La asamblea necesaria

El Con­gre­so de la Unión y la mayo­ría de los con­gre­sos de los esta­dos, como pudo ver­se en los esca­sos minu­tos que les tomó apro­bar el cam­bio cons­ti­tu­cio­nal de con­se­cuen­cias lesi­vas para el país que reque­ría el pro­yec­to del gru­po en el poder para pri­va­ti­zar los bie­nes ener­gé­ti­cos de la nación, no pudie­ron dar una mayor mues­tra de que­bran­ta­mien­to a su res­pon­sa­bi­li­dad de repre­sen­tar los altos intere­ses popu­la­res y de la nación en el pre­sen­te y para el futuro.

Otro tan­to pue­de decir­se de la Asam­blea Legis­la­ti­va del Dis­tri­to Fede­ral, que venía mos­tran­do mayor auto­no­mía que los demás órga­nos simi­la­res. Res­pon­dien­do al pac­to con­vo­ca­do por el peñis­mo, se ciñó a la polí­ti­ca poli­cia­ca del jefe de Gobierno y cri­mi­na­li­zó las mani­fes­ta­cio­nes de protesta.

A esa ausen­cia de auto­no­mía –tan­to del Poder Eje­cu­ti­vo como de los pode­res fác­ti­cos que le dan sus­ten­to– y un ejer­ci­cio par­la­men­ta­rio con­tra­rio a los intere­ses de la mayo­ría y de la inte­gri­dad nacio­nal, el Poder Legis­la­ti­vo ha aña­di­do exce­sos, corrup­ción, auto­asig­na­cio­nes dine­ra­rias ofen­si­vas para quie­nes viven de un ingre­so menor, derro­che ajeno al espí­ri­tu repu­bli­cano y fal­ta de com­pro­mi­so con los pobres, adic­ción a la impu­ni­dad y a la pre­po­ten­cia, y aun alian­zas sos­pe­cho­sas con el cri­men organizado.

Por ello es impor­tan­te el hecho de que haya sur­gi­do un con­gre­so infor­mal. Su impor­tan­cia esta­rá con­di­cio­na­da, no obs­tan­te, a que se cum­plan diver­sas pre­mi­sas. En pri­mer lugar, que sea repre­sen­ta­ti­vo de las corrien­tes socia­les que luchan por la demo­cra­ti­za­ción del país en lo elec­to­ral y más allá de lo elec­to­ral: aún no ha sido borra­da del artícu­lo ter­ce­ro cons­ti­tu­cio­nal la con­cep­ción de la demo­cra­cia “no sola­men­te como una estruc­tu­ra jurí­di­ca y un régi­men polí­ti­co, sino como un sis­te­ma de vida fun­da­do en el cons­tan­te mejo­ra­mien­to eco­nó­mi­co, social y cul­tu­ral del pueblo…”

El Con­gre­so Popu­lar pue­de inau­gu­rar la prác­ti­ca de la repre­sen­ta­ción como el prin­ci­pal come­ti­do del órgano legis­la­ti­vo, lo cual impli­ca abor­dar los gran­des pro­ble­mas nacio­na­les (ver, por ejem­plo, Los gran­des pro­ble­mas nacio­na­les, coor­di­na­do por Arman­do Bar­tra; Los gran­des pro­ble­mas nacio­na­les, de Samuel Sch­midt; Los gran­des pro­ble­mas de Méxi­co, coor­di­na­do por Manuel Ordo­ri­ca y Jean-Fra­nçois Prud’homme, y el con­gre­so vir­tual inter­ins­ti­tu­cio­nal Los gran­des pro­ble­mas nacio­na­les, orga­ni­za­do por los cen­tros CEDIA y SIA de la Cáma­ra de Dipu­tados y el Cen­tro de Estu­dios Par­la­men­ta­rios de la Uni­ver­si­dad Autó­no­ma de Nue­vo León) como un tema de estu­dio y deba­te per­ma­nen­te en la cul­tu­ra de la asamblea.

El mal ejem­plo del Poder Legis­la­ti­vo ten­dría que ser con­ver­ti­do por el Con­gre­so Popu­lar en su opues­to: en un ejer­ci­cio de diá­lo­go, defi­ni­ción ideo­ló­gi­ca, auto­no­mía, crí­ti­ca y auto­crí­ti­ca, correc­ción y auto­co­rrec­ción, trans­pa­ren­cia, ren­di­ción de cuen­tas, meca­nis­mos de equi­li­brio, cla­ro sen­ti­do repu­bli­cano, recu­pe­ra­ción de la vigi­lan­cia y super­vi­sión de todos los actos de gobierno y de su pro­pia ges­tión par­la­men­ta­ria. En estos dos últi­mos con­cep­tos, el Con­gre­so Popu­lar podría ser la base de un cuar­to poder com­ple­men­ta­rio de los tres pode­res clá­si­cos: el defen­sor del pue­blo (el ombuds­man inte­gral y no sólo cir­cuns­cri­to a la defen­sa de los dere­chos huma­nos). Como pocos paí­ses en el mun­do, el Méxi­co de nues­tros días requie­re de ese cuar­to poder com­ple­men­ta­rio (con capa­ci­dad de lle­var a jui­cio a los infrac­to­res) para erra­di­car la corrup­ción y la impu­ni­dad que se han tor­na­do en el ADN de su gobierno. La prin­ci­pal obli­ga­ción de las ins­ti­tu­cio­nes públi­cas en un país capi­ta­lis­ta es la de con­tro­lar el mane­jo del dine­ro. Sin este con­trol, que debe empe­zar por las cam­pa­ñas elec­to­ra­les, lo demás sobra.

Un nue­vo con­cep­to de la mayo­ría y la mino­ría en la ges­tión de las nece­si­da­des y deman­das de la socie­dad podría empe­zar a per­fi­lar­se en el Con­gre­so Popu­lar, y muchas otras cues­tio­nes que hoy son abso­lu­tas falen­cias del Con­gre­so de la Unión, de los
con­gre­sos de los esta­dos y tam­bién de los cabil­dos municipales.

La repre­sen­ta­ción genui­na es la otra cara de la demo­cra­cia. El Con­gre­so Popu­lar pue­de ini­ciar su cons­truc­ción a par­tir de su pro­pia con­duc­ta. Las pro­me­sas dis­cur­si­vas y lega­les se han vacia­do de todo sig­ni­fi­ca­do. La patria, que unos pocos pre­da­do­res se encar­gan de hacer obje­to de des­po­jo todos los días, requie­re de hom­bres nue­vos y nue­vas ins­ti­tu­cio­nes. El Con­gre­so Popu­lar pue­de lle­gar a ser una de ellas. Ten­drá que supe­rar no pocas iner­cias per­ni­cio­sas que antes han hecho nau­fra­gar bue­nos intentos.

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