Boletín Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra

El hecho de que en el dic­ta­men ela­bo­ra­do por el Minis­tro Gudi­ño Pela­yo se reco­noz­ca que en los hechos del 3 y 4 de mayo de 2006 en Tex­co­co y Aten­co se come­tie­ron gra­ves vio­la­cio­nes a las garan­tías indi­vi­dua­les y a los dere­chos cons­ti­tu­cio­na­les, es una con­se­cuen­cia lógi­ca deri­va­da del estu­dio de las prue­bas apor­ta­das por orga­nis­mos públi­cos y civi­les de dere­chos huma­nos, de carác­ter nacio­nal e inter­na­cio­nal y es una obli­ga­ción éti­ca y moral de la Cor­te decla­rar­lo así.

Sin embar­go, el Minis­tro Gudi­ño Pela­yo emi­te una con­clu­sión que limi­ta el alcan­ce de la decla­ra­ción y favo­re­ce la impu­ni­dad a los altos fun­cio­na­rios fede­ra­les y esta­ta­les, en caso de apro­bar­se dicho dic­ta­men, al decir que éstas gra­ves vio­la­cio­nes no obe­de­cie­ron a una estra­te­gia esta­tal por no haber­se demos­tra­do ins­truc­cio­nes expre­sas y órde­nes ilí­ci­tas de los altos fun­cio­na­rios, dejan­do toda la res­pon­sa­bi­li­dad a la libre volun­tad de unos poli­cías “mal ins­trui­dos e indis­ci­pli­na­dos”, cuan­do la pro­pia Comi­sión Inves­ti­ga­do­ra deter­mi­nó que el día 3 de mayo por la noche se reu­nie­ron Enri­que Peña Nie­to, Wil­fre­do Roble­do, Abel Villi­ca­ña, Hum­ber­to Bení­tez Tre­vi­ño, así como Eduar­do Medi­na Mora, Gena­ro Gar­cía Luna y Miguel Ángel Yunes, para defi­nir el Ope­ra­ti­vo Res­ca­te Aten­co, lo que impli­ca una pla­nea­ción y dolo para ate­rro­ri­zar a la pobla­ción y tra­tar de exter­mi­nar al FPDT

Es evi­den­te que en el dic­ta­men se disec­cio­nan las garan­tías cons­ti­tu­cio­na­les vio­la­das, ya que por una par­te se acre­di­ta –y con razón- que se afec­ta­ron el dere­cho a la vida, a la inte­gri­dad de la per­so­na, a la liber­tad sexual, a la no dis­cri­mi­na­ción por géne­ro, a la invio­la­bi­li­dad del domi­ci­lio, a la liber­tad per­so­nal, al debi­do pro­ce­so, al tra­to digno de los dete­ni­dos y al dere­cho a la jus­ti­cia, sin embar­go, las gra­ves vio­la­cio­nes a la Cons­ti­tu­ción tam­bién tras­cien­den a los dere­chos polí­ti­cos de libre mani­fes­ta­ción de ideas, de reu­nión, de peti­ción y de protesta.

A dife­ren­cia de lo que se expre­sa en el dic­ta­men al rela­tar una serie de hechos des­crip­ti­vos como con­tex­to, el ori­gen del con­flic­to es la fal­ta de aten­ción a las deman­das socia­les del FPDT, cuya peti­ción con­sis­tía en que el Ayun­ta­mien­to de Tex­co­co per­mi­tie­ra ven­der flo­res a un gru­po redu­ci­do de per­so­nas el 3 de mayo de 2006. Es decir, lo que era un hecho irre­le­van­te de carác­ter muni­ci­pal se con­vir­tió en cues­tión de horas en un caso gra­ve de vio­la­cio­nes a los dere­chos huma­nos, con la inter­ven­ción de los tres nive­les de gobierno, cuya coor­di­na­ción –por lógi­ca ele­men­tal- supu­so un plan y una estra­te­gia de con­trol de pobla­ción, que sólo podía haber sido deci­di­da por Enri­que Peña Nie­to y el Gabi­ne­te de Segu­ri­dad Nacio­nal de Vicen­te Fox y no por unos poli­cías indis­ci­pli­na­dos que tor­tu­ra­ron y usa­ron como botín de gue­rra a las muje­res para violarlas.

Auna­do a lo ante­rior, el aco­ta­do méto­do de inves­ti­ga­ción emi­te con­clu­sio­nes erró­neas y con­tra­dic­to­rias con su pro­pio regla­men­to que se des­pren­de del artícu­lo 97 párra­fo segun­do cons­ti­tu­cio­nal, en don­de la regla 21 esta­ble­ce que no se cali­fi­ca­rá la lega­li­dad de lo actua­do en ave­ri­gua­cio­nes pre­vias, jui­cios u otros pro­ce­di­mien­tos ante otro órgano por hechos con­su­ma­dos ni fin­car res­pon­sa­bi­li­da­des. Esto es por­que el Minis­tro Gudi­ño Pela­yo en su dic­ta­men exo­ne­ra a los poli­cías esta­ta­les de la muer­te de nues­tro com­pa­ñe­ro Javier Cor­tés, sugi­rien­do que otra per­so­na aje­na a las cor­po­ra­cio­nes poli­cía­cas lo haya ase­si­na­do, es decir, este jui­cio no sólo deja impu­ne a los res­pon­sa­bles mate­ria­les e inte­lec­tua­les sino que responsabiliza
a las víc­ti­mas de la represión.

De igual for­ma, mani­fies­ta que no hay sus­ten­to que per­mi­ta con­si­de­rar que Ale­xis Benhu­mea per­dió la vida por el impac­to de una gra­na­da de gas lacri­mó­geno. Estos dos casos son la mues­tra de los alcan­ces de la inves­ti­ga­ción rea­li­za­da, ya que los datos por los que sus­ten­ta sus afir­ma­cio­nes fue­ron toma­dos de las ave­ri­gua­cio­nes pre­vias aún sin cerrar ni deter­mi­nar a los res­pon­sa­bles, es decir, el eje­cu­ti­vo del Esta­do de Méxi­co fun­ge como juez y par­te a tra­vés de la Pro­cu­ra­du­ría de Jus­ti­cia del Esta­do, a él le toca inves­ti­gar los hechos por los que se le acu­sa. Si bien en el dic­ta­men se deter­mi­na que se vio­la­ron las garan­tías de segu­ri­dad jurí­di­ca, de lega­li­dad y de audien­cia de los gober­na­dos –como suce­dió en el caso de las denun­cias por tor­tu­ra y vio­la­ción pre­sen­ta­das por nues­tras compañeras‑, por sim­ple lógi­ca las ave­ri­gua­cio­nes abier­tas por estos dos homi­ci­dios par­ten de vicios de origen. 

De igual for­ma, al publi­car el dic­ta­men omi­tien­do los nom­bres de las víc­ti­mas, auto­ri­da­des y poli­cías, así como el no incor­po­rar los pun­tos reso­lu­ti­vos de la decla­ra­ción no se pro­te­ge a los agra­via­dos –por­que nues­tras denun­cias han sido públi­cas- sino que des­pier­ta la sos­pe­cha de la impu­ni­dad para los altos fun­cio­na­rios, cuya res­pon­sa­bi­li­dad pare­ce con­sis­tir ‑en este dic­ta­men- en exce­der­se en el uso de la fuer­za y no como vio­la­do­res de dere­chos huma­nos, deján­do­les la res­pon­sa­bi­li­dad polí­ti­ca en la regla­men­ta­ción posterior.

Para noso­tros, la dis­cu­sión que se dé en el pleno de la SCJN es rele­van­te ya que no sólo se tra­ta de reco­no­cer que en los hechos del 3 y 4 de mayo de 2006 se come­tie­ron gra­ves vio­la­cio­nes a los dere­chos huma­nos –como hechos con­su­ma­dos- sino que deri­va­das de ellas se están come­tien­do vio­la­cio­nes gra­ves de for­ma con­ti­núa y per­ma­nen­tes has­ta este momen­to. Ya que Pedro Reyes Flo­res, Ale­jan­dro Pilón Zaca­te, Jor­ge Alber­to Ordó­ñez Rome­ro, Román Adán Ordó­ñez Rome­ro, Juan Car­los Estra­da Cru­ces, Julio César Espi­no­sa Ramos, Inés Rodol­fo Cue­llar Rive­ra, Edgar Eduar­do Mora­les, Oscar Her­nán­dez Pache­co, Nar­ci­so Are­llano Her­nán­dez reclui­dos en el penal del Molino de Flo­res, en Tex­co­co, con­de­na­dos a 31 años, 10 meses y 15 días de pri­sión, Feli­pe Álva­rez, Héc­tor Galin­do e Igna­cio Del Valle Medi­na reclui­dos en el penal de El Alti­plano, en Almo­lo­ya de Juá­rez, con­de­na­dos a 67 años y medio y 112 años y medio de pri­sión, así como nues­tros 3 com­pa­ñe­ros per­se­gui­dos están pidien­do liber­tad y jus­ti­cia inte­gral, por­que de mane­ra injus­ta están sien­do acu­sa­dos de deli­tos fabri­ca­dos mien­tras los poli­cías vio­la­do­res y los res­pon­sa­bles polí­ti­cos se encuen­tran libres. 

            Tal como lo esta­ble­ce la regla 24 que se des­pren­de del artícu­lo 97 párra­fo segun­do cons­ti­tu­cio­nal, se debe de seña­lar a las auto­ri­da­des invo­lu­cra­das en dichas vio­la­cio­nes y deter­mi­nar los órga­nos y auto­ri­da­des com­pe­ten­tes para actuar en con­se­cuen­cia, por lo que  regla­men­tar el uso de la fuer­za en casos futu­ros no nos ser­vi­rá de mucho sino se deter­mi­na la jus­ti­cia para Aten­co y ésta se logra­rá si la Cor­te es capaz de tocar los intere­ses de los gober­nan­tes res­pon­sa­bles de las gra­ves vio­la­cio­nes a los dere­chos huma­nos, o de no ser así, éstos fun­cio­na­rios pasa­rán a la lar­ga lis­ta de repre­so­res que gozan de impu­ni­dad mien­tras esca­lan pues­tos de elec­ción popular. 

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