El miedo a la democracia

Recuer­da Noam Chomsky que en las socie­da­des indus­tria­les avan­za­das la toma de deci­sio­nes resi­de en manos pri­va­das, que uti­li­zan ins­ti­tu­cio­nes ideo­ló­gi­cas para cana­li­zar el pen­sa­mien­to y las acti­tu­des de la pobla­ción den­tro de lími­tes acep­ta­bles, des­vian­do cual­quier reto poten­cial hacia el pri­vi­le­gio y la auto­ri­dad esta­ble­ci­dos, antes de que pue­da cobrar for­ma y adqui­rir fuer­za. La tarea cons­ta de muchas face­tas y agen­tes. Uno de los agen­tes prin­ci­pa­les para el con­trol del pen­sa­mien­to crí­ti­co son los medios de difu­sión masi­va. Según Chomsky, los ciu­da­da­nos debe­rían empren­der un cur­so de auto­de­fen­sa inte­lec­tual para pro­te­ger­se de la mani­pu­la­ción y del con­trol. Sólo que en Méxi­co, esta vez, a la gue­rra sucia y el terro­ris­mo mediá­ti­cos hay que sumar el papel pro­pa­gan­dís­ti­co de las prin­ci­pa­les fir­mas encues­ta­do­ras. Los son­deos no falla­ron. Fue­ron dise­ña­dos para enga­ñar y/o con­fun­dir a la opi­nión públi­ca. Se mane­ja­ron espots pro­pa­gan­dís­ti­cos en tra­je de encues­tas, por­que la gen­te cree que los núme­ros nun­ca mien­ten (la ver­dad mate­má­ti­ca o el feti­chis­mo moderno por el núme­ro, Ilán Semo dixit). Pero las cifras no son neu­tra­les. La ofen­si­va mass­me­diá­ti­ca tuvo como eje la difu­sión de una matriz de opi­nión diri­gi­da a con­ven­cer al elec­to­ra­do, antes de que vota­ra, de que ya había un gana­dor inalcanzable.

Los nexos eco­nó­mi­co-ideo­ló­gi­cos entre el poder mediá­ti­co y los mer­ca­de­res de encues­tas son públi­cos. Hace varios años, las barras infor­ma­ti­vas de las cade­nas de radio y tele­vi­sión incor­po­ra­ron como ana­lis­tas a los direc­to­res de las encues­ta­do­ras más pro­fe­sio­na­les del mer­ca­do. Entre ellas, Con­sul­ta Mitofsky (cuyo clien­te prin­ci­pal es Tele­vi­sa Tv-Radio), GEA/ISA (pro­pie­dad de Jesús Reyes Hero­les, con­tra­ta­da por el Gru­po Mul­ti­me­dia Mile­nio), BCG Uli­ses Bel­trán (al ser­vi­cio del Gru­po Ima­gen Mul­ti­me­dia que publi­ca el dia­rio Excél­sior), Buen­día y Lare­do (El Uni­ver­sal) y Para­me­tría (cade­na El Sol de Méxi­co). El caso del sumo sacer­do­te de Mitofsky, Roy Cam­pos, en los espa­cios elec­tró­ni­cos de Tele­vi­sa y Radio Fór­mu­la, ha sido nota­ble. Tam­bién los de Fran­cis­co Abun­dis (Para­me­tría) y Uli­ses Beltrán.

El tra­ba­jo de los nue­vos gurús ha sido con­tri­buir a la cons­truc­ción social de Enri­que Peña, mani­pu­lar a las audien­cias (el atur­di­do reba­ño), fabri­car una opi­nión públi­ca a la car­ta y manu­fac­tu­rar un ses­go infor­ma­ti­vo en favor del blo­que domi­nan­te, todo lo cual fue legi­ti­ma­do por las encues­tas al pro­veer­le el fal­so sello de la apro­ba­ción públi­ca. Las fir­mas que mani­pu­la­ron las cifras en 2006 y legi­ti­ma­ron el frau­de en favor de Feli­pe Cal­de­rón ven­die­ron aho­ra el triun­fo anti­ci­pa­do. A la mane­ra de Anto­nio Grams­ci, gene­ra­ron el con­sen­so nece­sa­rio ane­xo a la fuer­za. Median­te la repe­ti­ción de una mis­ma matriz –en la que par­ti­ci­pa­ron los inte­lec­tua­les orgá­ni­cos de las cade­nas de dia­rios bajo con­trol mono­pó­li­co–, los perio­dis­tas estre­llas (press-titu­tes, los lla­mó Paul Craig Roberts) com­ple­men­ta­ron la fae­na. Ya en la rec­ta final de las cam­pa­ñas, bajo la más­ca­ra de una ver­dad téc­ni­ca, pro­te­gie­ron al pun­te­ro pre­fa­bri­ca­do y sem­bra­ron la des­es­pe­ran­za entre quie­nes aspi­ra­ban a un cambio.

