La ciudadanía: instrumento estratégico y eficaz para reivindicar la política al servicio de la sociedad

Así como en el pasa­do toda pero­ra­ta polí­ti­ca recla­ma­ba la aten­ción del Pue­blo. Lue­go se ape­ló al sen­ti­do cho­vi­nis­ta de mexi­ca­nos y mexi­ca­nas, pos­te­rior­men­te los dis­cur­sos se diri­gie­ron, de for­ma por demás machis­ta y dis­cri­mi­na­to­ria para la mujer, cuan­do el aren­ga polí­ti­ca era diri­gi­da solo a los ciu­da­da­nos. Lue­go vino la pacho­ta­da de chi­qui­llos y chi­qui­llas, mexi­ca­nas y mexi­ca­nos; pero en las últi­mas fechas es la ciu­da­da­nía, el tér­mino de moda que uti­li­zan los polític@s para hacer sen­tir su cer­ca­nía y com­pro­mi­so con cada uno de los entes sociales.

¿Cuán­to tar­da­rá esta moda esno­bis­ta? ¿Ter­mi­na­ra por ser des­hon­ra­da, per­ver­ti­da y pros­ti­tui­da, como la pala­bra Soli­da­ri­dad, que se uti­li­zo duran­te la nefas­ta admi­nis­tra­ción que enca­be­zo el tris­te­men­te recor­da­do Car­los Sali­nas de Gor­ta­ri? Épo­ca en que se abu­so de este tér­mino, has­ta con­ver­tir­lo en sinó­ni­mo de corrup­ción, bar­ba­rie delic­ti­va, ile­ga­li­da­des guber­na­men­ta­les, injus­ti­cia, anti­de­mo­cra­cia, des­com­po­si­ción polí­ti­ca, corrup­ción, some­ti­mien­to, coac­ción del voto e impunidad.

Aho­ra vemos, en la sim­plo­na reto­ri­ca de los polí­ti­cos loca­les, y la con­se­cuen­te mani­pu­la­ción y expo­si­ción mediá­ti­ca que hacen de este con­cep­to de ciu­da­da­nía, des­gra­cia­da­men­te, al gra­do de tor­nar­lo, cada vez más vul­gar y más corriente.

Con ello res­tan la ver­da­de­ra impor­tan­cia social y polí­ti­ca que encie­rra este tér­mino de Ciu­da­da­nía. La cual por sí mis­ma, sig­ni­fi­ca una con­cep­ción de valo­ri­za­ción social, coope­ra­ción comu­ni­ta­ria, reco­no­ci­mien­to de la otre­dad, com­pro­mi­so colec­ti­vo, res­pon­sa­bi­li­dad común y soli­da­ri­dad huma­ni­ta­ria; ejer­ci­cio de valo­res y accio­nes que por sí mis­mos encie­rran la posi­bi­li­dad de lograr un buen gobierno que sir­va a la gen­te, obe­de­cien­do y cum­plien­do las deman­das ciu­da­da­nas, tal y como lo exi­gie­ron l@s miles de yucatec@s que toma­ron el Paseo de Mon­te­jo y su pro­lon­ga­ción, el pasa­do 24 de sep­tiem­bre, con la Cade­na de las Glo­rie­tas que pro­tes­tó y repro­bó toda la serie de agra­vios que han come­ti­do los gobier­nos del esta­do y del muni­ci­pio meri­dano con los vio­len­tos y sal­va­jes hechos que ordeno Angé­li­ca Arau­jo Lara, el pasa­do 4 de julio, se come­tie­ran en con­tra de dece­nas de ciudadan@s que ejer­cían su dere­chos cons­ti­tu­cio­nal a pro­tes­tas y deman­dar aten­ción a sus deman­das y exi­gen­cias de inte­rés colectivo.

A pesar de esa mez­qui­na ter­gi­ver­sa­ción que hacen los hoy gober­nan­tes, la ver­da­de­ra ciu­da­da­nía yuca­te­ca debe tener cla­ro que el cre­cien­te movi­mien­to social que ha ini­cia­do la ciu­da­da­nía yuca­te­ca, debe bus­car de for­ma pri­mor­dial, tan­to la equi­dad, como igual­dad, la jus­ti­cia y las liber­ta­des de los yuca­te­cos, para pro­se­guir con­for­man­do un con­ti­nuo y per­ma­nen­te pro­ce­so democrático.

Es decir, se debe de bus­car, por medio del esta­ble­ci­mien­to de accio­nes posi­ti­vas ins­ti­tu­cio­na­les, y de acuer­do a las dife­ren­cias que exis­tan, que las per­so­nas obten­gan el sufi­cien­te gra­do de bien­es­tar social, tan­gi­ble e intan­gi­bles. Debe tener acce­so a deter­mi­na­da can­ti­dad de recur­sos indi­vi­dua­les que le per­mi­tan gozar de una cali­dad de vida acep­ta­ble y un nivel de vida digno. Debe gozar del ade­cua­do reco­no­ci­mien­to social, sean en lo indi­vi­dual o colec­ti­vo, que les per­mi­tan vivir en igual­dad de con­di­cio­nes. A la vez, de que se debe esta­ble­cer que las per­so­nas debe­rán gozar de las mis­mas con­di­cio­nes y opor­tu­ni­da­des, sin que medie nin­gún tipo dife­ren­cia­ción o discriminación.

Recor­de­mos que el empo­de­ra­mien­to de la socie­dad con­sis­te, en lograr ejer­cer ple­na­men­te sus dere­chos fun­da­men­ta­les, esta­ble­ci­dos tan­to en la Cons­ti­tu­ción Polí­ti­ca de los Esta­dos Uni­dos Mexi­ca­nos, como en la Car­ta Uni­ver­sal de los Dere­chos Humanos.

Sólo cono­cien­do cuá­les son nues­tros dere­chos y nues­tras obli­ga­cio­nes como ciu­da­da­nos, podre­mos exi­gir a las auto­ri­da­des cum­plir con sus com­pro­mi­sos con­traí­dos con la sociedad.

En prin­ci­pio, la ciu­da­da­nía tie­ne que tener pre­sen­te en todo momen­to, que
la auto­ri­dad, sea fede­ral, esta­tal o muni­ci­pal; del poder eje­cu­ti­vo, legis­la­ti­vo o judi­cial, es ante todo un ser­vi­dor o ser­vi­do­ra públi­ca. Es decir, es un, o una, emplea­do o emplea­da, de cada uno de los yuca­te­cos y por nin­gún moti­vo, de acuer­do a las leyes esta­ble­ci­das, pue­den estar por enci­mas de los dere­chos de los ciudadanos.

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