Autocrítica

 

2) El sec­ta­ris­mo es otro de los males his­tó­ri­cos de la izquier­da mexi­ca­na. Su ori­gen his­tó­ri­co se le pue­de atri­buir a la heren­cia feu­dal ino­cu­la­da duran­te tres siglos de colo­nia­je espa­ñol y dos de colo­nia­je grin­go, lo cual nos ha impe­di­do reco­no­cer­nos y arti­cu­lar­nos como pue­blos lati­no­ame­ri­ca­nos con un mis­mo ori­gen. Y como pue­blo mexi­cano las divi­sio­nes, trai­cio­nes y dela­cio­nes cau­sa­das por el ser­vi­lis­mo al amo o al patrón en turno, nos han derro­ta­do en todos los movi­mien­tos arma­dos ges­ta­dos en nues­tro país.

El sec­ta­ris­mo de la izquier­da tie­ne esta mis­ma cau­sa, la heren­cia feu­dal y colo­nial nos ha impe­di­do rom­per con la men­ta­li­dad de ser­vi­do­res o emplea­dos, sien­do inca­pa­ces de arti­cu­lar pro­yec­tos empren­de­do­res de eman­ci­pa­ción eco­nó­mi­ca, nos hemos guia­do por “nues­tra lucha polí­ti­ca” sin invo­lu­crar­nos en la lucha eman­ci­pa­do­ra de nues­tro espí­ri­tu, ni en el cul­ti­vo de una nue­va cul­tu­ra (Murue­ta) de empren­der la trans­for­ma­ción social de Méxi­co y del mun­do des­de la apro­pia­ción de nues­tra expe­rien­cia his­tó­ri­ca sobre la base de nues­tro esfuer­zo orga­ni­za­ti­vo en todos los ámbi­tos: eco­nó­mi­co, polí­ti­co, social, cul­tu­ral, edu­ca­ti­vo, artís­ti­co, etc.

Actual­men­te, y esto es muy gra­ve, los lla­ma­dos polí­ti­cos de izquier­da han caí­do en la pos­tu­ra ser­vil de los polí­ti­cos de todos los par­ti­dos, de ser­vir a los due­ños del capi­tal con pro­yec­tos mul­ti­mi­llo­na­rios de bene­fi­cio direc­to a empre­sa­rios mexi­ca­nos o extran­je­ros. La indi­fe­ren­cia polí­ti­ca del pue­blo hacia los polí­ti­cos tam­bién inclu­ye a los de la izquier­da. En nada se dife­ren­cian los par­ti­dos de izquier­da de los de dere­cha o cen­tro, el opor­tu­nis­mo y el ser­vi­lis­mo son su divi­sa común. La cla­se polí­ti­ca mexi­ca­na es depre­da­do­ra y vivi­do­ra, las con­ta­das excep­cio­nes, son eso: gar­ban­zos de a libra con poco peso sig­ni­fi­ca­ti­vo en las deci­sio­nes impor­tan­tes y tras­cen­den­ta­les del gobierno mexi­cano. La men­ta­li­dad de emplea­dos del gran capi­tal, diri­ge los pasos vora­ces de los polí­ti­cos mexi­ca­nos, son capa­ces de todo: cam­bian de par­ti­do, de pos­tu­ra, se “pelean” entre ellos, se ven­den al mejor pos­tor, etc., y los de la izquier­da en su abso­lu­ta mayo­ría, siguen los mis­mos pasos. La ambi­ción per­so­nal de los polí­ti­cos de todos los par­ti­dos ofi­cia­les, sal­vo las hon­ro­sas excep­cio­nes, ha suplan­ta­do los prin­ci­pios de defen­sa de la patria y de toda la huma­ni­dad. La idea de la trans­for­ma­ción social bri­lla por su ausen­cia en sus dis­cur­sos y en sus acciones.

La izquier­da mexi­ca­na ofi­cial, con su sec­ta­ris­mo, poco ha hecho por rever­tir el pro­ce­so de des­com­po­si­ción de la cla­se polí­ti­ca mexi­ca­na, por el con­tra­rio, ha incor­po­ra­do en sus accio­nes el cor­po­ra­ti­vis­mo, el clien­te­lis­mo, el pater­na­lis­mo, el aca­rreo, la corrup­ción y todos los males here­da­dos del feu­da­lis­mo y del colo­nia­je espa­ñol y grin­go uti­li­za­dos en nues­tro país por el PRI, el PAN y aho­ra el PRD, el PT, CON­VER­GEN­CIA, etc. con el úni­co fin de con­tro­lar y seguir domi­nan­do todos los ámbi­tos de la vida del pueblo.

