Gritos de muerte y libertad, pero sin esperanza

 

13 CAPÍTULOS, 13 HEROES, 13 MUERTES

Con la serie tele­vi­si­va, “Gri­tos de Muer­te y Liber­tad”, Tele­vi­sa extien­de su poder fác­ti­co en las fun­cio­nes del Esta­do res­pon­sa­ble de dise­ñar las estra­te­gias de edu­ca­ción y la for­ma de inter­pre­tar la his­to­ria del pue­blo mexicano.

Reite­ro que la serie pro­du­ci­da por Leo­pol­do Gómez y diri­gi­da por Man­fer Sua­rez y Gerar­do Tort, es un bodrio que, ade­más de vili­pen­diar a los héroes como José María More­los, uno de los más puros en su ser­vir polí­ti­co al pue­blo mexi­cano; tra­ta de ocul­tar el ori­gen de la  actual depen­den­cia eco­nó­mi­ca de nues­tro país al sis­te­ma ban­ca­rio y de mer­ca­do global.

Según Tele­vi­sa, antes de ser ase­si­na­do,  aun­que More­los sabe que “Mi obe­dien­cia se debe a Dios, no al impe­rio fran­cés” y “la cau­sa de la Inde­pen­den­cia es una cau­sa de Jus­ti­cia”, en la serie tele­vi­si­va de nivel masi­vo, su con­vic­ción no es sufi­cien­te, y  ante la ame­na­za de la Inqui­si­ción de “morir apar­ta­do de Dios”, sumi­so y humi­lla­do por la jerar­quía ecle­siás­ti­ca, acep­ta no sólo le sea arran­ca­da la potes­tad de con­sa­grar como sacer­do­te, sino que con tal de NO “morir apar­ta­do de Dios” tam­bién fir­ma, de puño y letra, el arre­pen­ti­mien­to de todos sus actos revo­lu­cio­na­rios, entre ellos el haber escri­to Los Sen­ti­mien­tos de la Nación, lógi­ca­men­te,  “ser sober­bio por que­rer cam­biar una nación”, y por si fue­ra poco, trai­cio­na a todos sus com­pa­ñe­ros de lucha, dela­tan­do sus posi­cio­nes y recur­sos con que cuen­tan. ¿Cuál es la inten­ción de des­truir la ima­gen de Morelos?

La inde­pen­den­cia mexi­ca­na con­su­ma­da en 1821, es posi­ble des­pues que Méxi­co es saquea­do duran­te más de tres siglos por la Coro­na Espa­ño­la, que a tra­vés de un sin núme­ro de con­tri­bu­cio­nes, aran­ce­les, tari­fas, mono­po­lios, comi­sio­nes, divi­den­dos, licen­cias e intere­ses se apro­pia de gran par­te del plus­pro­duc­to gene­ra­do en por los tra­ba­jos for­za­dos de los mexi­ca­nos. A la apro­pia­ción Real, hay que agre­gar la apro­pia­ción pri­va­da del plus­pro­duc­to colo­nial por par­te de los comer­cian­tes espa­ño­les y fun­cio­na­rios colo­nia­les que ocu­pa­ban posi­cio­nes domi­nan­tes en la Colonia.

La nación polí­ti­ca­men­te inde­pen­dien­te no pudo supe­rar las con­di­cio­nes socio­eco­nó­mi­cas crea­das duran­te la eta­pa colo­nia, sobre todo por­que fue enca­be­za­da por la cla­se domi­nan­te que se impu­so final­men­te a la corrien­te popu­lar de Hidal­go y More­los. Así fue como el nue­vo Esta­do cayó en la depen­den­cia finan­cie­ra de los ban­cos euro­peos, prin­ci­pal­men­te de los espe­cu­la­do­res bri­tá­ni­cos. El comer­cio exte­rior, que se basa­ba fun­da­men­tal­men­te en la mine­ría, se derrum­bó y afec­tó gra­ve­men­te las finan­zas esta­ta­les, pues­to que repre­sen­ta­ba la fuen­te más impor­tan­te de los ingresos.

Ante la fal­ta del pre­su­pues­to, el Con­gre­so auto­ri­zó el pri­me­ro de mayo de 1823 un prés­ta­mo de 8 millo­nes de pesos. En reali­dad se con­tra­ta­ron dos prés­ta­mos en tér­mi­nos muy des­fa­vo­ra­bles. Un prés­ta­mo con­tra­ta­do con la casa Goldsch­midt de Ingla­te­rra que otor­gó sólo 5 millo­nes 686 mil 157 pesos a cam­bio de expe­dir bonos por 16 millo­nes de pesos con una obli­ga­ción de 960 mil libras anua­les a par­tir de abril de 1825, garan­ti­za­das con la tercera
par­te de los ingre­sos de las adua­nas del Gol­fo. Otro emprés­ti­to de la Casa Bar­klay, dio al país 8 millo­nes 339 mil 134 pesos de los que solo se reci­bie­ron 6 millo­nes 504 mil 490 pesos. Los intere­ses acor­da­dos fue­ron altí­si­mos: 12 % para el pri­me­ro y 8 % para el segun­do. (Jose­fi­na Zorai­da Váz­quez: Los pri­me­ros tro­pie­zos) Ambos cré­di­tos con­tri­bu­ye­ron deci­si­va­men­te a favo­re­cer la influen­cia de los capi­ta­lis­tas bri­tá­ni­cos. Ingla­te­rra, comen­za­ba a ganar una posi­ción domi­nan­te en Méxi­co des­de fines de 1823. Este dine­ro se gas­tó en pagar intere­ses, amor­ti­za­cio­nes, com­pra de equi­po mili­tar y naval, en pen­sio­nes y pagos a la buro­cra­cia. O sea en for­ma improductiva.

