Dos de octubre, sí se olvida

Como me gus­tó y con­ven­ció su expli­ca­ción, empe­cé a bus­car esa Revis­ta. Siem­pre que podía, la leía. Sobre todo, bus­ca­ba el tex­to de ese pro­fe­sor, al que le decían inge­nie­ro, y que fir­ma­ba con el nom­bre de Heber­to Castillo.

Con lo que supe de aquel suce­so y lo que leía des­de enton­ces, algo se remo­vió den­tro de mí, pues empe­cé a meter­me en líos que antes no tenia. Me fija­ba en pro­ble­mas que per­ju­di­ca­ban a mis com­pa­ñe­ros de tra­ba­jo y, con ellos bus­ca­ba resol­ver­los. Pasa­ron meses, años y seguí en ese, para mi, nue­vo y emo­cio­nan­te ambiente.

Por moti­vos que nun­ca supe bien, por deba­jo de la puer­ta de la vivien­da que yo habi­ta­ba, empe­zó a apa­re­cer una revis­ta rara, fea, que habla­ba horro­res del gobierno y de ase­si­na­tos y de repre­sio­nes y de cosas que yo no enten­día bien. Pero la leía. Se lla­ma­ba “Made­ra”. Y… Pero esa es otra historia.

A lo que voy es que, creo que algo pare­ci­do a lo que me pasó a mi con el Movi­mien­to Estu­dian­til de 1968, le suce­dió al país.

A mi me cam­bió. A muchos más, miles o millo­nes, tam­bién los cam­bió. Aho­ra razono que al país tam­bién lo cam­bió. Nos cam­bió brus­ca­men­te. Nos despertó.

Y no es que, como por arte de magia o como resul­ta­do de ese solo Movi­mien­to, el país haya cam­bia­do de un día para otro. No.

Pero así como a nivel per­so­nal, pare­cía que nada suce­día; todos lle­vá­ba­mos una vida nor­mal: Que un infan­te como yo, entre miles, tra­ba­ja­ra des­de los 8 años de edad y a par­tir de los 14 tuvie­ra que dejar la escue­la, era una situa­ción nor­mal. Simi­lar situa­ción era la de Méxi­co. En el país y en el mun­do, muchas cosas suce­dían y ni cuen­ta nos dábamos.

Resul­ta que había efer­ves­cen­cia, había repre­sión, inclu­so con ase­si­na­tos polí­ti­cos, y cen­su­ra, y un solo Par­ti­do, el PRI; las opo­si­cio­nes todas, eran per­se­gui­das y aplas­ta­das; una sola voz, la del Pre­si­den­te era la que se escu­cha­ba. En ese enton­ces, los maes­tros, tele­gra­fis­tas, médi­cos, y sobre todo, los tra­ba­ja­do­res ferro­ca­rri­le­ros, recla­ma­ban la liber­tad de sus líde­res, como Deme­trio Valle­jo, como Cam­pa, injus­ta­men­te pre­sos des­de 1959; igual en el cam­po, había incon­for­mi­dad mani­fies­ta. Un diri­gen­te muy cono­ci­do y pres­ti­gia­do, pues había anda­do con Emi­liano Zapa­ta, Rubén Jara­mi­llo, con toda su fami­lia había sido ase­si­na­do en More­los. Se dijo enton­ces que fue por órde­nes del mis­mo Pre­si­den­te Adol­fo López Mateos, ído­lo del actual Presidente. 

Méxi­co era un país muy cerra­do a todo. Has­ta se prohi­bía que en los medios se tras­mi­tie­ra músi­ca en ingles. Qui­zá por ello, las bala­das roc­kan­ro­le­ras crea­das en EU, que can­ta­ban diver­sos gru­pos juve­ni­les, como el de Johnny Labo­riel, el del “Rock del Ange­li­to”, que aca­ba de morir, se tras­mi­tían, todas, en español 

En gran par­te del mun­do, igual, todo se movía y muchas cosas esta­ban cam­bian­do rápi­da­men­te, las cos­tum­bres, la músi­ca, las reglas de urba­ni­dad, el con­cep­to de sexua­li­dad. Los jóve­nes pare­cían insu­bor­di­nar­se a todo. La irre­ve­ren­cia pare­cía un sello en todos noso­tros. Entre gru­pos musi­ca­les como los Beatles, filó­so­fos como Krish­na­mur­ti y Ber­trand Rous­sel, la Yogui Indra Devi, los Hare Krish­nas, Andy Wha­rol, los Hip­pies, Juan Pablo Sar­tre, Simon de Bovai­re, la cha­ma­na Maria Sabi­na y Car­los Cas­ta­ne­da, entre muchos mas, traían de cabe­za a gran par­te de los jóvenes. 

