La utopía de la paz en un mundo globalizado para la guerra

En nues­tro pri­mer ejem­plo, se gene­ró una cons­ter­na­ción mun­dial que colo­có la res­pon­sa­bi­li­dad direc­ta en el mucha­cho ase­sino y no en el carác­ter mili­ta­ris­ta y arma­men­tis­ta del Esta­do nor­te­ame­ri­cano, en don­de exis­ten 300 millo­nes de armas fren­te a una pobla­ción de 315 millo­nes de habi­tan­tes. Bas­ta con leer un artícu­lo que apa­re­ció el 20 de diciem­bre de 2012, en el cual se men­cio­na que como medi­da de segu­ri­dad en un pue­blo de EEUU se auto­ri­za a los docen­tes a lle­var armas de fue­go y a los estu­dian­tes a usar mochi­las anti­ba­las:

La jun­ta esco­lar del Harrold Inde­pen­dent School Dis­trict (fun­da­do en 1884), al que asis­ten niños des­de el jar­dín has­ta la secun­da­ria, votó a favor de per­mi­tir que los docen­tes pue­dan lle­var armas. Eso sí, que las lle­ven ocul­tas para no asus­tar a los peque­ños. El direc­tor de la ins­ti­tu­ción cen­te­na­ria, David Thweatt, afir­mó que como no tie­nen dine­ro para “un guar­dia de segu­ri­dad, esta es una solu­ción mejor”.

Sin con­tar con la infra­es­truc­tu­ra de EEUU para la sin­cro­ni­za­ción afec­ti­va e inte­lec­tual para jus­ti­fi­car su esen­cia impe­ria­lis­ta, inter­ven­cio­nis­ta y de colo­ni­za­ción a san­gre y fue­go. Las masa­cres que se suce­den al inte­rior mis­mo de EEUU son el resul­ta­do de esa colo­ni­za­ción afec­ti­va, inte­lec­tual y espi­ri­tual. No me resul­ta fácil ima­gi­nar a esos pro­fe­so­res alis­tán­do­se para salir a dic­tar cla­se: mar­ca­do­res, lápi­ces, libros…una pis­to­la. Y esos niños con tre­men­das joro­bas de car­gar todo el día con el peso de un morral blin­da­do que por supues­to no se qui­ta­rán ni para ir al baño. Qué lógi­ca más per­ver­sa. Que harán en EEUU cuan­do uno de esos pro­fe­so­res arma­do con pis­to­la pro­vo­que otro desas­tre en un recin­to esco­lar? ¿Armar a niños y jóve­nes para defen­der­se de los pro­fe­so­res?

¿Qué pue­de pen­sar y sen­tir un joven o un niño cuya coti­dia­ni­dad está atra­ve­sa­da por una moral que jus­ti­fi­ca la inva­sión y la masa­cre de miles de seres huma­nos? ¿Cómo se con­fi­gu­ra el hori­zon­te de sen­ti­do y sig­ni­fi­ca­do de un joven o de un niño que obser­va por tele­vi­sión la jus­ti­fi­ca­ción que hace su pro­pio pre­si­den­te de la repú­bli­ca acer­ca de la inva­sión de otros pue­blos y la con­si­guien­te masa­cre de sus habi­tan­tes? ¿Cuá­les son los núcleos figu­ra­ti­vos de los jóve­nes y los niños que son absor­bi­dos por una indus­tria cul­tu­ral que bana­li­za la atro­ci­dad y natu­ra­li­za el exter­mi­nio de los enemi­gos, que esa mis­ma indus­tria a pro­du­ci­do? Esa moral jus­ti­fi­ca­do­ra de la agre­sión depre­da­do­ra se está vol­vien­do un cán­cer al inte­rior de la socie­dad nor­te­ame­ri­ca­na y se empie­za a vol­ver ener­gía auto­des­truc­ti­va.

