Plusvalia Política

1. El pro­ble­ma de la ansia­da y escu­rri­di­za equi­dad.

La cons­truc­ción de un mun­do de igua­les ha sido has­ta el momen­to irrea­li­za­ble, algo que no ha pasa­do de ser una más de las uto­pías que, pese a ser lo que son, no dejan de ser una meta que ayu­da a cami­nar por la vida y a mejo­rar al mun­do un poco más cada vez, un poco que en deter­mi­na­das oca­sio­nes, cuan­do todo se mira más negro que nun­ca, ter­mi­na sien­do un mucho, lo sufi­cien­te para que val­ga la pena exis­tir.

Se ha inten­ta­do cons­truir esa uto­pía extin­guien­do la explo­ta­ción, enten­di­da ésta como un fenó­meno eco­nó­mi­co, depen­dien­te a su vez de la extrac­ción de la plus­va­lía, y se ha creí­do que sus­ti­tu­yen­do la pro­pie­dad pri­va­da de los medios de pro­duc­ción por la pro­pie­dad colec­ti­va ya no exis­ti­ría la desigual­dad. Se ha lle­va­do a la prác­ti­ca esa sus­ti­tu­ción y pese a todo no se ha podi­do cons­truir el mun­do de equi­dad que se espe­ra­ba: un mun­do de jus­ti­cia social, y cuan­do mucho se ha sus­ti­tui­do unos patro­nes por otros (bur­gue­ses por buró­cra­tas) y se ha hecho más gran­de su núme­ro. La explo­ta­ción, como un virus alta­men­te mutan­te, ha segui­do exis­tien­do, adap­ta­da a las nue­vas con­di­cio­nes, y la desigual­dad siguió cam­pean­do por sus fue­ros por don­de quie­ra que hubie­ra pro­duc­ción.

Y no es que los esfuer­zos se hayan cen­tra­do úni­ca­men­te en el ámbi­to de la eco­no­mía, como si en ella nada más estu­vie­ra la cla­ve de la igual­dad. Igual aten­ción se puso tam­bién al aspec­to polí­ti­co del cam­bio, de ahí la impor­tan­cia que ha teni­do siem­pre la cues­tión del Esta­do tan­to para los mar­xis­tas como para los anar­quis­tas, pero ni así se ha logra­do esa escu­rri­di­za como ansia­da equi­dad, y en los casos en que ha pare­ci­do estar más cer­ca­na ha sido a cos­ta de la gene­ra­li­za­ción de la pobre­za, antí­te­sis de la igual­dad desea­ble, y del buro­cra­tis­mo, una de las peo­res mani­fes­ta­cio­nes y dis­fra­ces de la desigual­dad. La cla­ve qui­zá debía estar en otra par­te, y ten­dría que ser algo muy impor­tan­te segu­ra­men­te, habi­da cuen­ta de que no fue un solo mode­lo el que se imple­men­tó sino muchos, que fue­ron des­de el más exa­cer­ba­do cen­tra­lis­mo sovié­ti­co y chino has­ta la más fle­xi­ble auto­ges­tión yugoes­la­va. En otra par­te, en algún lugar más allá de la eco­no­mía y del poder del Esta­do podría estar la cla­ve de los fra­ca­sos; Así ten­dría que ser por­que de otra mane­ra habría que admi­tir la impo­si­bi­li­dad prác­ti­ca de la igual­dad.

Fou­cault, con su micro­fí­si­ca del poder demos­tró que ahí don­de nadie la mira por­que está pre­sen­te en todas par­tes, dis­per­sa por toda la socie­dad, en todo tipo de rela­cio­nes entre las per­so­nas, se halla­ba la razón de que las desigual­da­des fue­ran tan difí­ci­les de exter­mi­nar: las rela­cio­nes de domi­nio, las rela­cio­nes de poder que­da­ron al des­cu­bier­to en muchos ámbi­tos y empe­za­ron a ser tra­ta­das como el nue­vo cam­po de bata­lla en el que ten­dría por fin que lograr­se la libe­ra­ción del ser humano. Aten­ción espe­cial reci­bi­ría el estu­dio del bio­po­der como prác­ti­ca de los Esta­dos para sub­yu­gar los cuer­pos y con­tro­lar a la pobla­ción, y la bio­po­lí­ti­ca, como esti­lo de gobierno que regu­la la pobla­ción median­te el bio­po­der. Esas rela­cio­nes de poder que al ir más allá de la bio­po­lí­ti­ca y el bio­po­der en cuan­to prác­ti­cas del Esta­do, eran la radia­ción de fon­do que impreg­na­ba todo el espec­tro de las rela­cio­nes huma­nas, con sus hue­llas no deja­ban per­ci­bir las cau­sas de tan­tas difi­cul­ta­des halla­das en un camino que tan fácil pare­cía ini­cial­men­te.

Muchos se lan­za­ron a explo­rar el cam­po de las rela­cio­nes de poder y a expe­ri­men­tar en él la posi­bi­li­dad de aca­bar con la inequi­dad. Tarea difí­cil, des­de lue­go, habi­da cuen­ta que se tra­ta­ba de un com­ple­jo entra­ma­do de rela­cio­nes de domi­nio en la que casi todos los seres huma­nos somos al mis­mo tiem­po domi­na­dos que domi­na­do­res, y tan es así que has­ta en las rela­cio­nes con una mis­ma per­so­na en unos aspec­tos se está en el papel de usu­fruc­tua­rio del poder y en otras en el de su víc­ti­ma, en una dia­léc­ti­ca de
suje­to-obje­to inter­cam­bia­ble a cada momen­to. Se cono­ce aho­ra, gra­cias a esos estu­dios, que esa per­mea­bi­li­dad y pene­tra­ción en todos los ámbi­tos difi­cul­ta al máxi­mo la cons­truc­ción de un mun­do sin desigual­da­des, de una socie­dad ple­na de demo­cra­cia, jus­ti­cia y liber­tad.

Nue­vos con­cep­tos sur­gie­ron al influ­jo de la nue­va lucha, y se ha lle­ga­do a una fina dis­cri­mi­na­ción ter­mi­no­ló­gi­ca que ha hecho per­ci­bir dife­ren­cias que en otros tiem­pos eran ape­nas per­cep­ti­bles, casi intan­gi­bles y en torno a los cua­les se rea­li­zan pro­fun­das dis­cu­sio­nes. Gon­zá­lez Casa­no­va, por ejem­plo, dis­tin­gue en “Socio­lo­gía de la Explo­ta­ción”, entre desigual­dad y asi­me­tría, la pri­me­ra liga­da la dis­tri­bu­ción, a la rique­za y al con­su­mo, la segun­da al poder y al domi­nio. Esto, lle­va­do a su con­clu­sión lógi­ca, quie­re decir que la desigual­dad tie­ne que ver fun­da­men­tal­men­te con la explo­ta­ción eco­nó­mi­ca, en tan­to que la asi­me­tría está direc­ta­men­te rela­cio­na­da con la opre­sión, cues­tión polí­ti­ca fun­da­men­tal­men­te.

Que­dan cla­ros así los dos aspec­tos de la lucha por la libe­ra­ción de los seres huma­nos: la lucha por la igual­dad tie­ne que ir acom­pa­ña­da de la lucha por la sime­tría, si no, no es posi­ble la libe­ra­ción ¿Bas­ta con eso, con esa com­bi­na­ción de trans­for­ma­cio­nes eco­nó­mi­cas y cam­bios polí­ti­cos a los que se agre­gan las modi­fi­ca­cio­nes de las rela­cio­nes de domi­na­ción des­cu­bier­tas por Fou­cault?

No, por supues­to. No bas­ta con ter­mi­nar con la pro­pie­dad pri­va­da ni con que una orga­ni­za­ción revo­lu­cio­na­ria tome el poder del Esta­do, ni aún bas­ta­ría con con­ver­tir en simé­tri­cas las asi­mé­tri­cas rela­cio­nes de poder seña­la­das por Fou­cault, aun­que des­de lue­go sig­ni­fi­ca­rían un paso enor­me en esa direc­ción: paso nece­sa­rio pero no sufi­cien­te, se diría en un len­gua­je lógi­co.

Efec­ti­va­men­te, con la expli­ca­ción de la explo­ta­ción eco­nó­mi­ca por medio de la extrac­ción de la plus­va­lía se avan­zó un poco hacia el obje­ti­vo, otro poco se hizo con el escla­re­ci­mien­to del papel del Esta­do, y algo más con el bio­po­der, la bio­po­lí­ti­ca y la micro­fí­si­ca del poder, pero no ha sido sufi­cien­te toda­vía, pues aún no es posi­ble lle­gar a la libe­ra­ción. Explo­ta­ción eco­nó­mi­ca, opre­sión esta­tal, domi­nio en los más recón­di­tos rin­co­nes de la vida social: con­tra todo eso se ha lucha­do y no pue­de lle­gar­se a la meta: la equi­dad, y aho­ra la sime­tría, se han mos­tra­do elu­si­vas como la más inal­can­za­ble de las metas. ¿Por qué?

¿No será que más al fon­do hay otra radia­ción que impreg­na todo el ambien­te más toda­vía que la ya seña­la­da con la micro­fí­si­ca del poder, e inclu­so a ella mis­ma? ¿O es que hay algo más que una radia­ción de fon­do que todo lo con­ta­mi­na con su pre­sen­cia?

Pue­de ser, des­pués de todo la nue­va socie­dad sigue bri­llan­do por su ausen­cia y eso es sin­to­má­ti­co. Nadie dijo que fue­ra fácil, por supues­to, y de nin­gu­na mane­ra lo es cuan­do los mis­mos que inten­tan cam­biar la socie­dad incu­rren, en sus innu­me­ra­bles rela­cio­nes socia­les, en los vicios que se cri­ti­can y con ello repro­du­cen las rela­cio­nes de domi­nio en los nume­ro­sos ámbi­tos en que se mue­ven. Y ni qué decir de aque­llos que al ape­nas tocar un pues­to guber­na­men­tal o de repre­sen­ta­ción popu­lar actúan exac­ta­men­te igual que aque­llos a quie­nes cri­ti­ca­ban ape­nas un día antes de tomar pose­sión de su encar­go. ¿Será que demo­cra­ti­zar la pro­pie­dad es mucho más fácil que demo­cra­ti­zar la socie­dad? ¿O será por­que sin lo segun­do lo pri­me­ro no tie­ne mayor valor? ¿O será por algu­na otra cau­sa?

Qui­zás la raíz de la difi­cul­tad no resi­da úni­ca­men­te en la situa­ción que se desea cam­biar ni en los defec­tos de los que lo inten­tan, sino en los ins­tru­men­tos mis­mos con que se pre­ten­de rea­li­zar la modi­fi­ca­ción. Habrá que explo­rar esta hipó­te­sis, pues ahí pue­de estar en gran par­te la razón de las difi­cul­ta­des que la empre­sa trans­for­ma­do­ra ha enfren­ta­do. La radia­ción de fon­do del uni­ver­so se des­cu­brió pre­ci­sa­men­te des­pués de des­car­tar median­te pre­ci­sos regis­tros y cálcu­los que esa peque­ña radia­ción que apa­re­cía per­ma­nen­te­men­te en las
medi­cio­nes de los radio­te­les­co­pios no se debía a fallas en los ins­tru­men­tos.

Com­pro­bar que el tiem­po trans­cu­rre más len­ta­men­te en un sis­te­ma en el que la velo­ci­dad es mayor no pue­de hacer­se con relo­jes que se encuen­tren den­tro del sis­te­ma mis­mo: para ello sería nece­sa­rio com­pa­rar dos relo­jes que se encuen­tren, uno en el sis­te­ma que se mue­ve len­ta­men­te y otro en el que se mue­ve más rápi­da­men­te; eso es indis­pen­sa­ble por­que de otra mane­ra los relo­jes mar­ca­rán siem­pre la mis­ma hora, inde­pen­dien­te­men­te de la velo­ci­dad a la que se mue­va el sis­te­ma. Deter­mi­nar si el espa­cio es cur­vo o no, es impo­si­ble si se empren­de con ins­tru­men­tos que pue­den estar imper­cep­ti­ble­men­te cur­va­dos ya por per­te­ne­cer al espa­cio cur­vo, como lo deter­mi­na­ron los crí­ti­cos de los expe­ri­men­tos enca­mi­na­dos a deter­mi­nar la posi­ble cur­va­tu­ra del espa­cio.

De for­ma seme­jan­te, si la lucha por una nue­va socie­dad se rea­li­za recu­rrien­do a la explo­ta­ción sería absur­do espe­rar que esa nue­va socie­dad no tuvie­ra ras­gos de explo­ta­ción: lo cons­trui­do no pue­de dejar de con­te­ner algo del cons­truc­tor y sus ins­tru­men­tos.

Y la lucha por una nue­va socie­dad no se hace sola­men­te por medio de meca­nis­mos opre­si­vos en el sen­ti­do fou­cal­tiano, lo que ya sería sufi­cien­te para que no pudie­ra con­se­guir­se el obje­ti­vo, sino que se inten­ta gene­ral­men­te recu­rrien­do a la explo­ta­ción, una explo­ta­ción que fácil­men­te ha pasa­do des­aper­ci­bi­da y que por eso mis­mo no ha deja­do de impo­ner su impron­ta en lo cons­trui­do, y a la que hay que poner al des­cu­bier­to para poder­la supe­rar.

