Amores Perros

Véa­se el caso de la “Ciu­dad de Van­guar­dia” o sea, del DF. Igual, la cifra mas con­ser­va­do­ra habla de que exis­ten al menos, tres millo­nes de perros y que, de ellos, un millón deam­bu­la por las calles, es decir, no tie­nen due­ño ni quien se haga car­go de ellos. ¿Se ima­gi­nan? Y el dato cre­ce cada día pues se cal­cu­la que cada 24 horas nacen 128 mil perros. Die­cio­cho mil de ellos, son aban­do­na­dos a su suer­te. Esto, por un lado.

Por otro, si cada perro defe­ca el equi­va­len­te a 250 gra­mos de mate­ria por día, sig­ni­fi­ca que hay, rega­das por las calles, 250 tone­la­das de mate­ria fecal cada día…del millón de perros calle­je­ros. Pero como son excep­cio­na­les los pro­pie­ta­rios de canes que les reco­gen sus heces, pode­mos afir­mar que en reali­dad, son 750 las tone­la­das de mate­ria fecal que, por día, están expues­tas al aire libre. O sea, los capi­ta­li­nos a dia­rio res­pi­ra­mos caca de perro (y de gato). Eso agra­va la con­ta­mi­na­ción ambien­tal. Y que no se bur­len quie­nes habi­tan otras gran­des ciu­da­des, eh, por­que pro­por­cio­nal­men­te pade­cen lo mismo.

Y eso sin tomar en cuen­ta que, al día se sacri­fi­can en el DF a unos 14 mil perros y sus cadá­ve­res no se entie­rran ni se inci­ne­ran sino se tiran en los basu­re­ros de la ciudad.

Pién­se­se en el daño cau­sa­do en la salud de los seres huma­nos, por esa situa­ción. Hay muchas enfer­me­da­des oca­sio­na­das por el con­tac­to con ese tipo de ani­ma­les (las que oca­sio­nan los gatos, son otra his­to­ria). Al menos exis­ten unas vein­te enfer­me­da­des que afec­tan los apa­ra­tos res­pi­ra­to­rio, diges­ti­vo, cir­cu­la­to­rio y has­ta la piel, y la mis­ma per­so­na­li­dad, de los seres huma­nos: para­si­to­sis, sal­mo­ne­lla, dia­rrea, tifoi­dea, aler­gias, rabia, infar­tos, enfer­me­da­des del híga­do, enfer­me­da­des que tie­nen que ver con des­equi­li­brios emo­cio­na­les, etc.

Y aho­ra esa situa­ción, no tan recien­te digo yo, que es el ries­go de morir mor­di­do y devo­ra­do por perros. La sus­pi­ca­cia, se pue­de decir con­gé­ni­ta, del mexi­cano, movió a pen­sar a muchos que lo suce­di­do en la Dele­ga­ción Izta­pa­la­pa, del 15 de diciem­bre al 4 de enero pasa­dos, es decir, las cin­co per­so­nas encon­tra­das muer­tas a cau­sa de mor­di­das de perros, era una men­ti­ra mas de las auto­ri­da­des. Pero no fue así, como demos­tra­ron en su momen­to los peri­tos en la mate­ria. Ade­más, la her­ma­na de una de las víc­ti­mas, decla­ró que ésta le había lla­ma­do por su telé­fono celu­lar para decir­le “muy asus­ta­da que a ella y a su novio los esta­ban ata­can­do unos perros…y que le col­gó pues no le cre­yó pues era muy bromista”.

Otro hecho poco difun­di­do en los medios, es que en el Cerro de la Estre­lla (lo conoz­co pues habi­to cer­ca y lo subo corrien­do una vez cada sema­na) no sola­men­te es común, como en la mayo­ría de los par­ques de la ciu­dad – creo que la excep­ción se da en los Vive­ros de Coyoa­cán y en el Bos­que de Tlal­pan – que haya muchos perros calle­je­ros y muchos mas que son lle­va­dos por sus due­ños a pasear (léa­se defe­car), sino que tam­bién se orga­ni­zan peleas de perros clan­des­ti­nas, con canes entre­na­dos para ello, para apos­tar dine­ro, como aún se hace con las peleas de gallos. ¿Y si alguno o algu­nos de esos perros, se esca­pó? Si usted, esti­ma­do lec­tor (a), mira alguno de esos perros, esta­rá de acuer­do en que sí son capa­ces de matar a una o mas per­so­nas. Este mal ejem­plo cun­dió, hay que decir­lo, a raíz  de la exhi­bi­ción de la afa­ma­da pelí­cu­la “Amo­res Perros”, ¿se acuer­dan de ella?

Así que oja­la la muer­te de esas cin­co per­so­nas por mor­di­da de perro, no que­de impu­ne y que la movi­li­za­ción mediá­ti­ca y de las auto­ri­da­des capi­ta­li­nas, no se con­vier­ta en una mera anéc­do­ta y se tomen medi­das efec­ti­vas para ata­car el pro­ble­ma de fon­do, que es un pro­ble­ma de salud públi­ca y de ries­go mor­tal para mucha gen­te. Se requie­re, enton­ces, una cam­pa­ña per­ma­nen­te de vacu­na­ción, des­pa­ra­si­ta­ción y este­ri­li­za­ción de canes; se requie­re una vigi­lan­cia per­ma­nen­te para evi­tar las peleas de perros y el con­se­cuen­te entre­na­mien­to de esos ani­ma­les para matar y, sobre todo, se nece­si­ta pro­mo­ver la con­cien­ti­za­ción de todos, sobre el gran pro­ble­ma que
repre­sen­ta la exis­ten­cia y aban­dono a su suer­te, de tan­to perro en las ciudades.

