De la ‘sociedad del conocimiento’ a la ‘sociedad del afecto’ en la perspectiva de la Teoría de la Praxis

Así, en rela­ción con la vida social con­tem­po­rá­nea, una con­clu­sión gene­ral a que lle­gan Morin, Ciu­ra­na y Mot­ta (2003) es la siguiente:

En este siglo XXI… es esen­cial para la crea­ción de con­di­cio­nes de posi­bi­li­dad de la emer­gen­cia de una civi­li­za­ción pla­ne­ta­ria… repen­sar el con­cep­to de desa­rro­llo (…) debe con­ce­bir­se de for­ma antro­po­ló­gi­ca… el ver­da­de­ro desa­rro­llo es el desa­rro­llo humano… (y no sólo ‘eco­no­mi­cis­ta’).

La noción de desa­rro­llo es mul­ti­di­men­sio­nal (…) el desa­rro­llo supo­ne la amplia­ción de las auto­no­mías indi­vi­dua­les a la vez que el cre­ci­mien­to de las par­ti­ci­pa­cio­nes comu­ni­ta­rias… Más liber­tad y más comu­ni­dad, más ego y menos egoís­mo (…) es pre­ci­so… tomar con­cien­cia de un fenó­meno cla­ve de la era pla­ne­ta­ria: el sub­de­sa­rro­llo de los desa­rro­lla­dos cre­ce pre­ci­sa­men­te con el desa­rro­llo tec­no­eco­nó­mi­co (…). El sub­de­sa­rro­llo de los desa­rro­lla­dos es un sub­de­sa­rro­llo moral, psí­qui­co e inte­lec­tual… es pre­ci­so ver la mise­ria men­tal de las socie­da­des ricas, la caren­cia de amor de las socie­da­des ahí­tas, la mal­dad y la agre­si­vi­dad mise­ra­ble de los inte­lec­tua­les y uni­ver­si­ta­rios, la pro­li­fe­ra­ción de ideas gene­ra­les vacías y de visio­nes muti­la­das, la pér­di­da de la glo­ba­li­dad, de lo fun­da­men­tal y de la res­pon­sa­bi­li­dad. Hay una mise­ria que no dis­mi­nu­ye con el decre­ci­mien­to de la mise­ria fisio­ló­gi­ca y mate­rial, sino que se acre­cien­ta con la abun­dan­cia y el ocio.  Hay un desa­rro­llo espe­cí­fi­co del sub­de­sa­rro­llo men­tal bajo la pri­ma­cía de la racio­na­li­za­ción, de la espe­cia­li­za­ción, de la cuan­ti­fi­ca­ción, de la abs­trac­ción, de la irres­pon­sa­bi­li­dad, y todo eso sus­ci­ta el desa­rro­llo del sub­de­sa­rro­llo éti­co” (Pp.  127–129).

Para­dó­ji­ca­men­te, dichos auto­res creen inge­nua­men­te que la sali­da a esa “mise­ria moral, psí­qui­ca e inte­lec­tual” que pre­va­le­ce y cre­ce en el mun­do actual depen­de de un volun­ta­rio cam­bio de enfo­que en los paí­ses con mayor poder tec­no­eco­nó­mi­co, median­te una sim­ple toma de con­cien­cia; se man­tie­nen en el enfo­que “racio­na­lis­ta” que han cri­ti­ca­do. Dicen:

Mien­tras se con­ti­núe sien­do men­tal­men­te sub­de­sa­rro­lla­do, se acre­cen­ta­rá el sub­de­sa­rro­llo de los sub­de­sa­rro­lla­dos. La dis­mi­nu­ción de la mise­ria men­tal de los desa­rro­lla­dos per­mi­ti­ría rápi­da­men­te, en nues­tra era cien­tí­fi­ca, resol­ver el pro­ble­ma de la mise­ria mate­rial de los sub­de­sa­rro­lla­dos. Pero es jus­ta­men­te ese desa­rro­llo men­tal el que no logra­mos supe­rar por­que no tene­mos con­cien­cia de él” (Ibíd., p. 131).

Es la tesis clá­si­ca psi­co­ana­lí­ti­ca y psi­co­te­ra­péu­ti­ca de que hacer cons­cien­te lo incons­cien­te es la base de la supera­ción per­so­nal y colec­ti­va. La toma de con­cien­cia, el dar­se cuen­ta, el cono­ci­mien­to, la razón, otra vez como el eje de la vida per­so­nal y de la vida colec­ti­va. Lo mis­mo que se cri­ti­ca a la “moder­ni­dad” y a la “socie­dad occi­den­tal” se asu­me implí­ci­ta­men­te. Así, la pos­mo­der­ni­dad y el enfo­que de la “com­ple­ji­dad” son per­fec­ta­men­te com­pa­ti­bles con la pers­pec­ti­va de “socie­dad del cono­ci­mien­to” pro­pues­ta des­de un enfo­que modernista.

Por ello, ante la fal­ta de con­cep­tos real­men­te alter­na­ti­vos para cons­truir un idea­rio con­gruen­te, los alter­mun­dis­tas no han logra­do defi­nir toda­vía cómo pue­de ser ese otro mun­do posi­ble del que hablan, y de qué mane­ra se pue­de tran­si­tar hacia él. Hay una con­fu­sión y una mez­cla de con­cep­tos poco arti­cu­la­dos, una gran diver­si­dad de opi­nio­nes y ten­den­cias que no han podi­do amal­ga­mar­se de una mane­ra cohe­ren­te; sólo que­da cla­ro el recha­zo a la for­ma actual de vida que pre­va­le­ce en el pla­ne­ta. Hay algu­nos con­cep­tos que uni­fi­can las expec­ta­ti­vas, pero se care­ce de un idea­rio com­par­ti­do que pudie­ra con­vo­car y orien­tar a gran­des movi­mien­tos socia­les, capa­ces de abrir una nue­va era. El con­sen­so ideo­ló­gi­co alter­na­ti­vo pue­de con­cen­trar­se en los siguien­tes puntos:

  1. Equi­dad eco­nó­mi­ca median­te la redis­tri­bu­ción de la rique­za (supera­ción de la pobreza).
  2. Equi­dad entre géneros.
  3. Paz social (no a las guerras).
  4. Desa­rro­llo
    edu­ca­ti­vo y cul­tu­ral de todos.
  5. Cui­da­do de los recur­sos natu­ra­les y de la vida en el planeta.
  6. Res­pe­to e inte­gra­ción de minorías.

Has­ta aho­ra, estos seis pun­tos cons­ti­tu­yen una espe­cie de car­ta de bue­nos deseos. Por eso los lla­ma­dos glo­ba­li­fó­bi­cos mues­tran su deses­pe­ra­ción en las famo­sas pro­tes­tas que rea­li­zan fren­te a cada reu­nión de los pre­si­den­tes de los paí­ses tec­no­po­de­ro­sos; lo que tuvo un momen­to cul­mi­nan­te con el impac­tan­te sui­ci­dio del pre­si­den­te de la Liga Cam­pe­si­na Corea­na, Kyunghai Lee, duran­te la cum­bre de la Orga­ni­za­ción Mun­dial de Comer­cio rea­li­za­da en Can­cún en sep­tiem­bre de 2003. Ni siquie­ra eso ha pro­pi­cia­do la sen­si­bi­li­za­ción, el cam­bio de men­ta­li­dad o la toma de con­cien­cia social de los pre­si­den­tes y polí­ti­cos neoliberales.

De ahí tam­bién la impor­tan­cia de los Foros Socia­les Mun­dia­les rea­li­za­dos cada año des­de 2001:

En 1998 el movi­mien­to nor­te­ame­ri­cano ‘Public Citi­zens’ y el perió­di­co fran­cés ‘Le Mon­de Diplo­ma­ti­que’ divul­ga­ron la pro­pues­ta del Acuer­do Mul­ti­la­te­ral de Inver­sio­nes (AMI) que se esta­ba nego­cian­do secre­ta­men­te en el mar­co de la OCDE. Este acuer­do con­ce­bía la liber­tad total de movi­mien­to de capi­ta­les a nivel mun­dial sin nin­gún tipo de res­tric­ción polí­ti­ca, social o medioam­bien­tal. Era la crea­ción de una ver­da­de­ra ‘Cons­ti­tu­ción’ del capi­tal al mar­gen de la socie­dad. Con­si­guie­ron sen­si­bi­li­zar a la opi­nión públi­ca y  final­men­te Fran­cia aban­do­nó las nego­cia­cio­nes y el tra­ta­do no se firmó.

Des­de enton­ces, don­de los pode­ro­sos del pla­ne­ta se reu­nían a hablar de finan­zas, comer­cio, pobre­za, medioam­bien­te…, comen­za­ron a sur­gir movi­li­za­cio­nes socia­les y foros para­le­los que pro­tes­ta­ban por su cinis­mo e inope­ran­cia fren­te a los pro­ble­mas de la huma­ni­dad. La con­se­cuen­cia inme­dia­ta fue que se for­jó la con­cien­cia sobre la impor­tan­cia de una socie­dad civil mun­dial arti­cu­la­da que lucha­se por glo­ba­li­zar la soli­da­ri­dad y la justicia.

Pero el movi­mien­to por una glo­ba­li­za­ción alter­na­ti­va nece­si­ta­ba pasar de ser un gru­po de des­con­ten­tos a tener una diná­mi­ca más pro­po­si­ti­va y encon­trar otras res­pues­tas a la situa­ción actual y al neo­li­be­ra­lis­mo. Eso lle­vó a plan­tear la rea­li­za­ción en el 2001 de un foro de encuen­tro alter­na­ti­vo y con diná­mi­ca pro­pia al Foro Eco­nó­mi­co que se venía rea­li­zan­do en la ciu­dad de Davós (Sui­za)… El Foro Mun­dial no nació con la inten­ción de ser un ámbi­to deli­be­ra­ti­vo, repre­sen­ta­ti­vo, o un poder alter­na­ti­vo; sino más bien como pun­to de toma de con­tac­to, cono­ci­mien­to, inter­cam­bio de expe­rien­cias y de crea­ción de redes entre los dis­tin­tos movi­mien­tos socia­les que están tra­ba­jan­do en los dis­tin­tos rin­co­nes del pla­ne­ta, bus­can­do demo­cra­ti­zar la eco­no­mía, devol­ver el pro­ta­go­nis­mo a lo humano, y hacer­lo des­de el ámbi­to local de sus pue­blos o ciu­da­des” (Somos mun­do, 2002).

Sin embar­go, los resul­ta­dos alcan­za­dos en esos impor­tan­tes foros se rese­ñan en la siguien­te autocrítica:

Tam­bién se le cri­ti­ca (al Foro orga­ni­za­do) la fal­ta de desa­rro­llo de alter­na­ti­vas con­cre­tas. Se teme que siga sien­do sólo foro de des­con­ten­tos. La gran­dí­si­ma varie­dad de gru­pos y la estruc­tu­ra actual hori­zon­tal pue­den favo­re­cer la incon­cre­ción y dis­per­sión. Pero lo que sí es cier­to es que este Foro ha gene­ra­do un refor­za­mien­to del movi­mien­to soli­da­rio mun­dial. Ini­cia­ti­vas como ésta se están empe­zan­do a dar a nive­les más regio­na­les y loca­les. La nece­si­dad real con­ti­núa: hace fal­ta un cam­bio, este sis­te­ma es insos­te­ni­ble y está lleno de agu­je­ros y… (no) lo pue­den ocul­tar. Es más: intere­sa ese cam­bio” (Ibíd).

En efec­to, hace fal­ta la ela­bo­ra­ción de con­cep­tos y pro­yec­cio­nes que per­mi­tan hil­va­nar alter­na­ti­vas rea­lis­tas, con­cre­tas y efi­ca­ces. En la medi­da en que esos con­cep­tos y pro­yec­cio­nes estén ausen­tes, los movi­mien­tos socia­les tien­den a ser bro­tes de incon­for­mi­dad rela­ti­va­men­te pasa­je­ros. Cuan­do los crí­ti­cos del neo­li­be­ra­lis­mo lle­gan al poder eje­cu­ti­vo y legis­la­ti­vo por la vía elec­to­ral, fácil­men­te caen en prácticas
simi­la­res a las ante­rio­res, con algu­nos mati­ces de sen­si­bi­li­dad social que, en esen­cia, man­tie­nen un enfo­que con­cep­tual muy pare­ci­do al que cri­ti­can. Al menos eso es lo que ha suce­di­do has­ta aho­ra con los gobier­nos “socia­lis­tas” o “de izquier­da” en cada país. El pater­na­lis­mo guber­na­men­tal y la fal­ta de una socie­dad orga­ni­za­da y par­ti­ci­pa­ti­va se man­tie­nen en casi todos los casos; no hay cam­bio social esen­cial, aun­que haya algu­nas medi­das palia­ti­vas de la pobre­za y la inequidad.

Lo que sí pue­de resul­tar una gran nove­dad en esta pri­me­ra par­te del siglo XXI es la posi­bi­li­dad cada vez más cer­ca­na de la uni­fi­ca­ción de Amé­ri­ca Lati­na, cuyo impac­to mun­dial pue­de ser de gran­des dimen­sio­nes en todos los ámbi­tos, cons­ti­tu­yen­do así un pun­to de refe­ren­cia fun­da­men­tal. Por eso urge cons­truir los  mar­cos de refe­ren­cia con­cep­tual que con­tri­bu­yan a dar cau­ces alter­na­ti­vos al desa­rro­llo social y ayu­den al alum­bra­mien­to de esa nue­va etapa.

