Los mitos de la Implementación de la Reforma Penal Constitucional

El pri­me­ro de ellos tie­ne que ver con el ori­gen de la Refor­ma como tal, ya que la mayo­ría supo­ne que es una sajo­ni­za­ción de nues­tro sis­te­ma jurí­di­co, dicho en pala­bras más sim­ples que es una mala copia del sis­te­ma de enjui­cia­mien­to penal de los Esta­dos Uni­dos de América.

La pri­mer ver­dad es que esto no es así, ya que la Refor­ma obe­de­ce a dife­ren­tes razo­nes, a saber:

1) A estas altu­ras ya todo Lati­noa­mé­ri­ca cuen­ta con un sis­te­ma acu­sa­to­rio adver­sa­rial a excep­ción cla­ro, de México

2) Por sus pro­pias carac­te­rís­ti­cas, en espe­cial las de Lega­li­dad y la con­for­ma­ción de jue­ces y tri­bu­na­les, el sis­te­ma no res­pon­de al mode­lo del “com­mon law” que se apli­ca en el vecino país, ya que este últi­mo ope­ra por medio de jura­dos popu­la­res y no se basa en la apli­ca­ción estric­ta de la ley sino en las juris­pru­den­cias y actua­cio­nes ante­rio­res lo que da a ambos sis­te­mas un pun­to de par­ti­da muy diverso.

3) En la reali­dad el sis­te­ma que se ins­tau­ró en Méxi­co es el mis­mo mode­lo que tie­ne Colom­bia, Argen­ti­na y Chi­le por sólo citar algunos.

4) La nece­si­dad de ins­tau­rar este sis­te­ma corres­pon­de bási­ca­men­te a dos fac­to­res, el pri­me­ro es que las tasas cono­ci­das como ries­go país que son las que regu­lan el valor de los intere­ses de los prés­ta­mos inter­na­cio­na­les para Méxi­co eran muy altas debi­do a la fal­ta de trans­pa­ren­cia del sis­te­ma de juz­ga­mien­to penal y, obvia­men­te el rever­tir el sis­te­ma al ante­rior des­car­tan­do el sis­te­ma acu­sa­to­rio, adver­sa­rial, oral y públi­co haría que estos altos índi­ces de intere­ses se mul­ti­pli­ca­ran nue­va­men­te y con ello nues­tra eco­no­mía inter­na podría resul­tar gra­ve­men­te per­ju­di­ca­da; el segun­do pun­to se refie­re a los com­pro­mi­sos asu­mi­dos en mate­ria inter­na­cio­nal res­pec­to a los dere­chos huma­nos, ya que todos los tra­ta­dos inter­na­cio­na­les fir­ma­dos por Méxi­co refie­ren a la apli­ca­ción de este tipo de juz­ga­mien­to penal garan­tis­ta y resul­ta que con la recien­te modi­fi­ca­ción cons­ti­tu­cio­nal que colo­ca esos tra­ta­dos en el máxi­mo cuer­po legal de nues­tro país el pre­ten­der retro­ce­der al sis­te­ma ante­rior nos colo­ca­ría en una gra­ve con­tra­dic­ción intra­cons­ti­tu­cio­nal, ya que una par­te del tex­to refe­ri­ría a un sis­te­ma (los tra­ta­dos) y otra a un sis­te­ma total­men­te dife­ren­te, de mane­ra que el pre­ten­der rete­ner la apli­ca­ción de la refor­ma resul­ta un acto por demás noci­vo para nues­tra salud finan­cie­ra a nivel país y lo que es peor podría con­ver­tir­se en una bata­lla cons­ti­tu­cio­nal tan­to nacio­nal como inter­na­cio­nal por el incum­pli­mien­to de los tra­ta­dos de dere­chos huma­nos rati­fi­ca­dos lo que, ade­más nos gene­ra­ría serias mul­tas que obvia­men­te impac­ta­rían en nues­tra eco­no­mía en for­ma con­jun­ta con los pun­tos anteriores.

Es decir que el pri­mer mito, deten­ga­mos la refor­ma por­que así va a resul­tar inapli­ca­ble como la del 94 y regre­sa­re­mos al vie­jo sis­te­ma no tie­ne nin­gu­na posi­bi­li­dad real de ser cum­pli­do a menos que este­mos dis­pues­tos a sacri­fi­car gran­des sumas de dine­ro a nivel país, lo cual creo, en lo per­so­nal sería gravísimo.

El segun­do mito tie­ne un cor­te más eco­nó­mi­co y es que no hay pre­su­pues­to sufi­cien­te para la imple­men­ta­ción de la refor­ma, y, en este caso me atre­ve­ría a decir que más que mito es una excu­sa que se está esgri­mien­do a fin de dete­ner la imple­men­ta­ción como tal por algu­nos sec­to­res que tie­nen mie­do de su vigen­cia y median­te el fac­tor de soli­ci­tar pre­su­pues­tos inal­can­za­bles pre­ten­den demo­rar las cosas a fin de ver si se pue­de vol­ver al sis­te­ma ante­rior y man­te­ner las cosas en su pro­pio ámbi­to de con­fort sobre un sis­te­ma que ya domi­nan y que no les crea pro­ble­mas en su actua­ción coti­dia­na ni los expo­ne a la socie­dad en su mane­ra de actuar, léa­se algu­nos abo­ga­dos, algu­nos jue­ces, algu­nos minis­te­rios públi­cos, algu­nos polí­ti­cos y demás (repi­to y resal­to el algu­nos ya que no todos han toma­do ese tipo de posiciones)

De hecho, los núme­ros que esgri­men pare­cen ser bas­tan­te contundentes,
hablan, por ejem­plo en un esta­do de 250 millo­nes de pesos para la cons­truc­ción de las salas de jui­cios ora­les lo cual pue­de resul­tar de páni­co, pero la pri­mer pre­gun­ta es: ¿Cuán­to vale una sala de jui­cios ora­les?, pues supon­ga­mos que des­de cero y con­tan­do el edi­fi­cio y e terreno pue­da cos­tar 1 millón de pesos, (que por cier­to no cues­ta eso, sino muchí­si­mo menos, ya que hay cien­tos de inmue­bles judi­cia­les que pue­den ser adap­ta­dos para estos fines) enton­ces con los 250 millo­nes ten­dría­mos que cons­truir 250 salas de jui­cios ora­les y allí va la nue­va pre­gun­ta ¿Son nece­sa­rias tan­tas? la ver­dad es que no, ya que con ese núme­ro se podría con­tar con una sala por muni­ci­pio y sobra­rían (excep­to en Oaxa­ca cla­ro, don­de serían a razón de 1 sala cada 2 muni­ci­pios) y ade­más no habría jue­ces que alcan­cen para llenarlas.

Aún supo­nien­do que se cons­tru­ye­ran las 250 salas y se les pudie­ra dotar de jue­ces la pre­gun­ta segui­ría sien­do la mis­ma, ¿Son nece­sa­rias? y la res­pues­ta tam­bién lo sería, Bajo nin­gu­na cir­cuns­tan­cia, ya que si con­si­de­ra­mos que, por mal que les fue­ra, cada sala podría resol­ver 100 jui­cios al año, esta­ría­mos hablan­do de 25000 jui­cios ora­les al año, núme­ro que, al menos has­ta don­de pue­do saber sería impen­sa­ble para cual­quier enti­dad federativa.

Vol­ve­mos enton­ces al pun­to, ¿Para que se requie­re seme­jan­te can­ti­dad de dinero?.

Algu­nos ave­za­dos con­tes­tan que para la capa­ci­ta­ción de los poli­cías, los minis­te­rios públi­cos y los jue­ces, ya que sin ella no se pue­de ope­rar el sis­te­ma. Coin­ci­do en que no se pue­de implan­tar el sis­te­ma sin que los que lo deben ope­rar estén debi­da­men­te capa­ci­ta­dos pero en lo que no coin­ci­do es en que ello no pue­da hacer­se sin seme­jan­te can­ti­dad de recur­sos y a la zaga de ello me per­mi­to algu­nos ejemplos:

1) En muchos paí­ses, como Ecua­dor, Perú y Argen­ti­na exis­ten fun­da­cio­nes que apo­yan des­de el ámbi­to civil la capa­ci­ta­ción poli­cial con lo que la ero­ga­ción del Esta­do en este pun­to podría ser casi nula.

2) En todo el mun­do los sis­te­mas de capa­ci­ta­ción son pira­mida­les, es decir que se ense­ña a una par­te del per­so­nal y con ello se crean ins­truc­to­res inter­nos que son los res­pon­sa­bles de la capa­ci­ta­ción del res­to del per­so­nal y casual­men­te el cos­to de este sis­te­ma es de cero, ya que son emplea­dos de las pro­pias instituciones.

3) Exis­ten recur­sos huma­nos genui­nos y ple­na­men­te capa­ci­ta­dos en las maes­trías en dere­cho, cri­mi­na­lís­ti­ca, cri­mi­no­lo­gía y otras tan­tas cien­cias ane­xas que deben cum­plir su ser­vi­cio social y per­fec­ta­men­te lo pue­den hacer impar­tien­do cla­ses a poli­cías y minis­te­rios públi­cos por sólo men­cio­nar algu­nos casos

4) A nivel inter­na­cio­nal hay innu­me­ra­bles ofer­tas de capa­ci­ta­ción gra­tui­tas como las que brin­da el FBI y la emba­ja­da espa­ño­la por sólo men­cio­nar algunas.

5) Muchas uni­ver­si­da­des cuen­tan con pro­gra­mas de inter­cam­bio aca­dé­mi­co (que por cier­to casi nun­ca apli­can) que per­mi­ti­ría for­mar pro­fe­so­res den­tro de la edu­ca­ción públi­ca sin ero­gar recur­so alguno.

La ver­dad es que si se pre­ten­de jus­ti­fi­car estas sumas estra­tos­fé­ri­cas con la nece­si­dad de capa­ci­ta­ción tam­po­co resul­ta ya que, como vemos hay miles de sali­das alter­nas, ya que las que he men­cio­na­do no son todas las posi­bles sino sólo algu­nas de ellas, mis­mas que he com­pro­ba­do, duran­te la ges­tión ofi­cial que fun­cio­nan y con resul­ta­dos exce­len­tes. Enton­ces, retor­nan­do al mito del pre­su­pues­to, cual es la razón de su naci­mien­to, pues jus­ta­men­te el crear el mito de la impo­si­bi­li­dad eco­nó­mi­ca para dete­ner el avan­ce de las refor­mas pena­les y de esa mane­ra sus­ten­tar el “sta­tus quo”.

Como vemos, he rea­li­za­do una crí­ti­ca con­cre­ta a dos mitos, pero tam­bién he pro­pues­to solu­cio­nes con­cre­tas a ese res­pec­to, con lo que creo que al menos en par­te el tra­ba­jo que­da con­clui­do, el res­to, se resu­me en un pun­to muy sen­ci­llo, volun­tad polí­ti­ca para que las cosas cam­bien, espe­ro que nues­tra cla­se polí­ti­ca com­pren­da los ries­gos de la no
imple­men­ta­ción y comien­ce a dar­le un giro a las cosas, es mi gran espe­ran­za para un Méxi­co mejor y con menor impunidad.

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