Debo no niego, ¿pago?

Cier­to. Las dicho­sas tar­je­tas de cré­di­to ban­ca­rias o de tien­das depar­ta­men­ta­les — que duran­te su pri­me­ra épo­ca era repar­ti­das dolo­sa­men­te como si fue­ran volan­tes por todas par­tes, con el fin de atra­par usuarios
incau­tos — des­de hace un buen tiem­po son un dolor de cabe­za para millo­nes de per­so­nas que ya no pue­den pagar ni los intere­ses que les cobran. Están endro­ga­dos de por vida. Viven prác­ti­ca­men­te a escon­di­das ya que al no pagar o no pagar a tiem­po, los ban­que­ros ponen en manos de su área jurí­di­ca o de des­pa­chos par­ti­cu­la­res, el cobro de dichas deu­das y los abo­ga­dos encar­ga­dos de cobrar tra­tan a toda cos­ta de hacer­lo inclu­so embar­gan­do bie­nes de los deudores. 

¿En dón­de está el pro­ble­ma? Una par­te en los intere­ses, en par­ti­cu­lar en los altos intere­ses. Se sabe que en nues­tro país, los ban­cos cobran más que en las nacio­nes en don­de están las sedes y en las nacio­nes lati­no­ame­ri­ca­nas. Otra par­te del pro­ble­ma está en la inge­nui­dad y nece­si­dad de los hoy deudores. 

En cuan­to a la pri­me­ra par­te del pro­ble­ma, los altos intere­ses, es pro­duc­to del papel que tra­di­cio­nal­men­te han juga­do los ban­que­ros en Méxi­co, de ver­da­de­ros agio­tis­tas de la eco­no­mía popu­lar. Pri­va­ti­za­da o nacio­na­li­za­da la ban­ca ha sido la mis­ma, siem­pre lucran­do con la nece­si­dad de la gen­te. Se entien­de que cuan­do hay un prés­ta­mo o un cré­di­to, a cam­bio debe reem­bol­sar­se un inte­rés pero ¿inte­rés sobre inte­rés e intere­ses que se aumen­tan al “gus­to” de los que pres­tan? No debe­ría ser. 

La otra par­te del pro­ble­ma está en la nece­si­dad o los bajos sala­rios que es lo mis­mo, de gran par­te de los mexi­ca­nos. Como no hay dine­ro que alcan­ce, mucha gen­te se aga­rra como deses­pe­ra­da, de las dicho­sas tar­je­tas. A ello se agre­ga la inge­nui­dad con la que acep­tan uti­li­zar las famo­sas tar­je­tas de cré­di­to. Muchas per­so­nas creen que adqui­rien­do esas tar­je­tas están reci­bien­do dine­ro rega­la­do. Ni siquie­ra hacen el esfuer­zo por leer los con­tra­tos leo­ni­nos que están fir­man­do. A muchos los ven­ce la nece­si­dad de “sen­tir­se impor­tan­tes”  al tener y uti­li­zar los plás­ti­cos. Al poco tiem­po apa­re­cen los pro­ble­mas. Y ahí está la Comi­sión Nacio­nal para la Pro­tec­ción y Defen­sa de los Usua­rios de los Ser­vi­cios Finan­cie­ros (CON­DU­SEF), pero como si no estu­vie­ra ya que son excep­cio­na­les los usua­rios que acu­den a pedir apo­yo a dicho órgano.

Se pue­de decir, inclu­so sin nece­si­dad de revi­sar esta­dís­ti­cas, que mer­ced a dichas tar­je­tas, la gen­te vive de pres­ta­do, endeu­da­da. Bas­ta revi­sar la car­te­ra vencida. 

El pro­ble­ma es gra­ve. De par­te de los ban­cos y de las tien­das depar­ta­men­ta­les, dicho pro­ble­ma no tie­ne solu­ción. Ni aun­que lo recla­me don Car­los Slim, con todo el res­pal­do de su toca­yo el Sena­dor  Nava­rre­te quien, en lugar de exi­gir que “le hagan caso a Slim”, debe­ría abo­gar por­que le hagan caso a los endeu­da­dos usua­rios de las dicho­sas tar­je­tas de crédito. 

Más fácil seria que dichos usua­rios obra­ran con sen­ti­do común y de común acuer­do dicien­do y hacien­do: “Debo no nie­go, pago, no ten­go”. Des­pués de todo, con lo que han abo­na­do, ya has­ta deben haber paga­do de más. Si los legis­la­do­res en ver­dad están intere­sa­dos en resol­ver ese gran pro­ble­ma, que res­pal­den  esa espe­cie de mora­to­ria. Y ya. 

Y va otra invi­ta­ción a mis cua­tro o cin­co lec­to­res y lec­to­ras: El jue­ves 18 de diciem­bre, a las 18 horas, en la Libre­ría El Sótano, la ubi­ca­da en M.A. Que­ve­do, en elsur del DF, otro cua­te, Rosa­lío Her­nán­dez Bel­trán, pre­sen­ta su enési­mo libro. Aho­ra es una bio­gra­fía nove­la­da sobre Valen­tín Cam­pa. ¿Vamos? Sale. 

 

Méxi­co D.F. a 10 de diciem­bre del 2009. 

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