Primera prioridad” o el hilo negro

En segun­do lugar, por que en los tres años que Cal­de­rón lle­va al fren­te del Poder Eje­cu­ti­vo, su agen­da ha teni­do otras prio­ri­da­des y es ape­nas aho­ra, cuan­do la agen­da ori­gi­nal ha fra­ca­sa­do, que “Los Pinos” des­cu­bren algo que ha esta­do ahí des­de siem­pre, como uno de los obs­tácu­los ‑qui­zá el más impor­tan­te y evi­den­te- para que Méxi­co pase, final­men­te, de la socie­dad crea­da como colo­nia de explo­ta­ción a ini­cios del siglo XVI ‑don­de su esen­cia era un ejer­ci­cio del poder que per­mi­tie­ra la explo­ta­ción sis­te­má­ti­ca de los muchos por los muy pocos- a una autén­ti­ca nación moder­na don­de la soli­da­ri­dad social se expre­se obje­ti­va­men­te en polí­ti­cas des­ti­na­das a eli­mi­nar la mar­gi­na­ción y sus duros efectos.

El com­ba­te a la pobre­za como “pri­me­ra prio­ri­dad” ya lo había pro­pues­to en su cam­pa­ña elec­to­ral Andrés Manuel López Obra­dor (AMLO). Sin embar­go, por esa pro­pues­ta, cen­tro de la pla­ta­for­ma polí­ti­ca de la izquier­da, AMLO fue cali­fi­ca­do por la dere­cha como “mesías tro­pi­cal”, como “un peli­gro para Méxi­co” y tra­ta­do en con­se­cuen­cia: impe­dir­le lle­gar a la Pre­si­den­cia “a como die­ra lugar”. Por esa pro­pues­ta, tan sen­sa­ta como fac­ti­ble y útil inclu­so para los intere­ses de la bur­gue­sía ‑una de las razo­nes del éxi­to del pre­si­den­te Luiz Inácio Lula da Sil­va y su país, Bra­sil, es la prio­ri­dad que efec­ti­va­men­te le ha dado al com­ba­te a la pobre­za- toda la dere­cha mexi­ca­na se lan­zó para aplas­tar a AMLO, inclu­so si eso impli­ca­ba des­truir la cre­di­bi­li­dad de aque­llo que ape­nas esta­ba nacien­do: la con­fian­za en las ins­ti­tu­cio­nes electorales.

Por impe­dir el paso a una izquier­da mode­ra­da ‑más cer­ca­na a esa que hoy gobier­na lo mis­mo en Bra­sil, que en El Sal­va­dor o Uru­guay y muy ale­ja­da a la que está en Vene­zue­la- quie­nes apo­ya­ron a Cal­de­rón en 2006 se nega­ron a tran­si­tar por ese camino ya muy pro­ba­do como bené­fi­co. En Espa­ña, por ejem­plo, la demo­cra­cia polí­ti­ca echó raí­ces fuer­tes gra­cias a que la dere­cha y los mili­ta­res fran­quis­tas acep­ta­ron en 1977 entre­gar el poder ‑por­que los elec­to­res así lo decidieron‑, a una dere­cha demo­crá­ti­ca enca­be­za­da por Adol­fo Suá­rez y esta dere­cha, tras capear con éxi­to el inten­to de gol­pe mili­tar de 1981, no se resis­tió a entre­gar­lo a los socia­lis­tas de Feli­pe Gon­zá­lez para que éstos, a su vez, al cabo de años se lo retor­na­ran a la dere­cha de José María Aznar que, a par­tir de la elec­ción de 2004, se vio obli­ga­do a devol­ver­lo a los socia­lis­tas de José Luis Rodrí­guez Zapa­te­ro. Duran­te todos esos cam­bios, nada le pasó a la gran burguesía.

No hay duda, al final del siglo XX, la dere­cha espa­ño­la se sobre­pu­so a sus ins­tin­tos y actuó de mane­ra inte­li­gen­te y hoy tie­ne un país con pro­ble­mas, pero via­ble. La dere­cha mexi­ca­na, en cam­bio, actuó de mane­ra opues­ta y hoy tie­ne entre manos lo que todos tene­mos: un fracaso.

Tras asu­mir el poder vía el “hai­ga sido como hai­ga sido”, Cal­de­rón se pro­pu­so adqui­rir una ima­gen que cua­dra­ra con la visión polí­ti­ca con­ser­va­do­ra: la de un Eje­cu­ti­vo duro, del tipo no non­sen­se. De ahí su deci­sión de (mal) poner­se el uni­for­me de gene­ral de cin­co estre­llas y pro­ce­der a movi­li­zar al ejér­ci­to en una gue­rra con­tra los nar­co­tra­fi­can­tes. Sin embar­go, como el mer­ca­do del nar­co está fue­ra de nues­tras fron­te­ras y sigue sin cam­biar su natu­ra­le­za des­de hace medio siglo, esa acti­vi­dad ilí­ci­ta man­tie­ne sus recur­sos. Las cifras de los eje­cu­ta­dos en la lucha entre y con­tra el nar­co siguen sin aba­tir­se ‑este año ya superó las 5, 207 muer­tes del año pasado (
Refor­ma, “eje­cu­tó­me­tro” 2009)- y la posi­bi­li­dad de éxi­to en este sexe­nio en este rubro es tan baja que ya se ha decla­ra­do impo­si­ble (véa­se al res­pec­to el aná­li­sis de Rubén Agui­lar y Jor­ge G. Cas­ta­ñe­da en El nar­co: la gue­rra falli­da, [Pun­to de Lec­tu­ra, 2009]).