A estos nue­vos prés­ta­mos ade­más se sumó el reco­no­ci­mien­to de la vie­ja deu­da. En junio de 1824 el sobe­rano con­gre­so gene­ral cons­ti­tu­yen­te, “con el pro­pó­si­to de esta­ble­cer sobre bases sóli­das el cré­di­to de la nación” reco­no­cía las deu­das con­traí­das por el gobierno virrei­nal has­ta 1810, para sí echar sobre las espal­das de la nue­va nación inde­pen­dien­te una car­ga muy pesa­da, de la cual no era res­pon­sa­ble de nin­gún modo. (Agus­tín Cué Cano­vas: His­to­ria Social y eco­nó­mi­ca de Méxi­co 1521–1854).

Ya des­de noviem­bre de 1810, en medio del fra­gor de la lucha liber­ta­ria, More­los había decre­ta­do: “Todo ame­ri­cano que deba cua­les­quie­ra can­ti­dad a los euro­peos no está obli­ga­do a pagar­la”. Pero sus pala­bras se siguen tra­tan­do de borrar para que el mal gobierno dis­pon­ga seguir pagan­do tri­bu­to a las poten­cias extran­je­ras que lo apoyan.

Más pron­to en 1826 se sus­pen­dió el pago de amor­ti­za­cio­nes y al año siguien­te Méxi­co ya no pudo pagar los intere­ses de los bonos de las deu­das ingle­sas. Des­pués, duran­te la pre­si­den­cia de Vicen­te Gue­rre­ro se negó a pagar intere­ses o amor­ti­za­cio­nes de la deuda.

Gue­rre­ro duran­te años man­tu­vo viva la chis­pa insur­gen­te, gober­nó para el pue­blo, que­ría con­so­li­dar la inde­pen­den­cia y la unión de todos los mexi­ca­nos; el reac­cio­na­rio y trai­dor Anas­ta­sio Bus­ta­man­te, apro­ve­chó la inva­sión espa­ño­la coman­da­da por el bri­ga­dier Barra­das para derro­car a Gue­rre­ro, quien se había lan­za­do al fren­te para frus­trar con éxi­to este inten­to de recon­quis­ta de México.

Des­pués del fusi­la­mien­to de Gue­rre­ro, al asu­mir el poder una dic­ta­du­ra mili­tar enca­be­za­da por Bus­ta­man­te, éste y su minis­tro de rela­cio­nes exte­rio­res Lucas Ala­mán, nego­cia­ron la capi­ta­li­za­ción de los intere­ses ven­ci­dos, reco­no­cie­ron una deu­da de 34 millo­nes de pesos y reem­pren­die­ron pagos en 1831 ya fina­les de 1832.

En este año, el des­con­ten­to gene­ral con­tra Bus­ta­man­te cre­ció y el movi­mien­to popu­lar pro­vo­có su caí­da en 1833. Al hacer­se car­go de la pre­si­den­cia Valen­tín Gómez Farías, ‑cono­ci­do como el padre de la Refor­ma- sus­pen­dió el pago de la deu­da. Has­ta 1837 Méxi­co siguió sin pagar, pero una vez que triun­fó el pro­yec­to con­ser­va­dor, al ins­ti­tuir­se la Repú­bli­ca Cen­tral, nue­va­men­te en el gobierno, Bus­ta­man­te acep­tó la capi­ta­li­za­ción de los intere­ses ven­ci­dos y la deu­da acu­mu­la­da. Para 1839, casi alcan­zó los 50 millo­nes de pesos, nues­tro país, polí­ti­ca­men­te inde­pen­dien­te, esta­ba eco­nó­mi­ca­men­te colo­ca­do ya bajo el impe­rio del agio y la usu­ra, mis­mo que has­ta aho­ra impo­si­bi­li­tan nues­tra ver­da­de­ra inde­pen­den­cia para un pro­yec­to de desa­rro­llo jus­to y democrático.

Por­que la deu­da actual del sec­tor públi­co, según la SHCP es de 91 mil 723 millo­nes de dóla­res al cerrar el año 2009 y,  para el 2010 hemos de pagar 3 mil 274 millo­nes de dóla­res y por pasi­vos inter­nos has­ta por 743 mil 599 millo­nes de pesos (dia­rio el Uni­ver­sal 1º. De febre­ro de 2010) o sea, más del 20 % de nues­tro PIB. Así.  ¿Cómo fes­te­jar la Liber­tad y la Inde­pen­den­cia de Méxi­co? chantzacan@hotmail.com

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