¿PROTECCIÓN CIVIL?

     Mi sor­pre­sa fue, sobre todo, por mi inevi­ta­ble refe­ren­cia a Méxi­co. Aquí, no exis­te esa capa­ci­ta­ción o cul­tu­ra de pro­tec­ción civil. Tres años antes de aque­lla expe­rien­cia en el Japón, es decir en 1985, me había toca­do vivir otra, el terre­mo­to de la Ciu­dad de Méxi­co. Los pri­me­ros impre­pa­ra­dos para enfren­tar el tem­blor fue­ron los inte­gran­tes de los gobier­nos dele­ga­cio­na­les, del DF y Fede­ral pues no supie­ron qué hacer de inme­dia­to, se que­da­ron pasmados. 

     No fue sino has­ta el año 2000, ¡quin­ce años des­pués del terre­mo­to!, si mal no recuer­do, que a pro­pues­ta del enton­ces Pre­si­den­te Zedi­llo, el Con­gre­so mexi­cano apro­bó una Ley Gene­ral de Pro­tec­ción Civil. ¡Por fín! 

     Pero los miles de dam­ni­fi­ca­dos del DF, Esta­do de Méxi­co, Michoa­cán y otros sitios, por los efec­tos de las llu­vias de hace pocos días, hace ver que aque­lla nor­ma no ha sido sufi­cien­te. Algo sigue fallan­do pues esos desas­tres, que ya son recu­rren­tes, a todos nos salen bas­tan­te caros, en par­ti­cu­lar a las miles de víctimas. 

     ¿Qué es lo que falla si ya tene­mos una pom­po­sa Ley Gene­ral de Pro­tec­ción Civil? Por ella exis­te un Sis­te­ma Nacio­nal de Pro­tec­ción Civil (estruc­tu­ra y for­mas de coor­di­na­ción), ya exis­te un Con­se­jo Nacio­nal de Pro­tec­ción Civil (con­for­ma­do por todos los man­da­ta­rios esta­ta­les y fede­ral con todo y sus gabi­ne­tes). Exis­te un Cen­tro Nacio­nal de Pre­ven­ción de Desas­tres. La idea está plas­ma­da en el Plan Nacio­nal de Desa­rro­llo. Hay pre­su­pues­to que año con año se incre­men­ta. Exis­te un Fon­do de Desas­tres y un Fon­do para la Pre­ven­ción de Desas­tres. Enton­ces ¿qué es lo que falla a la mera hora? 

     Los fun­cio­na­rios siem­pre nos salen con pre­tex­tos. Y…

     A mi pare­cer hay dos tipos de fallas. Una es que la Ley no se cum­ple. O se cum­ple solo en la for­ma­li­dad. Y es que las accio­nes de los gobier­nos en mate­ria de pro­tec­ción civil, están orien­ta­das a aten­der solo los efec­tos. Es decir, úni­ca­men­te atien­den las tareas de “auxi­lio”, y de “recu­pe­ra­ción” y dejan de lado las accio­nes (pre­vis­tas en la Ley) de “pre­ven­ción” que es lo que per­mi­ti­ría real­men­te redu­cir los ries­gos, como le hacen en el Japón. 

     A veces se orga­ni­zan simu­la­cros pero la pobla­ción que “simu­la” pues …simu­la que se pro­te­ge: Sue­na la chi­cha­rra y dicha pobla­ción (gene­ral­men­te buró­cra­tas) salen del inmue­ble en cues­tión, con la mayor cal­ma del mun­do. Esos simu­la­cros no sir­ven de gran cosa para pro­mo­ver o crear una capa­ci­ta­ción o cul­tu­ra de pro­tec­ción civil en nues­tro país.

     Has­ta la aler­ta sís­mi­ca, inau­gu­ra­da con mucho rui­do hace algu­nos años, dejó de funcionar. 

     La otra falla de la pro­tec­ción civil en Méxi­co, tie­ne que ver con el per­fil, la acti­tud y el pro­fe­sio­na­lis­mo de los encar­ga­dos de esa área. 

     Fíjen­se mis esti­ma­dos (as) que, por ejem­plo, al fren­te de la Secre­ta­ria de Pro­tec­ción Civil del Gobierno del DF, está un car­dió­lo­go. El moti­vo de su nom­bra­mien­to ha de haber sido por el efec­to que cau­san en el cora­zón, los sustos
oca­sio­na­dos por los riesgos. 

     Fíjen­se tam­bién, que exis­te un Atlas de Ries­gos del DF en el que apa­re­cen las áreas vul­ne­ra­bles en caso de tem­blo­res, inun­da­cio­nes y llu­vias, el cual fue ela­bo­ra­do por espe­cia­lis­tas quie­nes le pidie­ron al Jefe de Gobierno del DF de enton­ces (2000–2006) lo publi­ca­ra, pero éste, con todo res­pe­to los man­dó a volar. Y el Atlas aún no se da a conocer.

     Aún hay mas: la UNAM, estu­vo duro y duro, has­ta con des­ple­ga­dos perio­dís­ti­cos, con ese mis­mo Gobierno del DF, advir­tién­do­le que aten­die­ra el pro­ble­ma del dre­na­je, actua­li­zán­do­lo, o la ciu­dad se inun­da­ría cual­quier día. Y.. la UNAM tam­bién fue man­da­da al diablo.

     Bueno, con decir­les que en el GDF exis­te un fil­tro (mas bien son gri­llas inter­nas, apar­te de las exter­nas) que impi­de que haya efi­ca­cia en la aten­ción de este asun­to. Antes de que las aler­tas de una emer­gen­cia lle­guen el encar­ga­do del área (el car­dió­lo­go), deben con­tar con el vis­to bueno del Jefe de la Ofi­ci­na del mero Jefe de Gobierno del DF. Tal vez así quie­ran cubrir las defi­cien­cias del car­dió­lo­go, pero lo que logran es una trian­gu­la­ción inne­ce­sa­ria que pro­vo­ca mas problemas. 

     La últi­ma y nos vamos: El encar­ga­do en el gobierno de Izta­pa­la­pa (una de las dele­ga­cio­nes afec­ta­das por las recien­tes inun­da­cio­nes) de la Pro­tec­ción Civil, fue nom­bra­do como una cuo­ta del Secre­ta­rio del ramo en el GDF, el car­dió­lo­go, pues es su cua­te y pai­sano., aun­que nada sepa de la mate­ria. ¿Cómo la ven? 

     Y si nos vamos mas arri­ba, en el gobierno fede­ral o con los de al lado, en el gobierno del Edo­mex, pues creo que no están mejor. 

     ¿Enton­ces? Pues enton­ces tal vez deba­mos resig­nar­nos a cada que haya un desas­tre siga habien­do miles de dam­ni­fi­ca­dos por la fal­ta de visión e inefi­cien­cia de los funcionarios. 

     ¡Ima­gí­nen­se mis esti­ma­dos (as) si el meteo­ri­to que cayó en un des­po­bla­do en el Esta­do de Pue­bla, este miér­co­les 9 de febre­ro, y que hizo un hoyo de 30 metros de diá­me­tro, hubie­ra caí­do en la Ciu­dad de Méxi­co, qué hubié­ra­mos hecho, si para fenó­me­nos menos com­pli­ca­dos no esta­mos preparados! 

     Mien­tras tan­to, nos soli­da­ri­za­mos con los dam­ni­fi­ca­dos y con los fami­lia­res de las dece­nas de falle­ci­dos por las inun­da­cio­nes en el DF, Esta­do de Méxi­co y Michoacán. 

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