Clivaje en la política

Foto: Cristina Góngora
Foto: Cris­ti­na Góngora

El cli­va­je es un tér­mino psi­co­ana­lí­ti­co que impli­ca la rela­ción con el otro, basán­do­se en su par­te bue­na; pero tam­bién en la mala, en una moda­li­dad de exa­ge­ra­ción. La polí­ti­ca, es la mane­ra en la que se for­ma­li­za las inter­ac­cio­nes para ejer­cer poder, basa­do en la admi­nis­tra­ción públi­ca. Para obte­ner este poder, se requie­re un públi­co, un pue­blo y espe­cí­fi­ca­men­te, ganar adep­tos y para ello se recu­rren a las cam­pa­ñas, los dis­cur­sos, don­de la per­sua­sión, basa­da en la per­so­na­li­dad y el dog­ma de los polí­ti­cos, jue­gan fun­da­men­tal importancia.

Lamen­ta­ble­men­te, el cli­va­je psi­co­ló­gi­co, pre­va­le­ce en el acer­ca­mien­to de muchos polí­ti­cos hacia el pue­blo. La pri­me­ra fase del cli­va­je es tra­tar bien al pue­blo, refle­ja­do en los bue­nos ofre­ci­mien­tos, como mejo­ra en la eco­no­mía, más pues­tos de tra­ba­jo, for­ma­li­dad en los con­tra­tos, aumen­to de la segu­ri­dad ciu­da­da­na, erra­di­ca­ción de la corrup­ción, dis­mi­nu­ción de la pobre­za y todo lo inima­gi­na­ble. Para ello, el per­sua­sor polí­ti­co, tan solo mos­tra­rá lo bueno de si, su gran sen­si­bi­li­dad, su amor a los pobres, su ayu­da incon­di­cio­nal, su visi­ta a luga­res recón­di­tos, su defen­sa a los más nece­si­ta­dos. Todo lo ante­rior, repre­sen­ta la exa­ge­ra­ción en el tra­to como par­te bue­na hacia los demás, pero una vez con­se­gui­do el poder a tra­vés de una elec­ción “demo­crá­ti­ca” (las comi­llas van por­que una demo­cra­cia real se basa en el acce­so a edu­ca­ción con jus­ti­cia e igual­dad, lo cual per­mi­ti­rá ele­gir libre­men­te y con con­cien­cia; pero lamen­ta­ble­men­te en muchos paí­ses, la edu­ca­ción es pau­pé­rri­ma), pau­la­ti­na­men­te el polí­ti­co va olvi­dan­do a quien lo eli­gió y jus­ta­men­te es el momen­to de la segun­da fase del cli­va­je psi­co­ló­gi­co: el tra­to a los otros con la par­te mala, en una for­ma extra limi­ta­da a tra­vés del aban­dono, la infor­ma­li­za­ción de los con­tra­tos de tra­ba­jo, el favo­re­ci­mien­to de la corrup­ción, las coimas y se ase­gu­ra la esta­bi­li­dad, mejo­ra labo­ral, aumen­to de suel­dos, segu­ri­dad; pero no para el pue­blo, sino para la fami­lia del polí­ti­co. En esta fase psi­co­ló­gi­ca, las deman­das, pro­tes­tas de un pue­blo, sim­ple­men­te ya no impor­tan. En el cli­va­je con la par­te mala, pre­va­le­ce el des­pre­cio y el polí­ti­co se ena­je­na de quie­nes lo eli­gie­ron, mini­mi­zan­do así, a quien le otor­gó el poder. Hablar de los fac­to­res que con­lle­van a los polí­ti­cos a rea­li­zar aque­llo, reque­ri­ría una gran expan­sión, pero tan solo como alcan­ce tene­mos: la infra­va­lo­ra­ción a los padres, quie­nes son los dado­res de moral y ayu­da en la infan­cia. Los padres o sus­ti­tu­tos solo sir­ven, has­ta que el niño (polí­ti­co) con­si­ga lo que quie­re. Des­pués de que el niño se sale con la suya; sim­ple­men­te los padres (pue­blo) ya no sir­ven, al menos no, por un momen­to, has­ta que el niño nece­si­te nue­va­men­te el jugue­te del poder.

Dio­ner Fran­cis Marín Puelles
Direc­tor Escue­la de Psi­co­lo­gía de la Uni­ver­si­dad César Vallejo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *