De Julio Alemán a…

Su rela­to me impre­sio­nó. Por expe­rien­cia pro­pia, sé de lo que habla. Se me fue el sue­ño. Así que opté por revi­sar mis men­sa­jes en correo elec­tró­ni­co. ¡Vaya sor­pre­sa! Hallé un men­sa­je de doña Isa­bel Miran­da de Walla­ce. Cita un artícu­lo mío, en don­de la men­ciono. Me feli­ci­ta por mi “cla­ri­dad y trans­pa­ren­cia”. (Nin­gún alto diri­gen­te de mi Par­ti­do ha dicho eso. Al con­tra­rio, ya les pla­ti­ca­ré). Me comen­ta de cómo ha evo­lu­cio­na­do su lucha, de per­so­nal, como cual­quier ciu­da­da­na, a un esfuer­zo polí­ti­co. Cuan­do escri­be del ase­si­na­to de su hijo y de cómo logró, final­men­te, que los malean­tes fue­sen atra­pa­dos, la ima­gino tam­bién llorando.

Así que al con­cluir mi labor, fui a dor­mir, pero inquie­to. Tal vez me impre­sio­na­ron los rela­tos que aca­ba­ba de ver y leer. Qui­zá. Pero lo que siguió, al ama­ne­cer del día siguien­te, me devol­vió de gol­pe y porra­zo a la cruel realidad.

Se los pla­ti­co tal cual, pala­bras más, pala­bras menos. Y la ver­dad, no se lo deseo a nadie, pues como uste­des recor­da­rán, el 12 de junio pasa­do sufrí una expe­rien­cia trau­man­ti­zan­te y ahora…va el relato:

El domin­go (12 de febre­ro), tem­prano, alguien tocó la puer­ta de mi depar­ta­men­to. Como fue insis­ten­te, me acer­qué a ver quién era. Pre­gun­té sin abrir. Miré por la miri­lla. Era un indi­vi­duo blan­co, 1.75 m. de esta­tu­ra, 30–35 años, pare­cía fornido.

¿Señor José Luís?”, pre­gun­tó. Sí, le contesté.

Y se dio el “diá­lo­go”, así, sin que yo abrie­ra la puerta.

Ven­go a hablar con usted” – ¿De par­te de quién?

Ven­go de la Dele­ga­ción” — ¿Para qué asunto?

De los pape­les que ha meti­do” – No he meti­do nin­gún papel.

¡Ábra­me!” – No, dis­cul­pe, no son horas.

¿Pues a qué horas son horas, si ya son las sie­te de la maña­na?”  — Mas tarde.

Es que quie­ro hablar con Usted”.  – Sí pero aho­ri­ta no puedo.

Ven­go de la Dele­ga­ción” — ¿Pero qué asun­to es?

De los pape­les que ha meti­do”. – No he meti­do nin­gún papel.

Es de varios asun­tos” – No ten­go nin­gún asun­to con la Delegación.

Es sobre los depar­ta­men­tos de la Uni­dad” – No, no tene­mos nin­gún asunto.

Enton­ces ¿no va a abrir? – No, aho­ra no.

En este momen­to hizo como que se iba. ¿O eran dos? Lle­gó a la plan­ta baja.

Pero vol­vió y vol­vió a tocar. El “diá­lo­go” reinició:

Enton­ces ¿no me va a abrir?” – No.

Bueno para que sepas, ven­go por lo del depar­ta­men­to G2-101” – ¿Qué hay?

Es que no me avi­sas­te, ni a mí, ni a mi mamá. Pero sabes qué, los ten­go bien ubi­ca­dos a ti y a tu her­mano. Y esto no se va a que­dar así.” – Cla­ro que están avi­sa­dos (le acla­ré), des­de hace dos años, inclu­so uste­des vinie­ron a ver­me y les expli­qué. No ten­go nada que ver, son uste­des los que no paga­ron al Fonha­po. Don­de deben arre­glar es en dicha ins­ti­tu­ción o en el juzgado.

Qué juz­ga­do ni que la chin­ga­da. Ábre­me”. – No.

Tú no sabes quién soy. ¿Quie­res que abra tu chin­ga­da puer­ta? (En este momen­to se escu­cha como que cor­ta car­tu­cho de algu­na arma. Yo no alcan­zo a ver nada. Pero me reti­ro de la puer­ta, a un lado).

Enton­ces ¿cuan­do te voy a ver? – Pues maña­na en la tar­de, en tu departamento.

¡En el depar­ta­men­to, la chingada!” — …

¡Nomás no me bus­cas y ven­go y te par­to tu madre, a ti y a tu her­mano, al cabo los ten­go bien ubicados!”.

¡Me van a qui­tar el depar­ta­men­to (¿?) pero no te vas a ir lim­pio, te voy a que­brar!”  —  Yo a nadie le qui­to departamentos.

¡La chin­ga­da!”.

Como a las 7:15 se reti­ró, ¡uff!

Al poco rato sonó el telé­fono. Era la veci­na de enfren­te. Con voz tem­blo­ro­sa, doña Nor­ma dijo: “Oiga don José Luís, lla­ma­mos a una patru­lla. No tar­da en lle­gar. Es que escu­cha­mos que alguien le esta­ba gri­tan­do e insul­tan­do a usted. Mi mari­do se aso­mo por la miri­lla y dijo que era un hom­bre alto, pero no le vio la cara. Pero si se dio cuen­ta que traía una pis­to­la y como que iba a dis­pa­rar pues apun­tó a la cha­pa de su puer­ta. Pero, al pare­cer, no pudo o se arre­pin­tió. La patru­lla no
debe tardar”.

Agra­de­cí su ges­to a doña Nor­ma y le acla­ré que espe­ra­ría a la patru­lla. Ésta – de la base Faraón, del DF — lle­gó como a las 7:35 h. Como los poli­cías no baja­ban, fui a la calle a ver si venían por mi caso. Ambos ofi­cia­les me dije­ron que sí. Enton­ces les narré lo suce­di­do. Ano­ta­ron en un papel y me lo die­ron; era un núme­ro tele­fó­ni­co para cosas urgen­tes: 5445–1083.

De vuel­ta a casa, me abor­dó otra veci­na, la de aba­jo, doña Mari­na, quien esta­ba por salir a tra­ba­jar. “Oiga, oí todo, que le gri­ta­ban y lo insul­ta­ban. Me aso­mé pero solo le ví las patas cuan­do vol­vió a subir. Me dio mie­do”. Pues yo igual pero…por lo pron­to ya está la denun­cia respectiva

Y enton­ces pien­so en la vio­len­cia. No tie­ne razón de ser, pero ahí está. Apa­re­ce cuan­do menos lo espe­ra­mos. Refle­xiono sobre el ori­gen de la vio­len­cia recru­de­ci­da en Méxi­co; sí, es la tele­vi­sión y el mal queha­cer de la gene­ra­li­dad de los polí­ti­cos y empre­sa­rios encum­bra­dos. De la Tele­vi­sión pues ésta, como diría Mcluhan, atra­pa nues­tras con­cien­cias y les hace ver que todo se vale para lograr todos los pro­pó­si­tos; menos el esta­do de dere­cho. Y los malos polí­ti­cos y empre­sa­rios, pues se sien­ten y actúan a ojos vis­tas, como impu­nes ante todo, inclu­so ante la ley. Su mal ejem­plo, cun­de por doquier. 

Y los pla­tos rotos los paga­mos todos, a dia­rio, des­de famo­sos como Julio Ale­mán o doña Isa­bel Miran­da de Walla­ce, o anó­ni­mos como miles, inclui­do un ser­vi­dor (que soy un mero repre­sen­tan­te veci­nal), víc­ti­mas de delin­cuen­tes, que nada res­pe­tan. Afor­tu­na­da­men­te, esti­ma­dos cua­tro o cin­co lec­to­res (as), ten­go la con­cien­cia tran­qui­la, estoy sano, no ten­go enemi­gos, aun­que aho­ra ando con “un ojo al gato y otro al gara­ba­to” y…se los estoy pla­ti­can­do. Por ahora…

Noti­tas: Una.- Pues que el home­na­je a Heber­to Cas­ti­llo, a car­go de la UVI, en Ixhuatlán de Made­ro, Vera­cruz, se pos­po­ne para los días 5 y 6 de mar­zo. Dos.- Víc­tor Manuel Gon­zá­lez Fuen­tes, otro de “mis cua­tro o cin­co lec­to­res (as)”, me escri­bió aira­do, a pro­pó­si­to de mi ante­rior mamo­tre­to (“Los Can­di­do­tes”) para decir: “No son cua­tro sino cin­co, las muje­res que han sido can­di­da­tas a la Pre­si­den­cia de la Repú­bli­ca. Te fal­tó men­cio­nar a Mar­ce­la Lom­bar­do, por el vie­jo PPS” ¡ah! Tres.- Otras ama­bles lec­to­ras, Juli­sa Mejía Guar­da­do y Estre­lla Vás­quez Osorno, igual me recri­mi­nan: “¿Por qué me dis­cri­mi­nas y no me men­cio­nas en tu articu­lo, (dice cada una), si yo ade­más de tu lec­to­ra, tam­bién soy aspi­ran­te a una Dipu­tación por el Dis­tri­to Elec­to­ral 31 de Nezahual­co­yotl, Edo­mex, en el caso de la pri­me­ra, y por el Dis­tri­to 8 del DF, en el caso de la segun­da”? ¡Qué carác­ter! ¡A ver si las fuer­zas vivas de las auto deno­mi­na­das “izquier­das”, per­mi­ten a los ocho aspi­ran­tes a un car­go de repre­sen­ta­ción popu­lar, que aquí he men­cio­na­do y que tam­bién son par­te de “mis cua­tro o cin­co lec­to­res (as)”, pasar al siguien­te nivel, o sea, ser can­di­da­tos! Cua­tro.- ¡Feliz 14 de febre­ro!, ¿así se dice?

Correo elec­tró­ni­co: hernandez.jimenez2010@hotmail.com    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *