El peligro de que la indignación acabe evaporándose

Le pre­gun­to a este pro­fe­sor emé­ri­to en la Uni­ver­si­dad de Leeds (Ingla­te­rra) si le pare­ce que estas gran­des mani­fes­ta­cio­nes masi­vas, pací­fi­cas y tan hete­ro­gé­neas logra­rán com­ba­tir los abu­sos de los mer­ca­dos, pro­mo­ver una demo­cra­cia real, redu­cir las injus­ti­cias y, en suma, mejo­rar la equi­dad en el capi­ta­lis­mo glo­bal, pero, como pro­fe­sor que es, no res­pon­de a la cues­tión de un solo gol­pe.

En su pare­cer, el ori­gen de todos los gra­ves pro­ble­mas de la cri­sis actual tie­ne su prin­ci­pal cau­sa en “la diso­cia­ción entre las esca­las de la eco­no­mía y de la polí­ti­ca”. Las fuer­zas eco­nó­mi­cas son glo­ba­les y los pode­res polí­ti­cos, nacio­na­les. “Esta des­com­pen­sa­ción que arra­sa las leyes y refe­ren­cias loca­les con­vier­te la cre­cien­te glo­ba­li­za­ción en una fuer­za nefas­ta. De ahí, efec­ti­va­men­te, que los polí­ti­cos apa­rez­can como mario­ne­tas o como incom­pe­ten­tes, cuan­do no corrup­tos”.

El movi­mien­to del 15-M tra­ta­ría de suplir la fal­ta de glo­ba­li­za­ción de la polí­ti­ca median­te la opo­si­ción popu­lar”. ¿Una opo­si­ción efi­caz? En opi­nión de este sabio de 86 años, el efec­to que pue­de espe­rar­se de este movi­mien­to es “alla­nar el terreno para la cons­truc­ción, más tar­de, de otra cla­se de orga­ni­za­ción”. Ni un paso más.

Bau­man cali­fi­ca a este movi­mien­to, como es bien evi­den­te, de “emo­cio­nal” y, en su pare­cer, “si la emo­ción es apta para des­truir resul­ta espe­cial­men­te inep­ta para cons­truir nada. Las gen­tes de cual­quier cla­se y con­di­ción se reúnen en las pla­zas y gri­tan los mis­mos esló­ga­nes. Todos están de acuer­do en lo que recha­zan, pero se reci­bi­rían 100 res­pues­tas dife­ren­tes si se les inte­rro­ga­ra por lo que desean”.

La emo­ción es (¿cómo no?) “líqui­da”. Hier­ve mucho pero tam­bién se enfría unos momen­tos des­pués. “La emo­ción es ines­ta­ble e inapro­pia­da para con­fi­gu­rar nada cohe­ren­te y dura­de­ro”. De hecho, la moder­ni­dad líqui­da den­tro de la cual se ins­cri­ben los indig­na­dos posee como carac­te­rís­ti­ca la tem­po­ra­li­dad, “las mani­fes­ta­cio­nes son epi­só­di­cas y pro­pen­sas a la hiber­na­ción”.

¿Se nece­si­ta­ría un líder aca­lo­ra­do? ¿Varios líde­res tem­pe­ra­men­ta­les? “El movi­mien­to no lo acep­ta­ría pues­to que tan­to su poten­cia como su gozo es la hori­zon­ta­li­dad, sen­tir­se jun­tos e igua­les, lo que, en impor­tan­te medi­da, les nie­ga el super­in­di­vi­dua­lis­mo actual”. La super­in­di­vi­dua­li­dad (de la moder­ni­dad líqui­da) “crea mie­dos, des­va­li­mien­tos, una capa­ci­dad empo­bre­ci­da para hacer fren­te a las adver­si­da­des”.

El estrés es la enfer­me­dad que acom­pa­ña a esta sevi­cia. “Las gen­tes se sien­ten solas y ame­na­za­das por la pér­di­da del empleo, la dis­mi­nu­ción del suel­do, la difi­cul­tad de adap­ta­ción al ries­go. El estrés es corrien­te entre los para­dos pero tam­bién en los emplea­dos, aco­sa­dos por los cie­rres y des­pi­dos, las pre­ju­bi­la­cio­nes o los sala­rios cada vez más bajos. En Esta­dos Uni­dos el estrés pro­du­ce tan­tos daños eco­nó­mi­cos como la suma con­jun­ta de todas las demás enfer­me­da­des”. Las bajas labo­ra­les por estrés lle­gan a cos­tar, dice Bau­man, 300.000 millo­nes de dóla­res (216.600 millo­nes de euros) al año y la cifra no deja de cre­cer.

¿Lle­ga­rá todo esto a pro­vo­car un giro en el sis­te­ma, un colap­so o algún cam­bio sus­tan­ti­vo? Su res­pues­ta es que, en estos momen­tos, pre­fie­re hablar de “tran­si­ción” y no de “cam­bio”. Nece­si­ta­ría hechos más netos para pro­nun­ciar­se sobre el alcan­ce de los actua­les tras­tor­nos. “Antes, hacía fal­ta mucho tiem­po para pre­pa­rar unas pro­tes­tas masi­vas como las del 15-M, pero hoy las redes socia­les per­mi­ten enor­mes con­cen­tra­cio­nes en muy poco tiem­po”. Pero vol­ve­mos a lo mis­mo: de igual mane­ra que se con­cen­tran y actúan con velo­ci­dad, muy poco des­pués se detie­nen.

El movi­mien­to cre­ce y cre­ce pero “lo hace a tra­vés de la emo­ción, le fal­ta pen­sa­mien­to. Con emo­cio­nes solo, sin pen­sa­mien­to, no se lle­ga a nin­gu­na par­te”. El albo­ro­to de la emo­ción colec­ti­va repro­du­ce el
espec­tácu­lo de un car­na­val que aca­ba en sí mis­mo, sin con­se­cuen­cia. “Duran­te el car­na­val todo está per­mi­ti­do pero ter­mi­na­do el car­na­val vuel­ve la nor­ma­ti­va de antes”.

Pue­de decir­se, decla­ra el pro­fe­sor, que “nos halla­mos en una fase espe­cial­men­te intere­san­te, como en un labo­ra­to­rio de acción social nue­vo”. Tar­de o pron­to la cri­sis ter­mi­na­rá y, sin duda, las cosas serán dife­ren­tes pero ¿de qué modo?

No me pida que sea pro­fe­ta”, implo­ra Bau­man. “En algu­nos luga­res, no en todos, el movi­mien­to ha logra­do con­quis­tas impor­tan­tes pero no es exten­si­ble a todos los paí­ses”. Lo líqui­do sigue sien­do váli­do para la pre­vi­sión del por­ve­nir. La moder­ni­dad líqui­da se expre­sa, obvia­men­te, en su fal­ta de soli­dez y de fije­za. Nada se halla lo sufi­cien­te­men­te deter­mi­na­do. Ni las ideas, ni los amo­res, ni los empleos, ni el 15-M. Por eso teme que tal arre­ba­to aca­be tam­bién, final­men­te, “en nada”. No es segu­ro, pero sien­do líqui­do, ¿cómo no pen­sar en la eva­po­ra­ción?

La emo­ción es apta para des­truir, pero inep­ta para cons­truir nada”

Las pro­tes­tas suplen la fal­ta de polí­ti­ca glo­bal con opo­si­ción popu­lar”

El movi­mien­to no acep­ta­ría un líder. Su poten­cia es su hori­zon­ta­li­dad”

Fren­te al actual indi­vi­dua­lis­mo, los indig­na­dos se sien­ten igua­les”

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