A ver si un día, ocu­rre en Méxi­co, lo que ví en Irlan­da, o sea, que se cas­ti­gue a quien no se hace res­pon­sa­ble de sus mascotas. 

Noti­tas: Una.- Que hablan­do del DF, las nove­les auto­ri­da­des capi­ta­li­nas han pues­to el gri­to en el cie­lo que por­que en un solo fin de sema­na apa­re­cie­ron 22 muer­tos, supues­ta­men­te eje­cu­ta­dos. Como se ve que nun­ca miran las por­ta­das de los dia­rios y revis­tas capi­ta­li­nos, lle­nas de nota roja. Dos.- Que se dice que la capi­tal de Vene­zue­la ya no es Cara­cas sino La Haba­na, ¿Por qué se dirá eso? Tres.- Que este mar­tes 14 de enero, a las 22 horas en el canal 34, se reanu­da el pro­gra­ma La Bás­cu­la, en el que cada sema­na tie­nen la gen­ti­le­za de leer uno de los rela­tos de mi libro “Cuan­do corre­teá­ba­mos uto­pías”. Cua­tro.- Que diver­sas agru­pa­cio­nes, inclui­das las direc­ti­vas del SNTE y del More­na (rara alian­za pues uno de sus líde­res juró odio eterno al otro), están pro­mo­vien­do ampa­ros en con­tra de la lla­ma­da refor­ma edu­ca­ti­va a la que solo le fal­ta la apro­ba­ción de cua­tro Con­gre­sos loca­les para ser váli­da. Cin­co.- Que el domin­go 27 de enero, a las 8 de la maña­na, alre­de­dor de la pis­ta olím­pi­ca de Cano­ta­je, “Vir­gi­lio Uri­be”, de Cue­man­co, Xochi­mil­co, DF, se lle­va al cabo “la Pri­me­ra Carre­ra y Cami­na­ta Anual de 5 Km para prin­ci­pian­tes”. Orga­ni­za “Por el Cam­bio con Dig­ni­dad, AC”. Y que esta­mos invi­ta­dos, para tirar la polilla.

Correo E.  hernandez-jimenez2012@hotmai.com

En sus marcas…

A unas cuan­tas horas, de que sue­ne el bala­zo de sali­da del XXVIII Mara­tón Inter­na­cio­nal de la Ciu­dad de Méxi­co, este 12 de sep­tiem­bre, ya estoy sudan­do pero de ner­vios. Cada año se mue­re un corre­dor ¿y si me toca a mí? Bueno, si eso suce­de, espe­ro que mis cua­tro o cin­co lec­to­res (as), no me extra­ñen y en cam­bio, espe­ra­ría que hagan un esfuer­zo adi­cio­nal para que empie­cen a tirar su poli­lla y vivan feli­ces muchos años.

Pero como aún estoy vivo y sudan­do de ner­vios por mi segun­do gran even­to del año y mi oncea­vo Mara­tón pues les com­par­to mis sen­ti­res y dolo­res. Y es que aún no pue­do olvi­dar lo que me suce­dió la pri­me­ra oca­sión que par­ti­ci­pé en un even­to de estos: Al ter­mi­nar la carre­ra aque­lla, no podía cami­nar y menos subir las ban­que­tas y, mucho menos, ascen­der o des­cen­der por las esca­li­na­tas del Metro; Con muchos esfuer­zos lle­gué a mi coche y no podía abor­dar­lo de tan­to dolor. Lue­go no podía mane­jar­lo. .Me tuvie­ron que ayudar.

Al lle­gar a casa, no podía bajar­me del vehícu­lo. Cuan­do lo hice, tuve que dete­ner­me de las pare­des para no caer mien­tras avan­za­ba hacia mi mora­da. Para col­mo vivo en un pri­mer piso y uste­des no se ima­gi­nan los minu­tos, que se me hicie­ron horas, que me tar­dé en subir vein­ti­cua­tro mugres escalones.

Por fin entré. Me sen­té para qui­tar­me los tenis,  ¡Oh sor­pre­sa! Los dedos de mis pati­tas esta­ban san­gran­do. Y es que ese día había estre­na­do cal­ce­ti­nes y no había recor­ta­do mis uñas lo sufi­cien­te. Qui­se quie­tar­me la pla­ye­ra y se ato­ró con mis pezo­nes: la tela se había pega­do a ellos pues habían san­gra­do. Ni modo, di un jalón y ¡aay! Me qui­té el pants. Fui a bañar­me y ¡oh! Dolor. El bor­de de mi tru­za se había pega­do a mis ingles. Y es que tam­bién había san­gra­do y seco el líqui­do se había pega­do a la tela. Ni modo, otro jalón y más dolor.

Cayó el agua fría sobre mi cuer­po pero las par­tes que habían san­gra­do duran­te la carre­ra, al con­tac­tar con el agua, ardie­ron cual si me apli­ca­ran una tor­tu­ra china.

Ter­mi­né. Me recos­té y …ya no pude levantarme….creo las siguien­tes vein­ti­cua­tro horas. Me movía hacia un cos­ta­do o hacia otro y era igual: todo me dolía. Creo ya no pude ni inge­rir ali­men­tos. Y no pude dor­mir. Por la tar­de y duran­te la noche tuve fiebre. 

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