La gue­rra de Viet­nam — con el gran Tío Ho ven­cien­do al Tío Sam -, que era el gran con­flic­to mun­dial, había uni­do a millo­nes de jóve­nes con­tra el gobierno de los EU, en los mis­mos EU y en Euro­pa. La lucha por los dere­chos civi­les, con Mar­tin Luther King y Mal­com X (a cuyo nie­to, recién mata­ron en el DF) a la cabe­za, esta­ba en su apo­geo en los años sesen­tas. La Revo­lu­ción Cuba­na, con Cas­tro, el Ché, y Cami­lo Cien­fue­gos, era triun­fan­te, con pres­ti­gio y como ejem­plo para muchos jóve­nes de aque­lla gene­ra­ción. En las inmen­sas mani­fes­ta­cio­nes ale­ma­nas, ingle­sas, fran­ce­sas, ita­lia­nas, siem­pre apa­re­cía una foto de esos personajes.

Y en Méxi­co, nada pasa­ba, apa­ren­te­men­te. Todo
era nor­mal. Como yo. 

Pero en julio de 1968, una sim­ple bron­ca juve­nil, fue como arro­jar un ceri­llo en paja seca. El plei­to fue entre “Los Ciu­da­de­los” y “Los Ara­ñas”, dos pan­di­llas del rum­bo de la Ciu­da­de­la, en el DF, que invo­lu­cró a estu­dian­tes de la Pre­pa­ra­to­ria “Isaac Ocho­to­re­na” de la UNAM y de la Voca­cio­nal 2 (hoy se lla­man Cecyts) del IPN. Lle­gó la poli­cía pero tra­tó pési­ma­men­te el asun­to pues los uni­for­ma­dos se metie­ron a las escue­las, gol­pean­do a todo el que se halla­ban en su camino, inclu­so pro­fe­so­res. La incon­for­mi­dad estu­dian­til, pro­vo­ca­da por dicha acción, bro­tó, des­or­ga­ni­za­da, incon­cien­te, inge­nua, caó­ti­ca, román­ti­ca, y cre­ció y creció….hasta lo ocu­rri­do el 2 de octu­bre de 1968, con su secue­la de muer­tos y de cien­tos de dete­ni­dos. Aun­que siem­pre se dijo que fue­ron cien­tos los ase­si­na­dos en Tla­te­lol­co, la can­ti­dad exac­ta nun­ca se supo. A par­tir de los 25 años de aquel hecho, un gru­po de par­ti­ci­pan­tes direc­tos, del lado de los estu­dian­tes, pro­mo­vió que en esa pla­za, se colo­ca­ra una pla­ca con los nom­bres de los caí­dos. Hoy, en esa pla­ca apa­re­cen los nom­bres de 34 personas. 

Cuan­do ocu­rrió lo del 2 de Octu­bre — como es lo úni­co que se con­me­mo­ra, es lo que más se recuer­da, y deja fue­ra del aná­li­sis y del recuer­do todo un entorno nacio­nal e inter­na­cio­nal muy intere­san­tes, como si fue­se lo úni­co que ocu­rrió (por eso digo que “el 2 de octu­bre sí se olvi­da”) — el Movi­mien­to iba en decaí­da, pues sus deman­das – Liber­tad a los Pre­sos Polí­ti­cos, des­apa­ri­ción del deli­to de diso­lu­ción social, dero­gan­do los artícu­los 141 y 141 bis del Códi­go Penal, des­apa­ri­ción del cuer­po de gra­na­de­ros, des­ti­tu­ción del Jefe de la Poli­cía capi­ta­li­na, indem­ni­za­ción a las víc­ti­mas -, no tenían eco en el gobierno, y la socie­dad ape­nas empe­za­ba a involucrarse.

Aún así, se lle­va­ron al cabo varias mani­fes­ta­cio­nes, una, según repor­ta­ron los dia­rios, con 600 mil par­ti­ci­pan­tes. Y la del Silen­cio, el 27 de agos­to de aquel año, impre­sio­nan­te por su alto gra­do orga­ni­za­ti­vo. Sin des­ma­nes ni agre­sio­nes a civi­les o poli­cías, por­que – a dife­ren­cia de aho­ra — eran los poli­cías y gra­na­de­ros, los que agre­dían a los estu­dian­tes.  Y eso en una épo­ca – otra dife­ren­cia con el pre­sen­te — en que las úni­cas mani­fes­ta­cio­nes per­mi­ti­das eran las del PRI. Qui­zá por eso y por­que los Jue­gos Olím­pi­cos esta­ban por empe­zar, ocu­rrió el mano­ta­zo de Díaz Ordaz. Y pro­ba­ble­men­te eso fue lo que dio real­ce inter­na­cio­nal a los hechos de Tla­te­lol­co, pues gran par­te de los perio­dis­tas que venía a cubrir esos Jue­gos, ya esta­ban en Méxi­co. Varios fue­ron gol­pea­dos y al menos una de ellas, la ita­lia­na Oria­na Falla­ci, fue heri­da. Por supues­to, repor­ta­ron lo que sin­tie­ron. El escán­da­lo fue mayúscu­lo, des­de la mis­ma inau­gu­ra­ción, ya que el Pre­si­den­te de la Repú­bli­ca, fue abu­chea­do como nun­ca antes, por los asis­ten­tes al Esta­dio Olím­pi­co. Méxi­co des­per­ta­ba y deja­ba de ser “nor­mal”.

El Movi­mien­to como tal lan­gui­de­ció. Entien­do que se fue extin­guien­do. Para diciem­bre esta­ba muer­to. Pero las per­se­cu­cio­nes con­tra los diri­gen­tes mas cono­ci­dos, arre­cia­ron. Cien­tos fue­ron a dar a la cár­cel. Lue­go fue­ron salien­do. Algu­nos fue­ron exi­lia­dos; otros se auto­exi­lia­ron. Muchos se fue­ron a sus casas a con­ti­nuar con su vida nor­mal. Hubo quie­nes fue­ron coop­ta­dos por el régimen.

Pero muchos, tam­bién opta­ron por seguir el camino de la par­ti­ci­pa­ción social, cívi­ca, por dife­ren­tes vías; Unos por la lucha arma­da, bien por­que eran fie­les a sus con­vic­cio­nes y/o por­que daban por sen­ta­do que los cami­nos lega­les esta­ban cerra­dos y que la mejor prue­ba en ese sen­ti­do, había sido la bru­tal repre­sión guber­na­men­tal; Otros opta­ron por la lucha polí­ti­ca. Entien­do que éstos par­tían de dos pre­mi­sas; que había res­qui­cios lega­les que se debían apro­ve­char y que el grue­so de la pobla­ción, no apo­ya­ría nin­gu­na lucha vio­len­ta, pues ni sus pro­mo­to­res esta­ban real­men­te pre­pa­ra­dos para ello.

En algún momen­to de mi neó­fi­ta vida social y polí­ti­ca, aho­ra lo veo mas cla­ro, a mí se me pre­sen­tó esa dis­yun­ti­va, cuan­do alguien me lle­va­ba el perió­di­co “Made­ra”,
y lue­go una célu­la de un gru­po que se decía a favor de la gue­rri­lla, me bus­có para invi­tar­me a sus reunio­nes clan­des­ti­nas. Por otro lado, como siem­pre he sido un paci­fis­ta irre­den­to, y no sir­vo para clan­des­tino – apar­te de que en ese tiem­po mis lec­tu­ras acos­tum­bra­das eran “Memín Pin­güín”, “Kali­mán El Hom­bre Increí­ble”, “San­to, el enmas­ca­ra­do de pla­ta” — y nada sabia de ideo­lo­gías ni de teo­rías polí­ti­cas, aun­que con los años leí con inte­rés las obras de muchos de esos filó­so­fos e ideó­lo­gos, final­men­te opté por la lucha social y polí­ti­ca, abier­ta, legal. En este ren­glón, pri­me­ro me topé con el Par­ti­do Comu­nis­ta Mexi­cano (PCM) que, aun­que se decía a favor de la lucha polí­ti­ca, sus diri­gen­tes eran medio clan­des­ti­nos y quie­nes me invi­ta­ban a inte­grar­me con ellos, solo me reco­men­da­ban leer y leer libros y libros de auto­res extranjeros.

