¿Puede la economía cenicienta convertirse en verde?

 El pre­tex­to es que “es hora de mirar hacia ade­lan­te y cons­truir el futu­ro”… Nada más hipó­cri­ta. Pues el pasa­do fue teji­do por otras tres Cum­bres del géne­ro, más otras Con­fe­ren­cias sobre temas socia­les y ambien­ta­les espe­cí­fi­cos, y los resul­ta­dos con­cre­tos son pre­do­mi­nan­te­men­te fra­ca­sos, que amplían las ame­na­zas aso­cia­das a las modi­fi­ca­cio­nes cli­má­ti­cas, a la defo­res­ta­ción y las con­se­cuen­tes saba­ni­za­ción y deser­ti­fi­ca­ción de regio­nes antes bos­co­sas, al des­hie­lo de los cas­que­tes pola­res y de los gla­cia­res, a la esca­sez cre­cien­te de agua pota­ble, a la expan­sión de la con­ta­mi­na­ción por pes­ti­ci­das de las aguas, sue­los y ali­men­tos, a la ace­le­ra­da reduc­ción de la bio­di­ver­si­dad.[2] En sín­te­sis, es la vida en el Pla­ne­ta que está, y va a con­ti­nuar bajo ame­na­za, sin que los prin­ci­pa­les res­pon­sa­bles quie­ran ir a sus raí­ces, que están plan­ta­das en el mode­lo de desa­rro­llo cen­tra­do en el mer­ca­do, en el lucro y en el cre­ci­mien­to eco­nó­mi­co sin límites. 

 

En el poco espa­cio de este artícu­lo, vamos a lo esen­cial, que es la pre­gun­ta del título.

Quie­nes pro­mue­ven la pro­pues­ta de muta­cio­nes en la eco­no­mía mun­dial bajo el nom­bre de Eco­no­mía Ver­de son los paí­ses ricos, acom­pa­ña­dos por las éli­tes de los “paí­ses en desa­rro­llo”, Bra­sil inclu­si­ve. El blo­que ofi­cia­lis­ta, ade­más de can­ce­lar del pro­gra­ma el balan­ce crí­ti­co de los 20 años de tra­ta­dos inter­na­cio­na­les, sus­ti­tu­yó la retó­ri­ca del Desa­rro­llo Sus­ten­ta­ble por el eufe­mis­mo Eco­no­mía Ver­de.   Es que el Desa­rro­llo Sus­ten­ta­ble está iden­ti­fi­ca­do con aque­llos 20 años de tra­ta­dos, cuyos resul­ta­dos son esca­sos, nulos o nega­ti­vos.   En caso de su afir­ma­ción, la Eco­no­mía Ver­de le impon­drá a la huma­ni­dad un ciclo pare­ci­do al de la revo­lu­ción de los agro­quí­mi­cos de la post-gue­rra, que reci­bió el sim­pá­ti­co y enga­ño­so nom­bre de Revo­lu­ción Verde. 

La pre­mi­sa de esta pro­pues­ta es que la cri­sis ambien­tal resul­ta de no tra­tar la huma­ni­dad a la Natu­ra­le­za como capi­tal.   La pro­pues­ta de la Eco­no­mía Ver­de con­sis­te en com­ple­tar el trián­gu­lo de poder del capi­ta­lis­mo: en los ángu­los tres mer­ca­de­rías – el ser humano, las máqui­nas y aho­ra la Natu­ra­le­za, — y en el cen­tro el capi­tal.   El obje­ti­vo de la Eco­no­mía Ver­de es, pues, la crea­ción de un ambien­te pro­pi­cio para la inver­sión pri­va­da en los bie­nes comu­nes de la Natu­ra­le­za que se sal­va­ron de ser pri­va­ti­za­dos en Río92: sabe­res ances­tra­les, agua, semi­llas, bio­di­ver­si­dad, sel­vas y bos­ques, atmós­fe­ra.[3]

 

¿Qué cambios van a ser negociados en Río+20 para realizar tal objetivo? 