El pri­mer paso es rom­per la iner­cia del colo­nia­lis­mo inte­lec­tual, espe­cial­men­te en el ámbi­to cien­tí­fi­co.  En el caso de la psi­co­lo­gía, esa es la razón de ser de la Unión Lati­no­ame­ri­ca­na de Enti­da­des de Psi­co­lo­gía (ULAP­SI). Dia­lo­gar con los psi­có­lo­gos y cien­tí­fi­cos de todo el mun­do, espe­cial­men­te con los demás psi­có­lo­gos y cien­tí­fi­cos lati­no­ame­ri­ca­nos. Inter­cam­biar pun­tos de vis­ta, atre­ver­nos a pro­po­ner alter­na­ti­vas teó­ri­cas, prác­ti­cas, meto­do­ló­gi­cas, y pole­mi­zar con fran­que­za y aper­tu­ra. Eli­mi­nar la sumi­sión a auto­res, con­cep­tos y téc­ni­cas; tomar­los como mate­ria pri­ma para pro­du­cir con­cep­tos nuevos.

En este tra­ba­jo, fren­te al pro­yec­to de la “Socie­dad del Cono­ci­mien­to” plan­tea­da por Peter Druc­ker (1999), con­ce­bi­da como la socie­dad post-capi­ta­lis­ta, con base en los avan­ces tec­no­ló­gi­cos de la ciber­né­ti­ca y la lla­ma­da “Era de la infor­ma­ción” pos­tu­la­da por Cas­tells (1999), que­re­mos pro­po­ner el pro­yec­to alter­na­ti­vo de la “Socie­dad del afec­to” para poner énfa­sis pre­ci­sa­men­te en el aspec­to más des­cui­da­do por la vida moder­na y, en gene­ral, por las socie­da­des occi­den­ta­les, el cual –sin embar­go– pare­ce tener su mayor reser­va pre­ci­sa­men­te en Amé­ri­ca Latina. 

Era de la información” y “Sociedad del conocimiento”

En La socie­dad red (1999), como par­te de la Era de la infor­ma­ción, Cas­tells com­pa­ra el posi­ble cam­bio social efec­to de la tec­no­lo­gía infor­má­ti­ca con el impac­to que tuvo en su momen­to la revo­lu­ción indus­trial

Druc­ker (1999) dis­tin­guió la “infor­ma­ción” del “cono­ci­mien­to”, ponien­do énfa­sis en la capa­ci­dad de inter­pre­tar y usar la infor­ma­ción de mane­ra per­ti­nen­te, por lo que con­si­de­ró a “la socie­dad del cono­ci­mien­to” como una aspi­ra­ción a par­tir de la “era de la infor­ma­ción”.  La “socie­dad del cono­ci­mien­to” pro­pues­ta por este autor impli­ca la posi­bi­li­dad de que todos, o al menos la gran mayo­ría de los seres huma­nos, ten­gan “igual­dad” de opor­tu­ni­da­des edu­ca­ti­vas para pro­ce­sar la infor­ma­ción dis­po­ni­ble, “con espí­ri­tu crítico”.

Cas­tells con­si­de­ra que la “Era de la infor­ma­ción” se carac­te­ri­za por estar cen­tra­da en las tec­no­lo­gías digi­ta­les de infor­ma­ción y comu­ni­ca­ción vin­cu­la­das a una estruc­tu­ra social “en red” en los dife­ren­tes aspec­tos de la vida huma­na a nivel pla­ne­ta­rio, abrien­do cau­ce al fenó­meno de la “glo­ba­li­za­ción”. El pro­pio Cas­tells seña­la que éste es un pro­ce­so de trans­for­ma­ción mul­ti­di­men­sio­nal que a la vez es inclu­yen­te y exclu­yen­te en fun­ción de los valo­res e intere­ses domi­nan­tes en cada orga­ni­za­ción social. Sin embar­go, con­si­de­ra que la “socie­dad red” con­lle­va gran­des poten­cia­li­da­des de eman­ci­pa­ción y rela­ti­va “inde­pen­den­cia” den­tro del pro­ce­so de la glo­ba­li­za­ción, en la medi­da en que la infor­ma­ción y la comu­ni­ca­ción pue­den tener diver­sos cau­ces, sin que sean mono­po­li­za­das o con­tro­la­das por un gru­po o cla­se social.

Según Cas­tells (Op. Cit.), los “modos de desa­rro­llo tec­no­ló­gi­co” son dis­po­si­ti­vos a tra­vés de los cua­les el tra­ba­jo actúa sobre la mate­ria para gene­rar pro­duc­to. Cada modo de desa­rro­llo se defi­ne por el ele­men­to que es fun­da­men­tal para fomen­tar la pro­duc­ti­vi­dad en el
pro­ce­so de producción:

  1. En el modo de desa­rro­llo agra­rio la fuen­te del aumen­to del exce­den­te es el resul­ta­do del incre­men­to cuan­ti­ta­ti­vo de mano de obra y recur­sos natu­ra­les (sobre todo tie­rra cul­ti­va­ble) en el pro­ce­so de producción.
  2. En el modo de pro­duc­ción indus­trial, la prin­ci­pal fuen­te de pro­duc­ti­vi­dad es la intro­duc­ción de nue­vas fuen­tes de ener­gía y la capa­ci­dad de des­cen­tra­li­zar su uso duran­te la pro­duc­ción y los pro­ce­sos de circulación.
  3. En el nue­vo modo de desa­rro­llo infor­ma­cio­nal, la fuen­te de la pro­duc­ti­vi­dad es la tec­no­lo­gía para la gene­ra­ción de cono­ci­mien­to, el pro­ce­sa­mien­to de la infor­ma­ción y la comu­ni­ca­ción de símbolos.

El autor acla­ra que el cono­ci­mien­to y la infor­ma­ción son ele­men­tos deci­si­vos en todos los modos de desa­rro­llo, pero lo que es esen­cial en el modo de desa­rro­llo infor­ma­cio­nal es la acción del cono­ci­mien­to sobre sí mis­mo como fuen­te de pro­duc­ti­vi­dad prio­ri­ta­ria. Cada modo de desa­rro­llo posee asi­mis­mo un prin­ci­pio de actua­ción estruc­tu­ral­men­te deter­mi­na­do, alre­de­dor del cual se orga­ni­zan los pro­ce­sos tec­no­ló­gi­cos: el indus­tria­lis­mo se orien­ta hacia el cre­ci­mien­to eco­nó­mi­co; el infor­ma­cio­na­lis­mo se orien­ta hacia el desa­rro­llo tec­no­ló­gi­co, es decir hacia la acu­mu­la­ción de cono­ci­mien­to y hacia gra­dos de com­ple­ji­dad más ele­va­dos en el pro­ce­sa­mien­to de la infor­ma­ción. Si bien, gra­dos más ele­va­dos de cono­ci­mien­to sue­len dar como resul­ta­do gra­dos más ele­va­dos de pro­duc­to por uni­dad de insu­mo, la bús­que­da del cono­ci­mien­to e infor­ma­ción es lo que carac­te­ri­za a la fun­ción de la pro­duc­ción tec­no­ló­gi­ca en el informacionalismo.

En La socie­dad red (1999), Cas­tells ana­li­za el pro­ce­so de glo­ba­li­za­ción que ame­na­za con hacer pres­cin­di­bles a los pue­blos y paí­ses exclui­dos de las redes de la infor­ma­ción. Hace notar cómo, en las “eco­no­mías avan­za­das”, la pro­duc­ción se con­cen­tra en un sec­tor de la pobla­ción edu­ca­do y rela­ti­va­men­te joven, así como con­ci­be que la estruc­tu­ra social ten­de­rá a frag­men­tar­se extre­ma­da­men­te como con­se­cuen­cia de la fle­xi­bi­li­za­ción e indi­vi­dua­li­za­ción del trabajo.

La “socie­dad de la infor­ma­ción” y “la socie­dad del cono­ci­mien­to” con­si­de­ran que la cien­cia y la tec­no­lo­gía, uti­li­za­das racio­nal­men­te, irán solu­cio­nan­do los prin­ci­pa­les pro­ble­mas de la huma­ni­dad. A quie­nes cri­ti­can algu­nos de los usos de la tec­no­lo­gía se les con­si­de­ra como la resis­ten­cia oscu­ran­tis­ta al cam­bio social.

Un nue­vo tipo de capi­tal, el de la infor­ma­ción o el cono­ci­mien­to, supues­ta­men­te impli­ca­rían la supera­ción de la “socie­dad capi­ta­lis­ta” o “socie­dad indus­trial”, con lo cual se entra­ría a una nue­va era de orga­ni­za­ción social sin los sobre­sal­tos y las rup­tu­ras revo­lu­cio­na­rias que acom­pa­ña­ron el ini­cio de la “era industrial”.

Quie­nes se adhie­ren a la idea de la “socie­dad del cono­ci­mien­to” con­vo­can a la edu­ca­ción y actua­li­za­ción per­ma­nen­tes, ante la vorá­gi­ne de la evo­lu­ción tec­no­ló­gi­ca, y sue­len recor­dar que en el mun­do se pro­du­cen una gran can­ti­dad de artícu­los cien­tí­fi­cos cada segun­do, hacien­do notar la gra­ve­dad del “neo­anal­fa­be­tis­mo” de aque­llos que no se mon­ten ple­na­men­te en ese olea­je con­ti­nuo de infor­ma­ción novedosa.

Como par­te de esa ten­den­cia “cono­ci­mien­tis­ta” todo se eva­lúa y se ges­tan están­da­res inter­na­cio­na­les para medir el sub­de­sa­rro­llo y la mar­gi­na­ción; todo es “com­pe­ti­ti­vi­dad”, “com­pe­ten­cia”, “pro­duc­ti­vi­dad”, “tec­no­lo­gía avan­za­da o de pun­ta”, “cali­dad”, “cali­dad total”, “moder­ni­za­ción”.  Todo esto basa­do en la idea de que hay paí­ses muy desa­rro­lla­dos y otros sub­de­sa­rro­lla­dos. Los “desa­rro­lla­dos” supues­ta­men­te son el mode­lo a seguir, por lo cual impo­nen pala­bras, con­cep­tos, están­da­res de eva­lua­ción, esti­los, patro­nes de comportamiento.

La gran aspi­ra­ción de toda­vía muchas per­so­nas en Amé­ri­ca Lati­na (y en otros paí­ses con situa­cio­nes simi­la­res) es tra­tar de que su país se ase­me­je a Esta­dos Uni­dos, a Japón, a Ale­ma­nia o a Espa­ña. Los Tra­ta­dos de Libre Comer­cio  entre paí­ses pobres y paí­ses ricos pre­ten­den anu­lar fron­te­ras para las mer­can­cías  y para el capi­tal, favo­re­cer su
glo­ba­li­za­ción: “que la com­pe­ten­cia sea libre”, “que se anu­len los sub­si­dios de los esta­dos nacio­na­les”. Pero –para­dó­ji­ca­men­te– se pro­po­nen levan­tar más barre­ras para el libre trán­si­to de las personas.

Los paí­ses supues­ta­men­te desa­rro­lla­dos son auto­res de gue­rras injus­ti­fi­ca­das y crue­les. Vio­lan sobe­ra­nías nacio­na­les y dere­chos huma­nos, come­ten frau­des de todo tipo. Tie­nen los índi­ces de vio­len­cia inter­na más altos, así como tam­bién se carac­te­ri­zan por gra­ves pro­ble­mas de salud cor­po­ral y psi­co­ló­gi­ca. Por ejem­plo, a Esta­dos Uni­dos se le con­si­de­ra un país desa­rro­lla­do y a Méxi­co como un país sub­de­sa­rro­lla­do: Pero, a pesar de que la pobla­ción esta­dou­ni­den­se es casi el tri­ple de la pobla­ción mexi­ca­na,  el núme­ro de sui­ci­dios es 15 veces mayor; el núme­ro de asal­tos en Méxi­co es la déci­ma par­te que en Esta­dos Uni­dos, don­de se roban casi 7 auto­mó­vi­les por cada uno de los que se roban en Méxi­co.  Los deli­tos con­tra la salud rela­cio­na­dos con la com­pra­ven­ta de dro­gas, según el pro­pio gobierno esta­dou­ni­den­se, tie­nen una pro­por­ción de 22 a 1 res­pec­to a Méxi­co. Los homi­ci­dios con arma de fue­go en la Unión Ame­ri­ca­na son más del doble que los que ocu­rren en Méxi­co.  Las vio­la­cio­nes sexua­les regis­tra­das en Esta­dos Uni­dos son casi sie­te veces mayo­res a las que se regis­tran en Méxi­co. Las muer­tes de muje­res por cán­cer de seno, así como las muer­tes por infar­to de ambos géne­ros, son 9 veces mayo­res en el país más rico del pla­ne­ta. El 17% de la pobla­ción esta­dou­ni­den­se pade­ce depre­sión pri­ma­ria, más del doble  del 8.4% que repor­tan los estu­dios rea­li­za­dos en Méxi­co (Ver cuadro).

                                               Esta­dos Uni­dos                                           México 

Pobla­ción total                       300,836,000                                      107,000,000

Sui­ci­dios                                 30,484                                               1,955

Asal­tos                                   2,238,480                                           255,179

Robos de auto                        1,147,300                                     &
nbsp;     158,801

Deli­tos contra

La salud (dro­gas prohi­bi­das)  560.1 por cada 100,000                     24.7 por  cada 100,000

Homi­ci­dios con arma

de fue­go                                 8,259                                                  3,589

Vio­la­cio­nes                             89,110                                                13,061

Muer­te por cáncer

de seno en muje­res               Más de 40,000 por año                      4,500 por año            

Dia­be­tes                                 6.3%   a 7%                                      10.9%

Obe­si­dad                                30%                                                  27.7% de muje­res 1999

Muer­te por infar­to                  >325,000 por año y                     35,000

Depre­sión pri­ma­ria                17%                                                  8.4%

Lejos de repre­sen­tar el “desa­rro­llo” humano, Esta­dos Uni­dos y otros paí­ses pode­ro­sos repre­sen­tan la deca­den­cia de la vida huma­na. Hay que evi­tar seguir ese mode­lo. Algo está mal en los con­cep­tos que guían la vida de los
paí­ses “ricos” y des­de den­tro de ellos pare­ce difí­cil que lo pue­dan com­pren­der cabal­men­te. En lugar de aspi­rar a ese tipo de pseu­do­po­der tec­no­ló­gi­co es nece­sa­rio gene­rar otras for­mas de poder autén­ti­co que lo reba­sen y que con­duz­can a la ele­va­ción de la satis­fac­ción de vida de los seres huma­nos. El mes­ti­za­je de Amé­ri­ca Lati­na, sus pro­fun­das raí­ces cul­tu­ra­les, su gran can­ti­dad de recur­sos natu­ra­les y sus gran­des nece­si­da­des socia­les, pue­den ser el cal­do de cul­ti­vo des­de don­de se gene­ren nue­vas posi­bi­li­da­des sociales.

El pro­pio Cas­tells, en El poder de la iden­ti­dad (1999), argu­men­ta sobre la impor­tan­cia de la iden­ti­dad cul­tu­ral, reli­gio­sa y nacio­nal como fuen­te de sig­ni­fi­ca­do para los indi­vi­duos, así como la rele­van­cia de esto en los movi­mien­tos socia­les.  Ante el poder de la infor­ma­ción en la “glo­ba­li­za­ción” tec­no­ló­gi­ca sur­ge otro poder que apro­ve­cha las redes de comu­ni­ca­ción para poten­ciar su impac­to: la iden­ti­dad cul­tu­ral. Ana­li­za el sig­ni­fi­ca­do de las movi­li­za­cio­nes popu­la­res con­tra la glo­ba­li­za­ción, la ges­ta­ción de pro­yec­tos alter­na­ti­vos de orga­ni­za­ción social como los que repre­sen­tan el movi­mien­to eco­lo­gis­ta y el femi­nis­ta, así como con­si­de­ra que el Foro Social Mun­dial ori­gi­na­do en Por­to Ale­gre emer­ge como una de las for­mas más nove­do­sas de orga­ni­za­ción acti­vis­ta glo­bal en red (Castells,2005).

En efec­to, las redes y las nue­vas tec­no­lo­gías cons­ti­tu­yen tam­bién una nue­va posi­bi­li­dad de con­tac­to, com­pren­sión y afec­to entre seres huma­nos. Por las redes cir­cu­lan publi­ci­dad, pro­pa­gan­da y ofen­sas, pero tam­bién es noto­ria la expre­sión de mues­tras de afec­to y soli­da­ri­dad, feli­ci­ta­cio­nes de cum­plea­ños y men­sa­jes fra­ter­nos o amo­ro­sos, así como per­mi­ten com­par­tir ideas,  pro­yec­tos y el desa­rro­llo de orga­ni­za­cio­nes inde­pen­dien­tes y alternativas.

¿Saber es poder?

Con el con­cep­to de “socie­dad del cono­ci­mien­to” se enfa­ti­za la pro­mo­ción de una idea falaz que sur­gió con el capi­ta­lis­mo: “la per­so­na que estu­die y se infor­me ten­drá las mejo­res opor­tu­ni­da­des eco­nó­mi­co-socia­les”. Con la vola­ti­li­dad infor­ma­ti­va, se pue­de esgri­mir siem­pre la excu­sa de que alguien no ha teni­do esas opor­tu­ni­da­des anhe­la­das por­que le fal­ta actua­li­zar­se en tal o cual tema.  Per­se­guir más y más “cono­ci­mien­to” como zanaho­ria inal­can­za­ble. Quien acep­te e incor­po­re esen­cial­men­te los con­cep­tos de Cas­tells y Druc­ker (aun­que no conoz­ca a los auto­res) es espe­ra­ble que ten­ga una vida pro­gre­si­va­men­te des­gas­ta­da, con estrés e irri­ta­bi­li­dad cre­cien­tes y con la dis­mi­nu­ción pro­gre­si­va de espa­cios para la recrea­ción, la char­la, la con­vi­ven­cia. La deso­la­ción pro­gre­si­va y gene­ra­li­za­da, diver­sas for­mas de neu­ro­sis, son el efec­to direc­to de la ideo­lo­gía del cono­ci­mien­to y la infor­ma­ción. Aumen­tos en la vio­len­cia social e intra­fa­mi­liar, dro­ga­dic­ción-nar­co­trá­fi­co, depre­sión y sui­ci­dios son efec­tos lógi­cos que se incor­po­ran para crear un cli­ma cada vez más decadente.

En medio de la “socie­dad de la infor­ma­ción” y la posi­ble “socie­dad del cono­ci­mien­to” cre­ce el recha­zo a la escue­la y al saber. Cada vez más se bus­ca la apa­rien­cia por par­te de docen­tes social­men­te deva­lua­dos y labo­ral­men­te des­gas­ta­dos, pre­sio­na­dos por las eva­lua­cio­nes y la com­pe­ti­ti­vi­dad a que se ven some­ti­dos, lidian­do con esco­la­res con gra­ves lagu­nas for­ma­ti­vas que se han acos­tum­bra­do a obte­ner cali­fi­ca­cio­nes sin que la mayo­ría le encuen­tre sen­ti­do vivo a los supues­tos apren­di­za­jes esco­la­res. Los docen­tes se que­jan cada vez más de la des­mo­ti­va­ción que encuen­tran en sus alumnos.

Saber es poder” es la fra­se que repi­ten una y otra vez quie­nes se adhie­ren a la pers­pec­ti­va de la “socie­dad del cono­ci­mien­to”. Esa fra­se lle­va implí­ci­ta la idea de que es nece­sa­rio saber para evi­tar que­dar­se atra­sa­do y resul­tar mar­gi­na­do; según este pun­to de vis­ta, la pobre­za y la mar­gi­na­ción son pro­duc­to de la igno­ran­cia. Al mis­mo tiem­po, se pro­pa­ga la idea de que “quien sabe más ten­drá más poder”, por lo que hay que com­pe­tir por saber más que los demás y, por
tan­to, cui­dar­se de que otros ten­gan el mis­mo acce­so al cono­ci­mien­to. Hay que ocul­tar la infor­ma­ción para evi­tar ser reba­sa­do. Se pro­mue­ve una com­pe­ten­cia por el saber y por el poder como algo natu­ral e inhe­ren­te a la vida.

Sin embar­go, los posee­do­res de los más “avan­za­dos desa­rro­llos tec­no­ló­gi­cos”, sólo son apa­ren­te­men­te pode­ro­sos, pues no pue­den con­si­go mis­mos. La vio­len­cia, la gue­rra, el some­ti­mien­to de los otros, que sue­len tomar­se como indi­ca­do­res de “poder”, bien ana­li­za­dos resul­tan esen­cial­men­te lo con­tra­rio: “no-poder”. Así como el docen­te auto­ri­ta­rio es el que no logra des­per­tar el inte­rés de sus alum­nos y tie­ne que recu­rrir a ame­na­zas y san­cio­nes para man­te­ner la “dis­ci­pli­na”, la gue­rra y toda expre­sión de vio­len­cia físi­ca cons­ti­tu­ye la con­fe­sión mani­fies­ta de la inca­pa­ci­dad para con­ven­cer: no-poder.

Kant (1785/1980 y 1788/1980) refle­xio­nó acer­ca de la posi­bi­li­dad de que los seres huma­nos lle­ga­ran a la “paz per­pe­tua” si eran capa­ces de usar la razón para desa­rro­llar una vida éti­ca apli­can­do el impe­ra­ti­vo cate­gó­ri­co:

Obra sólo según una máxi­ma tal que pue­das que­rer al mis­mo tiem­po que se tor­ne ley uni­ver­sal” (Kant, 1785/1980; p. 39).

Kant seña­la que sólo se pue­de ser éti­co cuan­do se actúa en fun­ción de la pro­pia razón o lo que él lla­ma “el deber”, superan­do las incli­na­cio­nes. Lo que Kant no pudo enten­der es que si una per­so­na pre­fie­re actuar por deber y no por un deseo espe­cí­fi­co, esto repre­sen­ta tam­bién y nece­sa­ria­men­te otra deter­mi­na­da incli­na­ción, es decir, un fuer­te deseo de actuar racio­nal­men­te y hacer lo debi­do. Es un jue­go de fuer­zas emo­cio­na­les las que defi­nen que una per­so­na haga una u otra cosa y no “el cono­ci­mien­to” for­mal, que en el fon­do y por lo mis­mo es un “cono­ci­mien­to parcial”.

Si una per­so­na cam­bia su mane­ra de actuar en algún aspec­to debi­do a una expli­ca­ción, esto se debe a que ha logra­do pro­du­cir en su diná­mi­ca semióti­ca un sen­ti­mien­to nue­vo que resul­ta de mayor fuer­za que otros sen­ti­mien­tos con­tra­pues­tos o iner­cia­les. Una expli­ca­ción racio­nal pue­de con­tri­buir a ello cuan­do ya exis­ten las con­di­cio­nes emo­cio­na­les que per­mi­tan el efec­to emo­cio­nal posi­ti­vo del con­cep­to expli­ca­do; pero es equi­vo­ca­do supo­ner que las per­so­nas gene­ral­men­te actua­ran de dife­ren­te mane­ra al reci­bir una expli­ca­ción lógi­co-semán­ti­ca. Un alcohó­li­co no deja­rá su adic­ción sólo por enten­der los daños que esa prác­ti­ca le cau­sa. Quie­nes logran supe­rar una adic­ción lo hacen por uno o dos moti­vos: un fuer­te sen­ti­mien­to de mie­do y/o la expe­rien­cia de una gran ale­gría y sere­ni­dad mayor que la logra­da al uti­li­zar la sus­tan­cia tóxi­ca.  Sin embar­go, el temor tie­ne efec­tos cola­te­ra­les inde­sea­bles: inse­gu­ri­dad, inmo­vi­li­dad, estrés, etc.; por lo que para ele­var al mis­mo tiem­po la salud cor­po­ral y la moti­va­ción posi­ti­va de una per­so­na se requie­re que prue­be las satis­fac­cio­nes de haber alcan­za­do metas indi­vi­dua­les y/o colec­ti­vas cuyo valor com­par­te con otros seres huma­nos emo­cio­nal­men­te impor­tan­tes.

Lo mis­mo suce­de con los gru­pos, las orga­ni­za­cio­nes y la socie­dad toda. No cam­bia­rán por sim­ples expli­ca­cio­nes si éstas no se vin­cu­lan a pro­ce­sos viven­cia­les dis­tin­tos que impli­quen la amplia­ción de la vida afec­ti­va y la supera­ción con­ti­nua de retos indi­vi­dua­les y colectivos.

Kant (Op. cit.), Rous­seau (1762/1984) y Hegel (1817/1988) coin­ci­die­ron en con­si­de­rar que la volun­tad colec­ti­va se sin­te­ti­za en el Esta­do demo­crá­ti­co con sus leyes y sus tres pode­res, por lo cual éste cons­ti­tui­ría el camino para alcan­zar el mayor bien­es­tar social. Marx (1844/1962) cues­tio­nó ese con­cep­to al hacer ver que el Esta­do y las leyes son un ins­tru­men­to de poder de unos sobre otros, una dic­ta­du­ra; por lo cual pro­pu­so el con­cep­to de “lucha de cla­ses” como “motor de la his­to­ria”; con­ci­bió que la lucha de los des­po­seí­dos con­tra los posee­do­res, el some­ti­mien­to de los posee­do­res o “dic­ta­du­ra del pro­le­ta­ria­do” (socia­lis­mo), era el camino para lle­gar a la socie­dad “sin cla­ses” en la que el espon­tá­neo inte­rés indi­vi­dual no resul­ta­ra con­tra­pues­to con el inte­rés de la colec­ti­vi­dad, sino más bien
el pun­to de vis­ta colec­ti­vo e indi­vi­dual ten­die­ran a fusio­nar­se (Marx y Engels, 1848/1973).

El “socia­lis­mo real” del siglo XX inter­pre­tó esa idea mar­xis­ta como si se tra­ta­ra de supri­mir la indi­vi­dua­li­dad para some­ter­la a los intere­ses de la colec­ti­vi­dad. Has­ta la fecha, para muchos resul­ta muy difí­cil enten­der la posi­bi­li­dad de que una per­so­na se sien­ta abso­lu­ta­men­te libre y espon­tá­nea coin­ci­dien­do con los intere­ses colec­ti­vos. Esta­mos dema­sia­do acos­tum­bra­dos a lo con­tra­rio. El deber se per­ci­be como opre­sión o auto­con­ten­ción, son pocos los que hacen casi todo lo que se les anto­ja sin afec­tar los intere­ses de otros, por­que lo que les nace espon­tá­nea­men­te es algo tam­bién bueno para los demás. ¿De qué depen­de esta posi­bi­li­dad? ¿Del conocimiento?

Lo afectivo es lo efectivo

Con­tra­ria­men­te a Kant, Nietz­sche (1886/1999) cues­tio­nó la pre­emi­nen­cia de la razón en la vida huma­na, pro­po­nien­do a la “volun­tad de poder” como eje alter­na­ti­vo de la vida.  Cri­ti­ca la medio­cri­dad, deca­den­cia y el nihi­lis­mo de la huma­ni­dad y avi­so­ra la emer­gen­cia de una nue­va espe­cie: el super­hu­mano.  Con­tra el some­ti­mien­to al “deber” con base en la razón pos­tu­la­do por Kant, Nietz­sche con­ci­be al super­hu­mano (1888/2002) como aquel que no se some­te sino a sus pasio­nes y deseos, superan­do la hipo­cre­sía y la medio­cri­dad de los “reba­ños” huma­nos. Por ello, se opo­ne total­men­te a la demo­cra­cia y al cris­tia­nis­mo. Con­vo­ca a quie­nes ten­gan la capa­ci­dad de enten­der­lo a una nue­va for­ma de cono­ci­mien­to no-racio­na­lis­ta, a un inter­cam­bio vital de expe­rien­cias, deseos, aspi­ra­cio­nes, ima­gi­na­cio­nes, etc.

Nietz­sche con­ci­bió “una volun­tad de poder” tan­to en los seres vivos como en la “mate­ria inor­gá­ni­ca”, todo es pro­duc­to del jue­go de fuer­zas o volun­ta­des en la que una tien­de a pre­va­le­cer sobre las otras. El hom­bre y el super­hom­bre, así, son pro­duc­to de la volun­tad de poder y no lo inver­so. La cate­go­ría de super­hom­bre radi­ca en la posi­bi­li­dad de dar un mejor cau­ce a dicha volun­tad; pero acce­der a ese nivel no depen­de de la elec­ción o la deci­sión “cons­cien­te” de una per­so­na. La nue­va espe­cie se for­ja­rá en el pro­ce­so de trans­va­lo­ra­ción de los valo­res, ges­tan­do nue­vos valo­res para hacer­los pre­va­le­cer (Nietzsche,1878/1996).

En la Teo­ría de la pra­xis se reto­ma par­te del pen­sa­mien­to nietz­scheano y su con­vo­ca­to­ria implí­ci­ta a la gran­de­za y a la supera­ción de la medio­cri­dad y la deca­den­cia huma­na. Sin embar­go, el hue­co de la filo­so­fía de Nietz­sche radi­ca en un pun­to que –para­dó­ji­ca­men­te– com­par­te con el cris­tia­nis­mo: una visión indi­vi­dua­lis­ta que no cap­ta con sufi­cien­te cla­ri­dad la mane­ra en que un indi­vi­duo –como dice el pro­pio Nietz­sche (1886/1999)– es “divi­duum”, es decir, que cada per­so­na es sola­men­te la sín­te­sis de afluen­tes his­tó­ri­cos, que en su indi­vi­dua­li­dad inte­gra a los demás a la vez  que ella mis­ma se inser­ta en la his­to­ria de esos otros.

Los hom­bres y muje­res nue­vos sólo pue­den sur­gir de la inte­gra­ción emo­cio­nal con la his­to­ria, con la colec­ti­vi­dad; del “sen­tir como pro­pio lo que le suce­de a otros” y sen­tir que se inser­ta emo­cio­nal­men­te en la vida de los demás (Murue­ta, 1996; Murue­ta, 1999). Este es el sen­ti­mien­to de tras­cen­den­cia que des­pier­ta en cada indi­vi­duo cuan­do sus accio­nes reba­san la bús­que­da de bene­fi­cios uni­per­so­na­les. La tras­cen­den­cia emo­cio­nal es un fac­tor moti­va­cio­nal de gran fuer­za que no ha sido con­si­de­ra­do en las teo­rías de la moti­va­ción por­que los teó­ri­cos sólo han con­ce­bi­do moti­va­cio­nes indi­vi­dua­lis­tas: bio­li­gi­cis­tas (Freud, Skin­ner, Watson, Pavlov, Hull), esque­má­ti­cas (Mas­low) o “cons­cien­tes” (Rogers, Frankl, Fromm).

El camino hacia un mun­do supe­rior al actual pasa por la inten­si­fi­ca­ción de la vida afec­ti­va en las pare­jas, entre los padres y los hijos; por el desa­rro­llo de amis­ta­des pro­fun­das y esta­bles; por la inte­gra­ción emo­cio­nal de los equi­pos de tra­ba­jo; por el víncu­lo emo­cio­nal den­tro de las ins­ti­tu­cio­nes, en cada comu­ni­dad o región, por afi­ni­da­des diver­sas, país por país, entre paí­ses afi­nes y disím­bo­los, en la huma­ni­dad toda. Los víncu­los afec­ti­vos son el úni­co antídoto
real para el abu­so y la corrup­ción; con­for­me se inten­si­fi­ca la vida afec­ti­va gene­ra con­fian­za, segu­ri­dad, sere­ni­dad y entu­sias­mo para impul­sar y com­par­tir pro­yec­tos. Las orga­ni­za­cio­nes polí­ti­cas que pre­ten­dan con­tri­buir al cam­bio social efec­ti­vo para lograr un mun­do fra­terno, podrían poner en pri­mer plano de su acti­vi­dad la cons­truc­ción de orga­ni­za­cio­nes pro­po­si­ti­vas y rea­li­za­do­ras de posi­bi­li­da­des; en lugar de luchar “con­tra” los adver­sa­rios, es nece­sa­rio reba­sar­los, tomar la ini­cia­ti­va y que los con­ser­va­do­res –en su caso– sean los opo­si­to­res a la ges­ta­ción de la nue­va socie­dad que sur­ge pau­la­ti­na­men­te aquí, allá, en todas partes.

Las rela­cio­nes afec­ti­vas cons­ti­tu­yen el ver­da­de­ro poder y el eje de los pro­ce­sos eco­nó­mi­cos. La socie­dad occi­den­tal, el capi­ta­lis­mo y el mode­lo actual de glo­ba­li­za­ción, menos­pre­cian y com­ba­ten el víncu­lo emo­cio­nal, lo con­si­de­ran un peli­gro. Para que el sis­te­ma capi­ta­lis­ta fun­cio­ne se requie­ren meno­res índi­ces de cohe­sión, más imper­so­na­li­dad, con­ce­bir a los demás como medios para extraer­les deter­mi­na­dos bene­fi­cios. Pero hay muchas demos­tra­cio­nes de que un equi­po, un gru­po, un país, cohe­sio­na­do, inte­gra­do emo­cio­nal­men­te, logra nive­les de pro­duc­ti­vi­dad mucho mayo­res que aque­llos en los que cada uno dedi­ca tiem­po y esfuer­zo a cui­dar­se de los demás.

