El grito

Resul­ta que has­ta el momen­to en que fue­ra fusi­la­do y deca­pi­ta­do, en 1911, don Miguel Hidal­go no había sido retra­ta­do. Cier­to, no solo no exis­tían los celu­la­res sino que ni siquie­ra se había inven­ta­do la cáma­ra foto­grá­fi­ca. En ese enton­ces los pin­ta­ban pero al Padre de la Patria, no. Su “pri­mer retra­to” data de 1928 y fue obra del pin­tor Clau­dio Lina­ti. Y en nada se pare­ce al que cono­ce­mos pues ahí el cura Hidal­go usa som­bre­ro con plu­mas, pan­ta­lo­nes acam­pa­na­dos como de chi­na­co, capa, espa­da, cruz y una mira­da fie­ra, es decir, no de cura sino de sol­da­do en batalla.

Ese y otros retra­tos de Hidal­go fue­ron rea­li­za­dos de “oídas”, ima­gi­na­do cómo era en base a des­crip­cio­nes escri­tas de algu­nos per­so­na­jes que le conocieron.

Va una: “…de cuer­po regu­lar, tri­gue­ño, ojos vivos, voz dul­ce, con­ver­sa­ción ame­na, obse­quio­so y com­pla­cien­te, no afec­ta­ba sabi­du­ría, pero muy lue­go se cono­cía que era hijo de las cien­cias. Era fogo­so, empren­de­dor y a la vez arre­ba­ta­do”. Y va otra: “…de media­na esta­tu­ra, car­ga­do de espal­das, de color moreno y ojos ver­des vivos, la cabe­za algo caí­da sobre el pecho, bas­tan­te cano y cal­vo, como que pasa­ba ya de sesen­ta años, pero vigo­ro­so aun­que no acti­vo ni pron­to en sus movi­mien­tos, de pocas pala­bras en el tra­to común, pero ani­ma­do en la argu­men­ta­ción a esti­lo de cole­gio, cuan­do entra­ba en el calor de algu­na dispu­ta. Poco ali­ña­do en su tra­je no usa­ba otro que el que acos­tum­bra­ban enton­ces los curas de pue­blos pequeños”.

Pero el retra­to que todos acep­tan como “el bueno”, es el que man­da­ra hacer Maxi­mi­liano en 1865, y que es obra del pin­tor Joa­quín Ramí­rez. Y de ahí para acá todos se han basa­do en ese. Ahí apa­re­ce de pie, ves­ti­do de negro, un vene­ra­ble anciano, patriar­cal, apo­yan­do la mano dere­cha sobre un escri­to­rio sobre el que está la supues­ta pro­cla­ma (“el Gri­to”), y la izquier­da en un sillón; al fon­do hay una ima­gen de la Vir­gen de Gua­da­lu­pe y un reloj mar­can­do las 5:55 horas. Dicen los chis­mo­sos que cuan­do le dije­ron a Maxi­mi­liano que no exis­tían retra­tos de Hidal­go se sor­pren­dió y orde­nó que enton­ces bus­ca­ran a algún fami­liar que sir­vie­ra de mode­lo para hacer un retra­to. Encon­tra­ron a un nie­to del Padre de la Patria y ese fue el modelo.

Por cier­to, el empe­ra­dor tam­bién orde­nó se hicie­ran los retra­tos de More­los, Allen­de, Mata­mo­ros, Gue­rre­ro y Agus­tín de Itur­bi­de, retra­tos que son los que todos cono­ce­mos des­de entonces.

Y aho­ra les com­par­to, esti­ma­dos cua­tro o cin­co lec­to­res (as), lo siguiente:

…y estan­do ya reu­ni­dos quin­ce o die­ci­séis per­so­nas, alfa­re­ros y sede­ros, y dos sere­nos, el cura Hidal­go tomó una ima­gen de la vir­gen de Gua­da­lu­pe, se paró en el bal­con­ci­to del cuar­to de su asis­ten­cia y les aren­gó: ¡Viva nues­tra Seño­ra de Gua­da­lu­pe!, ¡viva la inde­pen­den­cia! Y todos dije­ron ¡viva! Y no fal­tó quien gri­ta­ra: ¡y mue­ran los gachu­pi­nes! Acto segui­do, se fue­ron a la cár­cel y libe­ra­ron a unos cin­cuen­ta reos. Lue­go se agre­ga­ron sol­da­dos del Regi­mien­to de la Rei­na. …Mien­tras tan­to el cam­pa­ne­ro, el Cojo Gal­ván, había dado las lla­ma­das para la misa domi­ni­cal de las cin­co de la maña­na, de ese 16 de septiembre…Habiendo sali­do todos de la igle­sia poco des­pués de las seis, allí en el atrio el cura Hidal­go aren­gó a la mul­ti­tud en estos tér­mi­nos: ¡Hijos míos, únan­se con­mi­go! ¡Ayú­den­me a defen­der la Patria! ¡Los gachu­pi­nes quie­ren entre­gar­la a los impíos fran­ce­ses! ¡Se aca­bó la opre­sión! ¡Se aca­ba­ron los tri­bu­tos! ¡Al que me siga a caba­llo le daré un peso; y a los de a pie un tos­tón! Mas ade­lan­te, en otras aren­gas, le agre­ga­ron el ¡viva Fer­nan­do Sép­ti­mo, nues­tro sobe­rano!” Sin comentarios.

