Auge y caída de una idea

LABRAR EL DESTINO

La razón últi­ma de la polí­ti­ca petro­le­ra de la Revo­lu­ción Mexi­ca­na, ini­cia­da por Made­ro y lle­va­da a su pun­to más alto por Láza­ro Cár­de­nas, es jus­ta­men­te eso que des­ta­có Cosío Ville­gas: la volun­tad de Méxi­co de labrar su pro­pio des­tino nacio­nal. El ideal detrás de la haza­ña de 1938 ‑la expro­pia­ción de las petro­le­ras extran­je­ras- no fue sólo que el gobierno mexi­cano pudie­ra aumen­tar su par­ti­ci­pa­ción en la ren­ta petro­le­ra. La idea no era tan sim­ple como extraer y ven­der todo lo que se pudie­ra de ese recur­so no reno­va­ble, sino sólo el nece­sa­rio para dar­le la ener­gía físi­ca y en con­di­cio­nes ópti­mas a un pro­yec­to nacio­nal, aspi­ra­ción que en su núcleo duro bus­ca­ba tres cosas: hacer de Méxi­co una eco­no­mía que supe­ra­ra el sub­de­sa­rro­llo, alcan­zar y sos­te­ner el mayor gra­do posi­ble de sobe­ra­nía fren­te al pode­ro­so vecino nor­te­ame­ri­cano y crear una socie­dad menos injus­ta, más soli­da­ria. A nivel del gobierno, ese pro­yec­to hoy está muerto.

El uso de la rique­za petro­le­ra se empe­zó a des­vir­tuar en gran­de cuan­do el lega­do car­de­nis­ta comen­zó a ser corroí­do por la corrup­ción. Pero se dio un paso gigan­tes­co en la direc­ción erra­da cuan­do López Por­ti­llo qui­so sal­var el sis­te­ma auto­ri­ta­rio ‑ese que le lle­vó a ganar con el 100% de los votos en 1976- petro­li­zan­do la eco­no­mía. El petró­leo pro­pi­ció el aumen­to expo­nen­cial de la deu­da exter­na y sus recur­sos se eva­po­ra­ron como agua en los sexe­nios veni­de­ros. Hoy se argu­men­ta que la inver­sión exter­na es indis­pen­sa­ble para sacar ade­lan­te a nues­tra indus­tria petro­le­ra, a la que, según el direc­tor de Pemex, le urgen 60 mil millo­nes de dóla­res para poner­se al día en tec­no­lo­gía (El País, 9 de diciem­bre). Bueno, pues en 2005 los ingre­sos petro­le­ros fue­ron supe­rio­res a ese mon­to, supe­ra­ron los 70 mil millo­nes de dóla­res, pero en bue­na medi­da se invir­tie­ron no en lo impor­tan­te sino en gas­to corrien­te, en el apa­ci­gua­mien­to de los gober­na­do­res ‑la mayo­ría priis­tas- o a los gran­des sin­di­ca­tos (Rocío Moreno, Ingre­sos petro­le­ros y gas­to públi­co, Méxi­co: Fun­dar, 2006, pp. 11, 21, 24–26).

LA CAÍ­DA DEL ÚLTI­MO GRAN PROYECTO

La entre­ga de la explo­ta­ción y pro­ce­sa­mien­to de nues­tros hidro­car­bu­ros al gran capi­tal externo es, en su sen­ti­do pro­fun­do, el retorno del pasa­do, del mode­lo ante­rior a 1938, aun­que en con­di­cio­nes muy dis­tin­tas, pues ya no hay la ino­cen­cia de enton­ces. Hoy todos los acto­res que están invo­lu­cra­dos en esta polí­ti­ca que se pro­po­ne, en pala­bras de Cosío Ville­gas, aban­do­nar “la segu­ri­dad, del domi­nio y de la dicha que se con­si­gue quien ha labra­do su pro­pio des­tino” opta­ron por la sali­da fácil: nada de com­ba­tir la corrup­ción, nada de hacer una real refor­ma fis­cal, nada de inten­tar noso­tros mis­mos reme­diar nues­tros gran­des males. Es mejor que ven­gan de fue­ra los “sal­va­do­res” que, por defi­ni­ción, no pue­den estar intere­sa­dos en sal­var­nos sino en explo­tar­nos, para eso nacieron.

No deja de ser iró­ni­co que el PAN, el par­ti­do que apa­re­ció para com­ba­tir a Cár­de­nas y a su heren­cia y que fra­ca­só rotun­da­men­te cuan­do lle­gó a la Pre­si­den­cia, sea hoy el pro­ta­go­nis­ta que el PRI actual eli­gie­ra usar como espo­lón de proa para aca­bar con lo últi­mo y lo más gran­de que que­da­ba de ese mag­ní­fi­co y gene­ro­so pro­yec­to nacio­nal que fue el cardenista.

La cri­sis de Méxi­co sigue sien­do moral pero ha lle­ga­do más lejos de lo que hace 66 años ima­gi­nó Cosío Villegas.

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