Impunidad

Cono­cien­do el sis­te­ma polí­ti­co mexi­cano y más en las épo­cas en que el Par­ti­do, Revo­lu­cio­na­rio Ins­ti­tu­cio­nal (PRI), era un par­ti­do polí­ti­co fuer­te, sos­te­ni­do por un pre­si­den­cia­lis­mo abso­lu­to, pode­ro­so, don­de el que nego­cia­ba a nom­bre de todos, com­par­tía, orde­na­ba y deci­día, des­de lue­go, con acuer­do de los gru­pos de poder, era el pre­si­den­te de la Repú­bli­ca que tenía a su dis­po­si­ción al ejér­ci­to, a todas las poli­cías, un sis­te­ma de poli­cía polí­ti­ca en serio y a toda una estruc­tu­ra cor­po­ra­ti­va sin­di­cal y cam­pe­si­na, don­de la demo­cra­cia no existía.

Las elec­cio­nes, como aho­ra, pura for­ma­li­dad, aun­que hoy hay más opcio­nes para hacer­nos ton­tos. Ade­más, todos los medios de comu­ni­ca­ción masi­va, de pro­pie­dad  pri­va­da, esta­tal, esta­ban abso­lu­ta­men­te con­tro­la­dos por el gobierno y en últi­ma ins­tan­cia por la Pre­si­den­cia de la Repú­bli­ca. En estas con­di­cio­nes, me pare­ce a mi, muy difí­cil que un solo hom­bre, en este caso, Luis Eche­ve­rria Álva­rez, tuvie­ra la fuer­za sufi­cien­te, como secre­ta­rio de gober­na­ción, para actuar de mane­ra per­so­nal al mar­gen del Tla­tua­ni sexe­nal, el Pre­si­den­te de la Repú­bli­ca. Y más aún que el ejér­ci­to nacio­nal, per­mi­tie­ra ser man­da­do por un Secre­ta­rio de Esta­do, así fue­ra el secre­ta­rio encar­ga­do de la segu­ri­dad inter­na del país. A menos que, haya exis­ti­do un acuer­do secre­to entre los gru­pos de poder, Luis Eche­ve­rria Álva­rez y el jefe del esta­do mayor pre­si­den­cial, con miras al pró­xi­mo sexenio.

Digo que fue un cri­men de esta­do, por­que todos los pode­res que inte­gran la repú­bli­ca estu­vie­ron fuer­te­men­te invo­lu­cra­dos, el poder eje­cu­ti­vo orde­nó, el judi­cial jus­ti­fi­có y el poder legis­la­ti­vo aplau­dió, y no hubo uno sólo de sus inte­gran­tes que renun­cia­ra o que hicie­ra algu­na mani­fes­ta­ción públi­ca de su des­acuer­do; sal­vo la hon­ro­sa renun­cia públi­ca del escri­tor Octa­vio Paz, a la Emba­ja­da de Méxi­co en la India.

Es muy difí­cil, que aún en las con­di­cio­nes actua­les de mayor par­ti­ci­pa­ción ciu­da­da­na y una poca de demo­cra­cia, poda­mos creer que pue­de apli­car­se la jus­ti­cia en nues­tro país, has­ta aho­ra el poder judi­cial a ser­vi­do casi exclu­si­va­men­te, para acep­tar las con­sig­nas del gobierno, cobrar sus enor­mes sala­rios y jus­ti­fi­car los atro­pe­llos de los pode­ro­sos con­tra el pue­blo de a pie, con­tra los que no tie­nen poder, ni licen­cia­dos caros, esos de des­pa­cho de abogados.

Sino, pre­gun­té­mo­nos que pasó con la matan­za de Acteal, el cri­men de Aguas Blan­cas, con los enjui­cia­dos por defen­der su tie­rra, en San Sal­va­dor Aten­co. Que suce­dió en el pro­ce­so con­tra la perio­dis­ta Lydia Cacho, o el “sui­ci­dio” de la lucha­do­ra social la abo­ga­da Dig­na Ochoa, ¿Qué ha pasa­do con los ampa­ros inter­pues­tos por los tra­ba­ja­do­res del esta­do con­tra la nue­va ley del ISS­TSE, el dere­cho de huel­ga, anu­la­do por la requi­sa, más todas las injus­ti­cias come­ti­das de mane­ra indi­vi­dual en todos los esta­dos de la repú­bli­ca y que se des­co­no­ce­mos… En fin sería una lar­ga lis­ta de injus­ti­cias o no resuel­tas o resuel­tas en con­tra de los ciu­da­da­nos de este país, así tene­mos todo el dere­cho del mun­do a cuan­do menos dudar de nues­tras instituciones.

En estas cir­cuns­tan­cias la impu­ni­dad cam­pea en todo nues­tro país y mien­tras vivan algu­nos de los com­po­nen los gru­pos de poder que de algu­na mane­ra par­ti­ci­pa­ron y cono­cen que pasó, no nada más en el 2 de octu­bre de 1968, sino en todo el movi­mien­to Estu­dian­til-popu­lar de Méxi­co 68 y que aún inci­den y par­ti­ci­pan de algu­na mane­ra, en el gobierno. No habrá jus­ti­cia ni escla­re­ci­mien­to  para la masa­cre del 2 de octu­bre de 1968, ni para el mis­mo Movi­mien­to Estu­dian­til-popu­lar de 68, que, se acep­te o
no, coad­yu­vó en mucho a cam­biar a Méxi­co y, que aún es vigen­te en sus deman­das y pos­tu­la­dos, su Plie­go Peti­to­rio de seis pun­tos. No está resuel­to, pero ni debe­mos ni pode­mos que­dar­nos en el pasa­do, sumi­dos en la nos­tal­gia y espe­ran­za­dos en la his­to­ria. Los que que­da­mos vivos de aquel Con­se­jo Nacio­nal de Huel­ga (CNH), com­pues­to por más de 240 repre­sen­tan­tes desig­na­dos por las asam­bleas esco­la­res, de las dis­tin­tas escue­las y uni­ver­si­da­des que inte­gra­ban el Movi­mien­to, de sesos toda­vía que­da­mos vivos algu­nos vie­ji­llos “sesen­ta­cho­che­ros”, que aún tra­ta­mos de con­ti­nuar en la bre­ga, unos en la lucha sin­di­cal uni­ver­si­ta­ria, otros en la aca­de­mia y la inves­ti­ga­ción, algu­nos más en la mili­tan­cia polí­ti­ca en el Par­ti­do de la Revo­lu­ción Demo­crá­ti­ca, (PRD),  en el Par­ti­do Revo­lu­cio­na­rio Ins­ti­tu­cio­nal (PRI), sola­men­te dos, Ángel Ver­duz­co y Oscar Levin Copel, en el Par­ti­do de Acción Nacio­nal (PAN), nin­guno, en fin segui­mos dan­do lata, nos reuni­mos de vez en cuan­do a rumiar la his­to­ria, a revi­vir anéc­do­tas y a bus­car el por­qué de los acon­te­ci­mien­tos del 68 y a pre­sio­nar, exi­gir se acla­re lo suce­di­do, se haga jus­ti­cia, que no se hace por­que se abri­ría la cloa­ca y cae­rían muchas cabe­zas de “gen­tes hono­ra­bles” y sobre todo se empe­za­ría a aca­bar la impu­ni­dad que hoy pre­va­le­ce en Méxi­co y qui­zás fue­ra el ini­cio de la apli­ca­ción real de la Jus­ti­cia, de la que hoy carecemos. 

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