En cuan­to a nues­tro Himno Nacio­nal, está por cum­plir el pró­xi­mo diciem­bre, 157 años de vigen­te, ya que enton­ces, 1853, era Pre­si­den­te de la Repú­bli­ca por oncea­va vez, un señor que se lla­mó Anto­nio de Padua María Seve­rino López de San­ta Anna y Pérez de Lebrón.

Hay que acla­rar que antes hubo dos o tres “him­nos nacio­na­les”, que no pega­ron por­que no gus­ta­ron al res­pe­ta­ble público.

El autor de la letra, un
poto­sino, Fran­cis­co Gon­zá­les Boca­ne­gra, la escri­bió por­que su novia lo ence­rró bajo lla­ve en la casa de ella, ubi­ca­da en la hoy calle de Tacu­ba 48, del mero cen­tro His­tó­ri­co del DF, con la ame­na­za de no dejar­lo salir has­ta que no ter­mi­na­ra. Boca­ne­gra se tar­dó ¡cua­tro horas en escri­bir las once estro­fas y el coro!. Lo entre­gó al con­cur­so y ganó. Lue­go tuvo que vivir escon­di­do pues fue per­se­gui­do por libe­ra­les y con­ser­va­do­res, has­ta que murió de tifo prác­ti­ca­men­te olvidado.

El autor de la músi­ca del Himno fue un “gachu­pin” (¡Oh para­do­jas!), Jai­me Nunó, que gran par­te de su vida la pasó en los Esta­dos Uni­dos. Y lle­va­ba el lema “Dios y Libertad”.

El Himno se estre­nó el 15 de sep­tiem­bre de 1854, en el tea­tro San­ta Anna. Fue can­ta­do por un tenor y una soprano con ape­lli­dos ita­lia­nos, Sal­vi y Fio­ren­tii, res­pec­ti­va­men­te. Pero no se vol­vió a can­tar ni a tocar sino has­ta des­pués de la bata­lla del 5 de mayo de 1864. Tal vez por ello, se dice, (es que es secre­to de esta­do) los dere­chos de autor del Himno están regis­tra­dos en Esta­dos Uni­dos. Cla­ro, a los auto­res no los pela­ron en Méxi­co, sal­vo a Jai­me Nunó que, casual­men­te es encon­tra­do en EU, y el Pre­si­den­te Por­fi­rio Díaz lo invi­ta a hacer­le un home­na­je, por el cin­cuen­te­na­rio del Himno, cua­tro años antes de morir­se el gran músico.

Lue­go al Himno, con todo y músi­ca, le cor­ta­ron seis estro­fas. Al pare­cer el moti­vo fue que en ellas se ala­ba­ba a Itur­bi­de y a San­ta­na. Los auto­res del Himno eran sus partidarios.

Rela­ta una cró­ni­ca de la épo­ca que, cuan­do Can­tin­flas se pre­sen­tó por pri­me­ra vez en públi­co, 15 de sep­tiem­bre de 1935, en el tea­tro Máxi­mo de Peral­vi­llo, a reven­tar, al ter­mi­nar la fun­ción, se rin­dió home­na­je, con el con­sa­bi­do Gri­to, a los “héroes que nos die­ron Patria”: Hidal­go, Gue­rre­ro, More­los, Itur­bi­de, Mata­mo­ros, Abasolo,…

A pro­pó­si­to ¿por qué hoy solo con­me­mo­ra­mos el ini­cio (16 de sep­tiem­bre de 1810) y no la cul­mi­na­ción de la Inde­pen­den­cia Nacio­nal (el 28 de sep­tiem­bre de 1821 se fir­mó el Acta de Inde­pen­den­cia)? Antes se hacía.

Aho­ra que, esti­ma­dos cua­tro o cin­co lec­to­res (as) si quie­ren saber más del tema, se reco­mien­da leer las obras de Car­los Maria de Bus­ta­man­te, Lucas Ala­mán, Mel­chor Ocam­po, Igna­cio Ramí­rez, Luis Villo­ro, Car­los Herre­rón y la mas recien­te edi­ción de la revis­ta Letras Libres. Eso para empezar.

¡Feliz Gri­to!

 

Méxi­co D. F. a 14 de sep­tiem­bre del 2010

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *