La leyenda de los plurinominales

En 2009 vota­ron por dipu­tados fede­ra­les algo más de 34 millo­nes y medio de mexi­ca­nos (34,677,923). Los 300 can­di­da­tos que gana­ron en sus dis­tri­tos logra­ron entre todos poco más de 14 millo­nes y medio de votos a su favor (14,536,974). Es decir, gana­ron con a penas el 42% de los votos. Cada uno de ellos requi­rió en pro­me­dio poco más de 48 mil votos (48,456.58) para con­ver­tir­se en dipu­tado.

Por su par­te, los can­di­da­tos plu­ri­no­mi­na­les reci­bie­ron poco menos de 32 millo­nes y medio de votos (32,387,537), el 93% del total. Cada uno de los que resul­ta­ron elec­tos requi­rió para ello de más de 160 mil votos (161,937.685).

Ade­más, el 42% de los ciu­da­da­nos, los que vota­ron por los can­di­da­tos gana­do­res, eli­gió tam­bién a ese por­cen­ta­je de los 200 plu­ri­no­mi­na­les, es decir, a 84 de ellos. De esta for­ma una mino­ría del 42% de los votan­tes eli­gió al 60% de los 500 dipu­tados que inte­gran la cáma­ra (los 300 elec­tos por dis­tri­to) más otro 16.8% de ellos (84 de los plu­ri­no­mi­na­les). 76.8% en total.

En con­tra­par­ti­da, el 58% de votan­tes (quie­nes vota­ron por can­di­da­tos que no gana­ron en su dis­tri­to) no eli­gie­ron a nin­gún dipu­tado uni­no­mi­nal, pero sí al 58% de los plu­ri­no­mi­na­les, es decir a 116. El 23.2% del total de 500 dipu­tados.

En sín­te­sis, una mino­ría de dos quin­tas par­tes de los elec­to­res (42%) esco­gió a más de tres cuar­tas par­tes (76.8%) de los dipu­tados, mien­tras que una mayo­ría de tres quin­tas par­tes de los votan­tes sólo desig­nó a una cuar­ta par­te (el 23.2%).

Al com­pa­rar el peso que tuvo en la elec­ción cada 1% de votan­tes que gana­ron con­tra cada 1% de los que per­die­ron, tene­mos que el voto de cada ciu­da­dano que favo­re­ció a can­di­da­tos triun­fa­do­res (la mino­ría) tuvo un peso de más de cua­tro y media veces (4.57) el voto de quie­nes sufra­ga­ron por aspi­ran­tes derro­ta­dos (la mayo­ría de los elec­to­res).

Si Méxi­co fue­ra una aldea de cien ciu­da­da­nos, con un con­gre­so de vein­te inte­gran­tes, cua­ren­ta y dos votan­tes esta­rían desig­nan­do a quin­ce dipu­tados, mien­tras cin­cuen­ta y ocho elec­to­res sólo nom­bra­rían a los res­tan­tes cin­co.

Enri­que Peña Nie­to se ha suma­do a la pro­pues­ta que el dipu­tado fede­ral Feli­pe Cal­de­rón defen­día exal­ta­da­men­te en 2002: redu­cir de 200 a 100 el núme­ro de plu­ri­no­mi­na­les. De lograr­se este des­pro­pó­si­to, die­ci­sie­te de los vein­te dipu­tados de la aldea serían elec­tos por cua­ren­ta y dos ciu­da­da­nos, en tan­to que los otros cin­cuen­ta y ocho sólo ten­drían a tres repre­sen­tan­tes.

Si Ud., como yo, como tres de cada cin­co mexi­ca­nos, vota por un par­ti­do que no gana en su dis­tri­to, su voto val­drá menos de la octa­va par­te que el de su vecino, que votó por el can­di­da­to gana­dor.

El actual sis­te­ma elec­to­ral divi­de a los mexi­ca­nos en ven­ce­do­res y ven­ci­dos. Esto es injus­to e inne­ce­sa­rio. Sis­te­mas elec­to­ra­les como el ale­mán -del que se ins­pi­ró ori­gi­nal­men­te el nues­tro y don­de la mitad de los dipu­tados son elec­tos en lis­tas plu­ri­no­mi­na­les- o el espa­ñol -dón­de todos los dipu­tados son de repre­sen­ta­ción pro­por­cio­nal- per­mi­ten que el peso del voto de cada ciu­da­dano sea idén­ti­co.

Un ciu­da­dano, un voto. Sólo ésta pue­de ser la fór­mu­la de la demo­cra­cia.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *