos o pier­nas; los sol­da­dos los habían dis­per­sa­do a pun­ta de bayo­ne­ta. Sus com­pa­ñe­ros les lle­van car­ga­dos en bra­zos, y en impro­vi­sa­das cami­llas. El gobierno decía que no había heri­dos, que esta­ba dis­per­san­do las pro­tes­tas pací­fi­ca­men­te.

De nue­vo se for­mó un con­tin­gen­te y alguien sugi­rió mar­char hacia Tele­vi­cen­tro, hoy Tele­vi­sa, con la inten­ción inge­nua de exi­gir que se trans­mi­tie­ra la ima­gen de los lesio­na­dos y poder hablar ante las cáma­ras para enviar un men­sa­je a la socie­dad, al lle­gar al lugar se pidió acce­so a las ins­ta­la­cio­nes, un direc­ti­vo de la empre­sa, al que le fal­ta­ba una ore­ja reci­bió a una comi­sión inclu­yen­do a los agre­di­dos.

A los pocos minu­tos lle­ga­ron los gra­na­de­ros y colo­ca­ron una valla al fren­te de las ins­ta­la­cio­nes, pro­te­gien­do con escu­dos y tole­tes a la tele­vi­so­ra, los mucha­chos se que­da­ron aden­tro y nun­ca se trans­mi­tió  nin­gu­na  ima­gen o men­sa­je.

Pasa­do un tiem­po de espe­ra  y vien­do que lle­ga­ban más gra­na­de­ros, los diri­gen­tes lla­ma­ron a mar­char hacia en la voca­cio­nal núme­ro cin­co, ubi­ca­da en la ciu­da­de­la, para impe­dir otra agre­sión, reor­ga­ni­zar y ver como res­ca­tar a los com­pa­ñe­ros que habían sido entre­ga­dos a la tele­vi­so­ra.. En el camino pie­dra y palo en mano, encon­tra­mos un tran­vía que fue dete­ni­do por una bri­ga­da, baja­ron el pasa­je y acto segui­do, lan­za­ron sobre el mis­mo varias bom­bas molo­tov.

Había ya un gran incen­dio, cuan­do lle­ga­ron a paso veloz los gra­na­de­ros y empe­za­ron a per­se­guir a todos, corri­mos y corri­mos, Alfre­do y yo, nos meti­mos en una vecin­dad cer­ca de Gari­bal­di, don­de la gen­te nos pro­te­gió, nos die­ron café y pan, pidie­ron tuvié­se­mos cui­da­do y nos die­ron la ben­di­ción.

Sen­tía cora­je de ver las demos­tra­cio­nes de fuer­za exce­si­va y abu­sos de poli­cías y sol­da­dos con­tra los  uni­ver­si­ta­rios, que eran per­se­gui­dos y repri­mi­dos con saña, me sume  a las mani­fes­ta­cio­nes, me sor­pren­día su valor y auda­cia, la ale­gría de las muje­res y jóve­nes bur­lán­do­se del gobierno, y de los pode­ro­sos, gri­ta­ban con­sig­nas, can­ta­ban, bai­la­ban, pelea­ban.

En San Idel­fon­so vivía un com­pa­ñe­ro de la escue­la al que fui a visi­tar y vimos cuan­do los gra­na­de­ros per­se­guían a un gru­po de estu­dian­tes que se ence­rra­ron en la escue­la pre­pa­ra­to­ria. Des­de la azo­tea lan­za­ban  a la poli­cía todo tipo de obje­tos, pie­dras, ladri­llos, bote­llas, pupi­tres y todo cuan­to podían.

Des­de el edi­fi­cio de enfren­te al que lle­gué, veía­mos aga­za­pa­dos a los gra­na­de­ros lan­zan­do gases, empu­ja­ban la puer­ta de made­ra sóli­da y grue­sa como de igle­sia anti­gua pero no cedía.

La mamá de Javier al que visi­ta­ba y que esta­ba con noso­tros o noso­tros con ella, fue al depar­ta­men­to y sacó sába­nas, tra­pos, cube­tas lle­nas de agua, y des­de la azo­tea empe­zó a aven­tar­los para que los estu­dian­tes se lim­pia­ran la cara y los ojos de los gases lacri­mó­ge­nos, que pro­vo­ca­ban un fuer­te ardor.

En eso corrie­ron los gra­na­de­ros para situar­se al fren­te de la puer­ta y dis­pa­ra­ron una bazu­ca: la explo­sión rom­pió e incen­dio la puer­ta, los poli­cías entra­ron a tro­pel. Que­da­mos  ató­ni­tos, asus­ta­dos,  la seño­ra al ver mayor el peli­gro de inme­dia­to nos con­du­jo al depar­ta­men­to nos metió a una habi­ta­ción y nos advir­tió que no salié­ra­mos por nin­gún moti­vo, noso­tros está­ba­mos tem­blan­do de mie­do.

Pasó la noche en medio del ulu­lar de sire­nas, el mar­char de los sol­da­dos, el motor de vehícu­los; por la maña­na la
zona esta­ba toma­da por los sol­da­dos, sali­mos con  la Sra. cami­na­mos por la ave­ni­da Argen­ti­na cru­zan­do rete­nes rum­bo a la calle de Gua­te­ma­la en el camino vimos que dos arme­rías habían sido abier­tas y saquea­das: por todos lados había poli­cías y mili­ta­res era prác­ti­ca­men­te un Esta­do de sitio.

Cien­tos de mexi­ca­nos fue­ron masa­cra­dos por el gobierno en 1968. Hoy 45 años des­pués  encon­tra­mos en las calles pro­tes­tan­do al movi­mien­to magis­te­rial y a miles de estu­dian­tes y tra­ba­ja­do­res que les apo­yan.

El PRI ha regre­sa­do a la pre­si­den­cia de la Repú­bli­ca des­pués de doce años de fra­ca­sa­dos gobier­nos panis­tas (2000–2012), que resul­ta­ron más de lo mis­mo, y que suma­dos a los gobier­nos del pri con­ta­bi­li­zan  para los mexi­ca­nos 82 años de “dic­ta­du­ra per­fec­ta”.

Con Peña Nie­to tie­nen con­ti­nui­dad los mis­mos intere­ses de la oli­gar­quía, de los gru­pos de poder fác­ti­co y for­mal, que pre­ten­den pro­lon­gar, man­te­ner y aumen­tar sus pri­vi­le­gios; entre­gan­do las rique­zas de la Nación a los extran­je­ros; son ellos quie­nes cla­man como ayer, repri­mir las mani­fes­ta­cio­nes de pro­tes­ta.

Este miér­co­les se rea­li­za­rá una de las mani­fes­ta­cio­nes más gran­des de los últi­mos años y será el mejor home­na­je  que pode­mos ren­dir a quie­nes die­ron su vida por con­se­guir mayo­res liber­ta­des demo­crá­ti­cas, abrie­ron cami­nos para la liber­tad de expre­sión, de mani­fes­ta­ción y de. actua­ción polí­ti­ca.

Aho­ra vivi­mos peli­gro­sos momen­tos de regre­sión, más aún cuan­do pare­ce que el alma en pena de Díaz Ordaz, ron­da en los Pinos, oja­lá y no se les ocu­rra bajo algún pre­tex­to man­dar al ejer­ci­to o a las poli­cías a repri­mir a los mani­fes­tan­tes. ¡Dos de octu­bre, no se olvi­da!

jorgemoscosopedrero@yahoo.com.mx

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