Aprender del pasado

El pro­yec­to par­tía de una idea cen­tral, la nece­si­dad de cons­truir un ins­tru­men­to de lucha que repre­sen­ta­ra los intere­ses de los tra­ba­ja­do­res manua­les e inte­lec­tua­les, del cam­po y de la ciu­dad; años des­pués Heber­to Cas­ti­llo, aña­di­ría la nece­si­dad de ampliar la con­vo­ca­to­ria a los peque­ños y media­nos empresarios.

En el PMT se rei­vin­di­ca­ría tam­bién la idea de res­ca­tar la his­to­ria de nues­tro país y de dar con­ti­nui­dad a los ejem­plos y pos­tu­la­dos de Miguel Hidal­go, José María More­los y Pavón, Beni­to Juá­rez, Fran­cis­co Villa, Emi­liano Zapa­ta,  Láza­ro Cár­de­nas y todos aque­llos que estu­vie­ron al lado del pue­blo, y se enfren­ta­ron  a “los poderosos”.

En ese pro­ce­so se plan­tea­ba la idea de crear una izquier­da mexi­ca­na, se decía que debía­mos “nacio­na­li­zar la revo­lu­ción”, cuan­do la mayo­ría de los gru­pos, tenían como refe­ren­cia a la Revo­lu­ción Rusa, o Chi­na o la Cuba­na y sus figu­ras eran Marx, Engels, Lenin, Trosky, Mao Tse Tung, o Castro.

Por ello, nues­tro sím­bo­lo era un emble­ma azte­ca que sig­ni­fi­ca­ba unión y movi­mien­to, siem­pre afir­ma­mos que era mejor ser que pare­cer, por ello com­ba­tía­mos el dog­ma­tis­mo, al mis­mo tiem­po que con­vo­ca­ba­mos al estu­dio de nues­tra historia.

Median­te el méto­do de Asam­blea Popu­lar, se reco­rría el país y en las pla­zas públi­cas se lla­ma­ba a afi­liar­se y for­mar par­te de los órga­nos del partido.

La repre­sen­ta­ción a los Con­gre­sos Nacio­na­les, venía des­de los Comi­tés de Base que se cons­ti­tuían en los cen­tros de tra­ba­jo, estu­dio, comu­ni­da­des o colo­nias popu­la­res, no había corrien­tes estruc­tu­ra­das, y se plan­tea­ba la for­ma­ción de un par­ti­do de masas, que inci­die­ra en el movi­mien­to obre­ro, cam­pe­sino y popu­lar, las mino­rías se some­tían al man­da­to de la mayoría.

El Pro­gra­ma del par­ti­do tal vez era ele­men­tal, pero era muy acce­si­ble y sen­ci­llo, se plan­tea­ba que debía ser enten­di­ble para toda la pobla­ción.  Por ello nues­tro len­gua­je con los obre­ros, cam­pe­si­nos, amas de casa debía lograr una bue­na comunicación.

Se impul­sa­ba una bue­na rela­ción con el sec­tor cul­tu­ral del país, músi­cos, cari­ca­tu­ris­tas y tea­tre­ros con­tri­buían a la for­ma­ción de la con­cien­cia, a la denun­cia y a la protesta.

Pero sobre todas las cosas se había logra­do impo­ner una mís­ti­ca de entre­ga y sacri­fi­cio, se daba el tiem­po y dine­ro sin reci­bir nada a cam­bio, el par­ti­do se sos­te­nía de las cuo­tas de sus mili­tan­tes y de los recur­sos que apor­ta­ba Heber­to Castillo.

Ese pro­yec­to dejó de exis­tir tie­ne ya más de vein­te años, la situa­ción polí­ti­ca ha cam­bia­do y de quie­nes con­for­ma­mos esa idea, la mayo­ría cami­na­mos cada quién por su lado, otros han muer­to, pero la mayo­ría, se man­tie­ne en el terreno de la lucha de las  izquier­das,  de aque­llas expe­rien­cias habría que res­ca­tar las cosas posi­ti­vas, sin que le tema­mos a las nos­tal­gias.  Debe­mos saber,  tam­bién,  rei­vin­di­car el pasado. 

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