2. Ana­lo­gía entre explo­ta­ción eco­nó­mi­ca y polí­ti­ca.

Lo nue­vo se com­pren­de mejor cuan­do se expre­sa en tér­mi­nos de lo ya cono­ci­do, por eso esa for­ma de explo­ta­ción no ana­li­za­da se reve­la más fácil­men­te al com­pa­rar­la con otra que es uni­ver­sal­men­te reco­no­ci­da: la explo­ta­ción eco­nó­mi­ca. Vea­mos:

1- El obre­ro tie­ne la capa­ci­dad de pro­du­cir valor con su tra­ba­jo. A esa capa­ci­dad se le deno­mi­na fuer­za de tra­ba­jo.
2- El patrón, por un sala­rio (en oca­sio­nes a veces el indis­pen­sa­ble para repro­du­cir la fuer­za de tra­ba­jo), hace tra­ba­jar al obre­ro para que pro­duz­ca valor apli­can­do su fuer­za de tra­ba­jo en la for­ma que él deci­de. Esto es posi­ble por­que la fuer­za de tra­ba­jo es una mer­can­cía.
3- El obre­ro, por ese pago pro­du­ce valor: el que le pagan, mas un plus­va­lor: la plus­va­lía.
4- El patrón se apro­pia de todo el valor pro­du­ci­do por el obre­ro, y lo usa para su bene­fi­cio: con ello repro­du­ce en for­ma amplia­da las con­di­cio­nes de pro­duc­ción que le per­mi­ten seguir extra­yen­do la plus­va­lía, ade­más de derro­char par­te de ella en for­ma de lujos y exce­sos.

1- El ciu­da­dano tie­ne la capa­ci­dad de actuar polí­ti­ca­men­te y en par­ti­cu­lar de tomar deci­sio­nes polí­ti­cas. Tie­ne, por tan­to, un poder: la capa­ci­dad de pro­du­cir valor polí­ti­co con sus accio­nes y con sus deci­sio­nes. A esa capa­ci­dad se le pue­de deno­mi­nar fuer­za polí­ti­ca.
2- El par­ti­do polí­ti­co y/o el can­di­da­to, por un pago (en for­ma de dádi­vas o de expec­ta­ti­vas a veces ape­nas indis­pen­sa­bles para que siga exis­tien­do como per­so­na capaz de actuar polí­ti­ca­men­te y de tomar deci­sio­nes) hacen que el ciu­da­dano pro­duz­ca valor polí­ti­co, apli­can­do su fuer­za polí­ti­ca en la for­ma deci­di­da bási­ca­men­te por ellos. Esto es posi­ble por­que la fuer­za polí­ti­ca es una mer­can­cía
3- El ciu­da­dano, por ese pago pro­du­ce valor, el que le pagan, mas un plus­va­lor, la plus­va­lía polí­ti­ca.
4- El par­ti­do polí­ti­co y/o el can­di­da­to se apro­pian de todo el valor pro­du­ci­do por el ciu­da­dano y lo usan para su bene­fi­cio par­ti­cu­lar o de gru­po al deci­dir por él en lo con­cer­nien­te a las cues­tio­nes polí­ti­cas. Repro­du­cen, ade­más, en for­ma amplia­da las con­di­cio­nes que les per­mi­ten seguir deci­dien­do por el ciu­da­dano y derro­chan en for­ma de exce­sos par­te de esa plus­va­lía.

1- Las rela­cio­nes entre el patrón y el obre­ro son rela­cio­nes de explo­ta­ción ya que aquél enaje­na a éste del pro­duc­to de su tra­ba­jo.
2- El obre­ro podría pro­du­cir sin
nece­si­dad del patrón.
3- La libe­ra­ción del obre­ro pasa por la colec­ti­vi­za­ción de los medios de pro­duc­ción y la expul­sión del patrón del cir­cui­to de la pro­duc­ción

1- Las rela­cio­nes entre el par­ti­do y/o el can­di­da­to y el ciu­da­dano son rela­cio­nes de explo­ta­ción ya que aque­llos enaje­nan a éste del pro­duc­to de su fuer­za polí­ti­ca.
2- El ciu­da­dano ¿podría ejer­cer su poder sin nece­si­dad del par­ti­do y/o el can­di­da­to?
3- La libe­ra­ción del ciu­da­dano pasa por la colec­ti­vi­za­ción del poder polí­ti­co, de la toma de deci­sio­nes, ¿exclu­yen­do a los par­ti­dos y/o a los can­di­da­tos del cir­cui­to del poder?

Estas son algu­nas de las ana­lo­gías y pre­gun­tas que resal­tan al com­pa­rar dos cues­tio­nes de cam­pos dife­ren­tes, el de la eco­no­mía y el de la polí­ti­ca: por un lado el plus­va­lor eco­nó­mi­co que se gene­ra en el pro­ce­so pro­duc­ti­vo y, por otro, el plus­va­lor polí­ti­co que se gene­ra en el pro­ce­so de toma de deci­sio­nes y de rea­li­za­ción de accio­nes en el ámbi­to polí­ti­co.

Con fines teó­ri­cos cabría pre­gun­tar­se si las ana­lo­gías seña­la­das son de carác­ter super­fi­cial e irre­le­van­tes o pue­den con­si­de­rar­se pro­fun­das ade­más de impor­tan­tes des­de el pun­to de vis­ta de la expli­ca­ción que pudie­ran dar de lo que ocu­rre en el ámbi­to de las accio­nes polí­ti­cas, entre ellas los pro­ce­sos polí­ti­cos elec­to­ra­les y, más aún, en cual­quier ámbi­to que ten­ga que ver con la toma indi­rec­ta de deci­sio­nes y, sobre todo, con la alter­na­ti­va que podría pro­po­ner­se ante esa explo­ta­ción polí­ti­ca. Esto últi­mo es impor­tan­te, por­que no impli­ca sola­men­te una modi­fi­ca­ción del len­gua­je para sus­ti­tuir lo que tra­di­cio­nal­men­te se cono­ce como “opre­sión polí­ti­ca” por un tér­mino nue­vo: “explo­ta­ción polí­ti­ca”, lo que no sería sino un sim­ple cam­bio de len­gua­je, una trans­for­ma­ción retó­ri­ca, sino que con­lle­va una con­cep­ción radi­cal­men­te dife­ren­te, basa­da en un con­cep­to dis­tin­to y más escla­re­ce­dor que pone de mani­fies­to par­ti­cu­la­ri­da­des que de otra mane­ra podrían pasar des­aper­ci­bi­das y, per­mi­te bus­car alter­na­ti­vas que evi­ten caer en esa for­ma de explo­ta­ción cuan­do se quie­re pre­ci­sa­men­te ter­mi­nar con cual­quier tipo de ella. Vea­mos.

3. Explo­ta­ción polí­ti­ca en el cam­po elec­to­ral.

Es indu­da­ble que en prin­ci­pio los ciu­da­da­nos tie­nen for­mal­men­te la capa­ci­dad de rea­li­zar accio­nes y de tomar deci­sio­nes polí­ti­cas: eso se garan­ti­za en las cons­ti­tu­cio­nes de los paí­ses que se lla­man a sí mis­mos demo­crá­ti­cos. En unos más en otros menos tie­nen a su alcan­ce diver­sas accio­nes y varia­dos meca­nis­mos para tomar deci­sio­nes polí­ti­cas, algu­nas veces limi­ta­das tan solo a deci­dir con su voto qué par­ti­do habrá de gober­nar el país o su cir­cuns­crip­ción, o al repre­sen­tan­te que habrá de tomar deci­sio­nes que tie­nen que ver con la admi­nis­tra­ción públi­ca o con la ero­ga­ción de leyes. A esa capa­ci­dad pue­de lla­már­se­le fuer­za polí­ti­ca. Y es una fuer­za por­que esa capa­ci­dad, al ser apli­ca­da en una coyun­tu­ra es capaz de pro­vo­car en ella modi­fi­ca­cio­nes, carac­te­rís­ti­ca fun­da­men­tal de lo que pue­de lla­mar­se fuer­za: “vigor, robus­tez y capa­ci­dad de mover algo o a alguien que ten­ga peso o resis­ten­cia; como para levan­tar una pie­dra, tirar una barra, etc.”, o “cau­sa capaz de modi­fi­car el esta­do de repo­so o de movi­mien­to de un cuer­po o de defor­mar­lo”.

Si por el momen­to, para faci­li­tar el aná­li­sis, lo res­trin­gi­mos al fenó­meno elec­to­ral pode­mos ver que el apo­yo de los votan­tes es la dife­ren­cia entre que se plas­me un pro­yec­to polí­ti­co u otro, así que pue­de decir­se con ple­na cer­te­za que ese voto por ellos emi­ti­do gene­ra para el vota­do una capa­ci­dad que no tenía antes de reci­bir­lo. Esa capa­ci­dad es la de, en el mejor de los casos, plas­mar un pro­yec­to polí­ti­co par­ti­da­rio y, en el peor, y a veces liga­do indi­so­lu­ble­men­te a éste y en oca­sio­nes inde­pen­dien­te­men­te de él, hacer reali­dad un pro­yec­to estric­ta­men­te per­so­nal de enri­que­ci­mien­to o de pro­mo­ción o posi­cio­na­mien­to para ocu­par pues­tos de direc­ción en el país, en su cir­cuns­crip­ción, o en su par­ti­do.

A esa capa­ci­dad adqui­ri­da por el
par­ti­do polí­ti­co o el can­di­da­to, gene­ra­da por el voto de los ciu­da­da­nos, pue­de lla­már­se­le valor polí­ti­co, toda vez que impli­ca una posi­ción de poder des­de la que pue­de tomar deci­sio­nes que de otra mane­ra que­da­rían fue­ra de su alcan­ce. Esta acep­ción del tér­mino “valor” es con­for­me con la defi­ni­ción de éste por la Real Aca­de­mia Espa­ño­la: “gra­do de uti­li­dad o apti­tud de las cosas, para satis­fa­cer las nece­si­da­des o pro­por­cio­nar bien­es­tar o delei­te”. Lue­go, enton­ces, el ciu­da­dano con su fuer­za polí­ti­ca gene­ra un valor polí­ti­co.

El par­ti­do polí­ti­co y el can­di­da­to hacen que el ciu­da­dano ejer­za su dere­cho de votar en su bene­fi­cio y para ello uti­li­zan, teó­ri­ca­men­te, las expec­ta­ti­vas, reales o ima­gi­na­rias que su pro­pues­ta polí­ti­ca es capaz de gene­rar, aun­que en la prác­ti­ca lo más común es que lo con­si­gan por medios más dis­cu­ti­bles, como las dádi­vas, las pro­me­sas vacuas que son un fran­co enga­ño y las mani­pu­la­cio­nes que en oca­sio­nes lle­gan has­ta las ame­na­zas y el chan­ta­je. Median­te estos meca­nis­mos es como se apro­pian de ese valor polí­ti­co que el ciu­da­dano es capaz de gene­rar a par­tir de su fuer­za polí­ti­ca.

Las expec­ta­ti­vas, las dádi­vas, las pro­me­sas y las ame­na­zas no son otra cosa que el pago que dan al ciu­da­dano a cam­bio de su fuer­za polí­ti­ca y con ello éste les con­ce­de la posi­bi­li­dad de deci­dir el rum­bo de la polí­ti­ca en los lími­tes espa­cio-tem­po­ra­les y espe­cí­fi­cos de su man­da­to. Se pro­du­ce de esta mane­ra un inter­cam­bio desigual en el que el gana­dor siem­pre es el vota­do, quien a cam­bio de un pago que a veces es sim­bó­li­co obtie­ne un deter­mi­na­do poder polí­ti­co.

La desigual­dad del inter­cam­bio, el incum­pli­mien­to de las expec­ta­ti­vas y de las pro­me­sas, y sobre todo la enaje­na­ción del pro­duc­to de la fuer­za polí­ti­ca del ciu­da­dano dan lugar a que se pue­da hablar de la exis­ten­cia de una explo­ta­ción polí­ti­ca, ya que al final de cuen­tas no se paga al elec­to­ra­do todo el valor polí­ti­co que gene­ra sino úni­ca­men­te lo indis­pen­sa­ble para que siga repro­du­cien­do su fuer­za polí­ti­ca en tan­to elec­tor y pue­da recu­rrir­se a él en una pró­xi­ma elec­ción para vol­ver a hacer uso del valor polí­ti­co por él gene­ra­do.

La enaje­na­ción del pro­duc­to de la fuer­za polí­ti­ca del ciu­da­dano no sola­men­te con­vier­te dicho pro­duc­to en algo ajeno, extra­ño a él, sino que en manos del par­ti­do o can­di­da­to al que se le otor­gó, se revier­te en con­tra suya, con­ver­ti­do ya en el poder de coac­ción que éstos tie­nen con­tra él una vez triun­fan­tes en la lid elec­to­ral: con su vic­to­ria han adqui­ri­do la facul­tad de deci­dir no úni­ca­men­te por él sino tam­bién en con­tra suya, y lo hacen cuan­do toman deci­sio­nes que le per­ju­di­can o limi­tan sus dere­chos o le res­trin­gen su liber­tad. Esto es intrín­se­co al poder polí­ti­co, sobre todo si se le com­pren­de como una fun­ción social con­sis­ten­te en tomar deci­sio­nes sobe­ra­na­men­te y de ase­gu­rar su eje­cu­ción por medio de la fuer­za públi­ca.

Pue­de decir­se tam­bién que, como mer­can­cía que es, la fuer­za polí­ti­ca se ve some­ti­da a las leyes del mer­ca­do: el pre­cio que por ella se paga depen­de de la ofer­ta y la deman­da, pues en situa­cio­nes de ague­rri­da con­tien­da elec­to­ral se paga mucho más por ella que en momen­tos en los que no hay una fuer­za opo­si­to­ra con­si­de­ra­ble.

