Heberto Castillo. 10 años.

Heber­to fue tam­bién un férreo defen­sor de la indus­tria petro­le­ra nacio­nal, estu­dio­so como era de las cien­cias, aler­ta­ba al mun­do sobre la nece­si­dad de impul­sar ener­gías alter­na­ti­vas, uti­li­zar el vien­to, el sol y el agua para pro­du­cir ener­gía, ima­gi­na­ba gigan­tes­cos ven­ti­la­do­res para eli­mi­nar la con­ta­mi­na­ción de la ciu­dad de Méxi­co, o pla­cas metá­li­cas para dete­ner las ondas sís­mi­cas hacía las ciu­da­des, se embar­có inclu­so en la idea de pro­du­cir llu­via.

En polí­ti­ca impul­só la nece­si­dad de cons­truir la demo­cra­cia des­de la base, de socia­li­zar el poder polí­ti­co, de colec­ti­vi­zar los órga­nos de direc­ción, nos orien­ta­ba en la nece­si­dad de cono­cer nues­tra his­to­ria y reivin­di­car nues­tra cul­tu­ra, nos impul­sa­ba a invo­lu­crar­nos en las nece­si­da­des dia­rias de la gen­te, en orga­ni­zar a los obre­ros, a los cam­pe­si­nos, a los colo­nos, a los de aba­jo.

Muchas de sus ideas debe­mos recor­dar­las como cuan­do nos decía: “Mi lucha no es la del odio de cla­ses o de gru­pos por que pien­so que es más fuer­te polí­ti­ca­men­te el amor que el odio. Pre­fie­ro amar que odiar por que si yo odio al que opri­me a los pue­blos sojuz­ga­dos pue­de ser que los odie por que soy el que los quie­re opri­mir cuan­do lle­gue mi turno, pero si yo amo al pue­blo sojuz­ga­do y por eso no per­mi­to que lo opri­ma nadie, es más fuer­te el sen­ti­mien­to de amor que el odio y creo que en la lucha revo­lu­cio­na­ria tie­ne que mover el amor y no el odio”.

 

Heber­to des­pués de muer­to ha teni­do el reco­no­ci­mien­to gene­ra­li­za­do de izquier­das, cen­tros y dere­chas, sus res­tos repo­san en la Roton­da de los Hom­bres Ilus­tres, ave­ni­das, aulas y audi­to­rios lle­van su nom­bre, aun­que no estoy segu­ro que a él le gus­ta­se, es nece­sa­rio releer y estu­diar sus pen­sa­mien­tos.

Un gru­po de ami­gos nos hemos fin­ca­do el pro­pó­si­to de eri­gir una escul­tu­ra moder­nis­ta que expre­sa a la tri­li­do­sa, en la ciu­dad de Méxi­co, con un cos­to de más de dos millo­nes de pesos, y a la vez rea­li­zar duran­te este año diver­sos even­tos, para recor­dar al com­pa­ñe­ro Heber­to .Han pasa­do diez años, que rápi­do corre el tiem­po.

Jor­ge Mos­co­so Pedre­ro

jorgemoscosopedrero@yahoo.com.mx

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *