José Álvarez Icaza *

Muy bue­nas tar­des, ami­gos y ami­gas muy que­ri­dos. Esta­mos todos uni­dos por el mis­mo apre­cio, amis­tad, res­pe­to y reco­no­ci­mien­to a Heber­to Cas­ti­llo, a quien tan­to que­re­mos y recor­da­mos, con quien yo tuve el pri­vi­le­gio de tener una amis­tad enri­que­ce­do­ra, …él fue un extra­or­di­na­rio mexi­cano, lleno de prin­ci­pios y de fuer­za. Cual­quier cosa que se pro­po­nía Heber­to, la logra­ba. Se preo­cu­pó por Méxi­co, por­que ama­ba a su país entra­ña­ble­men­te y con una crea­ti­vi­dad extra­or­di­na­ria. Lo recor­da­mos con mucho cari­ño, no se cómo se le ocu­rrió morir­se tan pron­to. Esta­mos muy nece­si­ta­dos de él…Tuvo el méri­to, nota­bi­lí­si­mo, de haber ini­cia­do a muchí­si­ma gen­te en accio­nes cívi­cas y polí­ti­cas en las que (sin su influen­cia) jamás habría participado…Heberto dejó una escue­la, un recuer­do imperecedero,…en muchos luga­res hay esta­tuas, fotos, monu­men­tos de él. Habe­mos miles de mexi­ca­nos que lo con­si­de­ra­mos nues­tro maes­tro y nues­tro ini­cia­dor en cues­tio­nes polí­ti­cas. Muchos tipos como yo que no habían hecho nin­gu­na acti­vi­dad en esas cues­tio­nes, nos iniciamos…Me da mucho gus­to par­ti­ci­par en este home­na­je y comen­tar algu­nos pun­tos y pen­sa­mien­tos de su acción polí­ti­ca, con la adver­ten­cia de estar con­cien­tes de que voy  hacer el ridícu­lo por­que no es muy difí­cil hacer­lo ¿no? Yo me ima­gino lo eno­ja­do que se pon­dría si estu­vie­ra aquí pre­sen­te y me diría: “¡Que mal lo hicis­te Pepe, por Dios, cómo es posi­ble”. Bueno, pues ya me doy por rega­ña­do por Heber­to que por cier­to no tenia muy buen humor. Era muy crí­ti­co, muy lato­so, muy perfeccionista…y en ver­dad que­ría medir a todo el mun­do con ese mis­mo rase­ro y eso, en mi caso, resul­ta­ba ver­da­de­ra­men­te difí­cil. Hable­mos un poco del pen­sa­mien­to de Heber­to. Nos vamos a tar­dar como cin­co horas nada mas. Una cosa des­ta­ca­ba sobre todas, su amor a Méxi­co y a lo mexicano….Yo creo que se pue­de hablar, en polí­ti­ca nacio­nal, de una épo­ca pre­he­ber­tis­ta y de otra post hebertista…era capaz de crear esti­los, corrien­tes imi­ta­do­ras de su acti­vi­dad siem­pre fres­ca, trans­pa­ren­te, bien inten­cio­na­da, de bue­na fe, reno­va­do­ra, revi­ta­li­za­do­ra. Atri­bu­tos que hoy hacen fal­ta en la polí­ti­ca mexi­ca­na. Los estoy vien­do a uste­des, a la inmen­sa mayo­ría los conoz­co y se que no esta­rían en este camino si Heber­to no nos hubie­ra empu­ja­do y gra­cias a Dios ya están aho­ra en este lío; y sus bene­fi­cios y con­se­cuen­cias los pade­ce­mos todos con el mis­mo cari­ño que él lo hacía. Heber­to era estu­dio­so, con una memo­ria, una inte­li­gen­cia y una crea­ti­vi­dad nota­bles. Pare­cía un tipo de esos de un nue­vo mun­do, un Miguel Ángel, un Leo­nar­do, uno de esos artis­tas que eran poe­tas, cien­tí­fi­cos, inte­lec­tua­les y, al mis­mo tiem­po, Heber­to era tan sen­ci­llo, tan llano, tan pró­xi­mo. Bueno, pues él era así. Cuan­do yo iba a una cena con Heber­to, por­que era muy come­lón, tenia un exce­len­te gus­to para los restaurantes…Y en mi tra­to con él, jamás le encon­tré una men­ti­ra, una duda, un miedo,…era arro­ja­do en todo lo que empren­día, como el PMT, un Par­ti­do chi­qui­to pero abso­lu­ta­men­te encan­ta­dor, los sába­dos al medio­día, en Buca­re­li 20, los espe­rá­ba­mos con entu­sias­mo ver­da­de­ro por­que eran 3 horas de ense­ñan­za polí­ti­ca extra­or­di­na­ria pues apor­ta­ba luces a muchos de noso­tros y de repen­te se mue­re, es lo úni­co que le cri­ti­co a Heber­to ¿cómo se le ocu­rrió morir­se?, pero dejó una hue­lla impe­re­ce­de­ra que muchos tra­ta­mos de lle­nar todos los días…Yo fui muy ami­go de Heber­to. No crean que se me pasó la mano con el elo­gio. Me sien­to ape­na­do de haber­lo hecho tan mal, por­que Heber­to era un tipo difí­cil de presentar…”.