Lue­go, un 8 de abril de 1974, me topé en ple­na pla­za públi­ca, de Izta­pa­la­pa, con un gru­po de agi­ta­do­res, así los con­si­de­ré pues su dis­cur­so no solo era cla­ri­do­so, ameno, alec­cio­na­dor, sino que tam­bién invi­ta­ban abier­ta­men­te a orga­ni­zar un nue­vo Par­ti­do Polí­ti­co. Ese gru­po esta­ba enca­be­za­do por aquel pro­fe­sor que, años atrás,  había leí­do en la revis­ta “¿Por Qué?”, por  Heber­to Cas­ti­llo quien, al hablar, enar­bo­la­ba una Cons­ti­tu­ción, recla­man­do su aca­ta­mien­to. Y con el esta­ba, nada menos que el per­so­na­je que había sido la prin­ci­pal ban­de­ra de lucha del Movi­mien­to de 1968, Deme­trio Valle­jo. Esa vez tam­bién escu­ché hablar a Luís Tomás Cer­van­tes Cabe­za de Vaca, uno de los íco­nos de aquel mis­mo Movi­mien­to y a Sal­va­dor Ruíz Ville­gas, otro de los inte­gran­tes del Con­se­jo Nacio­nal de Huelga.

Me gus­tó su dis­cur­so. Me con­ven­cie­ron. De ahí que en sep­tiem­bre de 1974, fui a echar un ojo a la fun­da­ción for­mal, al Con­gre­so Cons­ti­tu­yen­te, de dicho Par­ti­do, el PMT. Este fue mi ver­da­de­ra escue­la polí­ti­ca. Ahí entré en una diná­mi­ca de par­ti­ci­pa­ción y apren­di­za­je inten­sos y alec­cio­na­do­res. Inclu­so, ¡19 oca­sio­nes fui a dar al bote! Me con­ver­tí en diri­gen­te de base, dele­ga­cio­nal, esta­tal y final­men­te, nacio­nal. Des­de ahí ayu­dé a ope­rar la uni­fi­ca­ción de las izquier­das, pri­me­ro, en 1981, en el Par­ti­do Socia­lis­ta Uni­fi­ca­do de Méxi­co (PSUM), esfuer­zo al que final­men­te no nos suma­mos; lue­go, en 1987, en el Par­ti­do Mexi­cano Socia­lis­ta (PMS) y lue­go, en 1989, en el Par­ti­do de la Revo­lu­ción Demo­crá­ti­ca (PRD), par­ti­do que aho­ra pare­ce que su ciclo pro­duc­ti­vo, ha terminado.

En todos estos años, 45 des­de el Sesen­ta y Ocho, (¡híjo­le, el pró­xi­mo 9 de octu­bre cum­plo 60!) par­ti­ci­pan­do y refle­xio­nan­do, entien­do que mucho hemos cam­bia­do; per­so­nal­men­te, como es mi caso y el de miles de mexi­ca­nos, supon­go, y cla­ro, como país.

Del Movi­mien­to aquel, bru­tal­men­te aplas­ta­do, como que sur­gie­ron semi­llas liber­ta­rias, crea­do­ras, pujan­tes. Esas semi­llas, miles, crea­ron orga­ni­za­cio­nes de todo tipo, socia­les, como aso­cia­cio­nes civi­les, coope­ra­ti­vas, sin­di­ca­tos y movi­mien­tos sin­di­ca­les inde­pen­dien­tes; y orga­nis­mos polí­ti­cos, como el PMT, el PRT y has­ta el PST, y orga­ni­za­cio­nes mas auda­ces, me refie­ro a gru­pos que esta­ban y están por la lucha arma­da. Todos con­tri­bu­yen­do a su mane­ra, a la cons­truc­ción de un Méxi­co mejor.

Entien­do que esas miles de semi­llas, han dado fru­to. Es el Méxi­co que aho­ra vivi­mos. Lo suce­di­do en el ´88, no se expli­ca sin el ´68; el PRD no se expli­ca sin el ´68; el mis­mo EZLN, no se expli­ca sin el ´68; el IFE ciu­da­dano no se expli­ca sin el ´68; la tran­si­ción polí­ti­ca, ini­cia­da en 1997, y aún no ter­mi­na­da, no se expli­ca sin el ´68; la gran par­ti­ci­pa­ción de la mujer, igual no se expli­ca sin el ´68. Para bien y para mal, ahí está la influen­cia del 68. Bueno, has­ta los her­ma­nos Sali­nas de Gor­ta­ri fue­ron sesen­ta­yo­che­ros. Y has­ta uno de ellos lle­gó a Presidente. 

Igual para atrás: el Movi­mien­to Estu­dian­til de 1968, no se expli­ca sin las luchas ferro­ca­rri­le­ras que con­mo­vie­ron y las úni­cas que para­li­za­ron a Méxi­co, en los años 1958 y 59 y otras, tam­bién impor­tan­tes. Por­que todo se relaciona.

Y lo que haga­mos en estos tiem­pos, influi­rá en lo que suce­da en el
futu­ro. Aun­que no sea­mos con­cien­tes de ello.

En lo per­so­nal, aho­ra no estoy cer­ca de los Par­ti­dos regis­tra­dos, pero si al pen­dien­te de lo que hace. Más bien, estoy inmer­so en la socie­dad, en la lla­ma­da Socie­dad Civil. Eso si, igual que antes, invi­tan­do a quien se deje, a que se intere­sen en la cosa publi­ca, a que se infor­men, a que se orga­ni­cen y par­ti­ci­pen, a que no dejen las manos libres a quie­nes, des­de los gobier­nos de los tres nive­les, las legis­la­tu­ras loca­les y fede­ral, o des­de el Poder Judi­cial, mal diri­gen este país. A que le mar­quen el paso y exi­jan cuen­tas a los polí­ti­cos pro­fe­sio­na­les, a todos, de todos los par­ti­dos, ya que son nues­tros emplea­dos, pues viven de nues­tros impues­tos. A que nos con­vir­ta­mos, todos, en Ciu­da­da­nos de a de veras. Y eso es lo que aho­ra hago con uste­des, invi­tán­do­les a eso y agra­de­cien­do su aten­ción y en espe­cial, al “Colec­ti­vo Cul­tu­ra y Demo­cra­cia de Caje­me”, COCU­DEC, aquí en Sono­ra, por haber­me invi­ta­do a com­par­tir con uste­des, estas reflexiones. 

A lo mejor les suce­de lo que a mí. Que como que Dios me cas­ti­gó: Por­que cuan­do ocu­rría el Movi­mien­to Estu­dian­til de 1968, yo era de los que corría al escu­char que ya venían los estu­dian­tes. Años des­pués, me vol­ví com­pa­ñe­ro y has­ta ami­go per­so­nal de algu­nos de aque­llos cabe­ci­llas, como Heber­to Cas­ti­llo, Deme­trio Valle­jo, Luís Tomas Cer­van­tes Cabe­za de Vaca, Sal­va­dor Ruíz Ville­gas, Eduar­do Valle, “El Búho”, Luís Villo­ro, Raúl Álva­rez, Garín, Jor­ge Villa­mil Rivas, Mar­ce­lino Pere­lló, Alex Lora, el del Tri, Oscar Chá­vez, Car­los Bra­cho, que sur­gie­ron en el 68, y otros que, como Heber­to y Valle­jo, venían des­de antes como Alfre­do Rus­trian y Artu­ro Olguin;  a todos ellos, des­de aquí y en don­de estén, les man­do un calu­ro­so aplau­so. Muchas gracias.

(*) Dis­cur­so pro­nun­cia­do en el audi­to­rio del Sin­di­ca­to Nacio­nal de Tra­ba­ja­do­res del Segu­ro Social, en Ciu­dad Obre­gón, Sono­ra, el 2 de Octu­bre de 2013; todo duran­te el Panel titu­la­do “Antes y des­pués del 68”. Los otros dos ponen­tes fue­ron Rober­to Cese­ña Cese­ña y Prós­pe­ro Valen­zue­la Muñer.

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