¿Hay democracia en México?

A pesar de lo ante­rior, en el sec­tor de la pren­sa escri­ta pudie­ron ver la luz públi­ca algu­nos perió­di­cos y revis­tas crí­ti­cos como la revis­ta Polí­ti­ca diri­gi­da por Manuel Mar­cué Par­di­ñas, quien ter­mi­nó en pri­sión a cau­sa de la repre­sión del movi­mien­to de 1968 y el perió­di­co Excél­sior  diri­gi­do por Julio Sche­rer y quien fue final­men­te expul­sa­do de la direc­ción del perió­di­co median­te una tram­pa orga­ni­za­da des­de la pre­si­den­cia de la Repú­bli­ca a car­go de Luis Eche­ve­rría Álva­rez.  Hoy se ha abier­to un poco más el espec­tro con perió­di­cos como La Jor­na­da y revis­tas como Pro­ce­so, sin embar­go, en los sec­to­res del radio y la tele­vi­sión se man­tie­ne un fuer­te con­trol y las voces crí­ti­cas se redu­cen a Car­men Aris­te­gui en el radio.

En lo que se refie­re al radio y la tele­vi­sión, todo mun­do sabe lo que ha pasa­do: el gobierno de Car­los Sali­nas de Gor­ta­ri, otor­gó las prin­ci­pa­les con­ce­sio­nes a dos gru­pos: el pre­si­di­do por Sali­nas (Azte­ca) y el pre­si­di­do por Azcá­rra­ga Jean (tele­vi­sa) y para que esta medi­da tuvie­ra el efec­to desea­do, los medios ofi­cia­les  han dis­mi­nui­do o media­ti­za­do su intervención. 

Aquí encon­tra­mos la segun­da gran cau­sa de la impor­tan­cia del movi­mien­to demo­cra­ti­za­dor. En vir­tud de que la mayo­ría de los mexi­ca­nos comen­za­ron a infor­mar­se a tra­vés de la radio y la tele­vi­sión en for­ma pre­fe­ren­te, estos medios se con­vir­tie­ron en la for­ma pri­vi­le­gia­da para la mani­pu­la­ción de la opi­nión públi­ca y por tan­to, en la pie­za cla­ve para lograr el poder político.

La dis­mi­nu­ción de la acti­vi­dad de los medios de comu­ni­ca­ción ofi­cia­les impli­có, por un lado, que se per­die­ra el fin social que debe­ría tener el esta­do y la subor­di­na­ción de éste, a los intere­ses de la ini­cia­ti­va pri­va­da. Este hecho es muy gra­ve debi­do a que mien­tras el Esta­do debe­ría pre­ser­var su fin de ser­vir a toda la socie­dad, el úni­co y más impor­tan­te fin de las empre­sas pri­va­das es la ganan­cia y por tan­to, todas sus acti­vi­da­des están diri­gi­das a lograr­lo. Es por ello que los con­te­ni­dos de la tele­vi­sión pri­va­da están dedi­ca­dos al entre­te­ni­mien­to y la difu­sión de los valo­res mer­can­ti­les. El Esta­do, al ubi­car a sus pro­pios medios en esta direc­ción lo úni­co que hizo fue pro­fun­di­zar el pro­ce­so de anal­fa­be­ti­za­ción de los mexicanos. 

Pero el pro­ble­ma pue­de ser más gra­ve, si vemos este asun­to des­de el pun­to de vis­ta de la cien­cia y en espe­cí­fi­co de la neu­ro­bio­lo­gía. El poder de los medios elec­tró­ni­cos no pro­vie­ne sola­men­te de los fines seña­la­dos sino de la apli­ca­ción de una serie de des­cu­bri­mien­tos cien­tí­fi­cos que han per­mi­ti­do que los men­sa­jes trans­mi­ti­dos por la tele­vi­sión pene­tren más en el sec­tor de nues­tras emo­cio­nes y sen­ti­mien­tos que en el sec­tor de la con­cien­cia y del racio­ci­nio. Me expli­ca­ré: la neu­ro­bio­lo­gía del cere­bro ha des­cu­bier­to el sis­te­ma lím­bi­co que está inte­gra­do por el tála­mo, hipo­tá­la­mo, hipo­cam­po, la amíg­da­la, cuer­po callo­so, sep­to y mesen­cé­fa­lo. Su fun­ción es la inte­gra­ción de la memo­ria, los ins­tin­tos sexua­les, las emo­cio­nes, la per­so­na­li­dad y la con­duc­ta. La “amíg­da­la” está vin­cu­la­da a nues­tra capa­ci­dad de res­pon­der inme­dia­ta­men­te en for­ma emo­cio­nal a los estí­mu­los. Se tra­ta de un meca­nis­mo defen­si­vo muy pri­mi­ti­vo y extra­or­di­na­ria­men­te nece­sa­rio para adver­tir, por ejem­plo, una ame­na­za exter­na a nues­tra inte­gri­dad per­so­nal o inclu­si­ve a la pro­pia exis­ten­cia. En ese mis­mo sen­ti­do, una melo­día pue­de sus­ci­tar en noso­tros esta­dos de áni­mo dife­ren­tes como los de la ale­gría, tris­te­za, eufo­ria, tran­qui­li­dad, etcé­te­ra. Esta melo­día toca nues­tras fibras sen­si­bles antes de que el cere­bro acce­da al pro­ce­so com­ple­jo de la con­cep­tua­li­za­ción o racio­na­li­za­ción. Por otro lado, tene­mos en el cere­bro otra zona deno­mi­na­da “hipo­cam­po” que guar­da los recuer­dos de hechos que noso­tros pre­sen­cia­mos o imá­ge­nes que son trans­mi­ti­das por la tele­vi­sión pero que noso­tros guar­da­mos como recuer­dos pro­pios.  Todo esto lo han estu­dia­do con deta­lle los neu­ro­bió­lo­gos y a par­tir de ellos, los comu­ni­có­lo­gos, los soció­lo­gos y los psi­có­lo­gos y han uti­li­za­do estas informaciones
para mani­pu­lar las capa­ci­da­des natu­ra­les del indi­vi­duo de mane­ra abso­lu­ta­men­te per­ver­sa. El ejem­plo más terri­ble lo pone Al Gore, en su libro El asal­to a la razón. Como sabe­mos, Geor­ge W. Bush, le robó las elec­cio­nes pre­si­den­cias a Al Gore median­te manio­bras frau­du­len­tas efec­tua­das por su her­mano que era el gober­na­dor de Flo­ri­da y que fue­ron legi­ti­ma­das por la Supre­ma cor­te de la nación (¿les recuer­da algo que nos ha ocu­rri­do?)  Y en ese libro, quien fue­ra Vice-Pre­si­den­te de los Esta­dos Uni­dos expo­ne la for­ma en que el gobierno de Bush mane­jó, por un lado, la igno­ran­cia de la gen­te fomen­ta­da por la tele­vi­sión en el sen­ti­do de que Sad­dam Hus­sein no sólo había sido par­tí­ci­pe del aten­ta­do a las Torres geme­las de Nue­va York sino que tenía armas de des­truc­ción masi­va que podían ser emplea­das en con­tra de los ciu­da­da­nos nor­te­ame­ri­ca­nos. Esta mani­pu­la­ción del mie­do que resul­tó ser una inmen­sa men­ti­ra, fue el pre­tex­to para masa­crar al pue­blo de Irak y que­dar­se con sus yaci­mien­tos petro­le­ros. Lo que se hizo en esa oca­sión fue uti­li­zar el mie­do y pro­vo­car una reac­ción cla­ra­men­te diri­gi­da en con­tra de un pue­blo. Has­ta aquí Al Gore.

Aho­ra bien, afor­tu­na­da­men­te el pue­blo mexi­cano no ha prac­ti­ca­do el impe­ria­lis­mo, sin embar­go, los gru­pos de poder sí han uti­li­za­do for­mas sico­ló­gi­cas que al com­bi­nar­se con la des­in­for­ma­ción y la pobre­za de las mayo­rías, tie­nen un efec­to dañino en muchas per­so­na: pen­se­mos solo en el slo­gan que se uti­li­zó en el 2006, en el sen­ti­do de que “Andrés Manuel López Obra­dor era un peli­gro para Méxi­co lo que, afor­tu­na­da­men­te, el pro­pio Andrés Manuel neu­tra­li­zó en la cam­pa­ña elec­to­ral que aca­ba de ter­mi­nar en su fase electoral.

Lo que ha veni­do a com­pli­car las cosas para los que desean con­tro­lar la cir­cu­la­ción de la infor­ma­ción ha sido el uso del inter­net y todas sus posi­bi­li­da­des (correo elec­tró­ni­co, blogs, pági­nas elec­tró­ni­cas, face­book, twee­ter, pod­cast, etc.) debi­do a que, has­ta aho­ra, estos medios no han podi­do ser con­tro­la­dos aun­que sí vigi­la­dos. Aquí desem­bo­ca­mos en una con­tra­dic­ción más del sis­te­ma: por un lado, requie­re el some­ti­mien­to ena­je­na­do de los ciu­da­da­nos y por otro, nece­si­ta tam­bién ven­der los apa­ra­tos elec­tró­ni­cos y todo tipo de ser­vi­cios reque­ri­dos por la comu­ni­ca­ción actual. Esa con­tra­dic­ción pre­ten­de ser con­tro­la­da por la famo­sa fir­ma del acuer­do ACTA. Por tales moti­vos, la demo­cra­ti­za­ción de los medios masi­vos de comu­ni­ca­ción es la base fun­da­men­tal de la liber­tad ciudadana.

 Todo lo ante­rior lle­va a la nece­si­dad de que se efec­túen tres ope­ra­cio­nes: en pri­mer lugar, que los medios masi­vos de comu­ni­ca­ción en manos pri­va­das, se vean en la nece­si­dad de abrir opcio­nes para que se refle­jen otras pos­tu­ras cien­tí­fi­cas, polí­ti­cas, filo­só­fi­cas y crí­ti­cas y no prac­ti­quen tan des­ca­ra­da­men­te el amor­da­za­mien­to repre­si­vo de la opi­nión públi­ca; en segun­do lugar, la nece­si­dad de que los medios al ser­vi­cio del Esta­do, no se mane­jen como un bien pri­va­do sino como un medio a favor de la ciu­da­da­nía en gene­ral y en ter­cer lugar, la impor­tan­cia de abrir nue­vos espa­cios, estos sí, ple­na­men­te ciu­da­da­nos para que la gen­te, aho­ra sí, pue­da ele­gir lo que le intere­se. La demo­cra­ti­za­ción de los medios es una de las simien­tes fun­da­men­ta­les de una ver­da­de­ra democracia.

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