Has­ta aquí, el cachi­to del dis­cur­so aquel de don Pepe.

Bueno pues para el 2008, en lo que sería su cum­plea­ños núme­ro 87, no pude ir a ver­lo. Creo que su enfer­me­dad avan­za­ba pues Luz­ma me dijo que iban a salir fue­ra de la Ciu­dad de Méxi­co, que reque­ría descansar.

Pero ocu­rrió un acon­te­ci­mien­to, gra­ve, que sacu­dió al DF y al país, y a mi me per­mi­tió tener a la mano, otro tema para mis mamo­tre­tos. (No están uste­des para saber­lo, ni yo para con­tar­lo, pero des­de 1974, cada sema­na publi­co un articulo
sema­nal. Es otro de mis “jobis”. Me acuer­do bien por­que fue cuan­do nació el PMT y en uno de sus medios me empe­za­ron a publi­car. Des­de enton­ces he publi­ca­do en algún medio escri­to y, des­de hace tres años, en medios elec­tró­ni­cos). El tema era un ope­ra­ti­vo poli­cia­co en la dis­co­te­ca “News Divi­ne”, en el nor­te de la capi­tal del país, en el que murie­ron 12 jóve­nes y hubo 18 heri­dos. El GDF, como que inten­tó esca­bu­llir­se de su res­pon­sa­bi­li­dad. Pero ¿qué creen mis esti­ma­dos y esti­ma­das? Que no con­ta­ban con la astu­cia de la Comi­sión de Dere­chos Huma­nos del DF (CDHDF),  enca­be­za­da nada menos y nada más que por uno de los “hija­zos de su vida­za” – como diría uno de los per­so­na­jes de Los Poli­vo­ces — de don Pepe Álva­rez Ica­za, un indi­vi­duo lla­ma­do Emi­lio. (Por ahí si lo ven, me lo saludan).

Y que tal Comi­sión, ela­bo­ra y pre­sen­ta a la opi­nión públi­ca, un Infor­me sobre lo acon­te­ci­do en dicho incen­dio. Fue un Infor­me digno y escla­re­ce­dor. Al GDF le dijo has­ta de lo que se iba a morir. En dicho repor­te, el GDF apa­re­ce como inefi­caz, negli­gen­te, inca­paz, irres­pon­sa­ble, men­ti­ro­so, cóm­pli­ce, apar­ta­do del dere­cho y de la jus­ti­cia, par­cial, incohe­ren­te, abu­si­vo, repre­sor, tapa­de­ra e insen­si­ble. “Tie­ne al menos, res­pon­sa­bi­li­dad éti­ca inelu­di­ble”, con­clu­ye, de mane­ra aplas­tan­te el tex­to del tal Emilio.

Y sobre eso escri­bí y a Emi­lio, en mi articu­lo, des­de enton­ces, lo desig­né como mi “cua­te”, por­que con su Infor­me sobre el caso del incen­dio de la dis­co­te­ca, sim­ple­men­te sacó la cas­ta e hizo honor no solo a la Comi­sión que pre­si­de, que pre­si­día, sino a su mero padre, don Pepe Álva­rez Ica­za Mane­ro, pio­ne­ro defen­sor de los dere­chos huma­nos, soli­da­rio de los pue­blos indios y lati­no­ame­ri­ca­nos, fun­da­dor de la comu­ni­ca­ción social y, con ello, del CENCOS,…”.

Tal artícu­lo se lo dedi­qué a don Pepe y a su Luz­ma. Y se me ocu­rrió guar­dar­lo para que cuan­do lo vol­vie­ra a ver, poder entre­gár­se­lo en pro­pia mano.

Pero ocu­rrió lo que hoy todos lamen­ta­mos. Se nos murió. Y en diciem­bre del año pasa­do publi­qué mi viven­cia y sen­tir sobre ese dolo­ro­so acontecimiento:

En el jar­dín del Cen­tro Nacio­nal de Comu­ni­ca­ción Social (CEN­COS) – en la calle de Mede­llín 33, colo­nia Roma, en el DF -, el mis­mo que antes fue un audi­to­rio en el que don Pepe Álva­rez Ica­za tan­tas veces orga­ni­zó reunio­nes de soli­da­ri­dad, aho­ra yacía ten­di­do en su fére­tro, rodea­do de fami­lia­res y de dece­nas de amis­ta­des reli­gio­sas y laicas.

Eran las doce del día del vier­nes 26 de noviem­bre del 2010. Por la maña­na él había muer­to de un paro car­dio­rres­pi­ra­to­rio. Den­tro de 4 meses, o sea el 21 de mar­zo pasa­do, él hubie­ra cum­pli­do 90 años de edad.

Ape­nas el jue­ves 18 de noviem­bre, en su casa, nos había­mos salu­da­do. En un rato de luci­dez (pade­cía alzhei­mer), des­de el pasi­llo que da a la sala de su casa y en su silla de rue­das, excla­mó: “¡Joe Luís!”. Luz­ma, su espo­sa, vol­tean­do a mirar­me asom­bra­da, susu­rró: “¡Te reco­no­ció. Eso es raro en él. A mi me da pena que ven­gan sus amis­ta­des y no los reco­noz­ca!”. Lue­go don Pepe me pre­gun­tó: “¿Y tu her­mano (Miguel Ángel), cómo está tu mamá, y Glo­ria (Sán­chez), cómo está?”. Lue­go de un rato nos des­pe­di­mos. ¡Por últi­ma vez!

Y ocho días des­pués, el vier­nes 26, mien­tras trans­cu­rría la misa que se le ofre­cía, yo recor­da­ba — flan­quea­do a mi izquier­da por el Dr. Jor­ge Car­pi­zo, ex rec­tor de la UNAM, ex Pre­si­den­te de la CNDH y ex Secre­ta­rio de Gober­na­ción y, a mi dere­cha por don Elio Villa­se­ñor Gómez, decano de la lla­ma­da Socie­dad Civil, fun­da­dor de Equi­po Pue­blo y actual Direc­tor de “Ini­cia­ti­va Ciu­da­da­na para la Pro­mo­ción de la Cul­tu­ra del Diá­lo­go”, AC, — recor­da­ba, decía, nues­tras múl­ti­ples aven­tu­ras juntos:

Ahí mis­mo en CEN­COS, pero en 1984, lue­go de ter­mi­nar, con doña Rosa­rio Iba­rra, la ela­bo­ra­ción de un des­ple­ga­do sobre la orga­ni­za­ción de un Paro Cívi­co Nacio­nal en el que par­ti­ci­pa­rían prác­ti­ca­men­te todos los gru­pos de izquier­da de enton­ces, sali­mos corrien­do don Pepe y un ser­vi­dor, rum­bo a las ofi­ci­nas del Comi­té Nacio­nal del PMT, del que ambos for­má­ba­mos par­te, él como Secre­ta­rio de Orga­ni­za­ción y yo como
Secre­ta­rio de Rela­cio­nes Exteriores.