Para Etel­ber­to Cruz, la raíz de lo que algu­nos defi­nen encues­to­cra­cia se encuen­tra en que los can­di­da­tos y las cor­po­ra­cio­nes mediá­ti­cas dan un uso polí­ti­co a los ejer­ci­cios de demos­co­pia, apro­ve­chan­do que no hay trans­pa­ren­cia sobre quién paga y los intere­ses que están detrás de esos son­deos. El bom­bar­deo sobre la ven­ta­ja de Peña se inser­tó en una estra­te­gia deli­be­ra­da para pro­pa­gar la cul­tu­ra de la ano­mia, que Cruz defi­ne como una cul­tu­ra de la depre­sión que bus­ca pro­vo­car la inac­ción, la pará­li­sis del votan­te. Una for­ma de indu­cir el voto por el que va a triun­far o el abs­ten­cio­nis­mo. Para hacer ganar a Peña, los pode­res fác­ti­cos patro­ci­na­ron pro­pa­gan­da en for­ma de encues­tas dis­fra­za­das. La influen­cia de los seño­res del dine­ro, que en elec­cio­nes ante­rio­res se hacía sen­tir en publi­ci­dad paga­da por par­ti­cu­la­res –aho­ra prohi­bi­da por ley–,
se trans­fi­rió al abono de encues­tas. Ello per­mi­tió la pro­li­fe­ra­ción de pro­pa­gan­da fac­cio­sa camu­fla­da como estu­dios de opi­nión y tra­ba­jos demos­có­pi­cos, que al no estar debi­da­men­te regu­la­dos, veri­fi­ca­dos y audi­ta­dos pudie­ron con­tra­ban­dear sus ses­gos, incon­sis­ten­cias cien­tí­fi­cas y defi­cien­cias metodológicas.

Una socie­dad sal­va­je –en el sen­ti­do social­dar­wi­nis­ta–, que asis­tió impá­vi­da al ase­si­na­to de miles de niños, jóve­nes, defen­so­res de dere­chos huma­nos, perio­dis­tas y civi­les ino­cen­tes, no estu­vo a la altu­ra de la indig­na­ción del movi­mien­to #YoSoy132, menos pul­sio­nal y más pen­san­te, ergo, más impermea­ble a los espots pro­pa­gan­dís­ti­cos. Se dibu­ja la irrup­ción de un Esta­do cor­po­ra­ti­vis­ta ya no ato­mi­za­do por mafias. Bajo Mus­so­li­ni pri­mó la mafia de los fas­cis­tas. ¿Qué depa­ra­rá el peñismo?

Des­pués de la Segun­da Gue­rra Mun­dial, ante la emer­gen­cia popu­lar y el auge de las ideas socia­lis­tas en el orbe, y por mie­do a la demo­cra­cia, con el espan­ta­jo de una agre­sión comu­nis­ta extra­con­ti­nen­tal la éli­te del poder esta­du­ni­den­se edi­fi­có un Esta­do de bien­es­tar para los ricos con una ideo­lo­gía de segu­ri­dad nacio­nal para el con­trol de la pobla­ción. Con el cuen­to de los valo­res de la demo­cra­cia occi­den­tal y cris­tia­na, el mode­lo se expor­tó, cus­to­dia­do por los infan­tes de mari­na. El uso de la pro­pa­gan­da fue cla­ve en la fabri­ca­ción de un mun­do mani­queo des­ti­na­do a encu­brir la lucha de cla­ses y la domi­na­ción capi­ta­lis­ta. La fal­si­fi­ca­ción sis­te­má­ti­ca de los hechos –de crí­me­nes e infa­mias múl­ti­ples– lle­ga has­ta el pre­sen­te. Pero, des­apa­re­ci­do el otro polo de la con­tra­dic­ción de la gue­rra fría, el capi­ta­lis­mo ya no se preo­cu­pa por ocul­tar su ros­tro real. A la cri­sis del capi­ta­lis­mo for­dis­ta siguió la res­truc­tu­ra­ción neo­li­be­ral depre­da­do­ra, til­da­da de glo­ba­li­za­ción. Hoy, en el mar­co de un impe­rio anár­qui­co y casi omni­abar­can­te, rige un entra­ma­do estruc­tu­ra­do jerár­qui­ca­men­te por esta­dos, orga­ni­za­cio­nes inter­na­cio­na­les, con­sor­cios mul­ti­na­cio­na­les y –no en últi­mo tér­mino– ban­das cri­mi­na­les de tipo mafioso.

El mun­do está domi­na­do por las más altas esfe­ras del poder polí­ti­co, oli­go­pó­li­co, mili­tar y finan­cie­ro, es decir, por ver­da­de­ros cri­mi­na­les orga­ni­za­dos, cuya máxi­ma expre­sión visi­ble son las mafias repre­sen­ta­das en Davos. Con la sal­ve­dad de que el capi­ta­lis­mo mono­pó­li­co jamás había esta­do tan bien defi­ni­do como aho­ra. En un acto de ocul­tis­mo, la pro­pa­gan­da neo­li­be­ral, con­ver­ti­da en un ins­tru­men­to efi­caz de des­in­for­ma­ción, tra­ta de con­ven­cer­nos de que vivi­mos en un mun­do feliz, mien­tras una vio­len­cia repre­si­va cre­cien­te com­ple­ta sus efec­tos y ase­gu­ra el con­trol social.

Des­de hace años, la polí­ti­ca devino esce­ni­fi­ca­ción mediá­ti­ca, en el sen­ti­do de un des­aco­pla­mien­to sis­te­má­ti­co entre el dis­cur­so polí­ti­co y la prác­ti­ca polí­ti­ca. Como dice Joa­chim Hirsch, lo que hoy día se lla­ma polí­ti­ca se redu­ce cada vez más a la admi­nis­tra­ción más o menos efi­cien­te del orden exis­ten­te, al aco­mo­da­mien­to ante las fuer­zas com­pul­si­vas de los hechos y de las cir­cuns­tan­cias. Sumer­gi­dos en un sis­te­ma de corrup­ción estruc­tu­ral, quie­nes mal­go­bier­nan admi­nis­tran el sta­tu quo y bus­can ofre­cer las con­di­cio­nes más redi­tua­bles al capi­tal a cos­ta del bien­es­tar social. En Esta­dos Uni­dos gana el que mete más dóla­res a su cam­pa­ña. El poder del dine­ro y la pro­pa­gan­da dis­fra­za­da de mer­ca­do­tec­nia fabri­can pre­si­den­tes. En 2008, Barack Oba­ma fue pre­mia­do por la indus­tria de la mer­ca­do­tec­nia por su cam­pa­ña de pro­pa­gan­da elec­to­ral; se ubi­có por enci­ma de cual­quier otro pro­duc­to. En Ita­lia, con su pasa­do cri­mi­nal, Ber­lus­co­ni fue ele­gi­do pri­mer minis­tro de un país mafio­so y mariano-cató­li­co machis­ta, en dos ocasiones.

Como apa­ra­tos mediá­ti­cos del sis­te­ma de domi­na­ción, en lugar de valo­res polí­ti­cos de uso, los par­ti­dos tra­fi­can en el mer­ca­do elec­to­ral con mer­can­cías polí­ti­cas feti­ches. En la com­pe­ten­cia entre apa­ra­tos par­ti­dis­tas se tra­ta, ante todo, de una dife­ren­cia­ción de pro­duc­to según téc­ni­cas de la indus­tria de la pro­pa­gan­da comer­cial. Los depar­ta­men­tos de pro­pa­gan­da y los esti­lis­tas polí­ti­cos fabri­can can­di­da­tos. Lo que cuen­ta es la
pre­sen­ta­ción, lo deci­si­vo es el enva­se. Ayer Vicen­te Fox, hoy el muñe­co tele­gé­ni­co de Tele­vi­sa y los pode­res fác­ti­cos, Enri­que Peña Nie­to, a quien habían pro­gra­ma­do para ganar por dos dígi­tos para impo­ner las con­tra­rre­for­mas estruc­tu­ra­les. Las pro­me­sas de cam­pa­ña fue­ron par­te de la pues­ta en esce­na; no eran para ser cum­pli­das. Ade­más, vivi­mos en la socie­dad de la dis­cul­pa­bi­li­dad. La cla­se polí­ti­ca y sus papa­ga­yos en los medios hablan per­ma­nen­te­men­te de res­pon­sa­bi­li­dad, pero, si algo sale mal, piden dis­cul­pas. Como aho­ra con las encues­tas: cinis­mo puro. Ade­más, las pro­me­sas sir­vie­ron para emba­dur­nar la com­pra de votos a masas de des­he­re­da­dos que no tie­nen en su hori­zon­te cul­tu­ral siquie­ra la idea de socie­dad, en el sen­ti­do de la moder­ni­dad. En Ale­ma­nia, 31 por cien­to del elec­to­ra­do votó para que Hitler lle­ga­ra al poder y fue copro­pi­cia­dor de una deba­cle y una orgía de bar­ba­rie de dimen­sio­nes históricas.

En Méxi­co, todos los par­ti­dos son corrup­tos y usan los mis­mos méto­dos. Son com­pra­bles y, por tan­to, com­pra­do­res de volun­ta­des. Sólo difie­ren en los nive­les de com­pe­ti­ti­vi­dad. En la sel­va social­dar­wi­nis­ta neo­li­be­ral ganó el corrup­to más com­pe­ti­ti­vo del par­ti­do vir­tual de la uni­dad (Joa­chim Hirsch), o lo que Losur­do lla­ma­ba un mono­par­ti­dis­mo com­pe­ti­ti­vo, con for­ma­cio­nes polí­ti­cas que repre­sen­tan a la mis­ma bur­gue­sía y exhi­ben la mis­ma ideo­lo­gía neoliberal.

Los par­ti­dos Revo­lu­cio­na­rio Ins­ti­tu­cio­nal y Acción Nacio­nal vie­nen coad­mi­nis­tran­do los intere­ses del gran capi­tal des­de los años 80. Aho­ra impu­sie­ron a Peña, el gan­da­lla más apto de la par­ti­do­cra­cia. Andrés Manuel López Obra­dor no podía ganar en 2006 ni en 2012. Con inde­pen­den­cia de que sea un mesías o Sata­nás, de izquier­da o dere­cha –y de que esté rodea­do de algu­nos per­so­na­jes sin inte­gri­dad y rigu­ro­sa­men­te ines­cru­pu­lo­sos, y de que no puso la gue­rra estú­pi­da de Feli­pe Cal­de­rón como tema de cam­pa­ña–, la aver­sión de la oli­gar­quía a AMLO es por­que no es chan­ta­jea­ble ni coop­ta­ble. Por­que, como diría Max Weber, vive PARA la polí­ti­ca, no DE la política.

La polí­ti­ca lle­na su vida. A dife­ren­cia de los inte­gran­tes de la cla­se polí­ti­ca –para quie­nes la polí­ti­ca es una cham­ba y un vehícu­lo para el enri­que­ci­mien­to per­so­nal–, para AMLO la polí­ti­ca es pasión. Ade­más, en tiem­pos del neo­li­be­ra­lis­mo rapaz, cuan­do rige el dios dine­ro, a él no le intere­sa el dine­ro. Ergo: tam­po­co es com­pra­ble. Y eso es peli­gro­so: una locu­ra. Pero a la vez, tie­ne gran poder de con­vo­ca­to­ria y pue­de movi­li­zar gran­des masas, como el gene­ral Cár­de­nas. En esa medi­da, es un poder fác­ti­co fue­ra del con­trol de la oli­gar­quía, de las hues­tes jerár­qui­cas loca­les de Ratzin­ger y del impe­ria­lis­mo. Por eso se le sata­ni­za y se le ha que­ri­do ani­qui­lar. Por eso, y por­que tam­bién los amos de Méxi­co le tie­nen mie­do a la democracia.

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