  • Poner­les pre­cios a estos bie­nes natu­ra­les y a los “ser­vi­cios ambien­ta­les”,[4] dán­do­le al sec­tor pri­va­do el con­trol sobre esos bie­nes y “ser­vi­cios” a fin de que ellos le gene­ren beneficios.
  • En lugar de gene­rar pro­duc­tos reales, desa­rro­llar un mer­ca­do fic­ti­cio de títu­los y cer­ti­fi­ca­dos finan­cie­ros que serán nego­cia­dos por los ban­cos, los mis­mos que pro­vo­ca­ron la cri­sis finan­cie­ra de 2008 y que reci­bie­ron tri­llo­nes de dóla­res de fon­dos públi­cos.[5]
  • Desa­rro­llar “tec­no­lo­gías lim­pias” y acti­var­las antes de ser some­ti­das a prue­ba (Geo­in­ge­nie­ría, bio­lo­gía sin­té­ti­ca, nano­tec­no­lo­gía, genómica)
  • Impo­ner un régi­men de trans­fe­ren­cia de tec­no­lo­gía que some­te­rá a los paí­ses del Sur al con­trol mono­pó­li­co de la mega­in­dus­tria sobre el uso de tec­no­lo­gías no probadas
  • Cons­truir un meca­nis­mo de gober­nan­za “ver­de” más cen­tra­li­za­do en el mar­co de la ONU, que pri­vi­le­gie al sec­tor pri­va­do y a las ins­ti­tu­cio­nes de Bret­ton Woods, garan­ti­zan­do el con­trol pri­va­do del ambien­te, de los bie­nes natu­ra­les y de los cam­bios cli­má­ti­cos, y dejan­do de lado a las pobla­cio­nes empobrecidas
  • Desa­rro­llar, en el mar­co de la ONU, indi­ca­do­res y medi­das que mon­ten las bases para un mer­ca­do mun­dial de “ser­vi­cios ambien­ta­les” y “eco­sis­te­mas”, cuan­ti­fi­can­do, pre­ci­fi­can­do, pri­va­ti­zan­do y finan­cie­ri­zan­do las varias fun­cio­nes de la Natu­ra­le­za.

En suma, la eco­no­mía glo­ba­li­za­da, que ya es ceni­cien­ta por las des­igual­da­des socia­les, por la pri­va­ción de dere­chos de la mayo­ría empo­bre­ci­da del Pla­ne­ta y por la polu­ción y des­truc­ción ambien­tal que está ame­na­zan­do la vida, tien­de a tor­nar­se aun más ceni­cien­ta: el ver­de nomi­nal es una ten­ta­ti­va (un aten­ta­do) para escon­der la ceni­za real. 

 

¿Pue­de la Eco­no­mía ceni­cien­ta hacer­se verde? 

Cuan­do las célu­las del orga­nis­mo dejan de cre­cer y se ponen a mul­ti­pli­car­se des­or­de­na­da­men­te, se pro­du­cen tumo­res que pue­den ser fata­les para la vida del organismo. 

En la eco­no­mía no es dife­ren­te. En el sis­te­ma del capi­tal, las gran­des empre­sas indus­tria­les, comer­cia­les, de ser­vi­cios – prin­ci­pal­men­te los ban­cos – y, el agro­ne­go­cio, nece­si­tan cre­cer siem­pre o des­apa­re­cen.   No defi­nen un pun­to ópti­mo a par­tir del cual pro­du­cir y ven­der lo sufi­cien­te y usar los exce­den­tes para inver­tir en cali­dad y para esti­mu­lar la crea­ción de otras empre­sas que for­ta­lez­can la cade­na pro­duc­ti­va, en pro­cu­ra de aten­der mejor las nece­si­da­des huma­nas.   Eso es asun­to de la Eco­no­mía Solidaria. 

Las gran­des empre­sas son inten­si­vas en el uso del capi­tal, de bie­nes natu­ra­les y de ener­gía.   La eco­no­mía coman­da­da por ellas per­si­gue el lucro para sí y por cual­quier medio.   Es esto lo que expli­ca prác­ti­cas como las de finan­cia­mien­to pri­va­do de cam­pa­ñas elec­to­ra­les, dádi­vas a polí­ti­cos para la com­pra de favo­res, enve­je­ci­mien­to arti­fi­cial de pro­duc­tos de con­su­mo para ace­le­rar la deman­da de nue­vos pro­duc­tos, des­truc­ción par­cial o total de eco­sis­te­mas y bio­ma­sa, espe­cu­la­ción finan­cie­ra, inmo­bi­lia­ria y con pro­duc­tos ali­men­ti­cios, entre otras.
Sur­ge enton­ces la nece­si­dad de que empre­sa­rios ínte­gros pro­mue­van los valo­res éti­cos y con­vo­quen a la cla­se del capi­tal a pos­tu­ras de res­pon­sa­bi­li­dad social y ambien­tal. Sin embar­go esta res­pon­sa­bi­li­dad es un aspec­to mar­gi­nal de la acti­vi­dad empre­sa­rial, una espe­cie de “polí­ti­ca com­pen­sa­to­ria”.   Con una mano ávi­da el gran capi­tal se apro­pia de los bie­nes natu­ra­les y del tra­ba­jo humano, trans­fi­rien­do los cos­tos a los con­su­mi­do­res, las comu­ni­da­des loca­les y los gobier­nos. Con la otra mano pasa una peque­ña par­te de sus exce­den­tes para obras socia­les y mejo­ras ambien­ta­les. Pero esto no hace par­te de su lógi­ca.   Tales bien­he­chu­rías son como un ane­xo del con­tra­to prin­ci­pal con los accio­nis­tas, que es maxi­mi­zar las ganan­cias de éstos y cre­cer siem­pre más[6].

Bajo la fuer­te influen­cia de esas cor­po­ra­cio­nes, los Esta­dos nacio­na­les y la ONU renun­cian a su man­da­to demo­crá­ti­co, pro­te­gien­do el inte­rés pri­va­do en las tomas de deci­sión sobre polí­ti­ca eco­nó­mi­ca, ener­gé­ti­ca, de trans­por­te, sanea­mien­to ambien­tal, vivien­da, etc.[7] Man­te­nien­do el PIB como medi­da de la rique­za de la Nación, el Esta­do con­sa­gra la eco­no­mía al ser­vi­cio del lucro a cual­quier pre­cio y de la acu­mu­la­ción pri­va­da de capi­tal como la acti­vi­dad domi­nan­te de la vida de la sociedad. 

 

¿Qué eco­no­mía pue­de ser verde? 

En diciem­bre de 2010, la Con­fe­ren­cia de los Pue­blos sobre el Cam­bio Cli­má­ti­co y los Dere­chos de la Madre Tie­rra, con 9 mil dele­ga­dos y 35 mil par­ti­ci­pan­tes, lan­zó la Decla­ra­ción de los Dere­chos de la Madre Tie­rra.   Tal decla­ra­ción pre­sen­ta pro­pues­tas con­cre­tas para un desa­rro­llo fun­da­do en la sobe­ra­nía de los pue­blos, en el reco­no­ci­mien­to de los dere­chos de éstos a desa­rro­llar­se con sobe­ra­nía, jus­ti­cia social y sus­ten­ta­bi­li­dad ambien­tal.   Entre ellas: 

  • Que la eco­no­mía sea con­ce­bi­da en su sen­ti­do eti­mo­ló­gi­co, como la ges­tión de las casas en las que vivi­mos[8] — el cuer­po, la fami­lia, la comu­ni­dad, y los otros terri­to­rios has­ta el planeta
  • Que el bien vivir y la feli­ci­dad sos­te­ni­ble de los habi­tan­tes de esas casas, en har­mo­nía con el ambien­te natu­ral, sea la moti­va­ción y la fina­li­dad pre­ci­pua del desa­rro­llo eco­nó­mi­co y técnico
  • Que los pre­su­pues­tos mili­ta­res y de defen­sa se des­ti­nen a la pre­ser­va­ción de la Natu­ra­le­za, a fin de tor­nar via­ble una eco­no­mía de ele­va­da equi­dad social y vida de cali­dad para todos (bien vivir), de bajo car­bono, de baja inten­si­dad ener­gé­ti­ca y de bajo uso de los bie­nes natu­ra­les comunes
  • Que las deu­das socia­les y eco­ló­gi­cas sean repa­ra­das gene­ran­do recur­sos para ese mis­mo fin
  • Que se pro­mue­va la sobe­ra­nía ali­men­ta­ria en opo­si­ción al agronegocio
  • Que se prohí­ban la Geo­in­ge­nie­ría y los pro­duc­tos trans­gé­ni­cos, que impli­can ries­gos aun des­co­no­ci­dos y gene­ran mono­po­lios cor­po­ra­ti­vos a cos­ta de la depen­den­cia de la agri­cul­tu­ra familiar
  • Que los ser­vi­cios bási­cos sean con­tro­la­dos por el Esta­do social y no privatizados
  • Que se res­pe­ten los dere­chos de los pue­blos ances­tra­les, inclu­yen­do con­sul­ta libre, pre­via e infor­ma­da para que no sean mer­can­ti­li­za­das las sel­vas y bos­ques naturales
  • Que el prin­ci­pal suje­to del desa­rro­llo y ges­tor de la sus­ten­ta­bi­li­dad sean las comu­ni­da­des loca­les, ins­tru­men­ta­das y edu­ca­das para tales fines.


[1] Socio­eco­no­mis­tas del PACS, Ins­ti­tu­to Polí­ti­cas Alter­na­ti­vas para el Cono Sul, Rio de Janei­ro. Agra­de­ce­mos a Pablo Solón, de Boli­via y al Gru­po ETC, del Cana­dá por la ins­pi­ra­ción, a Pau­lino Nuñez por la tra­duc­ción y a Chilo/Altagracia Villa­real por la revisión.

[2] Ver el folle­to “Eco­no­mia Ver­de: Nova Cara do Capi­ta­lis­mo”, 2012, Red Jubi­leo Brasil.

[3] En 1992, las cor­po­ra­cio­nes ori­gi­na­rias de los paí­ses ricos nego­cia­ron el con­trol de 23,8% de toda la bio­ma­sa del planeta.

[4] El con­cep­to de ‘ser­vi­cios ambien­ta­les”’ es cues­tio­na­ble, pues no se tra­ta de ser­vi­cios rea­li­za­dos por per­so­nas, y sí bie­nes que la Tie­rra ofre­ce a todos los seres vivos, entre ellos los humanos.

[5] Ya están en mar­cha meca­nis­mos como el comer­cio de cré­di­tos de car­bono, o REDD (que recom­pen­sa bos­ques con­ser­va­dos con títu­los que son com­pra­dos por empre­sas con recur­sos del Ban­co Mun­dial y nego­cia­dos en los mer­ca­dos de capi­ta­les) y otros.

[6] Ver como ilus­tra­ción el “Rela­to­rio de Insus­ten­ta­bi­li­dad de la Vale”, publi­ca­do en por­tu­gués en abril de 2012 por la Arti­cu­la­ción Inter­na­cio­nal de los Afec­ta­dos por la Vale, Rio de Janeiro.

[7] Ver como ilus­tra­ción los tex­tos retró­gra­dos y per­ver­sos de la Cáma­ra y del Sena­do que pre­ten­den refor­mar el Códi­go Fores­tal bra­si­le­ño en favor de los ruralistas.

[8] Del grie­go Eco, Oikos = casa, y nomía = gestión.

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