El sistema educativo es anacrónico

Ken Robin­son: Pues creo que hay varios. Si nos plan­tea­mos cuál es el pro­pó­si­to de la edu­ca­ción, los polí­ti­cos a menu­do hablan de vol­ver a lo esen­cial, a lo bási­co. Y creo que hay que hacer­lo, ¡pero pri­me­ro tene­mos que poner­nos de acuer­do sobre qué es lo esen­cial! En mi opi­nión, la edu­ca­ción, des­de la guar­de­ría has­ta la for­ma­ción de adul­tos, tie­ne en líneas gene­ra­les tres obje­ti­vos, o por lo menos debe­ría tener­los. Uno de ellos es eco­nó­mi­co. Es inne­ga­ble que una de las gran­des expec­ta­ti­vas que tene­mos sobre la edu­ca­ción es que, si alguien tie­ne estu­dios, esta­rá en mejor posi­ción para con­se­guir un tra­ba­jo, y la eco­no­mía se bene­fi­cia­rá. Por eso inver­ti­mos tan­to dine­ro en la edu­ca­ción.

Eduar­do Pun­set: Y aho­ra no es así.

Ken Robin­son: ¡El pro­ble­ma es que las eco­no­mías del mun­do han cam­bia­do dia­me­tral­men­te en los últi­mos 50 años! El mun­do cada vez está más domi­na­do por los sis­te­mas de infor­ma­ción, esta­mos inmer­sos en una eco­no­mía de ser­vi­cios y la indus­tria se ha tras­la­da­do fue­ra de Euro­pa: aho­ra mis­mo se ubi­ca mucho más en Asia. Por con­si­guien­te, eco­nó­mi­ca­men­te, el mun­do de aho­ra no tie­ne nada que ver con el mun­do en el que tú y yo cre­ci­mos. La revo­lu­ción indus­trial for­jó nues­tro mun­do, pero tam­bién fra­guó nues­tros sis­te­mas edu­ca­ti­vos: ¡tene­mos un sis­te­ma de edu­ca­ción indus­trial! Es un mode­lo de la edu­ca­ción basa­do en la pro­duc­ción. El segun­do gran reto edu­ca­ti­vo es de índo­le cul­tu­ral: una de las cosas que espe­ra­mos de la edu­ca­ción es que ayu­de a las per­so­nas a com­pren­der el mun­do que les rodea y a desa­rro­llar un sen­ti­mien­to de iden­ti­dad cul­tu­ral, una idea sobre su lugar en el mun­do.

Eduar­do Pun­set: Sí.

Ken Robin­son: Si ana­li­za­mos los sis­te­mas edu­ca­ti­vos de todos los paí­ses… en Espa­ña no hay duda de que esa expec­ta­ti­va está pre­sen­te en el sis­te­ma de ense­ñan­za: se pre­ten­de ayu­dar a los alum­nos a cono­cer mejor la cul­tu­ra espa­ño­la, y lo mis­mo suce­de en el res­to del mun­do. Es una gran expec­ta­ti­va de la edu­ca­ción. El pro­ble­ma es que el mun­do tam­bién se ha trans­for­ma­do cul­tu­ral­men­te en los últi­mos 50 años. No tie­ne nada que ver con el mun­do en el que cre­ci­mos: cada vez es más inter­de­pen­dien­te, más com­ple­jo, y tam­bién más peli­gro­so cul­tu­ral­men­te en algu­nos aspec­tos, más into­le­ran­te en cier­tas cosas… El ter­cer gran obje­ti­vo de la edu­ca­ción es per­so­nal: lo saben los que tie­nen hijos pero tam­bién cual­quie­ra que esté vivo: una de las cosas que espe­ra­mos de la edu­ca­ción es que nos ayu­de a con­ver­tir­nos en la mejor ver­sión de noso­tros mis­mos; que nos ayu­de a des­cu­brir nues­tros talen­tos, nues­tras des­tre­zas. Y creo que la edu­ca­ción ha fra­ca­sa­do estre­pi­to­sa­men­te en ese sen­ti­do, pues­to que muchos aca­ban sus estu­dios sin des­cu­brir lo que se les da bien, sin ave­ri­guar jamás sus talen­tos. ¡Muchos pasan por la escue­la y lle­gan a la con­clu­sión de que care­cen de cual­quier talen­to! Y esto suce­de por­que, en el fon­do, tene­mos una visión de las apti­tu­des muy limi­ta­da. Tam­bién ha habi­do cam­bios en ese sen­ti­do… Vemos pues que hay cam­bios en nues­tra noción de inte­li­gen­cia, pero tam­bién en la cul­tu­ra, que ha cam­bia­do y se ha com­pli­ca­do, por no hablar de has­ta qué pun­to se ha revo­lu­cio­na­do eco­no­nó­mi­ca­men­te el mun­do.

Eduar­do Pun­set: Por tan­to, tene­mos pues tres gran­des cam­bios que pro­ba­ble­men­te expli­can esta ansie­dad que sur­ge de la dis­pa­ri­dad entre el mun­do edu­ca­ti­vo y las nece­si­da­des eco­nó­mi­cas, cul­tu­ra­les e indi­vi­dua­les. Creo que fuis­te uno de los pri­me­ros del sec­tor edu­ca­ti­vo en hablar de la des­afor­tu­na­da divi­sión entre cien­cias, y la cul­tu­ra y las artes. Y es curio­so, por­que noso­tros, cuan­do pre­pa­ra­mos pro­gra­mas cien­tí­fi­cos, a menu­do tene­mos que enfren­tar­nos a un dile­ma, nos plan­tea­mos que un tema no enca­ja bien en lo que los cien­tí­fi­cos deno­mi­na­rían temá­ti­ca cien­tí­fi­ca, así que es mejor des­car­tar­lo. Pero tú afir­mas que, como resul­ta­do de esta esci­sión entre la cien­cia y las dis­ci­pli­nas artís­ti­cas, hemos igno­ra­do un cam­po fan­tás­ti­co: el de la crea­ti­vi­dad. ¿A qué te refie­res exac­ta­men­te?

Ken Robin­son: Vea­mos, pen­se­mos de nue­vo en la edu­ca­ción. La mayo­ría
de paí­ses no ins­tau­ra­ron un sis­te­ma de edu­ca­ción públi­ca obli­ga­to­ria has­ta media­dos del siglo XIX. Se tra­ta de ideas bas­tan­te nue­vas. Dos fac­to­res influ­ye­ron mucho en la edu­ca­ción: el pri­me­ro fue la eco­no­mía indus­trial, que pro­vo­có una cul­tu­ra orga­ni­za­ti­va de la edu­ca­ción extre­ma­da­men­te lineal, cen­tra­da en los están­da­res y la con­for­mi­dad… y el otro gran fac­tor de influen­cia, en mi opi­nión, fue la cul­tu­ra inte­lec­tual de la Ilus­tra­ción, que des­en­ca­de­nó en la cul­tu­ra aca­dé­mi­ca de la edu­ca­ción. Una de las carac­te­rís­ti­cas de la ense­ñan­za es que hay una jerar­quía de asig­na­tu­ras en las escue­las. En la mayo­ría de sis­te­mas tene­mos, arri­ba de todo de la jerar­quía, la len­gua, las mate­má­ti­cas y las cien­cias; un poqui­to más aba­jo están las huma­ni­da­des, como la geo­gra­fía y los estu­dios socia­les, o la filo­so­fía (cuan­do se ense­ña)… y deba­jo de todo están las dis­ci­pli­nas artís­ti­cas. Hay poquí­si­mos sis­te­mas edu­ca­ti­vos (no conoz­co nin­guno, de hecho) que ense­ñen dan­za con el mis­mo rigor y sofis­ti­ca­ción con el que se ense­ñan mate­má­ti­cas. ¿Por qué hay esta jerar­quía? Muchos te dirán: «¡es evi­den­te! ¡Tie­ne que haber una jerar­quía!» Pero, ¿por qué? Creo que hay dos moti­vos, el pri­me­ro de los cua­les es eco­nó­mi­co. Se cree que las mate­rias que están más arri­ba en la jerar­quía son más rele­van­tes para el mun­do labo­ral…

Eduar­do Pun­set: …para encon­trar un tra­ba­jo.

Ken Robin­son: Sí. Y te encuen­tras con afir­ma­cio­nes como: «no te dedi­ques al arte, jamás serás un artis­ta ni te gana­rás la vida con el arte», «no hagas músi­ca, es muy difí­cil salir ade­lan­te como músi­co». Así que un argu­men­to es cla­ra­men­te eco­nó­mi­co. Pero lo intere­san­te es que nadie te dice: «no te cen­tres en las mate­má­ti­cas, nun­ca serás mate­má­ti­co» ni tam­po­co: «olví­da­te de la quí­mi­ca, jamás serás quí­mi­co». Esto se debe a que, en nues­tra cul­tu­ra inte­lec­tual, exis­te una aso­cia­ción entre las cien­cias y cier­to tipo de cono­ci­mien­to obje­ti­vo. Se cree que, al tra­ba­jar con las cien­cias, se tra­ba­ja con hechos y cer­te­za, que son las cosas que mar­can dife­ren­cias en el mun­do; mien­tras que las dis­ci­pli­nas artís­ti­cas se aso­cian con los sen­ti­mien­tos y la expre­sión per­so­nal, por lo que están muy bien para entre­te­ner­se, pero no son impor­tan­tes para la eco­no­mía. La Ilus­tra­ción y la revo­lu­ción cien­tí­fi­ca crea­ron un mode­lo de inte­li­gen­cia y cono­ci­mien­to que ha impe­ra­do en nues­tra cul­tu­ra. Des­de enton­ces, el arte se ha aso­cia­do con la corrien­te del roman­ti­cis­mo del siglo XIX, con la expre­sión de sen­ti­mien­tos. Y creo que es un pro­ble­ma enor­me, por­que esto ha diso­cia­do el inte­lec­to de la emo­ción, y hemos pasa­do a con­si­de­rar ambas cosas como sepa­ra­das, en detri­men­to tan­to de las artes como de las cien­cias. La crea­ti­vi­dad ha pasa­do a aso­ciar­se con lo artís­ti­co y no con lo cien­tí­fi­co, por­que se cree que la crea­ti­vi­dad tie­ne que ver con la expre­sión indi­vi­dual de las ideas. Yo pro­pon­go, entre otras cosas, reto­mar una con­cep­ción de la crea­ti­vi­dad que nos devuel­va la rela­ción entre las dis­ci­pli­nas artís­ti­cas y cien­tí­fi­cas, pues­to que ambas salen per­ju­di­ca­das de la sepa­ra­ción. Eduar­do Pun­set: Mien­tras habla­bas, pen­sa­ba en el patrón que sir­vió para esta­ble­cer que alguien esta­ba en la par­te ade­cua­da del cono­ci­mien­to: el cocien­te inte­lec­tual. ¿Por qué demo­nios hemos creí­do duran­te tan­to tiem­po que la medi­ción del CI era impor­tan­te para la vida eco­nó­mi­ca?

Ken Robin­son: El cocien­te inte­lec­tual fue una de las nocio­nes que sur­gió del cre­ci­mien­to de la psi­co­lo­gía y la socio­lo­gía, de los inten­tos de apli­car las mis­mas carac­te­rís­ti­cas de las cien­cias físi­cas a las per­so­nas. Lo impor­tan­te es que había dos fuer­zas: por un lado, un ver­da­de­ro espí­ri­tu de inves­ti­ga­ción, para ver si podía­mos medir la inte­li­gen­cia igual que medi­mos el movi­mien­to de las mareas, pero tam­bién coin­ci­dió con el cre­ci­mien­to de la edu­ca­ción públi­ca, que reque­ría una mane­ra efi­caz, rápi­da y obje­ti­va de carac­te­ri­zar a las per­so­nas para poder edu­car­las. Se nece­si­ta­ba saber, en cier­to modo, si tenían una inte­li­gen­cia nor­mal, infe­rior a la media o extra­or­di­na­ria. Alfred Binet, cuan­do creó el pri­mer test de inte­li­gen­cia en París, esta­ba
intere­sa­do en los niños con nece­si­da­des edu­ca­ti­vas espe­cia­les. Para des­cu­brir cuá­les eran sus nece­si­da­des, nece­si­ta­ba tener una idea de cuál era la capa­ci­dad media. Éste era el obje­ti­vo ini­cial. No obs­tan­te, los tests de inte­li­gen­cia se vol­vie­ron fun­da­men­ta­les para la cate­go­ri­za­ción de alum­nos en las escue­las públi­cas, pero tam­bién para la selec­ción en el ejér­ci­to. Se han con­ver­ti­do en un mito, me pare­ce: han pasa­do a for­mar par­te de nues­tro léxi­co cul­tu­ral como si fue­ran obje­ti­vos. Una de las orga­ni­za­cio­nes más impor­tan­tes que hay es Men­sa, la orga­ni­za­ción de per­so­nas con cocien­tes inte­lec­tua­les altos. Y me pare­ce estu­pen­do, no voy a cri­ti­car a Men­sa, pero me plan­teo si esto es así real­men­te. En reali­dad, el test de inte­li­gen­cia sola­men­te mide la capa­ci­dad de hacer tests de inte­li­gen­cia. ¡Hay per­so­nas a las que estos tests se les dan muy bien! Si que­re­mos saber lo inte­li­gen­te que es alguien, ¡por lo menos debe­ría­mos acep­tar que la inte­li­gen­cia entra­ña mucho más de lo que se pue­de medir en un test del CI, ¿no debe­ría­mos incluir tam­bién otras pre­gun­tas? Como, por ejem­plo: ¿sabes com­po­ner una sin­fo­nía? ¿Sabes inter­pre­tar­la? ¿Sabes ges­tio­nar un nego­cio de éxi­to? ¿Sabes bai­lar? ¿Sabes escri­bir una poe­sía que con­mue­va a los lec­to­res y les haga llo­rar? Eduar­do Pun­set: O la empa­tía…

Ken Robin­son: ¡La empa­tía! Si el ser humano sola­men­te tuvie­ra las habi­li­da­des que se miden en los tests de inte­li­gen­cia, la mayor par­te de la cul­tu­ra huma­na jamás habría exis­ti­do. Yo no que­rría vivir en un mun­do así. ¿Tú sí?

Eduar­do Pun­set: No.

Ken Robin­son: Tene­mos una visión de la inte­li­gen­cia muy reduc­cio­nis­ta.

Eduar­do Pun­set: Me gus­ta­ría expli­ci­tar o suge­rir a los tele­es­pec­ta­do­res los gran­des cam­bios, cuál es el con­te­ni­do real de estos gran­des cam­bios a los que se está refi­rien­do Ken Robin­son. Vamos a ver, empe­zó todo por un tipo de pen­sa­mien­to que era el de la Edad Media, OK. Lue­go nos dice en dos pala­bras cuál era la sín­te­sis de este pen­sa­mien­to. Des­pués vie­ne el Rena­ci­mien­to, que es total­men­te o muy dis­tin­to. Des­pués vie­ne el pen­sa­mien­to de la Revo­lu­ción Indus­trial, lo que lla­ma­mos la Ilus­tra­ción. Des­pués vie­ne otro tipo de pen­sar dis­tin­to que es el Roman­ti­cis­mo, y por últi­mo… ahí esta­mos aho­ra. Me gus­ta­ría que defi­nie­ras, en pocas pala­bras, la dife­ren­cia entre estos mode­los, entre la Edad Media, pri­me­ro, el Rena­ci­mien­to, lue­go, y des­pués… ¿qué vino lue­go? La Ilus­tra­ción y el Roman­ti­cis­mo… ¿dón­de esta­mos aho­ra?

Ken Robin­son: ¿En pocas pala­bras? Eduar­do Pun­set: En pocas pala­bras. Toda la his­to­ria…

Ken Robin­son: Toda a his­to­ria moder­na de Euro­pa en unas pocas fra­ses, vaya. La corrien­te mayo­ri­ta­ria en la Edad Media es que, por lo gene­ral, todo el mun­do esta­ba muy domi­na­do por las ideas de la Igle­sia, y había una jerar­quía social y eco­nó­mi­ca muy mar­ca­da entre la aris­to­cra­cia y la pobla­ción rural. En gene­ral, era un esti­lo de vida muy rural, espe­cial­men­te en toda Euro­pa. En el Rena­ci­mien­to el des­en­ca­de­nan­te fue el redes­cu­bri­mien­to de los tex­tos clá­si­cos, de los pen­sa­do­res y filó­so­fos grie­gos y roma­nos. Esto con­du­jo a un reno­va­do inte­rés por la vida inte­lec­tual y la belle­za, y a nue­vas mane­ras de recon­si­de­rar nues­tro lugar en el mun­do. Se pro­du­je­ron varios cam­bios impor­tan­tí­si­mos, por ejem­plo el tra­ba­jo de Copér­ni­co y Gali­leo, que plan­tea­ron la posi­bi­li­dad de que tal vez la Tie­rra no fue­ra el cen­tro del uni­ver­so de Dios, y eso supu­so una espe­cie de terre­mo­to ideo­ló­gi­co, con enor­mes cam­bios en la mane­ra de ver las cosas de la gen­te. Lo más impor­tan­te es que la inmen­sa mayo­ría de gen­te ya no tenía que depen­der de los argu­men­tos y la auto­ri­dad de una mino­ría cul­ta del cle­ro, por­que la inven­ción de la impren­ta gene­ra­li­zó el acce­so a las ideas: la gen­te podía leer por sí mis­ma las ideas y dis­tri­buir­las. Ha habi­do varios ejem­plos de tec­no­lo­gías abso­lu­ta­men­te revo­lu­cio­na­rias, como la impren­ta. La tele­vi­sión tam­bién fue una de ellas. Y creo que la cul­tu­ra digi­tal de aho­ra tam­bién lo es. Pero supon­go que si hubie­ra que defi­nir el gran cam­bio en unas pocas pala­bras, diría que la con­cien­cia huma­na ha ido
expan­dién­do­se más y más, hacia fue­ra, hemos deja­do de mirar­nos el ombli­go para inten­tar ser más obje­ti­vos sobre nues­tro lugar en el mun­do y el orden de las cosas, a medi­da que pasá­ba­mos de la Edad Media al Rena­ci­mien­to y a la Ilus­tra­ción. En líneas gene­ra­les, deja­mos de con­si­de­rar­nos el cen­tro de la crea­ción de Dios para ver­nos como par­te de un cos­mos mucho mayor. Aho­ra mis­mo, nues­tra gene­ra­ción (y con esto no me refie­ro a ti y a mí, sino a toda la gene­ra­ción de per­so­nas que habi­tan en la Tie­rra aho­ra, a todos los que con­vi­vi­mos en el pla­ne­ta) tene­mos que enfren­tar­nos a retos que care­cen de pre­ce­den­tes en toda la his­to­ria de la huma­ni­dad. Uno de los moti­vos por los que defien­do con tan­ta pasión que hay que modi­fi­car la edu­ca­ción y replan­tear­se la crea­ti­vi­dad es por­que me pare­ce que, a no ser que cam­bie­mos nues­tra mane­ra de pen­sar en noso­tros mis­mos, no esta­re­mos a la altu­ra de los desafíos a los que nos enfren­ta­mos aho­ra. Y, si no hace­mos fren­te a los retos, ¡las con­se­cuen­cias podrían ser desas­tro­sas! No quie­ro ser catas­tro­fis­ta, pero me pare­ce que hay muchí­si­mo en jue­go.

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