Consejos al presidente Obama

Pero renun­ciar a un títu­lo impo­si­ble no impli­ca, nece­sa­ria­men­te, ais­lar­se del mun­do. Es sabi­do que hoy en día toda nación depen­de de las demás. 

Y aquí vie­ne mi segun­do con­se­jo: para que esta depen­den­cia no sea uni­la­te­ral ‑y, por lo tan­to, injus­ta- ins­tru­ya a su secre­ta­ria de Esta­do para que, a su vez, dé la siguien­te orden a cada uno de los emba­ja­do­res nor­te­ame­ri­ca­nos: “Pre­sen­te sus excu­sas, ofi­cial­men­te y con gran pom­pa y publi­ci­dad, a cada una de las nacio­nes agre­di­das por los EE.UU. des­de su fun­da­ción, empe­zan­do por Cana­dá, Méxi­co, Espa­ña y Fili­pi­nas, y ter­mi­nan­do por Cuba, Viet­nam, Chi­le e Irak”. 

Ter­ce­ro: ins­tru­ya a su secre­ta­ria de Esta­do para que cum­pla y haga cum­plir las nor­mas del dere­cho inter­na­cio­nal. Nor­ma­li­ce las rela­cio­nes diplo­má­ti­cas de su país con todo el mun­do y faci­li­te los inter­cam­bios cul­tu­ra­les a esca­la inter­na­cio­nal. Que ella ofrez­ca cola­bo­ra­ción, no ayu­da. Menos aun, ame­na­za o soborno. 

Cuar­to: orde­ne el des­man­te­la­mien­to de las 1000 bases mili­ta­res que su país ins­ta­ló en los cin­co con­ti­nen­tes. Esta medi­da mos­tra­ría que su gobierno renun­cia a sus ambi­cio­nes impe­ria­les. Ade­más, señor pre­si­den­te, cal­cu­le la millo­na­da que se ahorraría. 

¿Qué hacer con el per­so­nal mili­tar y civil de esas bases, que suma más de un cuar­to de millón de per­so­nas? Le sugie­ro que se les dé la opción de jubi­lar­se o de regre­sar a su país e incor­po­rar­se en el Ser­vi­cio de Recons­truc­ción Nacio­nal. Este últi­mo (supon­go que ya se ha pro­pues­to fun­dar­lo) con­so­li­da­ría todas las agen­cias esta­ta­les encar­ga­das de repa­rar y moder­ni­zar la infra­es­truc­tu­ra del país. 

Quin­to: pro­pon­ga la con­so­li­da­ción de los 16 ser­vi­cios de espio­na­je exis­ten­tes actual­men­te, así como la estric­ta prohi­bi­ción de inter­fe­rir en los asun­tos de otros países. 

Sex­to: plan­tee la inter­na­cio­na­li­za­ción efec­ti­va del Fon­do Mone­ta­rio Inter­na­cio­nal y del Ban­co Mun­dial, que has­ta aho­ra han fun­cio­na­do prin­ci­pal­men­te para ser­vir a los EE.UU., como lo seña­ló Zbig­niew Brze­zins­ki. En par­ti­cu­lar, pro­cu­re que esas agen­cias repu­dien el infa­me Con­sen­so de Washing­ton, fla­ge­lo del Ter­cer Mundo. 

Sép­ti­mo: pon­ga tér­mino al con­flic­to israe­lí-pales­tino para ase­gu­rar no sólo la super­vi­ven­cia de Israel, sino tam­bién la de Pales­ti­na y, sobre todo, para sal­va­guar­dar la paz mun­dial. Para lograr estos obje­ti­vos ten­drá que adop­tar algu­nas medi­das radi­ca­les, en lugar de enviar a su secre­ta­ria de Esta­do (cono­ci­da por su par­cia­li­dad) a besar­se con man­da­ta­rios ami­gos y a reanu­dar con­ver­sa­cio­nes que no harían sino pro­lon­gar el con­flic­to. Las úni­cas medi­das que darán resul­ta­do posi­ti­vo inme­dia­to serán las siguientes: 

a) Con­mi­ne al gobierno israe­lí a que eva­cue todos los terri­to­rios pales­ti­nos ocu­pa­dos ile­gal­men­te des­de 1967 y a que lo haga den­tro del tér­mino de tres meses, so pena de per­der el sub­si­dio de más de un millón de dóla­res que vie­ne reci­bien­do todos los días des­de hace dece­nios. Si ese pla­zo ven­cie­ra antes de ter­mi­nar el reti­ro de las tro­pas de ocu­pa­ción, su secre­ta­rio del Teso­ro cerra­ría el espi­che, lo que, segu­ra­men­te, haría reac­cio­nar al elec­to­ra­do israe­lí. Al mis­mo tiem­po, pída­les a los paí­ses euro­peos que hagan otro tan­to con las auto­ri­da­des pales­ti­nas: que cesen de ayu­dar­las mien­tras no se entien­dan con los israelíes. 

b) Ins­te a los man­da­llu­vias de la región a que arre­glen sus dife­ren­dos por sí mis­mos y a la mayor bre­ve­dad. Si este lla­ma­do fue­ra desoí­do en el tér­mino de tres meses, ins­tru­ya al emba­ja­dor nor­te­ame­ri­cano en las Nacio­nes Uni­das para que pro­pon­ga en el Con­se­jo de Segu­ri­dad el dise­ño de un plan de
desar­me de toda la región (Israel, Pales­ti­na, Líbano y Siria), cuyo cum­pli­mien­to sería vigi­la­do por cas­cos azu­les. Ellos actua­rían como tro­pas de ocu­pa­ción y no como meros vee­do­res, tes­ti­gos impo­ten­tes de crí­me­nes de gue­rra, como ocu­rrió en las inva­sio­nes israe­líes al Líbano y duran­te la gue­rra civil de Ruanda. 

c) Este desar­me inclui­ría la des­truc­ción de las 200 o más bom­bas nuclea­res israe­líes, la con­ver­sión de la plan­ta nuclear de Dimo­na en una usi­na de ener­gía nuclear, la trans­for­ma­ción de las fuer­zas arma­das de los cua­tro paí­ses en otras tan­tas gen­dar­me­rías o guar­dias terri­to­ria­les, la des­truc­ción de todas las armas ofen­si­vas (caño­nes, ame­tra­lla­do­ras, tan­ques, avio­nes y heli­cóp­te­ros de com­ba­te, etc.) y el embar­go de armas des­ti­na­das a paí­ses u orga­ni­za­cio­nes de la región. Tan­to el dise­ño como la eje­cu­ción de dicho plan de desar­me esta­rían a car­go de las Nacio­nes Uni­das, en con­sul­ta con los cua­tro paí­ses afec­ta­dos. La ONU ocu­pa­ría mili­tar­men­te esa región has­ta que se paci­fi­ca­ra por ente­ro. Has­ta que emer­ja una gene­ra­ción de jóve­nes deseo­sos de vivir nor­mal­men­te en lugar de morir en aras de las fan­ta­sías de sus abuelos. 

Final­men­te, me per­mi­to dar­le algu­nos con­se­jos sobre polí­ti­ca interna. 

Pri­me­ro: bos­que­je y some­ta al Con­gre­so un ante­pro­yec­to de ley por el cual se reem­pla­ce el actual régi­men pre­si­den­cia­lis­ta por el par­la­men­ta­rio. El moti­vo es obvio: el pre­si­den­cia­lis­mo es una for­ma de dic­ta­du­ra, así como la mane­ra más efi­caz de reem­pla­zar téc­ni­cos com­pe­ten­tes por cor­te­sa­nos incom­pe­ten­tes. El régi­men par­la­men­ta­rio es noto­ria­men­te ines­ta­ble, lo que obli­ga a entre­nar y man­te­ner una buro­cra­cia esta­tal alta­men­te cali­fi­ca­da, bien remu­ne­ra­da e ina­mo­vi­ble, que haga mar­char el apa­ra­to del Esta­do entre cri­sis par­la­men­ta­rias. Un minis­tro que sea a la vez dipu­tado nacio­nal pue­de ser incom­pe­ten­te o venal, pero no pue­de hacer mucho daño, por­que está ase­so­ra­do y vigi­la­do por su deputy o dele­ga­do, el más alto fun­cio­na­rio de su minis­te­rio, para quien los intere­ses del Esta­do tie­nen prio­ri­dad sobre las ambi­cio­nes de los polí­ti­cos de turno. 

Segun­do: nom­bre un secre­ta­rio de Salud Públi­ca con el encar­go de estu­diar los sis­te­mas de Cana­dá y Euro­pa Occi­den­tal. Ellos ase­gu­ran la aten­ción médi­ca gra­tui­ta, o casi gra­tui­ta, de toda la pobla­ción. (Esto hizo hace un siglo el gran esta­dis­ta argen­tino Joa­quín V. Gon­zá­lez.) En el Ter­cer Mun­do hay un pre­ce­den­te intere­san­te y casi des­co­no­ci­do: el ante­pro­yec­to de ley de segu­ro nacio­nal de salud, que pre­sen­tó mi padre, el dipu­tado nacio­nal doc­tor Augus­to Bun­ge, y que ocu­pa más de mil pági­nas del Dia­rio de Sesio­nes, de 1936. (Supon­go que el archi­vo del sena­dor Ted Ken­nedy con­ser­va­rá la car­ta que yo le envié al mis­mo efec­to en 1964.) 

Ter­ce­ro: ins­tru­ya a su secre­ta­rio de Edu­ca­ción para que ave­ri­güe cómo se las arre­glan unas vein­te nacio­nes, mucho menos ricas y pode­ro­sas que los Esta­dos Uni­dos, para tener escue­las públi­cas tan­to mejo­res que las nor­te­ame­ri­ca­nas, y para ganar­les a los EE.UU., año tras año, en las olim­pía­das mate­má­ti­cas. Sos­pe­cho que halla­rán que, en otras par­tes, los maes­tros están mucho mejor pre­pa­ra­dos y son mucho mejor tra­ta­dos, que los pla­nes de estu­dio inclu­yen la mate­má­ti­ca y las cien­cias como asig­na­tu­ras obli­ga­to­rias y que los estu­dian­tes no son some­ti­dos a exá­me­nes tan frecuentes. 

Cuar­to: ins­tru­ya a su secre­ta­rio de Jus­ti­cia para que pre­pa­re un ante­pro­yec­to por el cual se pon­ga fue­ra de ley la pro­fe­sión de lob­bis­ta o ges­tor par­la­men­ta­rio, quien no sólo ges­tio­na tra­tos pre­fe­ren­cia­les para cor­po­ra­cio­nes, sino que redac­ta orde­nan­zas e
inclu­so pro­yec­tos de ley para favo­re­cer­las a cos­ti­llas del con­su­mi­dor. Es obvio que esta pro­fe­sión es alta­men­te inmo­ral, ya que su fun­ción es hacer pri­var el inte­rés pri­va­do por sobre el públi­co, a la vez que sobor­nar a legis­la­do­res y fun­cio­na­rios públicos. 

Quin­to: estu­die los argu­men­tos mora­les y prác­ti­cos con­tra la pena de muer­te, que no es sino un ase­si­na­to lega­li­za­do. Las esta­dís­ti­cas demues­tran que care­ce de poder per­sua­si­vo y que la tasa de cri­mi­na­li­dad es mucho mayor en los EE.UU. que en cual­quie­ra de las nacio­nes que han repu­dia­do la pena de muer­te. Y una vez per­sua­di­do de que la pena capi­tal es un resi­duo bár­ba­ro, mon­te usted una cam­pa­ña para per­sua­dir a los par­la­men­ta­rios demó­cra­tas de que eli­mi­nen la pena de muerte. 

La pues­ta en prác­ti­ca de mis reco­men­da­cio­nes con­tri­bui­ría a reem­pla­zar la impro­vi­sa­ción opor­tu­nis­ta pro­pia de la cam­pa­ña elec­to­ral por una pla­ni­fi­ca­ción racio­nal, a la luz de las cien­cias y téc­ni­cas socia­les. Tam­bién con­tri­bui­ría a trans­for­mar a su país, de la civi­li­za­ción en cier­nes y plu­to­de­mo­cra­cia que ha sido duran­te casi dos siglos, en una civi­li­za­ción madu­ra, así como en una autén­ti­ca demo­cra­cia política. 

Final­men­te, le diré por qué me creo con dere­cho a dar­le con­se­jos: no por­que sea ducho en polí­ti­ca, que no lo soy, sino por­que, como todo el mun­do, he sido tan­to víc­ti­ma como bene­fi­cia­rio de su país. Es el mis­mo moti­vo por el cual mi fina­do ami­go el gran perio­dis­ta Pepe Orte­ga Spot­torno, fun­da­dor del dia­rio El País, dijo que todo el mun­do debe­ría poder votar en las elec­cio­nes pre­si­den­cia­les nor­te­ame­ri­ca­nas, por­que sus resul­ta­dos nos afec­tan pro­fun­da­men­te a todos. 

Me des­pi­do res­pe­tuo­sa y cor­dial­men­te, y con el deseo de que siga sien­do Barack Oba­ma, pese a lle­var el man­to pur­pú­reo, pero apo­li­lla­do del últi­mo empe­ra­dor del mundo. 

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