La mag­ni­tud o la inten­si­dad de la explo­ta­ción polí­ti­ca pue­de medir­se, aun­que sea apro­xi­ma­da­men­te y en tér­mi­nos cuan­ti­ta­ti­vos, por una fór­mu­la simi­lar a la que en la en la pro­duc­ción mide la tasa de explo­ta­ción: t.e.= p/ v, don­de t.e. es la tasa de explo­ta­ción, p es la plus­va­lía obte­ni­da, y v es el valor de la fuer­za de tra­ba­jo. De esta mane­ra pue­de hablar­se de una amplia gama de casos posi­bles, que van des­de aque­llos en los que casi todo el valor obte­ni­do se con­vier­te en plus­va­lía, como ocu­rre en la dema­go­gia abso­lu­ta (cuan­do se gene­ran expec­ta­ti­vas fal­sas e irrea­li­za­bles y no se paga nada en dádi­vas), has­ta aque­llos en los que es míni­ma o prác­ti­ca­men­te nula, como suce­de­ría en el hipo­té­ti­co caso de que no hubie­ra nin­gu­na dife­ren­cia entre el valor gene­ra­do por el voto del ciu­da­dano
y los bene­fi­cios final­men­te reci­bi­dos por él. Obvia­men­te es difí­cil que esto ocu­rra en un pro­ce­so elec­to­ral en el que la mer­ca­do­tec­nia jue­ga el papel fun­da­men­tal y lo que se ven­de al elec­to­ra­do es tan solo una ima­gen lo más acor­de posi­ble con las expec­ta­ti­vas que éste tie­ne, pese a que la reali­dad las cua­li­da­des del can­di­da­to o el par­ti­do sean opues­tas.
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Por eso pue­de decir­se que cuan­do se toman las deci­sio­nes por la comu­ni­dad, en for­ma direc­ta no exis­te la explo­ta­ción polí­ti­ca ya que no se dele­ga la res­pon­sa­bi­li­dad por la toma de deci­sio­nes en nadie más, pero pue­de exis­tir en cual­quier situa­ción en la que sí se dele­gue ésta, es decir en cual­quier for­ma de demo­cra­cia repre­sen­ta­ti­va, y no impor­ta que el par­ti­do u orga­ni­za­ción sea de dere­cha o de izquier­da, ya que des­de ambos polos del espec­tro polí­ti­co ocu­rre esa expo­lia­ción de la fuer­za polí­ti­ca.

Aho­ra bien, ¿qué tan gran­de es el valor que se gene­ra en una situa­ción par­ti­cu­lar? Obvia­men­te el valor gene­ra­do depen­de de la mag­ni­tud de las deci­sio­nes que el ele­gi­do pue­de tomar así como de lo irre­vo­ca­ble de éstas, pues poco valor pue­de obte­ner­se de una posi­ción en la que casi nada pue­de deci­dir­se o en la que todo pue­de ser revo­ca­do. No es lo mis­mo ser ele­gi­do pre­si­den­te de la repú­bli­ca o gober­na­dor de un esta­do que pre­si­den­te muni­ci­pal de un muni­ci­pio cuyos habi­tan­tes se cuen­tan ape­nas por miles.

Pero, ade­más, no exis­te una repro­duc­ción sim­ple por la que sola­men­te se repo­ne lo que ya exis­tía, sino que en su con­jun­to tie­ne lugar una repro­duc­ción amplia­da, toda vez que se crean las con­di­cio­nes para que se gene­re un valor polí­ti­co más alto cada vez, expre­sa­do, por un lado, en una mayor legi­ti­mi­dad de los pro­ce­sos elec­to­ra­les y, por con­si­guien­te, en una mayor legi­ti­mi­dad de las deci­sio­nes toma­das en nom­bre de la socie­dad, que pue­de lle­gar a con­ver­tir­las en legal­men­te irre­vo­ca­bles y, por otro, en la cre­cien­te legi­ti­ma­ción del repre­sen­tan­te en cuan­to indi­vi­duo, pues lue­go de un triun­fo se colo­ca en una posi­ción des­de la cual tie­ne mayo­res posi­bi­li­da­des de ascen­der a mejo­res posi­cio­nes polí­ti­cas y, por otro más, en la inte­rio­ri­za­ción en el votan­te de ese poder por él con­ce­di­do has­ta hacer pare­cer como natu­ra­les las deci­sio­nes que des­de el poder le impon­ga el ele­gi­do, en pala­bras cer­ca­nas a las de Pau­lo Frei­re.

A este pun­to cabe hacer­se la pre­gun­ta de si este inter­cam­bio desigual, y por la tan­to la explo­ta­ción polí­ti­ca, es exclu­si­va de los pro­ce­sos elec­to­ra­les par­ti­dis­tas o pue­de hacer­se exten­si­va a otros pro­ce­sos por los cua­les un gru­po de per­so­nas se ven pre­ci­sa­dos a dar su voto para que alguien los repre­sen­te. A ella cabe res­pon­der que siem­pre que se eli­ge, ya sea en una asam­blea sin­di­cal, popu­lar o en una sim­ple reunión a los repre­sen­tan­tes de la comu­ni­dad de que se tra­te, si se les otor­ga el dere­cho de deci­dir en nom­bre de la comu­ni­dad se está gene­ran­do valor polí­ti­co por­que se les está con­ce­dien­do el dere­cho de deci­dir por los demás.

Inclu­si­ve, pue­de decir­se que el inter­cam­bio desigual no exis­te sola­men­te en comu­ni­da­des que ceden su poder de deci­sión a un repre­sen­tan­te, sino tam­bién cuan­do en una rela­ción de dos per­so­nas, una de ellas dele­ga en otra la capa­ci­dad de deci­sión en cual­quier ámbi­to, aun­que en ese caso no se esta­ría hablan­do de poder polí­ti­co, por supues­to, sino sola­men­te de poder, a la mane­ra de Fou­cault, como accio­nes que pue­den estruc­tu­rar el cam­po de otras accio­nes posi­bles y que se dan en situa­cio­nes que cru­zan todos los ámbi­tos de las rela­cio­nes huma­nas. Pero eso se ana­li­za­rá en otro ensa­yo.

4. Con­di­cio­nes para salir­se del cir­cui­to de la explo­ta­ción polí­ti­ca en el ámbi­to elec­to­ral.

¿Es posi­ble salir del cir­cui­to de la explo­ta­ción de la fuer­za polí­ti­ca en el ámbi­to elec­to­ral? ¿Es posi­ble hacer una polí­ti­ca que no enaje­ne al ciu­da­dano del valor polí­ti­co por él pro­du­ci­do al ele­gir a sus repre­sen­tan­tes? Des­de lue­go que sí, en prin­ci­pio, teó­ri­ca­men­te, pero para ello ten­drían que dar­se con­di­cio­nes como
las siguien­tes:

1- El valor de lo obte­ni­do de la elec­ción ten­dría que ser equi­va­len­te a lo paga­do por ella, como ocu­rre en el caso de las comu­ni­da­des peque­ñas, sobre todo indí­ge­nas, en las que impe­ra la demo­cra­cia direc­ta y no hay gran­des ven­ta­jas entre deten­tar una posi­ción de repre­sen­tan­te o no, o en las comu­ni­da­des de cual­quier tipo que enfren­tan agre­sio­nes y hos­ti­li­da­des de una fuer­za supe­rior, oca­sión en la que a una posi­ción de poder va uni­da la exis­ten­cia de una entre­ga de mucho tiem­po y esfuer­zo a favor de la comu­ni­dad y a veces impli­ca poner en ries­go la pro­pia vida mucho más que los demás. Ocu­rre tam­bién con los diri­gen­tes en las gue­rras popu­la­res, pues se con­vier­ten en un blan­co más ape­te­ci­ble que cual­quier otra per­so­na. Ese es el caso de los diri­gen­tes más reco­no­ci­dos de los movi­mien­tos popu­la­res que por ocu­par esa posi­ción que pare­ce pri­vi­le­gia­da tie­nen mayo­res posi­bi­li­da­des de ser ase­si­na­dos o de ser encar­ce­la­dos. La liber­tad o la cár­cel son el pre­cio que a veces se tie­ne que pagar por una posi­ción de repre­sen­ta­ción o direc­ción, de lo que se dedu­ce que es fac­ti­ble que en cier­to casos el repre­sen­tan­te o diri­gen­te entre­gue a la comu­ni­dad mucho más de lo que de ella reci­be en tér­mi­nos de poder de deci­sión.

2- El poder de deci­sión del repre­sen­tan­te debe­ría estar aco­ta­do com­ple­ta­men­te, y para ello los man­da­tos ten­drían que ser revo­ca­bles en cual­quier momen­to por la comu­ni­dad; e igual debe­ría ocu­rrir con las deci­sio­nes toma­das por los repre­sen­tan­tes.

3- Debe­ría ser cas­ti­ga­da seve­ra­men­te cual­quier vio­la­ción de la volun­tad popu­lar o cual­quier deci­sión que fue­ra en detri­men­to de la pobla­ción. Así el ries­go de exce­der­se en sus fun­cio­nes sería gran­de y equi­pa­ra­ble a las ven­ta­jas que con­lle­va una posi­ción de poder.

4- La comu­ni­dad ten­dría que estar bien infor­ma­da de las pro­pues­tas a la hora de la elec­ción, así como de las impli­ca­cio­nes de cada una de las deci­sio­nes que debe tomar en su momen­to su repre­sen­tan­te.

5. Explo­ta­ción en las dife­ren­tes for­mas en que pue­de desa­rro­llar­se la acción polí­ti­ca.

Amplian­do nues­tro pano­ra­ma para abar­car no sola­men­te los fenó­me­nos elec­to­ra­les sino tam­bién otros tipos de acti­vi­dad polí­ti­ca pode­mos ver, con base en lo ya expues­to, que diver­sos tipos de acción polí­ti­ca son sus­cep­ti­bles de pro­du­cir valor polí­ti­co: una mar­cha, un plan­tón, una decla­ra­ción públi­ca, o la fir­ma de un mani­fies­to, o la difu­sión de cual­quier tipo de pro­pa­gan­da, son for­mas de acción polí­ti­ca que ejer­cen una pre­sión que es en sí mis­ma un valor polí­ti­co, ya que pue­den colo­car a los indi­vi­duos o a las orga­ni­za­cio­nes o a las cau­sas aban­de­ra­das, en situa­cio­nes más favo­ra­bles res­pec­to de las con­di­cio­nes pre­vias.

El valor polí­ti­co de las accio­nes polí­ti­cas pue­de aqui­la­tar­se si se toma en cuen­ta que las movi­li­za­cio­nes masi­vas a veces han logra­do echar aba­jo polí­ti­cas impo­pu­la­res, otras han impe­di­do el encar­ni­za­mien­to de la repre­sión que sin ellas habría ocu­rri­do, y otras más han derri­ba­do dic­ta­du­ras pode­ro­sí­si­mas o gobier­nos apa­ren­te­men­te inven­ci­bles. Estos logros son el valor pro­du­ci­do por este tipo de accio­nes y pre­ci­sa­men­te esa es la cau­sa de que se reali­cen.

Para deter­mi­nar si una for­ma par­ti­cu­lar de acción polí­ti­ca pue­de ser fuen­te de explo­ta­ción bas­ta con demos­trar que pue­de inci­dir en el logro un obje­ti­vo: el gra­do de inci­den­cia en ese logro es el valor que posee. La toma de un Con­gre­so de la Repú­bli­ca que cim­bra la polí­ti­ca nacio­nal tie­ne un gran valor, en tan­to que el cie­rre de una carre­te­ra por la que nadie cir­cu­la no tie­ne nin­guno en abso­lu­to; una huel­ga de ham­bre de Gand­hi podía parar los enfren­ta­mien­tos entre dos gru­pos reli­gio­sos, en tan­to que la de un des­co­no­ci­do podía gene­rar no más que unas mira­das com­pa­si­vas. No es la acción en sí la que tie­ne o care­ce de valor, sino que todas pue­den poseer­lo o care­cer de él en depen­den­cia de las cir­cuns­tan­cias de su uti­li­za­ción y, por con­si­guien­te, de su impac­to en el logro del obje­ti­vo bus­ca­do. Es
así como pue­de con­ce­bir­se la exis­ten­cia de accio­nes polí­ti­cas con valor nega­ti­vo, lo que ocu­rre cuan­do inci­den en el logro del obje­ti­vo pero en sen­ti­do con­tra­rio, dis­mi­nu­yen­do las posi­bi­li­da­des de con­se­guir­lo, como ocu­rre con las accio­nes mal pla­ni­fi­ca­das que hacen retro­ce­der lo que ya antes se había logra­do..

Por otra par­te, lo que los repre­sen­tan­tes o diri­gen­tes gas­ta­ron en expec­ta­ti­vas gene­ra­das, en pro­me­sas hechas, o en recur­sos eco­nó­mi­cos inver­ti­dos para movi­li­zar esa fuer­za polí­ti­ca es el pre­cio paga­do para hacer uso de ella, es el pre­cio de esa fuer­za polí­ti­ca; y que pudo ser usa­da con dife­ren­te obje­ti­vo pero que los diri­gen­tes uti­li­za­ron con el fin espe­cí­fi­co con­se­gui­do, o bien para obte­ner algo que no pudie­ron con­se­guir ple­na­men­te, o para obte­ner algo menor pero que la diná­mi­ca de los acon­te­ci­mien­tos lle­vó más allá de lo que se pre­ten­día con­se­guir. En cual­quier caso, la dife­ren­cia entre ambos valo­res es la plus­va­lía, la cual es sus­cep­ti­ble de apro­pia­ción por par­te de alguien ajeno a quien la pro­du­jo.

¿Pue­de decir­se que hay explo­ta­ción tam­bién en el movi­mien­to social? Hay explo­ta­ción siem­pre y cuan­do se enaje­ne al par­ti­ci­pan­te del valor por él pro­du­ci­do median­te su acción polí­ti­ca, y eso ocu­rre a menu­do en el movi­mien­to social cuan­do los diri­gen­tes uti­li­zan el valor obte­ni­do de las movi­li­za­cio­nes para alcan­zar fines per­so­na­les como posi­cio­nes de poder, o cuan­do inten­cio­nal­men­te gene­ran expec­ta­ti­vas supe­rio­res a lo alcan­za­ble o dife­ren­tes a las que en reali­dad per­si­guen. Es sin­to­má­ti­co de explo­ta­ción polí­ti­ca el uso de dádi­vas para que las bases acu­dan a las movi­li­za­cio­nes. En todos esos casos exis­te enaje­na­ción del pro­duc­to de la fuer­za polí­ti­ca, así que inequí­vo­ca­men­te pue­de hablar­se de explo­ta­ción.

Es más, es fac­ti­ble exten­der el con­cep­to de explo­ta­ción polí­ti­ca has­ta abar­car tam­bién fenó­me­nos que no nece­sa­ria­men­te tie­nen que ver con elec­ción o repre­sen­ta­ción popu­lar o con direc­ción de orga­ni­za­cio­nes socia­les, pues­to que tam­bién se extrae el plus­va­lor pro­du­ci­do por la fuer­za polí­ti­ca cuan­do un fun­cio­na­rio públi­co man­tie­ne una rela­ción clien­te­lis­ta con algún sec­tor de la pobla­ción y a cam­bio de dádi­vas o deter­mi­na­das con­ce­sio­nes obtie­ne su res­pal­do en for­ma de accio­nes polí­ti­cas de las que él se bene­fi­cia. Esto se ana­li­za­rá más ade­lan­te, por aho­ra bas­te con dejar sen­ta­do que siem­pre que exis­te un valor pro­du­ci­do por accio­nes polí­ti­cas y dádi­vas o expec­ta­ti­vas paga­das por él hay explo­ta­ción polí­ti­ca. En el caso del clien­te­lis­mo de los fun­cio­na­rios públi­cos las dádi­vas son una inver­sión que se rea­li­za no con recur­sos pro­pios del fun­cio­na­rio sino con los del Esta­do.

Un caso espe­cial es el de los ope­ra­do­res polí­ti­cos o nego­cia­do­res, quie­nes en su papel espe­cí­fi­co de inter­me­dia­rios entre una fuer­za opo­si­to­ra y el Esta­do o algún fun­cio­na­rio o per­so­na­je polí­ti­co espe­cí­fi­co, se bene­fi­cian doble­men­te, pues de una nego­cia­ción exi­to­sa resul­tan favo­re­ci­dos por el agra­de­ci­mien­to del patrón que les comi­sio­nó (con lo que aumen­tan sus bonos ante él), pero tam­bién de su rela­ción ama­ble, en bue­nos tér­mi­nos, con la fuer­za polí­ti­ca opo­si­to­ra (la cual que­rrá que sea él con quien ten­gan que nego­ciar en pró­xi­mos con­flic­tos), todo lo cual redun­da en su ubi­ca­ción en una mejor posi­ción que la que pre­via­men­te tenía. La plus­va­lía polí­ti­ca en esta situa­ción se repar­te entre el ope­ra­dor y el fun­cio­na­rio, ade­más del repre­sen­tan­te o diri­gen­te polí­ti­co que enca­be­zó la movi­li­za­ción. Cada uno de ellos ganó par­te de la plus­va­lía, en tan­to que una míni­ma por­ción de lo que en la acción polí­ti­ca estu­vo en jue­go que­dó, en for­ma de dádi­va o con­ce­sión, en manos de los que la rea­li­za­ron. Todo, a fin de cuen­tas, a car­go del era­rio.

6. El capi­ta­lis­mo polí­ti­co.

Si la extrac­ción de la plus­va­lía en el ámbi­to eco­nó­mi­co defi­ne al capi­ta­lis­mo como modo de pro­duc­ción, enton­ces la extrac­ción de la plus­va­lía polí­ti­ca per­mi­te hablar de la exis­ten­cia de un capi­ta­lis­mo polí­ti­co y defi­nir­lo como un modo de rela­ción
polí­ti­ca, por esta­ble­cer un para­le­lis­mo con el modo de pro­duc­ción en el plano eco­nó­mi­co. Y en esa línea pue­de hablar­se tam­bién de un sis­te­ma de rela­cio­nes polí­ti­cas y decir que las socie­da­des moder­nas son sis­te­mas polí­ti­cos en los que pre­do­mi­na el modo capi­ta­lis­ta de rela­cio­nes polí­ti­cas, toda vez que la explo­ta­ción polí­ti­ca por medio de la extrac­ción de plus­va­lía a la mane­ra capi­ta­lis­ta es la domi­nan­te, e impo­ne su sello a todo tipo de rela­cio­nes polí­ti­cas que en ellas se esta­ble­cen.

Así las cosas, pue­de hablar­se, sin lugar a la menor duda, de la exis­ten­cia de explo­ta­do­res en el ámbi­to polí­ti­co y lla­mar­les, con ple­na correc­ción bur­gue­ses de la polí­ti­ca, como es posi­ble y nece­sa­rio con­si­de­rar tam­bién la exis­ten­cia de explo­ta­dos polí­ti­cos, y aún de exclui­dos, que son aque­llos a los que ni siquie­ra en cali­dad de votan­tes se les apre­cia.

Se des­po­ja a los explo­ta­dos de lo que pro­du­je­ron y debie­ra ser suyo, de mane­ra que ocu­rre lo que Hollo­way con­sig­na como sepa­ra­ción de lo hecho res­pec­to del hacer, y la apro­pia­ción de lo hecho, de los medios del hacer y del hacer mis­mo por par­te de los que ejer­cen el poder-sobre. Que­dan así la omni­po­ten­cia de un lado y del otro la impo­ten­cia: explo­ta­dos y explo­ta­do­res una vez más con­tra­pues­tos, aho­ra en el cam­po de la polí­ti­ca.

En el mar­xis­mo clá­si­co las rela­cio­nes polí­ti­cas ocu­pa­rían un lugar den­tro de la super­es­truc­tu­ra de la socie­dad, deter­mi­na­da en últi­ma ins­tan­cia por la estruc­tu­ra eco­nó­mi­ca, pero con­si­de­ra­das aho­ra estas rela­cio­nes como sis­te­ma, sin dejar de ser ubi­ca­das en ese lugar, su impor­tan­cia y su papel deben ser reva­lo­ra­dos para reco­no­cér­se­le una inde­pen­den­cia que no tie­nen otras esfe­ras de la super­es­truc­tu­ra social. Esto por­que las rela­cio­nes polí­ti­cas capi­ta­lis­tas pue­den exis­tir toda­vía mucho tiem­po des­pués de abo­li­da la pro­pie­dad capi­ta­lis­ta de los medios de pro­duc­ción, y sur­gie­ron mucho tiem­po antes del naci­mien­to de ese tipo de pro­pie­dad, pues duran­te el escla­vis­mo, en la demo­cra­cia ate­nien­se, al ele­gir­se a los gober­nan­tes por medio del voto de los pocos con­si­de­ra­dos en ese enton­ces ciu­da­da­nos y extraer de ellos la plus­va­lía gene­ra­da con su voto se les explo­ta­ba a la mane­ra capi­ta­lis­ta.

La explo­ta­ción polí­ti­ca capi­ta­lis­ta es, como pue­de ver­se, inde­pen­dien­te de la explo­ta­ción capi­ta­lis­ta en el ámbi­to eco­nó­mi­co, toda vez que se ejer­cen en esfe­ras dife­ren­tes, aun­que es en este sis­te­ma eco­nó­mi­co en el cual se pro­du­ce con mayor fre­cuen­cia aque­lla, debi­do a que la repre­sen­ta­ción polí­ti­ca es más común en ese que en otros sis­te­mas eco­nó­mi­cos.

En ese mis­mo sen­ti­do debe con­si­de­rar­se tam­bién el hecho de que exis­te un mar­gen mucho mayor para que aún den­tro de un sis­te­ma pre­do­mi­nan­te­men­te carac­te­ri­za­do por la explo­ta­ción polí­ti­ca capi­ta­lis­ta vayan sur­gien­do y for­ta­le­cién­do­se otro tipo de rela­cio­nes polí­ti­cas no mar­ca­das ya por la explo­ta­ción. Pue­de ver­se esto per­fec­ta­men­te en la gran diver­si­dad de órga­nos que ejer­cen su auto­no­mía en el ámbi­to polí­ti­co, regi­dos por nor­mas que no per­mi­ten la explo­ta­ción polí­ti­ca y que con­vi­ven con las rela­cio­nes domi­nan­tes en las que ésta pre­do­mi­na. Esto a par­tir de que con su auto­no­mía, su auto­ges­tión, su comu­ni­ta­ris­mo y colec­ti­vis­mo se sus­traen de esas rela­cio­nes domi­nan­tes. Ese sería el caso de las comu­ni­da­des autó­no­mas y de los órga­nos de poder popu­lar.

El sis­te­ma polí­ti­co pue­de, por lo mos­tra­do ante­rior­men­te, atra­sar­se bas­tan­te res­pec­to del eco­nó­mi­co e inclu­so en algu­nos aspec­tos ade­lan­tar­se en algu­nos sec­to­res, aun­que sean mar­gi­na­les res­pec­to de la eco­no­mía y la polí­ti­ca del país..

7. Pecu­lia­ri­da­des de la explo­ta­ción polí­ti­ca.

Vale la pena aho­ra hacer notar algu­nas pecu­lia­ri­da­des de la explo­ta­ción polí­ti­ca:

1- La eco­nó­mi­ca y la polí­ti­ca son dos for­mas dife­ren­tes de explo­ta­ción: los valo­res que en una y otra se pro­du­cen son de dis­tin­to orden, de mane­ra que no tie­nen por qué coin­ci­dir siem­pre ambas en una mis­ma figu­ra, pues aun­que muchas veces el que explo­ta
polí­ti­ca­men­te tam­bién explo­ta eco­nó­mi­ca­men­te o con­tri­bu­ye a este tipo de expo­lia­ción, nada impi­de que quie­nes pre­ten­den diri­gir, e inclu­so quie­nes diri­gen, a los opri­mi­dos en su lucha por su libe­ra­ción eco­nó­mi­ca pue­dan incu­rrir en la explo­ta­ción polí­ti­ca. Efec­ti­va­men­te, en tan­to incu­rran en la impo­si­ción de diri­gen­tes o de la línea polí­ti­ca, mien­tras exis­ta la anti­de­mo­cra­cia, el buro­cra­tis­mo o la exclu­sión en cual­quie­ra de sus for­mas, y mien­tras haya des­in­for­ma­ción o malin­for­ma­ción al inte­rior de una orga­ni­za­ción polí­ti­ca o social habrá explo­ta­ción en ella, no impor­ta qué tan radi­ca­les sean res­pec­to de la libe­ra­ción eco­nó­mi­ca.

2- Si la explo­ta­ción eco­nó­mi­ca es gra­ve, la polí­ti­ca no lo es menos: pue­de ser­lo mucho más por­que si la pri­me­ra con­du­ce a una exis­ten­cia pre­ca­ria que a veces lle­ga a la fran­ca mise­ria, la otra pue­de pro­vo­car lo mis­mo por la per­se­cu­ción guber­na­men­tal pero, ade­más, lle­var a la pér­di­da de la pro­pia vida, como suce­de cuan­do la repre­sión pro­vo­ca la muer­te del par­ti­ci­pan­te en la lucha polí­ti­ca. Un caso extre­mo de explo­ta­ción polí­ti­ca, el máxi­mo gra­do con­ce­bi­ble de explo­ta­ción polí­ti­ca, es el de los ata­can­tes sui­ci­das, los kami­ka­zes entre ellos, quie­nes a cam­bio de deter­mi­na­das expec­ta­ti­vas ceden volun­ta­ria­men­te su vida mis­ma, en un fenó­meno estu­dia­do ya por Michael Hardt y Anto­nio Negri como par­te de su con­cep­ción de la bio­po­lí­ti­ca, aun­que sin con­ce­bir­lo como una explo­ta­ción polí­ti­ca.

3- No es pri­va­ti­va de la polí­ti­ca ins­ti­tu­cio­nal expre­sa­da en los par­ti­dos ni del movi­mien­to social legal, sino que en ella pue­de incu­rrir­se en movi­mien­tos no ins­ti­tu­cio­na­les como los gru­pos arma­dos rebel­des. Es así por­que en ellos pue­de haber tam­bién esa enaje­na­ción del valor pro­du­ci­do con la acción polí­ti­ca y mili­tar del com­ba­tien­te, y ocu­rri­rá esto en la medi­da en que sus fines y los de los diri­gen­tes no coin­ci­dan ple­na­men­te, en par­ti­cu­lar cuan­do se mani­pu­la la infor­ma­ción y cuan­do se impo­ne buro­crá­ti­ca­men­te a los diri­gen­tes por valo­res como la anti­güe­dad o una supues­ta capa­ci­dad que es más de ima­gen que real, lo que sería sino una for­ma de mer­ca­do­tec­nia.

4- Es posi­ble la exis­ten­cia de la plus­va­lía rela­ti­va, obte­ni­da por la uti­li­za­ción de for­mas de acción polí­ti­ca nue­vas antes de que se con­vier­tan en recur­sos de uso gene­ra­li­za­do. Esto equi­va­le al aumen­to de la pro­duc­ti­vi­dad de la fuer­za polí­ti­ca y per­mi­te enten­der el éxi­to de aque­llas for­mas de lucha y accio­nes polí­ti­cas que son nove­do­sas y por lo mis­mo impac­tan­tes, así como el des­gas­te de aque­llas cuyo uso se ha hecho común. Esto ha ocu­rri­do a tra­vés de la his­to­ria tan­to con las huel­gas de ham­bre como con las mani­fes­ta­cio­nes, o los plan­to­nes o con la pro­pa­gan­di­za­ción por medio de volan­tes, o con los perió­di­cos mura­les. De ahí la impor­tan­cia de ela­bo­rar nue­vas for­mas de hacer polí­ti­ca.

5- Se pue­de estar en cali­dad de explo­ta­dor al mis­mo tiem­po que de explo­ta­do, ya que un diri­gen­te medio pue­de ser explo­ta­do por sus supe­rio­res y a su vez explo­tar a sus subor­di­na­dos al repro­du­cir con ellos los méto­dos anti­de­mo­crá­ti­cos apli­ca­dos con él.

6- Se pue­de ser explo­ta­do pese a inten­tos deli­be­ra­dos de abs­ten­ción de par­ti­ci­pa­ción polí­ti­ca. La fuer­za polí­ti­ca se posee por el solo hecho de exis­tir en cuan­to ser humano capaz de rea­li­zar accio­nes polí­ti­cas, de mane­ra que la explo­ta­ción no está limi­ta­da a los ciu­da­da­nos, ni a quie­nes desem­pe­ñan una labor eco­nó­mi­ca­men­te pro­duc­ti­va o remu­ne­ra­ti­va, ni a quie­nes par­ti­ci­pan cons­cien­te­men­te en acti­vi­da­des polí­ti­cas. A ello se debe que los niños son a veces un terreno en dispu­ta para dife­ren­tes fuer­zas polí­ti­cas, ya que pue­den rea­li­zar accio­nes polí­ti­cas y con ellas pro­du­cir un valor polí­ti­co del que alguien pue­de hacer uso. Ejem­plo de ellos sería “el coro de los ánge­les” de San­dino, o los niños que for­man par­te de los ejér­ci­tos tri­ba­les en Áfri­ca, o el de la leva for­zo­sa de niños en El Sal­va­dor duran­te la gue­rra civil de los 70. Cual­quier per­so­na capaz de rea­li­zar accio­nes polí­ti­cas las hace aún sin par­ti­ci­par
cons­cien­te­men­te en polí­ti­ca, toda vez que ya las está hacien­do al que­rer­se abs­te­ner de ella y habrá quie­nes se apro­ve­chen de su ilu­so­ria abs­ti­nen­cia.

7- Limi­ta la uti­li­za­ción de las capa­ci­da­des que podrían des­ple­gar los miem­bros de la comu­ni­dad, ya que des­vía hacia otros fines y des­per­di­cia el poten­cial trans­for­ma­dor de su entorno que exis­te en cada ser humano y en cada colec­ti­vi­dad en vir­tud de la fuer­za polí­ti­ca que por prin­ci­pio cada ser humano posee. Pro­vo­ca por ello una sen­sa­ción de enaje­na­ción en el indi­vi­duo que per­ci­be sus poten­cia­li­da­des des­per­di­cia­das.

8- En los casos en que hay pér­di­da de vidas en la lucha por con­se­guir obje­ti­vos polí­ti­cos deben incluir­se estas pér­di­das en el cos­to de aque­llos, con lo que se hace mucho más evi­den­te que el pago no recae equi­ta­ti­va­men­te en todos los par­ti­ci­pan­tes de las accio­nes polí­ti­cas rea­li­za­das sino en algu­nos más que en otros: algu­nos pier­den tiem­po, corren ries­gos, sufren ame­na­zas o gol­pes, en tan­to que otros pier­den la pro­pia vida o la de sus fami­lia­res. Por lo tan­to, pue­de no ser el mis­mo para los que diri­gen que para los que se movi­li­zan y para cada uno de éstos.

9- En razón del des­ta­ca­do papel que la demo­cra­cia repre­sen­ta­ti­va desem­pe­ña en la socie­dad moder­na, la fuer­za polí­ti­ca de la mayo­ría de la pobla­ción ha adqui­ri­do una impor­tan­cia tras­cen­den­tal en la vida social, impor­tan­cia que no tenía en otros tiem­pos, cuan­do no exis­tía el sufra­gio uni­ver­sal ni los meca­nis­mos de la demo­cra­cia per­mi­tían qui­tar o poner fun­cio­na­rios, impul­sar o echar aba­jo polí­ti­cas eco­nó­mi­cas, o comen­zar o ter­mi­nar gue­rras. Se han con­ver­ti­do en tras­cen­den­ta­les for­mas de acción polí­ti­ca o recur­sos polí­ti­cos que hace poco más de cien años tenían poca o nin­gu­na uti­li­dad o ni siquie­ra exis­tían, como por ejem­plo el sufra­gio de las muje­res o de los meno­res de 21 años, los boi­cots par­la­men­ta­rios, las deman­das lega­les por incons­ti­tu­cio­na­li­dad de las leyes, las huel­gas de ham­bre, la obje­ción de con­cien­cia, la no vio­len­cia, la desobe­dien­cia civil, ocu­pa­cio­nes de ofi­ci­nas públi­cas o depen­den­cias o tie­rras.

En la actua­li­dad la impor­tan­cia de la fuer­za polí­ti­ca radi­ca en que es una cua­li­dad de toda per­so­na, de mane­ra que es uni­ver­sal y es la últi­ma pose­sión de que el ser huma­nos dis­po­ne y pue­de ven­der, antes de su cuer­po físi­co y su capa­ci­dad para trans­gre­dir las leyes, pues cuan­do no posee ni su fuer­za de tra­ba­jo, ni quie­re con­ver­tir­se en delin­cuen­te, ni ven­der su cuer­po o sus órga­nos inter­nos, lo úni­co que pue­de lan­zar al mer­ca­do es su fuer­za polí­ti­ca. Así ésta se con­vier­te en uno de los últi­mos bas­tio­nes de que el ser humano dis­po­ne en su lucha por la super­vi­ven­cia en el mun­do actual. Esto en razón de la impor­tan­cia que ha adqui­ri­do en la socie­dad moder­na la demo­cra­cia repre­sen­ta­ti­va, pues en otros tiem­pos no podía ser así.

10- La raíz de la explo­ta­ción polí­ti­ca se encuen­tra en la apro­pia­ción pri­va­da enaje­nan­te de la fuer­za polí­ti­ca, que per­mi­te el usu­fruc­to pri­va­do de los valo­res pro­du­ci­dos por actos como una sim­ple opi­nión en una encues­ta o un voto emi­ti­do en una elec­ción, o has­ta la cesión de la vida mis­ma, apro­pia­ción que no es mala por ser pri­va­da sino por ser enaje­na­da.

11- La explo­ta­ción polí­ti­ca divi­de a la socie­dad en dos gru­pos: los explo­ta­dos y los explo­ta­do­res de la fuer­za polí­ti­ca, es decir, en repre­sen­tan­tes y repre­sen­ta­dos.

12- Al ser la fuer­za polí­ti­ca una mer­can­cía hay lugar para que res­pec­to de ella se dé el fenó­meno del feti­chis­mo de la mer­can­cía, por el cual ocu­rre la cosi­fi­ca­ción, en el sen­ti­do lukac­siano, que hace que lo que son rela­cio­nes entre per­so­nas, en este caso las que exis­ten entre el diri­gen­te o repre­sen­tan­te y el indi­vi­duo diri­gi­do o repre­sen­ta­do, se per­ci­ban como cosas que esca­pan al con­trol del indi­vi­duo.

8. Con­di­cio­nes en que es posi­ble salir del cir­cui­to de la explo­ta­ción polí­ti­ca en dife­ren­tes cam­pos.

Demos­tra­da ya la exis­ten­cia de la explo­ta­ción polí­ti­ca y que es pro­pia de una
gran diver­si­dad de accio­nes y deci­sio­nes polí­ti­cas, y plan­tea­da la posi­bi­li­dad de esta­ble­cer rela­cio­nes polí­ti­cas que no se encuen­tren mar­ca­das por la explo­ta­ción habría que explo­rar cuá­les serían las con­di­cio­nes para ello. Esta cues­tión, for­mu­la­da a la mane­ra de pre­gun­tas diría: ¿pue­de hacer­se en reali­dad una polí­ti­ca que no enaje­ne al indi­vi­duo y a la comu­ni­dad del pro­duc­to de su fuer­za polí­ti­ca? ¿Y cuá­les serían las con­di­cio­nes para ello?

La res­pues­ta a la pri­me­ra es que sí. Y a la segun­da ten­dría que res­pon­der­se que para ello la polí­ti­ca debe­ría tener carac­te­rís­ti­cas como las ya seña­la­das res­pec­to de la polí­ti­ca en el ámbi­to elec­to­ral, aun­que aho­ra gene­ra­li­za­das para abar­car tan­to el ámbi­to elec­to­ral par­ti­dis­ta, como cual­quier acción o deci­sión polí­ti­ca y la vida inte­rior de todo tipo de orga­ni­za­cio­nes y comu­ni­da­des en las que se reali­ce acti­vi­dad polí­ti­ca, e inclu­so social. A ello deben agre­gar­se otras refe­ren­tes a otros aspec­tos:

1- El inter­cam­bio polí­ti­co entre, por un lado, la comu­ni­dad o los miem­bros de la orga­ni­za­ción y, por otro, los repre­sen­tan­tes o diri­gen­tes, ten­dría que ser equi­va­len­te. El valor de lo obte­ni­do de la acción polí­ti­ca ten­dría que ser equi­va­len­te a lo paga­do por ella.

2- El poder de deci­sión de los diri­gen­tes o repre­sen­tan­tes debe­ría estar aco­ta­do com­ple­ta­men­te, y para ello los man­da­tos ten­drían que ser revo­ca­bles en cual­quier momen­to; e igual debe­ría ocu­rrir con sus deci­sio­nes.

3- Debe­ría ser cas­ti­ga­da seve­ra­men­te cual­quier vio­la­ción de la volun­tad de la colec­ti­vi­dad o cual­quier deci­sión que fue­ra en detri­men­to suyo.

4- La comu­ni­dad o los miem­bros de la orga­ni­za­ción ten­drían que estar bien infor­ma­dos de las impli­ca­cio­nes de las accio­nes que desa­rro­lle, así como de las que se con­tie­nen en cada una de las deci­sio­nes que deben tomar sus diri­gen­tes o repre­sen­tan­tes.

5- Muchas de las deci­sio­nes que afec­ten a la comu­ni­dad o a las orga­ni­za­cio­nes deben poner­se en manos de los inte­gran­tes de ellas mis­mas, res­trin­gien­do al máxi­mo el cam­po de las deci­sio­nes que los diri­gen­tes pue­den tomar sin con­sul­tar a nadie.

6- Las rela­cio­nes entre la comu­ni­dad o los miem­bros de la orga­ni­za­ción y los repre­sen­tan­tes o diri­gen­tes o gober­nan­tes debe­ría tener como base una mayor equi­dad, o mejor dicho debe­rían ser simé­tri­cas, lo que requie­re de una mayor demo­cra­cia al inte­rior de la comu­ni­dad u orga­ni­za­ción de que se tra­te y en par­ti­cu­lar en los meca­nis­mos de la elec­ción de éstos.

7- La comu­ni­dad y sus miem­bros en lo indi­vi­dual, así como los de las orga­ni­za­cio­nes, debe­rían con­tar con un gran mar­gen de auto­no­mía res­pec­to de los repre­sen­tan­tes o diri­gen­tes o gober­nan­tes. Esto impli­ca que la comu­ni­dad como tal y los indi­vi­duos den­tro de ella y den­tro de las orga­ni­za­cio­nes ten­gan mayor mar­gen de acción. Es cier­to que eso dis­mi­nui­ría la efi­ca­cia de una comu­ni­dad o de una orga­ni­za­ción com­pa­ra­da con lo que podría obte­ner­se por una orga­ni­za­ción rígi­da­men­te cen­tra­li­za­da a la mane­ra de un ejér­ci­to, con su man­do úni­co, pero no habría explo­ta­ción y sería una ganan­cia infi­ni­ta­men­te supe­rior. Des­pués de todo se habla de comu­ni­da­des y de orga­ni­za­cio­nes en gene­ral no de ejér­ci­tos, aun­que habría que enten­der que tam­bién éstos deben demo­cra­ti­zar­se lo más posi­ble.

8- La auto­ges­tión debe bus­car­se en diver­sos ámbi­tos (eco­nó­mi­ca, polí­ti­ca, social, defen­si­va) para que la comu­ni­dad o la orga­ni­za­ción y sus miem­bros no depen­dan de la direc­ción o los res­pon­sa­bles (la depen­den­cia gene­ra rela­cio­nes basa­das en el poder enten­di­do como for­mas de cons­tre­ñir la acción huma­na).

9- Las rela­cio­nes polí­ti­cas no basa­das en la explo­ta­ción no debe ser solo una expec­ta­ti­va, una pro­me­sa a cum­plir en el futu­ro, en otras con­di­cio­nes, sino que debe plas­mar­se en la polí­ti­ca mis­ma de la comu­ni­dad o la orga­ni­za­ción que pug­ne por el cam­bio social. Es en la lucha mis­ma en don­de deben plas­mar­se los valo­res pro­pios de la polí­ti­ca no explo­ta­do­ra, no al final.

10- Se deben
correr los ries­gos que con­lle­va la toma de deci­sio­nes colec­ti­vas, pero asu­mien­do todos la res­pon­sa­bi­li­dad.

11- En gene­ral, la rela­ción entre la diri­gen­cia y la base deben ser simé­tri­cas.

9. Otros tipos de explo­ta­ción polí­ti­ca: tipo escla­vis­ta o tipo feu­dal.

A la con­cep­ción de la polí­ti­ca como una extrac­ción de plus­va­lía podría cri­ti­cár­se­le como una visión reduc­to­ra de la lucha popu­lar a rela­cio­nes pura­men­te mer­can­ti­les y por eso lla­mar­le mer­can­ti­lis­ta, y afir­mar de ella que sub­es­ti­ma las capa­ci­da­des popu­la­res y deni­gra el papel de los repre­sen­tan­tes de la pobla­ción y aún de los diri­gen­tes popu­la­res, pero ¿qué tan­to hay de eso? Debe acep­tar­se que es una visión mer­can­ti­lis­ta, pero no en tan­to inten­to teó­ri­co, como esfuer­zo de inter­pre­ta­ción de las rela­cio­nes entre los par­ti­ci­pan­tes en accio­nes polí­ti­cas y sus repre­sen­tan­tes o diri­gen­tes en gene­ral, por­que de esa con­cep­ción se des­pren­de la posi­bi­li­dad de que el inter­cam­bio no sea desigual, se vis­lum­bran las con­di­cio­nes en que podría exis­tir equi­va­len­cia en el inter­cam­bio y la nece­si­dad de que en la lucha polí­ti­ca no se actúe como en un mer­ca­do en el que todo está suje­to al cálcu­lo mer­can­til.

Esto últi­mo es algo con­ce­bi­ble en el plano teó­ri­co y para que se die­ra en la prác­ti­ca haría fal­ta que de ambos lados de la rela­ción se apor­ta­ra algo cuyo valor fue­ra seme­jan­te. Con eso se rom­pe­ría el cir­cui­to de explo­ta­ción. Más toda­vía, es posi­ble con­ce­bir, como más arri­ba se plan­teó ya, una situa­ción en la que el inter­cam­bio sea des­fa­vo­ra­ble para el pro­pio repre­sen­tan­te, como ocu­rre cuan­do éste paga su res­pon­sa­bi­li­dad con la pér­di­da de su liber­tad o con su vida. Es con­ce­bi­ble una situa­ción tal y en últi­ma ins­tan­cia a ello se debe la admi­ra­ción y res­pe­to que gene­ran e ins­pi­ran los diri­gen­tes que pier­den la vida en la lucha popu­lar: die­ron mucho más que lo que reci­bie­ron, y ese reco­no­ci­mien­to es una com­pen­sa­ción con la que de algu­na mane­ra se equi­li­bra el inter­cam­bio, aun­que sea pós­tu­ma­men­te. No cabe duda, el pue­blo, a fin de cuen­tas, es jus­ti­cie­ro e inten­ta com­pen­sar, tal vez sin saber­lo, el inter­cam­bio desigual cuan­do se pro­du­ce a su favor.

Lo que sí suce­de, efec­ti­va­men­te, es que cuan­do se incu­rre en un inter­cam­bio desigual, enton­ces sí hay una con­cep­ción mer­can­ti­lis­ta por par­te del repre­sen­tan­te o diri­gen­te, la acep­te o no, o inclu­so aun­que sea o no cons­cien­te de ello. Qui­zá ese sea el ori­gen de la opo­si­ción que es dable espe­rar hacia esta con­cep­ción, que no sería sino algo simi­lar a lo que ocu­rre en el cam­po de la eco­no­mía, don­de los prin­ci­pa­les opo­si­to­res de la teo­ría de la plus­va­lía son pre­ci­sa­men­te los que la extraen y de esa mane­ra explo­tan al obre­ro bene­fi­cián­do­se de su tra­ba­jo: pre­ten­den hacer­la invi­si­ble para que todo siga igual y no se cues­tio­ne su papel para­si­ta­rio, pues sin ella no vivi­rían en cuan­to explo­ta­do­res de la fuer­za de tra­ba­jo.

En suma, mer­can­ti­lis­ta no es la con­cep­ción que se pro­po­ne sino la prác­ti­ca que muchos diri­gen­tes y repre­sen­tan­tes polí­ti­cos rea­li­zan.

Aho­ra bien, es posi­ble que par­te de la opo­si­ción de repre­sen­tan­tes o diri­gen­tes polí­ti­cos a la con­cep­ción de la polí­ti­ca como extrac­ción de una for­ma par­ti­cu­lar de plus­va­lía esté basa­da en otras razo­nes: ellos no incu­rren en rela­cio­nes de tipo mer­can­ti­lis­ta en reali­dad, pero caen en algo peor: en rela­cio­nes seme­jan­tes a las que hay entre los amos y los escla­vos al no pagar nada en abso­lu­to por la fuer­za polí­ti­ca de sus repre­sen­ta­dos o diri­gi­dos por ser estos cau­ti­vos por diver­sas cau­sas de ellos (y he aquí que sur­ge otro cam­po de inves­ti­ga­ción, el de las posi­bles cau­sas de esa rela­ción escla­vis­ta). Es per­fec­ta­men­te posi­ble tam­bién pen­sar en la exis­ten­cia de rela­cio­nes seme­jan­tes o análo­gas a las feu­da­les en don­de la cesión de peque­ños feu­dos o por­cio­nes de poder sea el pago por los ser­vi­cios pres­ta­dos ¿o no es así como fun­cio­na el cau­di­llis­mo o el caci­quis­mo en las orga­ni­za­cio­nes polí­ti­cas? La dife­ren­cia de estas for­mas de explo­ta­ción de la
fuer­za polí­ti­ca radi­ca tan solo en que son más bru­ta­les y que en ellas ésta no adquie­re la for­ma de mer­can­cía, carac­te­rís­ti­ca fun­da­men­tal del capi­ta­lis­mo polí­ti­co.

Y en ambos casos, tan­to en las rela­cio­nes de tipo escla­vis­ta, como en las de carác­ter feu­dal no haría fal­ta que sojuz­ga­ran siem­pre por la fuer­za o la vio­len­cia a los enaje­na­dos de su fuer­za polí­ti­ca, pues des­pués de todo el sín­dro­me del Tío Tom o el de la orfan­dad son per­fec­ta­men­te com­pren­si­bles. Y en el caso de las rela­cio­nes polí­ti­cas bur­gue­sas tam­po­co haría fal­ta el sojuz­ga­mien­to por la fuer­za: la inopia polí­ti­ca hace ese tra­ba­jo: quien no par­ti­ci­pa de algu­na alter­na­ti­va corre el ries­go de morir polí­ti­ca­men­te, al dejar de tener espe­ran­zas en un cam­bio para bien, muer­te que pue­de ser tan terri­ble como care­cer de un dios para el que es y quie­re seguir sien­do cre­yen­te.

10. El clien­te­lis­mo como acción polí­ti­ca pro­duc­to­ra de plus­va­lía polí­ti­ca.

El clien­te­lis­mo es un sis­te­ma de pro­tec­ción y ampa­ro con que los pode­ro­sos patro­ci­nan a quie­nes se aco­gen a ellos a cam­bio de su sumi­sión y de sus ser­vi­cios. Exis­te una rela­ción clien­te­lis­ta entre un fun­cio­na­rio y un sec­tor de la pobla­ción cuan­do aquél con­ce­de favo­res a cam­bio de cier­to apo­yo de éste, gene­ral­men­te, aun­que no exclu­si­va­men­te, elec­to­ral; lo hay tam­bién cuan­do un diri­gen­te polí­ti­co o social reci­be el apo­yo de sus bases a cam­bio de favo­res que les con­ce­de en fun­ción del lugar que ocu­pa en la orga­ni­za­ción.

En ambos casos exis­te el inter­cam­bio desigual que pro­du­ce la rela­ción asi­mé­tri­ca por la que el valor polí­ti­co pro­du­ci­do por la acción de la fuer­za polí­ti­ca (el sec­tor o la base social con­si­de­ra­dos) es apro­pia­do por el pode­ro­so de esta rela­ción diá­di­ca, ya sea diri­gen­te o fun­cio­na­rio, el cual por cier­to no sola­men­te pue­de desem­pe­ñar un pues­to de elec­ción popu­lar sino que pue­de ser de cual­quier otro tipo, e inclu­so no desem­pe­ñar nin­guno ofi­cial, como ocu­rre en el caso del caci­quis­mo, tan­to en el plano de las comu­ni­da­des como en el de los sin­di­ca­tos u orga­ni­za­cio­nes gre­mia­les o de otro tipo. En cual­quie­ra de estos casos esa rela­ción clien­te­lar se da, por par­te del pode­ro­so, en razón de que exis­te una fuer­za polí­ti­ca de la cual es fac­ti­ble extraer plus­va­lía y, de par­te de los posee­do­res de la fuer­za polí­ti­ca, por el inte­rés y la nece­si­dad de obte­ner un deter­mi­na­do bene­fi­cio, aún a cos­ta de ven­der ésta, que, por cier­to pue­de ser la úni­ca pose­sión que tie­ne.

La hay tam­bién cuan­do la rela­ción no es diá­di­ca sino triá­di­ca, por la inter­ven­ción de algún inter­me­dia­rio, caso en el cual éste se apro­pia de par­te de la plus­va­lía, como ya se seña­ló más arri­ba, en el pun­to 5, refe­ren­te a la explo­ta­ción en las dife­ren­tes for­mas en que pue­de desa­rro­llar­se la acción polí­ti­ca. De un lado de la rela­ción se encuen­tra el patrón y del otro los clien­tes, y en medio de ambos los inter­me­dia­rios, vehícu­los del clien­te­lis­mo, per­so­na­jes que se encuen­tran en una situa­ción espe­cial, pues par­ti­ci­pan en las accio­nes polí­ti­cas en una fun­ción que no se limi­ta a su sim­ple eje­cu­ción como uno de entre tan­tos par­ti­ci­pan­tes, sino que va más allá de eso por­que son orga­ni­za­do­res y pla­ni­fi­ca­do­res que orien­tan y con­du­cen a los demás en deter­mi­na­da direc­ción, dan­do un sen­ti­do espe­cí­fi­co a las accio­nes polí­ti­cas al subor­di­nar­las a los obje­ti­vos de los can­di­da­tos, diri­gen­tes, repre­sen­tan­tes o fun­cio­na­rios.

La exis­ten­cia de los inter­me­dia­rios per­mi­te ver que exis­te una cir­cu­la­ción mer­can­til tan­to de las accio­nes polí­ti­cas como de los valo­res pro­du­ci­dos por éstas, así como de la mis­ma fuer­za polí­ti­ca: el papel de tales per­so­na­jes es pre­ci­sa­men­te par­ti­ci­par en esa cir­cu­la­ción, lle­van­do las diver­sas mer­can­cías a sus res­pec­ti­vos con­su­mi­do­res, labor que les per­mi­te que­dar­se con par­te de la plus­va­lía pro­du­ci­da por la fuer­za polí­ti­ca.

Eso con­du­ce, al igual que en la pro­duc­ción eco­nó­mi­ca, a la exis­ten­cia de un sec­tor para­si­ta­rio espe­cí­fi­co, for­ma­do por los inter­me­dia­rios entre pro­duc­to­res y con­su­mi­do­res
de mer­can­cías, para­si­ta­rio en cuan­to a que sin ser pro­duc­to­res de plus­va­lía se apro­pian de par­te de ella.

11. La con­ten­ción del movi­mien­to social como acción pro­duc­to­ra de plus­va­lía polí­ti­ca.

¿Y qué decir acer­ca de lo que ocu­rre cuan­do accio­nes que podrían colo­car a la comu­ni­dad o a los miem­bros de una orga­ni­za­ción en una posi­ción ven­ta­jo­sa se detie­nen o se dejan de hacer a fin de evi­tar la derro­ta del adver­sa­rio? Eso ocu­rrió pre­ci­sa­men­te cuan­do en la gue­rra con­tra la inva­sión nor­te­ame­ri­ca­na de 1847 San­ta Anna, pre­vio acuer­do con los inva­so­res, no uti­li­zó a ple­ni­tud las fuer­zas de que dis­po­nía para la defen­sa del país, situa­ción que se repi­tió en El Sal­va­dor cuan­do, según se dice, Joa­quín Villa­lo­bos dejó de usar recur­sos que esta­ban bajo su man­do en la Ofen­si­va Has­ta el Tope de 1989; igual ocu­rrió des­pués de las elec­cio­nes pre­si­den­cia­les de 1988 con los esfuer­zos de la direc­ción del Fren­te Demo­crá­ti­co Nacio­nal para con­te­ner las pro­tes­tas de sus segui­do­res y man­te­ner­las den­tro del mar­gen de la lega­li­dad.¬¬¬

Ese tipo de even­tos hace nece­sa­ria la con­si­de­ra­ción de que así como exis­ten accio­nes polí­ti­cas posi­ti­vas o acti­vas en el pleno sen­ti­do de la pala­bra, con per­dón por la redun­dan­cia, exis­ten otras a las que pue­de lla­mar­se nega­ti­vas o pasi­vas, que en reali­dad son accio­nes por omi­sión o defec­to de otras accio­nes posi­bles. El pri­me­ro hace refe­ren­cia a las que se rea­li­zan efec­ti­va­men­te, la segun­da a las que sien­do posi­bles y has­ta desea­bles para los intere­ses de los posee­do­res de la fuer­za polí­ti­ca dejan de hacer­se y con ello se bene­fi­cian sus con­trin­can­tes y se per­ju­di­can ellos mis­mos.

No obs­tan­te las dife­ren­cias que entre ellas pue­de haber las accio­nes nega­ti­vas o pasi­vas son tam­bién pro­duc­to­ras de plus­va­lía polí­ti­ca: pro­vo­can una modi­fi­ca­ción de la coyun­tu­ra polí­ti­ca al colo­car al adver­sa­rio en una situa­ción favo­ra­ble, como si la acción polí­ti­ca hubie­se sido rea­li­za­da para él. Y así es en reali­dad, obje­ti­va­men­te, de tal for­ma que es él quien se apro­pia del valor pro­du­ci­do.

Pue­de dedu­cir­se de esto que la con­ten­ción de la acción polí­ti­ca es una acción pro­duc­to­ra de plus­va­lía polí­ti­ca, y pue­de rea­li­zar­se tan­to des­de el cam­po del adver­sa­rio de los posee­do­res de la fuer­za polí­ti­ca como des­de den­tro del mis­mo, o median­te una com­bi­na­ción de ambos esfuer­zos. En cual­quier caso el usu­fruc­tua­rio de la plus­va­lía polí­ti­ca es prin­ci­pal­men­te el adver­sa­rio del movi­mien­to social, aun­que una peque­ña por­ción de ella que­da en manos de quie­nes des­de su inte­rior lo con­tie­nen. Esto pue­de exten­der­se a todo el cam­po de la lucha social en gene­ral y del movi­mien­to social en par­ti­cu­lar.

Nego­cia­do­res, diri­gen­tes opor­tu­nis­tas y agen­tes infil­tra­dos en el movi­mien­to social son per­so­na­jes que rea­li­zan este tipo de accio­nes polí­ti­cas nega­ti­vas y com­par­ten la plus­va­lía con los bene­fi­cia­rios direc­tos. Su acción pue­de ir direc­ta­men­te enca­mi­na­da a la con­ten­ción del movi­mien­to social o a la de algu­nas accio­nes polí­ti­cas en par­ti­cu­lar por­que cuan­do no es posi­ble con­te­ner al movi­mien­to en su con­jun­to pue­de bas­tar con la con­ten­ción de algún tipo de acti­vi­da­des des­vian­do la fuer­za polí­ti­ca hacia la rea­li­za­ción de accio­nes de otro tipo, dife­ren­tes a las que podrían ser más úti­les.

12 La pro­vo­ca­ción como acción polí­ti­ca pro­duc­to­ra de plus­va­lía polí­ti­ca.

Abor­tar accio­nes que de ser exi­to­sas pro­du­ci­rían una modi­fi­ca­ción des­fa­vo­ra­ble de la coyun­tu­ra para los pode­ro­sos, jus­ti­fi­car la repre­sión de un movi­mien­to que va en ascen­so y pone en ries­go el sta­tu quo, o lle­var a una orga­ni­za­ción o un movi­mien­to social par­ti­cu­lar a una situa­ción en la que se faci­li­ta la repre­sión ¿no son aca­so, des­de la posi­ción de los deten­ta­do­res del poder, accio­nes polí­ti­cas alta­men­te valio­sas? Lo son para ellos por­que les pro­du­cen un valor polí­ti­co, pero ¿cuál es su papel res­pec­to de la con­tra­par­te, los per­ju­di­ca­dos?

Aquí se hace nece­sa­rio con­si­de­rar la exis­ten­cia de un tipo de valor
pro­pio de una espe­cie par­ti­cu­lar de accio­nes polí­ti­cas: el valor nega­ti­vo, que es el que tie­ne una acción que modi­fi­ca des­fa­vo­ra­ble­men­te la situa­ción para la par­te que la eje­cu­ta. Este valor es pro­du­ci­do por accio­nes inde­bi­das e injus­ti­fi­ca­bles des­de el pun­to de vis­ta éti­co, o por accio­nes jus­ti­fi­ca­bles des­de cual­quier pun­to de vis­ta pero mal eje­cu­ta­das des­de la ópti­ca de su efec­ti­vi­dad o rea­li­za­das en un momen­to inopor­tuno. La agre­sión con­tra per­so­nas aje­nas al adver­sa­rio; el ensa­ña­mien­to con­tra el enemi­go; la des­truc­ción de ins­ta­la­cio­nes; el lle­var la con­fron­ta­ción ver­bal a los lími­tes en que la auto­ri­dad no ten­ga una sali­da dig­na y sin tomar medi­das que hagan evi­den­te las des­ven­ta­jas del aumen­to de la repre­sión; la agre­sión con­tra fuer­zas que pudie­ran neu­tra­li­zar las agre­sio­nes o dis­mi­nuir su ries­go; con­du­cir a un movi­mien­to legal y pací­fi­co a la con­fron­ta­ción en el bor­de mis­mo de la ile­ga­li­dad. Todas éstas son accio­nes sus­cep­ti­bles de pro­du­cir un valor nega­ti­vo por­que pue­den empeo­rar la situa­ción de quie­nes las reali­cen. Y es posi­ble que la empeo­ren, ya sea por­que jus­ti­fi­can ante la opi­nión públi­ca la repre­sión con­tra la orga­ni­za­ción o el movi­mien­to social, o por­que dis­mi­nu­yen el espec­tro de las fuer­zas alia­das o neu­tra­les, y con ello con­tri­bu­yen a aumen­tar las posi­bi­li­da­des de la repre­sión.

Estas accio­nes, si se pro­du­cen por fal­ta de visión polí­ti­ca o por mala pla­ni­fi­ca­ción, o por sim­ple irre­fle­xión o refle­xión insu­fi­cien­te, es decir, por sim­ple inca­pa­ci­dad o por un defi­cien­te aná­li­sis o una inco­rrec­ta apre­cia­ción de la situa­ción, pero sin la inten­ción de cau­sar daño a la orga­ni­za­ción o al movi­mien­to, no son más que sim­ples erro­res e insu­fi­cien­cias, pero cuan­do son rea­li­za­das con la inten­ción de per­ju­di­car a la orga­ni­za­ción o al movi­mien­to, enton­ces se está en el caso de accio­nes rea­li­za­das por pro­vo­ca­do­res, es decir, accio­nes de pro­vo­ca­ción, apa­ren­te­men­te pla­nea­das y eje­cu­ta­das des­de el inte­rior de la orga­ni­za­ción o el movi­mien­to, pero ori­gi­na­das en reali­dad en el adver­sa­rio, toda vez que es des­de él que se pla­nean y eje­cu­tan, aun­que sea por inter­me­dio de ele­men­tos incrus­ta­dos en ellos.

Pue­den ocu­rrir tam­bién accio­nes pro­duc­to­ras de valor nega­ti­vo rea­li­za­das de bue­na fe por inte­gran­tes de la orga­ni­za­ción o del movi­mien­to social pero indu­ci­das por ele­men­tos del adver­sa­rio incrus­ta­dos en su inte­rior con el obje­to de lle­var a la orga­ni­za­ción o al movi­mien­to a la rea­li­za­ción de actos que habrán de ser­le des­fa­vo­ra­bles. Cuan­do eso suce­de se tra­ta de accio­nes rea­li­za­das al influ­jo de pro­vo­ca­do­res, de mane­ra que quie­nes las eje­cu­tan están cum­plien­do los desig­nios del adver­sa­rio, pese a que cre­ye­ran favo­re­cer a la orga­ni­za­ción o movi­mien­to en el que par­ti­ci­pan.

En ambos casos las accio­nes polí­ti­cas tie­nen valor nega­ti­vo para la par­te que apa­re­ce ante la opi­nión públi­ca como su eje­cu­to­ra, sin impor­tar si en reali­dad ella lo hizo o no, en tan­to que poseen valor posi­ti­vo para la que las pla­neó.

Esa es la pro­vo­ca­ción: una acción polí­ti­ca enca­mi­na­da a jus­ti­fi­car ante el públi­co una reac­ción pro­pia, ya pre­pa­ra­da con ante­la­ción, por medio de la induc­ción en el adver­sa­rio de una acción que le será per­ju­di­cial o de la inter­ven­ción de agen­tes pro­vo­ca­do­res que por sí mis­mos eje­cu­tan una acción polí­ti­ca de esas carac­te­rís­ti­cas. En cual­quier caso, la pro­vo­ca­ción es una acción polí­ti­ca y como tal es pro­duc­to­ra de plus­va­lía polí­ti­ca.

13. La posi­bi­li­dad en Méxi­co de una polí­ti­ca sin explo­ta­ción.

¿Se pue­de en Méxi­co rea­li­zar una polí­ti­ca sin el inter­cam­bio desigual que pre­su­po­ne la explo­ta­ción polí­ti­ca?

Como ya se dijo más arri­ba en el pun­to ocho, sí es con­ce­bi­ble una polí­ti­ca de esa natu­ra­le­za, a lo que habría que agre­gar que esto pue­de ocu­rrir sola­men­te des­de la izquier­da, ya que su bús­que­da des­de la dere­cha impli­ca­ría una con­tra­dic­ción lógi­ca irre­so­lu­ble: el cese de la explo­ta­ción polí­ti­ca pon­dría en ries­go la explo­ta­ción eco­nó­mi­ca.

Des­de la izquier­da,
efec­ti­va­men­te, pero si de Méxi­co, en las actua­les cir­cuns­tan­cias y del ámbi­to elec­to­ral se tra­ta, habría que pun­tua­li­zar que la polí­ti­ca elec­to­ral está tan impreg­na­da de inter­cam­bio desigual que es prác­ti­ca­men­te impen­sa­ble en el cor­to pla­zo una modi­fi­ca­ción con­du­cen­te a la eli­mi­na­ción de la explo­ta­ción. Por el con­tra­rio, en la medi­da en que se ha vis­to aumen­tar las posi­bi­li­da­des de un triun­fo elec­to­ral de la izquier­da, o de lo que así se ha dado en lla­mar, y tam­bién en pro­por­ción direc­ta con el acce­so que han teni­do sus diri­gen­tes y cua­dros medios a pues­tos públi­cos o de repre­sen­ta­ción popu­lar, no sola­men­te se ha mani­fes­ta­do una iner­cia que con­du­ce a la con­ti­nua­ción de la explo­ta­ción, sino que ésta se ha hecho para ellos cada vez más nece­sa­ria, tan­to que ha lle­ga­do a con­ver­tir­se en un fac­tor indis­pen­sa­ble para su exis­ten­cia, en un ele­men­to del cual no pue­den ya pres­cin­dir: sin la plus­va­lía extraí­da no son prác­ti­ca­men­te nada, no pue­den ya sub­sis­tir con su for­ma para­si­ta­ria de vida, sobre­vi­vien­do a cos­ta de la plus­va­lía extraí­da de la pobla­ción o cuan­do menos de sus bases. Ser o no ser es su dile­ma, y ellos, has­ta don­de se ha vis­to, han deci­di­do ser, aún a cos­ta de con­ver­tir­se de for­ma per­ma­nen­te en unos más de los bur­gue­ses de la polí­ti­ca.

Sín­to­ma de ese esta­do de cosas son los mala­ba­res que hacen algu­nos de los diri­gen­tes de esos par­ti­dos al pasar de uno u otro de los extre­mos del espec­tro polí­ti­co con tal de no pere­cer, como lo es tam­bién que los par­ti­dos acep­tan a cual­quier per­so­na como su can­di­da­to, sin impor­tar su ideo­lo­gía o sus prin­ci­pios o fal­ta de ellos, con tal de ganar una posi­ción polí­ti­ca, o que repre­sen­tan­tes del neo­li­be­ra­lis­mo se hagan diri­gen­tes de par­ti­dos de dis­cur­so anti­neo­li­be­ral o que gobier­nos auto­de­fi­ni­dos de izquier­da repri­man al movi­mien­to social mucho más ruda­men­te que los de dere­cha.

Los par­ti­dos que han deci­di­do jugar en el terreno del adver­sa­rio han debi­do some­ter­se a sus reglas, las cua­les pre­su­po­nen el inter­cam­bio desigual. Por eso des­de ese momen­to cada vez les resul­ta más difí­cil dejar de ser cau­ti­vos del sis­te­ma que a su vez repro­du­cen y con el que hacen cau­ti­vos a quie­nes le ceden la plus­va­lía que pro­du­cen. Con su acción, a pesar de sus mani­fes­ta­das inten­cio­nes libe­ra­do­ras, se empan­ta­nan pro­gre­si­va­men­te en ese mun­do y al mis­mo tiem­po que se bene­fi­cian de la explo­ta­ción de la pobla­ción con­tri­bu­yen a eter­ni­zar­la.

En esas con­di­cio­nes es evi­den­te la difi­cul­tad para que des­de la lucha elec­to­ral se haga polí­ti­ca sin explo­ta­ción: nada fácil es creer que los par­ti­dos que actual­men­te desa­rro­llan esa for­ma de lucha deseen ser un dis­po­si­ti­vo de auto­des­truc­ción, pues el cam­bio hacia una polí­ti­ca sin explo­ta­ción pue­de lograr­se sola­men­te des­de una rup­tu­ra sis­té­mi­ca, des­de un movi­mien­to social que nie­gue por prin­ci­pio y des­de el prin­ci­pio cual­quier extrac­ción de plus­va­lía.

14. Libe­ra­ción y explo­ta­ción polí­ti­ca.

Si se habla­ra exclu­si­va­men­te de la explo­ta­ción polí­ti­ca y se le mira­ra como un ente ais­la­do del con­tex­to social, la libe­ra­ción impli­ca­ría no más que lo ya seña­la­do en el pun­to sie­te, pero pue­de abar­car mucho más si se toma en cuen­ta que se encuen­tra en el pun­to pre­ci­so de con­fluen­cia de la desigual­dad y del domi­nio, ya que tie­ne que ver con la dis­tri­bu­ción de una for­ma par­ti­cu­lar de valor (valor polí­ti­co en este caso) y al mis­mo tiem­po con el poder, debi­do a que de algu­na mane­ra es tam­bién una rela­ción de poder espe­cí­fi­ca. A fin de cuen­tas es pro­duc­to­ra de valor polí­ti­co y de domi­nio. Ade­más, se rela­cio­na estre­cha­men­te con la exclu­sión, debi­do a que exis­te un esfuer­zo del sis­te­ma elec­to­ral en su con­jun­to por reti­rar al ciu­da­dano lo más posi­ble de la toma de deci­sio­nes polí­ti­cas y redu­cir­lo a un sim­ple votan­te que tie­ne dere­chos como tal exclu­si­va­men­te en el ins­tan­te pre­ci­so de emi­tir su voto

Esta par­ti­cu­lar posi­ción de la explo­ta­ción polí­ti­ca hace que la libe­ra­ción pue­da con­ce­bir­se sola­men­te en un mar­co que abar­que todos y cada uno de los cam­pos
que son toca­dos por ella, lo que quie­re decir que el pro­ble­ma de la libe­ra­ción res­pec­to de la explo­ta­ción polí­ti­ca pue­de lograr­se sola­men­te a con­di­ción de que sea com­ple­ta y com­pren­da tam­bién la libe­ra­ción de la explo­ta­ción eco­nó­mi­ca, de la opre­sión, y de la exclu­sión.

Esta con­cep­ción de la libe­ra­ción o libe­ra­cio­nes impli­ca una rup­tu­ra radi­cal del sis­te­ma, rup­tu­ra que para ser com­ple­ta debe ser no sola­men­te con lo que de él tene­mos enfren­te, sino tam­bién como lo que de él hay en las filas de las fuer­zas del cam­bio. Esto últi­mo es lo más difí­cil por­que siem­pre es más fácil repe­ler al con­tra­rio cuan­do la línea de defen­sa está bien defi­ni­da que cuan­do ha pene­tra­do ya las líneas inte­rio­res. Esa rup­tu­ra requie­re tan­to de una nue­va pra­xis como de un nue­vo mar­co con­cep­tual que pres­cin­dan lo más posi­ble de accio­nes y tér­mi­nos que lle­ven en sí o pre­su­pon­gan en su desa­rro­llo el de lo que pre­ten­den com­ba­tir, por­que de otra mane­ra nun­ca el cam­bio será posi­ble, al menos no para bien.

Nue­vos con­cep­tos, nue­vos enfo­ques, nue­vos encua­dres se hacen nece­sa­rios al inter­nar­se en terre­nos insu­fi­cien­te­men­te explo­ra­dos toda­vía y en los que no exis­ten cami­nos anda­dos y en los que no bas­ta con la ter­mi­no­lo­gía en uso. Mucho más ocu­rre esto en la lucha social, don­de has­ta el terreno apa­ren­te­men­te cono­ci­do se ha trans­for­ma­do pro­fun­da­men­te en las últi­mas déca­das. Nue­vos sen­ti­dos comu­nes acor­des con la reali­dad con­tem­po­rá­nea y opues­tos a los fal­sos que se pre­ten­de impo­ner des­de el impe­rio, nue­vas for­mas orga­ni­za­ti­vas que eli­mi­nen de sí mis­mas lo que pre­ten­den aba­tir, que recons­tru­yan sobre bases nue­vas, acor­des con las nue­vas situa­cio­nes los teji­dos socia­les debi­li­ta­dos ya por la estra­te­gia de la domi­na­ción de espec­tro com­ple­to, eso se requie­re con carác­ter urgen­te.

En ese enten­di­do, la libe­ra­ción polí­ti­ca, y la libe­ra­ción en los otros ámbi­tos no se logra­rá en tan­to no se recu­pe­re ese poder-hacer o poten­tia del que Hollo­way habla, y se revier­ta esa dia­ria pro­duc­ción del poder-sobre o potes­tas a la que casi toda la socie­dad con­tri­bu­ye re-crean­do su pro­pia subor­di­na­ción. No se logra­rá si no se impli­ca en ella la suje­ti­za­ción de los indi­vi­duos y de las colec­ti­vi­da­des y comu­ni­da­des huma­nas, lo que pue­de con­se­guir­se sola­men­te ter­mi­nan­do radi­cal­men­te con la obje­ti­za­ción en que se basa la explo­ta­ción polí­ti­ca y que le es intrín­se­ca, inse­pa­ra­ble. El ser humano tie­ne que dejar de ser obje­to para poder con­ver­tir­se en suje­to, esa es la inelu­di­ble con­di­ción de su libe­ra­ción, de su eman­ci­pa­ción, o más espe­cí­fi­ca­men­te de sus libe­ra­cio­nes.

El Esta­do, el poder, las cla­ses, los obje­ti­vos, la estra­te­gia, la tác­ti­ca, deben ver­se bajo una nue­va ópti­ca, para detec­tar en ellos los nue­vos aspec­tos y mati­ces que aho­ra es posi­ble per­ci­bir y poder ir más allá de lo que se ha ido has­ta el momen­to pre­sen­te.

Ese nue­vo mar­co con­cep­tual no impli­ca con­si­de­rar, como lo hace Hollo­way, al Esta­do como una for­ma de rela­cio­nes socia­les capi­ta­lis­tas per se, como si cual­quier tipo de Esta­do fue­ra capi­ta­lis­ta o lle­va­ra en sí los gér­me­nes de capi­ta­lis­mo. No si por capi­ta­lis­mo se entien­de un modo deter­mi­na­do de pro­duc­ción en el que se extrae la plus­va­lía eco­nó­mi­ca pro­du­ci­da por la fuer­za de tra­ba­jo con­ver­ti­da en mer­can­cía, por­que enton­ces habría exis­ti­do la pro­duc­ción capi­ta­lis­ta des­de que sur­gió el Esta­do, aun­que sí sería exac­ta su afir­ma­ción si, por una par­te, el con­cep­to “capi­ta­lis­mo” hicie­ra refe­ren­cia exclu­si­va­men­te al capi­ta­lis­mo polí­ti­co, un modo par­ti­cu­lar de rela­ción polí­ti­ca en el que se extrae el plus­va­lor gene­ra­do por la fuer­za polí­ti­ca con­ver­ti­da en mer­can­cía, y si por otra se refi­rie­ra tam­bién exclu­si­va­men­te al Esta­do basa­do en la repre­sen­ta­ción polí­ti­ca fun­da­da en algu­na for­ma de demo­cra­cia, aun­que fue­ra limi­ta­da.

Esto sig­ni­fi­ca que no es el Esta­do en cuan­to tal el que es una for­ma de rela­cio­nes socia­les capi­ta­lis­tas, sino que es la repre­sen­ta­ción polí­ti­ca, cuan­do con­lle­va el inter­cam­bio desigual y la con­si­guien­te explo­ta­ción polí­ti­ca, la que
es una for­ma de rela­ción social capi­ta­lis­ta. Sola­men­te cuan­do un Esta­do se basa pre­do­mi­nan­te­men­te en una repre­sen­ta­ción con esas carac­te­rís­ti­cas, enton­ces sí pue­de decir­se de él que es una for­ma de rela­cio­nes socia­les capi­ta­lis­tas. Esta situa­ción pue­de exten­der­se, como suce­dió en la prác­ti­ca de los paí­ses del lla­ma­do socia­lis­mo real, más allá de la abo­li­ción de la pro­pie­dad pri­va­da de los medios de pro­duc­ción, por­que no se ter­mi­nó con el inter­cam­bio desigual res­pec­to de las rela­cio­nes polí­ti­cas. Eso es hacia delan­te, pero tam­bién hacia atrás se extien­de más allá del sur­gi­mien­to del modo de pro­duc­ción capi­ta­lis­ta, toda vez que en la demo­cra­cia ate­nien­se o en el sena­do romano, al ele­gir­se median­te el voto a los gober­nan­tes o a los inte­gran­tes de ese cuer­po cole­gia­do, se extraía ya des­de ese enton­ces la plus­va­lía gene­ra­da con el voto de los ciu­da­da­nos, aun­que éstos for­ma­ran una mino­ría en la socie­dad, por lo que pue­de decir­se que había capi­ta­lis­mo polí­ti­co en las rela­cio­nes de los ciu­da­da­nos y sus repre­sen­tan­tes, pese a estar incrus­ta­do en medio del escla­vis­mo eco­nó­mi­co.

La repre­sen­ta­ción polí­ti­ca se encuen­tra siem­pre en la raíz de la explo­ta­ción polí­ti­ca capi­ta­lis­ta (de ésta sola­men­te, por­que no hay repre­sen­ta­ción capi­ta­lis­ta en sen­ti­do estric­to cuan­do la fuer­za polí­ti­ca y el valor polí­ti­co no son mer­can­cías, como ocu­rre en la explo­ta­ción polí­ti­ca rea­li­za­da a la mane­ra escla­vis­ta o feu­dal), pero la rela­ción repre­sen­ta­ción y explo­ta­ción capi­ta­lis­ta no es de fusión ni de inse­pa­ra­bi­li­dad, pues no siem­pre que exis­te repre­sen­ta­ción hay for­zo­sa­men­te explo­ta­ción polí­ti­ca capi­ta­lis­ta: hay que reco­no­cer que en los pri­me­ros momen­tos de las revo­lu­cio­nes socia­lis­tas, de las revo­lu­cio­nes bur­gue­sas o del triun­fo de los movi­mien­tos de libe­ra­ción nacio­nal, el inter­cam­bio no ha sido desigual, toda vez que en esas excep­cio­na­les cir­cuns­tan­cias, con el cum­pli­mien­to de las deman­das más urgen­tes del pue­blo, sí se ha rea­li­za­do un inter­cam­bio más o menos equi­ta­ti­vo, y es poco a poco como se ha ido sus­ti­tu­yen­do esa equi­dad por el inter­cam­bio desigual. En esta tóni­ca tam­bién es fácil enten­der que en los pri­me­ros momen­tos del sur­gi­mien­to de muchas orga­ni­za­cio­nes polí­ti­cas, al res­pon­der los diri­gen­tes a las expec­ta­ti­vas y nece­si­da­des gene­ra­das en los inte­gran­tes de dichas orga­ni­za­cio­nes, el inter­cam­bio pue­de ser equi­ta­ti­vo, de ahí el apo­yo irres­tric­to con que cuen­tan en esas con­di­cio­nes. Aquí tam­bién es gene­ral­men­te en for­ma gra­dual como apa­re­ce y se va hacien­do más evi­den­te la desigual­dad del inter­cam­bio, has­ta que lle­ga un momen­to en que con el sur­gi­mien­to de nue­vas nece­si­da­des se hace nece­sa­ria una nue­va repre­sen­ta­ción que en los pri­me­ros momen­tos sí rea­li­za un inter­cam­bio equi­ta­ti­vo, para poco a poco irse con­vir­tien­do en desigual.

Esto no quie­re decir que carez­ca de impor­tan­cia el pro­ble­ma del Esta­do en cuan­to tal, por el con­tra­rio, sabien­do que den­tro de los mis­mos ins­tru­men­tos para el cam­bio pue­de lle­var­se el ger­men que con­ta­mi­na­rá cual­quier nue­va socie­dad que se cons­tru­ya, se hace más nece­sa­rio que nun­ca refle­xio­nar en él con la más amplia y a la vez más pro­fun­da visión que per­mi­te el inter­na­mien­to explo­ra­to­rio y a la vez crí­ti­co y crea­ti­vo en el siem­pre des­co­no­ci­do terreno de la cons­truc­ción de la nue­va socie­dad. La asep­sia y la anti­sep­sia son más nece­sa­rias y urgen­tes cuan­to más se iden­ti­fi­ca la posi­bi­li­dad de con­ta­mi­na­ción, no impor­ta que en algu­nos aspec­tos carez­ca­mos de la cer­te­za en el futu­ro que carac­te­ri­za a quie­nes creen cono­cer lo que éste les depa­ra pero no se cui­dan de man­te­ner en estric­to esta­do de lim­pie­za sus ins­tru­men­tos sin tomar en cuen­ta que éstos son ya par­te de ese futu­ro. La expe­rien­cia de tan­tas revo­lu­cio­nes fra­ca­sa­das pare­cie­ra no haber ser­vi­do de nada.

Lo que sí es indis­cu­ti­ble es la nece­si­dad de con­tem­plar la libe­ra­ción polí­ti­ca como uno de los obje­ti­vos más impor­tan­tes de la lucha popu­lar y de empa­tar­la con las otras libe­ra­cio­nes: de otra mane­ra nada se logra­rá a fin de cuen­tas, ni en una ni en otra, como no se logró nada
dura­de­ro con las expe­rien­cias del socia­lis­mo real. De nada sir­ven los pla­nos de un edi­fi­cio que apa­ren­ta­ba ser per­fec­to, pero que se derrum­bó por com­ple­to, de nada, como no sea para cono­cer lo que no se debe hacer. Lo que se pue­da lograr se hará cons­tru­yen­do al mis­mo tiem­po que se cono­ce. Des­pués de todo cier­to gra­do de incer­ti­dum­bre es mejor que la cer­te­za del des­plo­me.

Jaco­bo Sil­va Noga­les.
2 de febre­ro de 2010.
Ciu­dad de Méxi­co.
agaleanovenas@gmail.com
http://jacobosilvanog.blogspot.com

 

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