El sec­ta­ris­mo impli­ca tam­bién la acti­tud de des­con­fiar del pue­blo y de su poten­cial orga­ni­za­ti­vo. La idea de “sal­var al pue­blo” debie­ra cam­biar­se por la de SAL­VAR­NOS CON EL PUE­BLO. En esta direc­ción, el himno de los comu­nis­tas nos recuer­da nun­ca creer en dio­ses, reyes ni tri­bu­nos, NOSO­TROS MIS­MOS REALI­CE­MOS EL ESFUER­ZO REDENTOR.

3) La incon­sis­ten­cia teó­ri­ca y sus expre­sio­nes: el dog­ma­tis­mo y el cau­di­llis­mo, cons­ti­tu­yen tal vez, el mayor peli­gro de la izquier­da mexi­ca­na para su tras­cen­den­cia his­tó­ri­ca. Los pala­di­nes revo­lu­cio­na­rios como el Che, Villa y Zapa­ta han sido toma­dos como estan­dar­tes y se les ha vene­ra­do sin enri­que­cer sus apor­ta­cio­nes con apli­ca­cio­nes con­cre­tas e inno­va­do­ras. Sim­ple­men­te en Méxi­co hemos sido inca­pa­ces de prac­ti­car “el aná­li­sis con­cre­to de la situa­ción con­cre­ta” (Lenin). La expe­rien­cia teó­ri­ca de Mariá­te­gui en el Perú con­tem­po­rá­neo, está fun­da­men­ta­da en su prác­ti­ca con­cre­ta y en gran­des pen­sa­do­res de todo el mundo,
entre ellos en el filó­so­fo mexi­cano José Vas­con­ce­los. Por el con­tra­rio, la expe­rien­cia teó­ri­ca de la izquier­da mexi­ca­na sigue estan­do mar­ca­da por la ideo­lo­gía feu­dal y colo­nial here­da­da de la colo­nia. Ha nave­ga­do en esa heren­cia retó­ri­ca de la colo­nia, en ese mez­quino deseo de hacer­se del mejor dog­ma y dis­cur­sear sin estu­diar con­cien­zu­da­men­te la com­ple­ji­dad his­tó­ri­ca de la for­ma­ción socio­eco­nó­mi­ca mexi­ca­na, cuya rique­za y com­ple­ji­dad ha supe­ra­do en mucho nues­tro ser crea­ti­vo sin apor­tar al mun­do una teo­ría con­sis­ten­te com­ple­ta y con­gruen­te con nues­tro con­tem­po­ra­nei­dad local y mundial.

Así las cosas, el cau­di­llis­mo y el dog­ma­tis­mo están entre­la­za­dos con el pen­sa­mien­to sin­cré­ti­co de un país emer­gi­do de una espe­cie de mez­cla hete­ro­gé­nea de la vene­ra­ción meso­ame­ri­ca­na por la natu­ra­le­za y de la explo­ta­ción des­me­di­da de los meta­les pre­cio­sos por los con­quis­ta­do­res espa­ño­les. La cruz y la espa­da some­tien­do a san­gre y fue­go todo ves­ti­gio de auten­ti­ci­dad cul­tu­ral y las esca­ra­mu­zas masi­vas con­tra el poder de los con­quis­ta­do­res enca­be­za­das por quie­nes se resis­tían a que­dar domi­na­dos de por vida. De esta lucha sor­da y vio­len­ta emer­gen toda una serie de creen­cias, leyen­das y acti­tu­des en las cua­les se con­ju­gan el mie­do, el cora­je, las ilu­sio­nes y las decep­cio­nes. En lo polí­ti­co se ges­ta una ver­da­de­ra com­ple­ji­dad sin direc­ción pro­pia, una orga­ni­za­ción social acé­fa­la, una cul­tu­ra impreg­na­da de todos los ves­ti­gios, de todos los resa­bios a fuer­za incor­po­ra­dos, de todas las con­fu­sio­nes ver­ti­das en este reci­pien­te cono­ci­do como el “cuerno de la abun­dan­cia”, al cual podían y pue­den seguir saquean­do con la com­pla­cen­cia de todos noso­tros. Todo ello refle­ja en el pen­sa­mien­to una ver­da­de­ra emo­ción por lo todo­po­de­ro­so y bien­he­chor (cau­di­llo), y un impul­so natu­ral por los dog­mas expre­sa­dos en fra­ses rim­bom­ban­tes con las cua­les se hace pre­va­le­cer el rito sobre el sig­ni­fi­ca­do semióti­co, el esce­na­rio sobre el con­te­ni­do sim­bó­li­co de la pala­bra, el chis­me sobre el dolor y la angus­tia, el poder sobre los desvalidos.

Y la izquier­da mexi­ca­na poco o nada ha hecho por reme­diar de raíz toda esta per­ple­ji­dad de nues­tra his­to­ria pre­sen­te y futu­ra. El pasa­do sigue pesan­do como una pesa­di­lla (Marx), como una pesa­da loza de la cual poco o nada se quie­re saber actual­men­te. Sin embar­go, de la mis­ma des­gra­cia emer­ge nues­tra pro­pia sal­va­ción. Nues­tros pue­blos ori­gi­na­rios han pre­va­le­ci­do has­ta nues­tros días y tal vez su sabi­du­ría mile­na­ria los ha colo­ca­do en posi­ción ven­ta­jo­sa en medio de la homo­ge­ni­za­ción y estan­da­ri­za­ción cre­cien­tes a esca­la mun­dial. El Méxi­co Pro­fun­do y sus raí­ces comien­zan su pro­ce­so de emer­gen­cia: la vene­ra­ción se abre camino sobre la explo­ta­ción, la cos­mo­vi­sión meso­ame­ri­ca­na pre­va­le­ce sobre la judeo-cris­tia­na-occi­den­tal, por­que resal­ta el valor de las cosas natu­ra­les el sol, la llu­via, el agua, la tie­rra, sin dar­les un valor cre­ma­tís­ti­co o eco­nó­mi­co. En toda la Amé­ri­ca, des­de Alas­ka has­ta la Pata­go­nia, se expre­san cien­tos de len­guas autóc­to­nas habla­das actual­men­te por cien­tos de pue­blos ori­gi­na­rios y sus varia­das mani­fes­ta­cio­nes cul­tu­ra­les de ali­men­ta­ción, fes­ti­vi­da­des, arte­sa­nías, tec­no­lo­gías pro­pias como la mil­pa con sus varia­dos cul­ti­vos, etc.

En este con­tex­to, el pen­sa­mien­to de la izquier­da pue­de encon­trar en las aguas cla­ras de la mile­na­ria sabi­du­ría meso­ame­ri­ca­na com­bi­na­das con las for­mas filo­só­fi­cas y orga­ni­za­ti­vas de gran­des pen­sa­do­res como Nietz­sche, Grams­ci, Marx, Hegel, Mariá­te­gui, Vas­con­ce­los, entre muchos otros, los esfuer­zos teó­ri­cos para alum­brar la prác­ti­ca a seguir, por­que como plan­tea Murue­ta: “una bue­na teo­ría es lo mejor para poner­se en prác­ti­ca”. Y para ello se requie­re una serie de demos­tra­cio­nes teó­ri­cas y de resul­ta­dos con­cre­tos. Se tra­ta de un lar­go camino por tran­si­tar En este caso se encuen­tran los esfuer­zos de la teo­ría del Socia­lis­mo del Siglo XXI y de la teo­ría de la Pra­xis, ambas sur­gi­das en el Méxi­co de la glo­ba­li­za­ción.
Se requie­re supe­rar la épo­ca de los aya­to­las y las “vacas
sagra­das” con teo­rías con­sis­ten­tes, con­vin­cen­tes y via­bles en la cons­truc­ción de esce­na­rios futu­ros posi­bles y pro­ba­bles par­tien­do de las con­di­cio­ne pre­sen­tes y recon­si­de­ran­do los dife­ren­tes pasa­dos. El cau­di­llis­mo y el dog­ma­tis­mo serán cosas supe­ra­das segu­ra­men­te duran­te los pró­xi­mos cin­co o diez años.

El muro de Ber­lín y las esta­tuas han caí­do, sin embar­go el espí­ri­tu comu­ni­ta­rio, coope­ra­ti­vo, cola­bo­ra­ti­vo, empren­de­dor y trans­for­ma­dor sigue actuan­do en la direc­ción de cons­truir una huma­ni­dad equi­ta­ti­va, crea­do­ra y afec­tuo­sa entre los indi­vi­duos y los colec­ti­vos orga­ni­za­dos emprendedoramente.

El poder de deci­sión se gene­ra de la capa­ci­dad orga­ni­za­ti­va de los mili­tan­tes y de los recur­sos pro­du­ci­dos por su esfuer­zo, com­bi­na­dos con accio­nes empren­de­do­ras en todos los ámbi­tos de la vida huma­na: lo eco­nó­mi­co, polí­ti­co, cul­tu­ral, edu­ca­ti­vo, etc. diri­gi­das a la trans­for­ma­ción de Méxi­co y del mundo.

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