No menos com­ple­jo resul­ta nues­tro segun­do caso de la reali­dad. En la sema­na del 14 al 22 de noviem­bre de 2012 el ejer­ci­to israe­lí desa­rro­llo una impre­sio­nan­te esca­la­da de terror con­tra el pue­blo pales­tino a tra­vés de 1350 ata­ques aéreos lan­zan­do 1400 misi­les con­tra la pobla­ción civil pales­ti­na. Las cifras hablan de 150 vic­ti­mas, de las cua­les 40 son niños y niñas. Sobre esta masa­cre se habló muy poco en Colom­bia. Y no era para menos, pues ya Colom­bia había empe­ña­do su pala­bra con Israel y EEUU para que Pales­ti­na no fue­ra acep­ta­do como Esta­do en las Nacio­nes Uni­das. Por ello en Colom­bia no se habla de la masa­cre con­tra el pue­blo pales­tino.

Mien­tras en el caso de Pales­ti­na se ocul­ta el dolor y el sufri­mien­to de las vic­ti­mas de la masa­cre; en el caso de los EEUU se trans­mi­ten imá­ge­nes y men­sa­jes a velo­ci­da­des impre­sio­nan­tes, -por no decir ins­tan­tá­neas- que bus­can la soli­da­ri­dad para con un pue­blo que sufre y cuyo pre­si­den­te llo­ra en públi­co por la tra­ge­dia que aca­ba de ocu­rrir. ¿Qué nos hace pen­sar y sen­tir que los niños y niñas de Pales­ti­na son menos impor­tan­tes que los niños y niñas de EEUU? ¿Por qué nues­tros sen­ti­mien­tos no son los mis­mos fren­te a la mis­ma tra­ge­dia y al mis­mo dolor y sufri­mien­to que se pro­du­ce median­te cual­quier tipo de masa­cre? ¿Por qué nues­tra indi­fe­ren­cia para con
unas vic­ti­mas y al mis­mo tiem­po nues­tra soli­da­ri­dad para con otras, que en la prác­ti­ca son el resul­ta­do de la mis­ma lógi­ca arma­men­tis­ta y mili­ta­ris­ta? Y fun­da­men­tal­men­te, ¿cómo se pue­de hablar de paz en medio de seme­jan­te mani­pu­la­ción de los sen­ti­mien­tos a esca­la pla­ne­ta­ria?

Esto nos lle­va al ter­cer caso de nues­tra reali­dad. En medio de los diá­lo­gos de paz entre la gue­rri­lla de las Farc y el gobierno de San­tos, la pri­me­ra anun­cia una tre­gua y un cese al fue­go de for­ma uni­la­te­ral, pero invi­ta al segun­do a sumar­se a dicha ini­cia­ti­va como una for­ma de avan­zar en la cons­truc­ción de con­fian­za fren­te al pro­ce­so mis­mo. La res­pues­ta del gobierno fue la auto­ri­za­ción de una ope­ra­ción mili­tar de bom­bar­deo a uno de los cam­pa­men­tos gue­rri­lle­ros que se encon­tra­ba en tre­gua con un resul­ta­do de 20 per­so­nas muer­tas. Esto es de cono­ci­mien­to públi­co, lo mis­mo que las jus­ti­fi­ca­cio­nes de San­tos y los ges­tos de satis­fac­ción de la cúpu­la mili­tar. Sobre esta otra masa­cre tam­po­co se dijo mucho en Colom­bia.

¿Cómo es posi­ble pen­sar una paz en estas con­di­cio­nes, en las que en el mar­co de una mesa de diá­lo­go, al tiem­po que el adver­sa­rio anun­cia una tre­gua, apro­ve­cha­mos para ases­tar­le duros gol­pes masa­cran­do a dece­nas de sus inte­gran­tes? ¿Cuál es la noción de paz del gobierno israe­lí cuan­do orde­na la masa­cre de 150 per­so­nas pales­ti­nas y lue­go recla­ma que son los pales­ti­nos lo que no quie­ren la paz? ¿De qué paz se pue­de hablar en EEUU cuan­do no cesa ni un ins­tan­te de ins­ti­gar a la gue­rra en cual­quier par­te del mun­do?

Hace poco leí un artícu­lo de un cole­ga psi­có­lo­go colom­biano en el cual se plan­tea como tesis cen­tral que la cons­truc­ción de paz empie­za con ges­tos de con­fian­za, enten­di­da ésta como “la expec­ta­ti­va (espe­ran­za) de reci­pro­ci­dad de com­por­ta­mien­tos (afec­tos, ideas, creen­cias, accio­nes) en las rela­cio­nes entre indi­vi­duos o gru­pos”. Efec­ti­va­men­te, com­par­ti­mos con el cole­ga que la reci­pro­ci­dad es una con­di­ción nece­sa­ria para la cons­truc­ción de pro­ce­sos de paz dura­de­ros. La reci­pro­ci­dad impli­ca acep­tar inclu­si­ve al con­tra­dic­tor como otro vali­do y mere­ce­dor de res­pe­to.

En una car­ta que le envia­rá Simón Bolí­var al gene­ral Pedro Bri­ce­ño Men­dez le con­ta­ba como en esos momen­tos -1827- de tra­ba­jo por la paz y la uni­dad en Vene­zue­la, era de suma impor­tan­cia “pro­te­ger a los ami­gos sin ofen­der a los enemi­gos” como una for­ma con­cre­ta de cons­truc­ción de con­fian­za des­de el prin­ci­pio éti­co y polí­ti­co de a reci­pro­ci­dad. Jus­ta­men­te la ausen­cia de reci­pro­ci­dad por par­te de la éli­te colom­bia­na es la que his­tó­ri­ca­men­te ha lle­va­do a los fra­ca­sos de los diá­lo­gos entre la insur­gen­cia y los repre­sen­tan­tes del Esta­do.

No hubo reci­pro­ci­dad cuan­do como fru­to de los diá­lo­gos entre las Farc-Ep y el gobierno de Beli­sa­rio Betan­cur, apa­re­ce y se con­so­li­da el par­ti­do polí­ti­co Unión Patrio­ti­ca, el cual como se sabe, fue some­ti­do a una atroz polí­ti­ca geno­ci­da. No hubo reci­pro­ci­dad cuan­do des­pués de varios años de ase­si­na­tos, masa­cres y tor­tu­ras se decre­ta la muer­te polí­ti­ca y jurí­di­ca de la Unión Patrio­ti­ca sus­pen­dién­do­le su per­so­ne­ría jurí­di­ca. No hay reci­pro­ci­dad cuan­do se man­tie­nen seme­jan­tes nive­les de impu­ni­dad, cinis­mo y pre­po­ten­cia. Una bue­na for­ma de repa­rar tan­ta injus­ti­cia sis­te­má­ti­ca con­tra la UP sería que en la mesa de diá­lo­go de la Haba­na se con­si­de­ra­ra la pro­pues­ta de devol­ver inme­dia­ta­men­te la per­so­ne­ría a este par­ti­do polí­ti­co e inclu­si­ve que en un trán­si­to de la vida mili­tar a la vida polí­ti­ca de las Farc, estás deci­die­ran reto­mar las ban­de­ras de la UP como un acto de dig­ni­dad y res­pon­sa­bi­li­dad polí­ti­ca para con un pro­yec­to popu­lar que ha colo­ca­do más de 5 mil per­so­nas ase­si­na­das. La UP como hija de unos acuer­dos de paz ante­rio­res, debe ser reto­ma­da y for­ta­le­ci­da en el actual pro­ce­so de diá­lo­go y nego­cia­ción.

Todo acto de pre­po­ten­cia pone en ries­go la con­fian­za. Actos de pre­po­ten­cia es lo que se ha podi­do ver de par­te de la éli­te colom­bia­na. Bom­bar­deos indis­cri­mi­na­dos por par­te del ejér­ci­to nacio­nal.
Cen­su­ra des­ca­ra­da en los medios de infor­ma­ción, tal como suce­dió el día de la ins­ta­la­ción de la mesa en Oslo, cuan­do los gran­des medios deci­die­ron negar­le la posi­bi­li­dad al pue­blo colom­biano de escu­char las razo­nes de las Farc para estar allí en la mesa de diá­lo­go. Pre­po­ten­cia extre­ma es la que se pudo ver en el foro sobre desa­rro­llo agra­rio con enfo­que terri­to­rial en don­de Fede­gan deci­dió no par­ti­ci­par, sien­do éste un gre­mio con mucha res­pon­sa­bi­li­dad en la vio­len­cia que se vive en el país. Lo mis­mo suce­de en Israel cuan­do Pales­ti­na es acep­ta­do como Esta­do y se anun­cia que se con­ti­nua­rá con los asen­ta­mien­tos ile­ga­les a san­gre y fue­go. Lo mis­mo suce­de con EEUU cuan­do some­te a su pro­pia pobla­ción a una polí­ti­ca de pene­tra­ción men­tal para la gue­rra.

Si pudié­ra­mos hablar de una psi­co­lo­gía social del ges­to en los con­flic­tos polí­ti­cos. Ten­dría­mos que hablar de dos gran­des ten­den­cias ideo­ló­gi­cas. De un lado, una psi­co­lo­gía social del ges­to auto­ri­ta­rio que se opo­ne a sali­das nego­cia­das a los con­flic­tos. Ten­dría­mos que hablar de ros­tros de ceño frun­ci­do y gri­tos desafian­tes como los del minis­tro colom­biano de defen­sa, mira­das dis­pli­cen­tes como la de Alva­ro Uri­be y el pre­si­den­te de Fede­gan, pala­bras estig­ma­ti­zan­tes como las de Hillary Clin­ton, Barack Oba­ma y Ben­ja­mín Netan­yahu; risas bur­lo­nas como la del mis­mo pre­si­den­te San­tos; men­sa­jes mani­pu­la­do­res como los que se trans­mi­te las 24 horas a tra­vés de la indus­tria trans­na­cio­nal de la comu­ni­ca­ción. Si se obser­va con cui­da­do, nos dare­mos cuen­ta que estos ges­tos bus­can sem­brar la des­con­fian­za en la nego­cia­ción, a tra­vés del clá­si­co prin­ci­pio de la gue­rra psi­co­ló­gi­ca de negar el más míni­mo atri­bu­to posi­ti­vo en el con­ten­dor y exal­tar sólo sus atri­bu­tos nega­ti­vos.

Del otro lado ten­dría­mos a esa psi­co­lo­gía social del ges­to demo­crá­ti­co que se opo­ne radi­cal­men­te al uso de la vio­len­cia para resol­ver los con­flic­tos. Allí apa­re­cen cla­ra­men­te los ros­tros dis­cur­si­vos de per­so­nas como Pie­dad Cór­do­ba e Ivan Cepe­da. Los ges­tos soli­da­rios de Hugo Chá­vez y Raul Cas­tro. La faci­li­ta­ción de los diá­lo­gos a tra­vés de len­gua­jes mode­ra­dos como los de Rafael Correa y Evo Mora­les. La infor­ma­ción opor­tu­na y sin ama­ños como la de Tele­sur. El des­en­mas­ca­ra­mien­to de la mise­ria estruc­tu­ral que his­tó­ri­ca­men­te ha pade­ci­do Colom­bia, tal como lo hizo el coman­dan­te nego­cia­dor por las Farc, Ivan Mar­quez.

Con esta segun­da opción de psi­co­lo­gía social es que nos iden­ti­fi­ca­mos, quie­nes aún cree­mos en una sali­da nego­cia­da al con­flic­to arma­do y social. La esen­cia de la psi­co­lo­gía es la bús­que­da de sali­das nego­cia­das a los con­flic­tos. Y esas sali­das nego­cia­das impli­can nece­sa­ria­men­te la inclu­sión de aspec­tos como la ver­dad, la jus­ti­cia y la repa­ra­ción, no como sim­ples deno­mi­na­cio­nes muchas veces coop­ta­das por el sis­te­ma. Una psi­co­lo­gía social del ges­to demo­crá­ti­co que se nie­gue a ser cóm­pli­ce de la men­ti­ra sis­te­má­ti­ca y del ocul­ta­mien­to de la reali­dad. Una psi­co­lo­gía social que se nie­gue radi­cal­men­te a seguir jugan­do un rol de faci­li­ta­do­ra de la men­ti­ra y el enga­ño. Una psi­co­lo­gía social que pon­ga su saber al ser­vi­cio de millo­nes de seres huma­nos some­ti­dos a crue­les con­di­cio­nes de exis­ten­cia mate­rial, psi­co­ló­gi­ca y espi­ri­tual.

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