Al fra­ca­so de la lucha con­tra los cár­te­les de la dro­ga se debe agre­gar el que entre 2006 y 2008 la cifra de mexi­ca­nos que pade­cen pobre­za ali­men­ta­ria pasó de 13.8 a 19.5 millo­nes, y la de aqué­llos en con­di­cio­nes de pobre­za de patri­mo­nio pasó de 42.6 millo­nes a 50.6 millo­nes. En tales con­di­cio­nes no es de extra­ñar que hoy el Gobierno desee cam­biar la natu­ra­le­za de su agen­da aun­que ello impli­que adop­tar la de su adver­sa­rio. Aho­ra bien, la gran pre­gun­ta es ¿cómo le va a hacer para crear los empleos y mejo­rar rápi­da­men­te la cali­dad de la edu­ca­ción que los pobres nece­si­tan para salir per­ma­nen­te­men­te de su mise­ria? El pro­gra­ma “Opor­tu­ni­da­des” requie­re mayo­res recur­sos, pero en cual­quier caso sólo sir­ve para paliar los efec­tos de la pobre­za, no para eliminarla.

Es posi­ble, aun­que dudo­so, que una lec­tu­ra a tiem­po del libro de Julie­ta Cam­pos ¿Qué hace­mos con los pobres? La reite­ra­da que­re­lla por la nación, (Agui­lar, 1995) le hubie­ra ayu­da­do a Cal­de­rón y a los suyos a poner el com­ba­te a la pobre­za como “pri­me­ra prio­ri­dad” des­de el ini­cio. Ade­más del cono­ci­mien­to, hace fal­ta la sen­si­bi­li­dad y la volun­tad de ata­car un pro­ble­ma mayúsculo.

Si alguien sigue la tris­te his­to­ria que hace tres lus­tros y en 688 pági­nas narró Julie­ta Cam­pos, se dará cuen­ta, que en 1813 More­los pro­pu­so que el Con­gre­so dic­ta­ra las leyes “que mode­ren la opu­len­cia y la indi­gen­cia”; en la prác­ti­ca eso sig­ni­fi­ca­ba algo ya dicho: que “entre­ga­ran las jus­ti­cias, las tie­rras a los pue­blos para su cul­ti­vo”. La derro­ta de More­los frus­tró ese pri­mer pro­yec­to nacio­nal de redis­tri­buir la riqueza.

Algu­nos libe­ra­les deta­ca­dos se pre­gun­ta­ron, como lo hizo Igna­cio Ramí­rez en octu­bre de 1875 “¿Qué hace­mos con los pobres?” Una res­pues­ta la había dado Pon­ciano Arria­ga en su voto par­ti­cu­lar sobre el artícu­lo 27 de la Cons­ti­tu­ción: poner en prác­ti­ca lo suge­ri­do por More­los pues “Mien­tras pocos indi­vi­duos están en pose­sión de inmen­sos e incul­tos terre­nos… un pue­blo nume­ro­so… gime en la más horren­da pobre­za, sin pro­pie­dad, sin hogar, sin indus­tria, ni trabajo…”

Tras el esta­lli­do de la Revo­lu­ción Mexi­ca­na, el pro­yec­to de ley agra­ria de los zapa­tis­tas redac­ta­da por Manuel Pala­fox en octu­bre de 1915, seña­ló: “La Nación reco­no­ce el dere­cho indis­cu­ti­ble que asis­te a todo mexi­cano para poseer y cul­ti­var una exten­sión de terreno” de ahí el dere­cho a expro­piar “todas las tie­rras del país”. Los pasos siguien­tes fue­ron el artícu­lo 27 de la Cons­ti­tu­ción de 1917 y la gran refor­ma agra­ria que empren­dió Láza­ro Cár­de­nas en su sexe­nio (1934–1940).

Siglo y cuar­to des­pués de haber for­mu­la­do More­los su pro­pues­ta agra­ria, Cár­de­nas la lle­va­ría a la prác­ti­ca, pero ya era tar­de. Jus­ta­men­te enton­ces Méxi­co empe­zó a indus­tria­li­zar­se, a urba­ni­zar­se y la tie­rra ‑la acti­vi­dad agrí­co­la y gana­de­ra- dejó de ser el motor de la eco­no­mía. La Revo­lu­ción había pri­vi­le­gia­do a los sin­di­ca­tos, pero ni enton­ces ni aho­ra esas cor­po­ra­cio­nes cobi­ja­ron a la mayo­ría de los tra­ba­ja­do­res. La nue­va con­cen­tra­ción de la rique­za tuvo poco que ver ya con lati­fun­dis­tas y mucho con indus­tria­les, ban­que­ros, comer­cian­tes, espe­cu­la­do­res urba­nos, etcé­te­ra. La “aris­to­cra­cia sin­di­cal” más o menos man­tu­vo lo gana­do, pero
el grue­so de los mexi­ca­nos que­dó des­pro­te­gi­do, espe­cial­men­te cuan­do des­apa­re­ció el “desa­rro­llo esta­bi­li­za­dor” y lle­gó la ola glo­ba­li­za­do­ra, que redu­jo al míni­mo la capa­ci­dad ‑y la volun­tad- del Esta­do para redis­tri­buir el ingre­so y pro­te­ger a las mayo­rías. El resul­ta­do lo vemos aho­ra: el 20% más afor­tu­na­do de los mexi­ca­nos dis­po­ne del 59.1% del ingre­so en tan­to el 20% más des­afor­tu­na­do tie­ne que arre­glár­se­las con el 3.1%, (The Eco­no­mist Inte­lli­gen­ce Unite).Entre mayor es el núme­ro de mar­gi­na­dos, menor es la esen­cia de Méxi­co como comu­ni­dad nacio­nal y mayor el peli­gro de vivir en una socie­dad falli­da. Pri­me­ro los pobres debió y debe ser, la razón de nues­tro esfuer­zo político. 

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