Javier Sicilia

Des­de lue­go, eso de que no habrá impu­ni­dad está por ver­se. El mis­mo poe­ta exi­gió que no haya chi­vos expia­to­rios. Que se inves­ti­gue pro­fe­sio­nal­men­te y en res­pe­to abso­lu­to de los dere­chos huma­nos, que se juz­gue y ven­za en jus­to jui­cio, para que final­men­te se cas­ti­gue a los ver­da­de­ros cul­pa­bles con los ins­tru­men­tos de la ley.

Hace fal­ta jus­ti­cia, con­cep­to que no pare­cen com­pren­der los fun­cio­na­rios públi­cos quie­nes en esta gue­rra estú­pi­da con­si­de­ran que los crí­me­nes, como los ocu­rri­dos en Cuer­na­va­ca, son sim­ples “daños cola­te­ra­les”.

Des­de su jus­ta indig­na­ción, Sici­lia ha hecho un lla­ma­do ciu­da­dano no sólo para que se escla­rez­ca el cri­men, sino tam­bién para que se pare este baño de san­gre. Se lo dijo al pro­pio Cal­de­rón en su cara. El michoa­cano habría reco­no­ci­do inclu­so erro­res duran­te una entre­vis­ta que ambos sos­tu­vie­ron en Los Pinos, pero la into­le­ran­cia y auto­ri­ta­ris­mo del panis­ta pesa más, pues al siguien­te día de la mul­ti­tu­di­na­ria mar­cha a que con­vo­có el poe­ta, dijo que la gue­rra segui­ría y has­ta se atre­vió a seña­lar de mane­ra insen­si­ble e inhu­ma­na de la “glo­ria de la vic­to­ria”.

El camino, pues, pare­ce cla­ro. El pro­pio Sici­lia así lo vis­lum­bró: para que pare la masa­cre es nece­sa­rio que se invo­lu­cre la ciu­da­da­nía. Que ésta obli­gue al gobierno fede­ral a modi­fi­car su polí­ti­ca. No se tra­ta de pac­tar con los delin­cuen­tes, sino de cam­biar de estra­te­gia en el com­ba­te y, sobre todo, en la pre­ven­ción del cri­men. Es absur­do, inclu­so demen­cial, creer que se pue­de obte­ner resul­ta­dos dis­tin­tos hacien­do lo mis­mo que ha fra­ca­sa­do.

Y no es la socie­dad polí­ti­ca la que solu­cio­na­rá el pro­ble­ma. Será des­de aba­jo, des­de la socie­dad civil orga­ni­za­da.

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