El reto es com­bi­nar orga­ni­za­ción y afec­ti­vi­dad, por­que has­ta aho­ra son aspec­tos apa­ren­te­men­te incom­pa­ti­bles. Quie­nes desa­rro­llan mayor sen­si­bi­li­dad afec­ti­va pue­den caer en la sobre­pro­tec­ción de los otros, en la sobre­rres­pon­sa­bi­li­dad o en la recí­pro­ca depen­den­cia emo­cio­nal, por­que la socie­dad actual prác­ti­ca­men­te no tie­ne edu­ca­ción emo­ti­va, es decir, orga­ni­za­ción emo­ti­va. Casi no se sabe cómo dar cau­ce a los pro­ce­sos emo­cio­na­les y se dejan a la deri­va, sien­do pre­sas fáci­les de intere­sa­dos caza­do­res publi­ci­ta­rios y propagandísticos.

Las teo­rías de las emo­cio­nes y de la afec­ti­vi­dad se mues­tran limi­ta­das en su com­pren­sión de los fenó­me­nos huma­nos actua­les y, espe­cial­men­te, dicen poco sobre cómo pue­den gene­rar­se víncu­los emo­cio­na­les esta­bles, acer­ca de cómo pue­de pro­du­cir­se la amis­tad y cómo pro­fun­di­zar los amo­res filia­les y de pareja.

Como ger­men de la nue­va socie­dad se nece­si­ta gene­rar y desa­rro­llar una “tec­no­lo­gía afec­ti­va” que pro­pi­cie enla­ces pro­gre­si­vos entre quie­nes bus­can la jus­ti­cia, para ele­var su poder de con-vocar a muchos más. El ver­da­de­ro poder no lo da un car­go públi­co ni el dine­ro. El poder en esen­cia sig­ni­fi­ca “poder hacer”. El poder efec­ti­vo de una per­so­na o de un gru­po debe medir­se por su capa­ci­dad de con­vo­ca­to­ria y de orga­ni­zar los varia­dos intere­ses y esfuer­zos de los convocados.

Cuan­tos esfuer­zos actua­les se des­gas­tan por fal­ta de inte­gra­ción afec­ti­va entre los seres huma­nos: hay que “vigi­lar y cas­ti­gar” (Fou­cault, 1996), por­que los otros cons­ti­tu­yen ame­na­zas laten­tes o chi­vos expia­to­rios. Cuán­tas horas de esfuer­zos y vidas huma­nas, se gas­tan en hacer y usar armas, así como sis­te­mas de vigi­lan­cia, de repre­sión y reclu­so­rios. Cuán­tos pro­ble­mas de salud y cuán­tas muer­tes son cau­sa­das por el estrés en las ciu­da­des; cuán­tas pare­jas rotas por la ruti­na y las pre­sio­nes; cuán­tos niños y ado­les­cen­tes cre­cen sin res­pal­do afec­ti­vo sufi­cien­te; cuán­tas ven­gan­zas, repro­ches e insul­tos; cuán­ta mono­to­nía; cuán­tas muer­tes prematuras.

Toca a los artis­tas de todos los géne­ros y a los cien­tí­fi­cos de todas las áreas,  espe­cial­men­te a los psi­có­lo­gos, pro­du­cir los sím­bo­los y téc­ni­cas nece­sa­rios para con­tri­buir a la expan­sión y pro­fun­di­dad de los afec­tos (Grams­ci, 1975). Des­per­tar en muchos el poder para cons­truir un sue­ño colec­ti­vo posi­ble: la socie­dad del afecto.

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Notas

1 List of U.S. sta­tes by popu­la­tion, en.wikipedia.org/wiki.  Octu­bre 2006.

2 Ame­ri­can Can­cer Society. www.cancer.org. Octu­bre 2006

3 Ins­ti­tu­to Nacio­nal de Esta­dís­ti­ca, Geo­gra­fía e Infor­má­ti­ca. www.inegi.gob.mx. Octu­bre 2006.

4 Uni­ted Nations Offi­ce on Drugs and Cri­me, Cen­tre for Inter­na­tio­nal Cri­me. Seventh Uni­ted Nations Sur­vey of Cri­me Tre­nes and Ope­ra­tions  of Cri­mi­nal Jus­ti­ci: period 1998–2000CIA World Fact­book, Decem­ber 2003.

5 Ríos Sen­ción, C. El cán­cer de glán­du­la mama­ria en Méxi­co.  www.geocities.com/HotSprings/Villa/1315/brcamex.htm. Octu­bre 2006.

6 Natio­nal Cen­ter for Chro­nic Disea­se Pre­ven­tion and Health Pro­mo­tion. Dia­be­tes public health resour­ce. Octu­bre 2006. www.cdc.gov/diabetes/faq/research.htm#1

7 Natio­nal Ins­ti­tu­te of Dia­be­tes and Diges­ti­ve and Kid­ney Disea­ses.  Natio­nal dia­be­tes infor­ma­tion clea­ringhou­se.  diabetes.niddk.nih.gov/dm/pubs/statistics/index.htm#7. Octu­bre 2006.

8 El infor­ma­dor. Dia­be­tes, la epi­de­mia silen­cio­sa. www.informador.com.mx/informador/modules/xfsection/article.php?articleid=19951. Octu­bre 2006.


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10 Obe­si­dad. net. La obe­si­dad : una ame­na­za para la huma­ni­dad. www.obesidad.net/spanish2002/default.htm. Octu­bre 2006.

11 Heart Rhytm Foun­da­tion. Sud­den car­diac arrest sta­tis­tics.  http://www.heartrhythmfoundation.org/facts/scd.asp . Octu­bre de 2006. Sta­te-Spe­ci­fic Mor­ta­lity From Sud­den Car­diac Death — Uni­ted Sta­tes, 1999, www.medscape.com; Sut­ter Health. Heart attack. www.sutterhealth.org/about/clinicalinit/ci_heart.html. Octu­bre 2006. 

13 Chá­vez DR, Ramí­rez HJA, Casa­no­va GJM (2003). La car­dio­pa­tía coro­na­ria en Méxi­co y su impor­tan­cia clí­ni­ca, epi­de­mio­ló­gi­ca y pre­ven­ti­va Arch Car­diol Mex; 73(2): 105–114.  www.medigraphic.com/espanol/e‑htms/e‑archi/e‑ac2003/e‑ac03‑2/em-ac032c.htm .

14 Maria, A. Oquen­do, M.D., Ste­ven P. Ellis, Ph.D., Ste­ven Green­wald, M.A., Kevin M. Malo­ne, M.D., Myr­na M. Weiss­man, Ph.D. and J. John Mann, M.D. Eth­nic and Sex Dif­fe­ren­ces in Sui­ci­de Rates Rela­ti­ve to Major Depres­sion in the Uni­ted Sta­tes. Ame­ri­can Jour­nal of Psy­chiatry 158:1652–1658, Octo­ber 2001

15 Ben­jet C, Bor­ges G, Medi­na-Mora ME, Fleiz-Bau­tis­ta C, Zam­brano-Ruiz J. La depre­sión con ini­cio tem­prano: pre­va­len­cia, cur­so natu­ral y laten­cia para bus­car tra­ta­mien­to. Salud Públi­ca Mexi­ca­na 2004; 46:417–424.

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