El tex­to había que pre­sen­tar­lo a la sesión lo antes posi­ble. No solo se reque­ría el vis­to bueno del Comi­té, sino que está­ba­mos pre­pa­ran­do la docu­men­ta­ción para soli­ci­tar for­mal­men­te el regis­tro elec­to­ral del Partido.

¡Vámo­nos!” dijo don Pepe a su hijo Pablo, quien la hacia de nues­tro cho­fer en esa oca­sión. Subimos a su vochi­to gris metá­li­co y Pablo metió a fon­do el ace­le­ra­dor. Se nos hacia tar­de. En la ave­ni­da Refor­ma nos dimos cuen­ta que nos seguían. Des­de un vehícu­lo, sus ocu­pan­tes nos hacían señas impe­ra­ti­vas, como para que nos detu­vié­ra­mos. Des­de una moto­ci­cle­ta sus dos tri­pu­lan­tes, inten­ta­ban cerrar­nos el paso. “¡Ace­le­ra, no te deten­gas!”, dijo Álva­rez Ica­za a su hijo. Y Pablo no se detu­vo sino has­ta lle­gar al núme­ro 20 de la calle de Buca­re­li, que es en don­de esta­ban las ofi­ci­nas del Par­ti­do. Has­ta ahí nos siguie­ron nues­tros perseguidores.

Don Pepe me pidió el docu­men­to. “¡Córre­le!”, me gri­tó. Baja­mos del vehícu­lo y subimos corrien­do las esca­li­na­tas del edi­fi­cio pues, para col­mo, ese día no ser­vía el ele­va­dor. Quién sabe por qué pero antes de per­der de vis­ta la entra­da del edi­fi­cio, vol­teé y noté que al mis­mo tiem­po que Pablo arran­có, para esta­cio­nar­se mas ade­lan­te, nues­tros per­se­gui­do­res fue­ron tras él. Regre­sé a la entra­da a cer­cio­rar­me del des­tino del hijo de don Pepe. Ví que aque­llos lo esta­ban abor­dan­do con brus­cos ademanes.

Corrí hacia las esca­li­na­tas. Subí los seis pisos que se reque­rían, para arri­bar a las ofi­ci­nas. Inte­rrum­pí al Comi­té que ya sesio­na­ba con don Pepe, infor­man­do lo que había vis­to, sobre el ries­go que, a mi pare­cer, Pablo corría. “No te preo­cu­pes Joe Luis, él sabe qué hacer”, dijo don Pepe. Cuan­do inten­ta­ron pro­se­guir la sesión, se escu­cha­ron gri­tos des­pa­vo­ri­dos que pro­ve­nían de las esca­li­na­tas del edi­fi­cio. “¡Es Pablo, es Pablo!”, les dije.

Heber­to Cas­ti­llo y don Pepe salie­ron corrien­do del cubícu­lo que ocu­pá­ba­mos. Los demás les segui­mos. Pese a ser los mas “vie­ji­tos”, ellos baja­ban mas rápi­do las esca­li­na­tas que el res­to. En la plan­ta baja del edi­fi­cio, alcan­za­mos a ver la esce­na: cua­tro indi­vi­duos, car­ga­ban a Pablo, uno de cada extre­mi­dad, mien­tras aquel seguía gri­tan­do, impo­ten­te, como desaforado.

Cuan­do lle­ga­ron a la calle, los alcan­za­mos. Ahí cono­cí la otra cara de don Pepe. Como que su cuer­po cre­ció. Su ros­tro se puso rojo de ira. Empe­zó a mano­tear hacia aque­llos indi­vi­duos. Y les empe­zó a gri­tar todo tipo de pala­bras, inclui­dos insul­tos. Les recla­ma­ba el por qué de ese tra­to a su hijo. Los empu­ja­ba, casi los gol­pea­ba. Apa­re­cie­ron otros. Pare­cía que iban a agre­dir a Álva­rez Ica­za cuan­do se inter­pu­so Heber­to. Y cono­cí tam­bién la otra cara del inge­nie­ro Cas­ti­llo. “¡A ver gol­peén­me a mi, gol­péen­me, soy Heber­to Cas­ti­llo!”, les gritó.

