Peña Nieto no es nada

En Coahui­la, Rubén Morei­ra, quien como dipu­tado local hicie­ra de ope­ra­dor de la fami­lia, no sola­men­te fue impues­to para encu­brir todas las corrup­te­las de su her­mano Hum­ber­to; ade­más, su inca­pa­ci­dad para gober­nar está dejan­do en una gran inde­fen­sión a la socie­dad, con un esta­do endeu­da­do y una cre­di­bi­li­dad prác­ti­ca­men­te nula, los cár­te­les no nego­cian con él sino con sus jefes poli­cía­cos y con los voce­ros de Hum­ber­to.

En Michoa­cán, Faus­to Valle­jo admi­nis­tra sola­men­te el Pala­cio de Gobierno y su casa, el res­to de la enti­dad está toma­do por los cár­te­les. La siem­bra de ama­po­la y mari­gua­na en ese esta­do cre­ce de mane­ra sig­ni­fi­ca­ti­va. El cár­tel de La Fami­lia man­tie­ne el con­trol de comu­ni­da­des ente­ras y cien­tos de escue­las; con su visión esqui­zoi­de de una supues­ta éti­ca cri­mi­nal, man­tie­ne comu­ni­ca­ción direc­ta con el gobierno esta­tal a tra­vés de alcal­des y empre­sa­rios que con­for­man las redes de la eco­no­mía cri­mi­nal del esta­do. En últi­mas fechas, el gober­na­dor Valle­jo reco­no­ció que es la pro­pia socie­dad quien se defien­de sola con armas pro­pias en la sie­rra, dijo “están en una lucha, asu­mien­do una res­pon­sa­bi­li­dad fren­te a la delin­cuen­cia orga­ni­za­da, por­que para noso­tros (el gobierno) es muy difí­cil vigi­lar la sie­rra”.

En Nue­vo León, Rodri­go Medi­na fue secre­ta­rio Téc­ni­co del Comi­té de Inte­li­gen­cia y Segu­ri­dad y, pos­te­rior­men­te, secre­ta­rio Gene­ral de Gobierno bajo el man­da­to de Nati­vi­dad Gon­zá­lez Parás, cuyas nego­cia­cio­nes con la delin­cuen­cia orga­ni­za­da no hicie­ron sino dejar en gran inde­fen­sión a la socie­dad neo­leo­ne­sa. Nun­ca había habi­do tan­ta tra­ta de per­so­nas en ese esta­do como bajo su man­da­to. Medi­na no ha movi­do un dedo para erra­di­car a las mafias de tra­tan­tes en las que fami­lia­res del ex gober­na­dor Gon­zá­lez están impli­ca­das. Fuen­tes cer­ca­nas dicen que sufre de insom­nio y de depre­sión; su fami­lia vive en El Paso y él gobier­na la mitad del tiem­po des­de Texas. Vive indig­na­do ante los medios que lo inves­ti­gan y evi­den­cian, su gobierno está para­li­za­do por la corrup­ción here­da­da y su monu­men­tal inefi­ca­cia. Su cuer­po poli­cía­co “Fuer­za Civil de Nue­vo León” ope­ra dis­cre­cio­nal­men­te, como pudo demos­trar­se en el arres­to ile­gal de la perio­dis­ta San­jua­na Mar­tí­nez. Gru­pos empre­sa­ria­les y su pro­pio par­ti­do pla­nean ya su dimi­sión.

Egi­dio Torre Can­tú, en Tamau­li­pas, acep­tó la can­di­da­tu­ra lue­go de que la delin­cuen­cia orga­ni­za­da ase­si­na­ra a su her­mano Rodol­fo, can­di­da­to ofi­cial. Ope­ra y admi­nis­tra para el PRI un esta­do gober­na­do ente­ra­men­te por el cár­tel del Gol­fo. Los medios y la socie­dad civil se pro­te­gen solos. Por su par­te, Jor­ge Herre­ra, en Duran­go, vive para­li­za­do. Entre los ope­ra­ti­vos de los Zetas, el cár­tel de Sina­loa y el de Juá­rez, la socie­dad vive en el des­am­pa­ro. Su gobierno ha impo­si­bi­li­ta­do la trans­pa­ren­cia y ren­di­ción de cuen­tas a pesar de las fuer­tes pre­sio­nes del empre­sa­ria­do, la socie­dad civil y aca­dé­mi­ca.

En la tie­rra de Bea­triz Pare­des, Tlax­ca­la, el priís­ta Mariano Gon­zá­lez está regis­tra­do des­de 2009 como miem­bro adhe­ren­te del PAN, sin embar­go, ni sus alian­zas con panis­tas le han ayu­da­do para gober­nar. En su esta­do ha incre­men­ta­do tres veces la tra­ta de muje­res y niñas indí­ge­nas, de la mano de la pobre­za y la corrup­ción. Según Trans­pa­ren­cia Mexi­ca­na, la corrup­ción de la buro­cra­cia tlax­cal­te­ca está por enci­ma de la media nacio­nal. Es escon­di­te de nar­cos que tra­ba­jan entre Pue­bla y Vera­cruz.

Rober­to Bor­ge, en Quin­ta­na Roo, man­tie­ne ate­mo­ri­za­da a toda la buro­cra­cia, entre ame­na­zas y des­pi­dos para quien le con­tra­di­ga inclu­yen­do priís­tas con­no­ta­dos. Ha per­se­gui­do a los perio­dis­tas que no se some­ten; invier­te sumas millo­na­rias en el con­trol de medios y logró que el esta­do se con­vir­tie­ra en el menos trans­pa­ren­te del país. Los cár­te­les ope­ran libre­men­te y su con­sig­na para silen­ciar las accio­nes de la delin­cuen­cia orga­ni­za­da no ha hecho sino empo­de­rar a los que ope­ran en el esta­do: el del Gol­fo y los Zetas. (Fue una sor­pre­sa que en las pasa­das elec­cio­nes AMLO gana­ra aquí por 9 pun­tos a EPN).

No pue­do decir que los gober­na­do­res del PAN
y del PRD lo hayan hecho mejor; por eso des­pués del 1 de julio  millo­nes de per­so­nas vol­vi­mos a nues­tro tra­ba­jo y acti­vis­mo; por­que sabía­mos que el país no cam­bia­ría mucho del sexe­nio ante­rior al que vie­ne. Las dis­cu­sio­nes sobre las elec­cio­nes, para millo­nes como yo, ya han pasa­do al ámbi­to filo­só­fi­co y de desaho­go tera­péu­ti­co.

El futu­ro nos pisa la som­bra. Nues­tras bata­llas siguen sien­do las mis­mas: otros seis años para cam­biar las reglas del futu­ro, para defen­der, bajo ame­na­za, a la pren­sa libre, para evi­tar los opro­bios del poder, para imple­men­tar el nue­vo Sis­te­ma de Jus­ti­cia Penal. Más tiem­po para cui­dar nues­tra inte­gri­dad sin nego­ciar nues­tros prin­ci­pios;  para cons­truir un país que deje de creer que las elec­cio­nes cam­bian nues­tras vidas. Para pro­te­ger a nues­tras fami­lias de la vio­len­cia y la corrup­ción. Para lograr que, even­tual­men­te, nues­tro tra­ba­jo coti­diano trans­for­me los pro­ce­sos elec­to­ra­les y más allá de ellos se for­ta­lez­ca la ciu­da­da­nía.

@lydiacachosi

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