Gritos de muerte y libertad, pero sin esperanza

 

Natu­ral­men­te no dicen que en el siglo XVIII el impe­rio espa­ñol esta­ba en total deca­den­cia. El expan­sio­nis­mo pujan­te de Fran­cia e Ingla­te­rra se ciñó sobre Espa­ña que tan­to eco­nó­mi­ca­men­te como polí­ti­ca­men­te fue asmi­la­da por la moder­ni­za­ción en el desa­rro­llo de estas nacio­nes tam­bién en lucha por el expan­sio­nis­mo colo­nial. Car­los IV cedió la coro­na a Napo­león y  éste nom­bró a Car­los III, alia­do de Fran­cia en 1759 has­ta 1788 quien hizo refor­mas que moder­ni­za­ban los lazos de domi­na­ción de la metró­po­li his­pá­ni­ca sobre sus colo­nias ame­ri­ca­nas que afec­ta­ron prin­ci­pal­men­te a los criollos.

Tiem­pos del des­po­tis­mo ilus­tra­do, cuya divi­sa era la Razón, la Cien­cia y el Pro­gre­so; la éli­te ilus­tra­da pen­sa­ba que poseía las lla­ves de la moder­ni­dad, lo mis­mo que hoy, esta­ban dis­pues­tos a impo­ner sus ideas a “los pue­blos atra­sa­dos” con sus reformas.

Cam­bios estruc­tu­ra­les des­de arri­ba, pla­nea­dos por una éli­te cos­mo­po­li­ta, eru­di­ta y libe­ral que era cono­ci­da como “afran­ce­sa­da”, que veía en las refor­mas admi­nis­tra­ti­vas, más efi­cien­cia, para pro­fun­di­zar el saqueo de las colonias.

Las refor­mas bor­bó­ni­cas esta­ban enca­mi­na­das a cen­tra­li­zar el poder en la coro­na. Todo el poder para una sola per­so­na, el rey. Su ras­go más impor­tan­te, la  exclu­sión de los crio­llos a los car­gos de admi­nis­tra­ción públi­ca, el refor­za­mien­to de las estruc­tu­ras tra­di­cio­na­les. Como ejem­plo está el Ban­do del 26 de junio de 1767 para la expul­sión de los jesui­tas de la Nue­va Espa­ña y la ame­na­za de la pena de muer­te a los vasa­llos des­obe­dien­tes que no res­pe­ten las “Siem­pre jus­tas reso­lu­cio­nes de su sobe­rano” con el recor­da­to­rio de su majes­tad que habían naci­do “para callar, obe­de­cer y no para dis­cu­rrir y opi­nar en los altos asun­tos del gobierno”

Las refor­mas fis­ca­les que se efec­tua­ron a media­dos y fines del siglo XIII, enri­que­cie­ron las arcas impe­ria­les. Hum­bolt  escri­bió: La nue­va Espa­ña pro­por­cio­na a la hacien­da real dos veces más ingre­sos que las Indias Bri­tá­ni­cas con una pobla­ción cin­co veces a mayor al era­rio inglés”.

En 1809, casi el 60 % de todos los ingre­sos 8.3 millo­nes de pesos de una suma total de 14.4 millo­nes de pesos se fue­ron al teso­ro real y de los 6.1 res­tan­tes sólo 400 mil pesos se inver­tían en el sos­te­ni­mien­to de hos­pi­ta­les y nece­si­da­des de la pobla­ción, en tan­to que casi el 70 % de esa suma se emplea­ba en gas­tos mili­ta­res y admi­nis­tra­ti­vos y pagos de fun­cio­na­rios y el cle­ro. (Alpe­ro­vich, M.S. His­to­ria de la inde­pen­den­cia de Méxi­co 1810–1824, pági­na 86)

Como hoy los mexi­ca­nos,  el pue­blo de Anahuac tenía que pagar doce­nas de impues­tos, tari­fas, dere­chos que son una car­ga ago­bian­te. Los indí­ge­nas paga­ban un impues­to por per­so­na, la pobla­ción paga­ba alca­ba­las (el IVA de aho­ra)  por ven­der, o por com­prar; dere­chos adua­na­les y diez­mos por la pro­duc­ción de mine­ra­les, estan­cos, etc.,  que se tenían que enviar al rey de Espa­ña y como hoy, el poder   adqui­si­ti­vo de la pobla­ción esta­ba en el sue­lo, lo mis­mo que el mer­ca­do interno, por­que la divi­sa libe­ral de Car­los III fue crear un blo­que comer­cial cerra­do que sólo bus­ca­ba com­pe­tir en el mer­ca­do con Fran­cia e Ingla­te­rra, poten­cias emergentes.

Como hoy con el petró­leo y otros recur­sos natu­ra­les, lo úni­co que tenía­mos para expor­tar eran  oro, pla­ta y otros meta­les, y como hoy, tam­bién a cam­bio de esas expor­ta­cio­nes se impor­ta­ba toda cla­se de artícu­los de con­su­mo que no alcan­za­ba para el pue­blo y es así como el ham­bre radi­ca­li­zó aún más el odio cla­sis­ta, entre gachu­pi­nes  y crio­llos que movie­ron la con­cien­cia a indí­ge­nas, zam­bos y mes­ti­zos con el tra­ba­jo social y las homi­lías de algu­nos curas como Hidal­go, More­los, Mata­mo­ros y otros no regis­tra­dos en la historia.

En la serie “Gri­tos de Muer­te…  la mani­pu­la­ción lle­ga al extre­mo de pre­sen­tar­nos a un Cura Hidal­go, que antes de su fusi­la­mien­to se con­fie­sa a su car­ce­le­ro como “un infe­liz cura,
un curi­ta bri­bón nom­bra­do gene­ra­lí­si­mo” y llo­ra,  que por su cau­sa hayan muer­to miles de cristianos.

La ena­je­na­ción y ocul­ta­mien­to total de las cau­sas reales de la gue­rra,  que si bien aún no se pro­cla­ma­ba por la inde­pen­den­cia de país, por­que Espa­ña tam­bién se deba­tía entre dos pro­yec­tos monár­qui­cos: el  libe­ral moder­ni­za­dor de los Bor­bón y el res­tau­ra­dor del abso­lu­tis­mo de Fer­nan­do VII que Hidal­go pro­cla­ma­ba, para Tele­vi­sa es fácil mane­jar la sub­je­ti­vi­dad de los héroes, como pro­ta­go­nis­tas de la his­to­ria, por­que la obje­ti­vi­dad del desa­rro­llo his­tó­ri­co de esa épo­ca, la vio­len­ta moder­ni­za­ción y glo­ba­li­za­ción de los mer­ca­dos, no es posi­ble cam­biar­la. (Con­ti­núa) chantzacan@hotmail.com

 

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