Se empe­zó a jun­tar mucha gen­te. En su mayo­ría eran vocea­do­res de los perió­di­cos Excel­sior y El Uni­ver­sal, y se pusie­ron de nues­tro lado.

Una mujer alta, rubia, muy gua­pa, se acer­có e hizo señas a los agre­so­res. Al pare­cer eran agen­tes y ella era su jefa. Se ale­ja­ron. Los vocea­do­res les chi­fla­ron y gri­ta­ron mentadas.

Noso­tros opta­mos por irnos en mar­cha por la ave­ni­da Buca­re­li, hacia la Secre­ta­ría de Gober­na­ción. El con­tin­gen­te era lar­go, pues los vocea­do­res nos acom­pa­ña­ban. Al lle­gar nos aten­dió el Sub­se­cre­ta­rio y Coro­nel Jor­ge Carri­llo Olea. Al salir, lue­go de que tal fun­cio­na­rio nos pro­me­tie­ra garan­tías, en los patios de la Secre­ta­ría esta­ban los agre­so­res, ¡ahí tra­ba­ja­ban! y…el res­to es otra historia.

De este tipo de “aven­tu­ras”, y de cuan­do reco­rría­mos el país orga­ni­zan­do el Par­ti­do, hos­pe­dán­do­nos siem­pre en casas parro­quia­les mer­ced, a sus bue­na rela­cio­nes con inte­gran­tes de la Igle­sia Cató­li­ca (es curio­so: al acom­pa­ñar a Deme­trio Valle­jo, nos que­dá­ba­mos a dor­mir en esta­cio­nes de ferro­ca­rril. Al acom­pa­ñar a Heber­to Cas­ti­llo, nos hos­pe­dá­ba­mos en casas de com­pa­ñe­ros del Par­ti­do), vivi­das con don Pepe, me esta­ba acor­dan­do, cuan­do acu­dí a des­pe­dir­lo, en su velo­rio, en el jar­dín del CEN­COS y ahí esta­ba Pablo, acom­pa­ñan­do a su seño­ra madre, Luz­ma, y a
sus ocho car­na­las y cin­co car­na­les, a des­pe­dir a su papá, don Pepe Álva­rez Icaza.

Pues sí, tra­té a uno (bueno, a varios) de los gran­des per­so­na­jes de este país, es el caso de José Álva­rez Ica­za Mane­ro. ¿Recuer­dan uste­des una pro­cla­ma que, en una cal­co­ma­nía, se pegó en las puer­tas de las casas habi­ta­ción de gran par­te del país, allá por los años 60´s, que decía “¡Cris­tia­nis­mo sí, Comu­nis­mo No!”? La inven­tó don Pepe. Lue­go cam­bió de cami­se­ta y se pasó del lado de “los bue­nos”. “Aun­que los bue­nos, los izquier­dis­tas, son muy inefi­cien­tes mano”, solía comen­tar. Cam­bio y fue­ra. Muchas gracias.

(aplau­sos,…)

 

Méxi­co D. F. a 4 de abril de 2011.

 

 

(*) Pala­bras pro­nun­cia­das en el Home­na­je a Pepe Álva­rez Ica­za, y a Heber­to Cas­ti­llo, en Jala­pa, en el Cole­gio de Perio­dis­tas de Vera­cruz, el lunes 4 de abril del 2011. Even­to orga­ni­za­do por pro­fe­so­res nor­ma­lis­tas y uni­ver­si­ta­rios de esa enti­dad agru­pa­dos en el Foro Per­ma­nen­te “Heber­tro Cas­ti­llo” y en la Facul­tad de Socio­lo­gía de la Uni­ver­si­dad Veracruzana. 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *