¡Justicia, equidad, fraternidad, libertad!

Foto: Rafael Edwards

El pro­ble­ma más impor­tan­te de la huma­ni­dad es el ensi­mis­ma­mien­to pro­duc­to de miles de años de pro­pie­dad pri­va­da de los medios de pro­duc­ción. Cada quien sólo vien­do sus intere­ses abu­san­do de otros. El capi­ta­lis­mo se carac­te­ri­za como “socie­dad del cono­ci­mien­to” o “socie­dad tec­no­ló­gi­ca” ponien­do en segun­do plano los víncu­los afec­ti­vos, la sen­si­bi­li­dad emo­cio­nal hacia el pró­ji­mo. Para rever­tir esa ten­den­cia des­truc­ti­va es nece­sa­rio poner énfa­sis en este aspec­to des­cui­da­do por la “socie­dad moder­na”, el afec­to. La “socie­dad del afec­to” es aque­lla en la que –como dicen los mayas al salu­dar­se- “tú soy yo” o “tú eres mi otro yo” sea el sen­ti­do coti­diano de todos.

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