Los renglones torcidos del sistema de justicia penal

¿Y el DERE­CHO PENAL? ¿Qué pasa con esta mate­ria?: Cues­tio­na­do en voz baja en con­gre­sos como al que hago refe­ren­cia en el párra­fo ante­rior, por crí­ti­cos y teó­ri­cos que van des­de el lla­ma­do “Dere­cho Penal Míni­mo” has­ta el cono­ci­do, “Abo­li­cio­nis­mo Penal”; hoy es seve­ra­men­te colo­ca­do en un des­hon­ro­so “Ban­qui­llo de los acu­sa­dos”.  En efec­to, ya des­de hace muchos años se cues­tio­na­ba al “Auto­ri­ta­ris­mo Penal”, “El Puni­ti­vis­mo” de jue­ces y magis­tra­dos por con­si­de­rar­se que per­mi­tía cas­ti­gar pri­van­do de la liber­tad, con­duc­tas no gra­ves o sim­ple­men­te con­duc­tas cau­sa­das por las carac­te­rís­ti­cas de la pro­pia socie­dad en don­de sur­gen: vagan­cia, mal­vi­ven­cia, robo de famé­li­cos o robos “pobre­dia­bles­cos”, adul­te­rio, abor­to, has­ta los con­duc­tas des­ple­ga­das en un “Esta­do de emo­ción vio­len­ta” (léa­se las con­duc­tas pro­du­ci­das por el des­em­pleo, la dis­cri­mi­na­ción, el estrés, la depre­sión, el mie­do, la frus­tra­ción, la angus­tia, el redu­ci­do espa­cio físi­co en don­de se vive, el esca­so tiem­po para la recrea­ción, el ejer­ci­cio y el ocio etc). Recor­de­mos al recien­te “ase­sino de metro Bal­de­ras” y de paso recor­de­mos al gran Rock­dri­go, por su com­po­si­ción hacien­do refe­ren­cia a dicha esta­ción del metro. Siem­pre pres­cri­bien­do a la pri­sión como úni­ca medi­da para readap­tar, refor­mar y castigar.

A la dis­tan­cia de hace casi vein­te años, hemos lle­ga­do muy lejos. Veamos:

1.- En una recien­te plá­ti­ca infor­mal con un ami­go cer­cano, de mi gene­ra­ción en la carre­ra de leyes, quien se desem­pe­ña como Repre­sen­tan­te Social (es decir, como Minis­te­rio Públi­co) me mani­fes­ta­ba que la Pro­cu­ra­du­ría de Jus­ti­cia del D.F. ejer­ce línea sobre ellos para que en el cum­pli­mien­to de su tra­ba­jo: Con­sig­nen ante un juez y al reclu­so­rio al mayor núme­ro de dete­ni­dos,  Pre­sio­nen para maqui­llar el mayor núme­ro de prue­bas de car­go,  Induz­can al acu­sa­dor para impu­tar con­duc­tas gra­ves,  Reci­ban tes­ti­gos fal­sos,  Obs­ta­cu­li­cen el tra­ba­jo de la defen­sa, Otor­guen “bonos” a poli­cías aprehen­so­res.   Esto es, con­sig­nar a como de lugar con obje­ti­vo de jus­ti­fi­car que se tra­ba­ja y que en las esta­dís­ti­cas apa­rez­ca por decre­to que la delin­cuen­cia va a la baja; aun­que en los hechos… Enton­ces  le pre­gun­té a mi ami­go: ¿Me estás dan­do a enten­der que fre­cuen­te­men­te debes fabri­car cul­pa­bles? Él sólo se me que­dó vien­do, se que­dó calla­do, me obser­vó y son­rien­do me con­tes­ta: ¡No! ¡sólo nos piden tra­ba­jar más…eficientemente! y demos­trar­lo envian­do a la cár­cel al mayor núme­ro de gen­te!   Ante tal ase­ve­ra­ción abro más los ojos y asien­to len­ta­men­te con la mira­da, pen­san­do en la gen­te que no pue­de pagar los hono­ra­rios de un abo­ga­do para pro­cu­rar, res­pe­to a sus garan­tías individuales.

2.- Otra oca­sión, me tocó pla­ti­car con la madre de un ex alumno, sobre un asun­to que actual­men­te patrocino…¡En su juz­ga­do! Ella es la jue­za ( omi­to su nom­bre por razo­nes de dis­cre­ción) la cual me comen­ta­ba que la mayo­ría de los jue­ces tie­nen la con­sig­na de no otor­gar liber­ta­des a pesar de que se apor­ten prue­bas de des­car­go y a pesar de que no exis­tan ele­men­tos sufi­cien­tes para acre­di­tar el cuer­po del deli­to y la pro­ba­ble res­pon­sa­bi­li­dad del incul­pa­do:
-“Tene­mos que cua­drar­le legal­men­te para man­te­ner reclui­da a la gen­te, por­que exis­ten muchos delin­cuen­tes en la calle” –dice cate­gó­ri­ca­men­te.
-¿A pesar de que en la ave­ri­gua­ción pre­via o en el pro­ce­so se des­pren­dan incon­sis­ten­cias, con­tra­dic­cio­nes, fal­se­da­des o evi­den­tes dudas? –cues­tio­né a la jue­za. 
-¡A pesar de ello, a menos que sea una situa­ción dema­sia­do obvia! ‑me con­tes­ta. 
‑Yo medi­to y me pre­gun­to, ¿A menos que el acu­sa­dor se retrac­te? ¿No vivi­mos en un esta­do de dere­cho en don­de pre­va­le­ce el prin­ci­pio de que “todos somos ino­cen­tes has­ta que no se prue­be ple­na­men­te lo con­tra­rio”?  
‑La jue­za pro­si­gue: “le acon­se­jo que no se fíe de esta pri­me­ra ins­tan­cia, ni de la segun­da en la Ape­la­ción, por­que por lo regu­lar, ahí tam­bién nos dan la razón (se me vino a la mente
la famo­sa can­ción “La Ansel­ma”: …yo orde­nó y man­do en este muni­ci­pio y en el otro el que man­da es el tío Eligio…¡Por si quie­res esca­par…)
‑Mejor acu­da al recur­so del Ampa­ro, allí pare­ce que si ana­li­zan de mane­ra lógi­ca-jurí­di­ca los jui­cios, y ade­más exis­te suplen­cia de la que­ja…” –Me dice alzan­do su ceja dere­cha.
‑Ter­co, insis­to ante la impar­ti­do­ra de jus­ti­cia: ¿Y mien­tras tan­to el acu­sa­do per­ma­ne­ce­rá en pri­sión por tiem­po impre­de­ci­ble, inde­fi­ni­do?
Y como res­pues­ta obten­go un enco­gi­mien­to de hom­bros de la jue­za al tiem­po que  colo­ca sus manos entre­cru­za­das, sobre su escri­to­rio de cao­ba, a la altu­ra de sus labios.  Me des­pi­do de ella con un apre­tón de manos, escu­chán­do­le una sola fra­se: ¡Suer­te en su asun­to abo­ga­do! 
Me reti­ro pen­san­do en voz alta: ¡Vaya que si la voy a nece­si­tar, sobre todo por­que mis defen­di­dos, aun­que son ino­cen­tes, tam­bién son jóve­nes,  obre­ros y…pobres!

El ante­rior TEX­TO, es mi PRE­TEX­TO para expo­ner uno de tan­tos casos anó­ni­mos que difí­cil­men­te o nun­ca se publi­can en los dia­rios, pero que des­ha­cen vidas, fami­lias, amis­ta­des y ade­más refle­jan la cri­sis del Sis­te­ma de Jus­ti­cia Penal, es decir al mons­truo del doc­tor Víc­tor Fran­kens­tein crea­do en torno a la impar­ti­ción de jus­ti­cia en Méxi­co y a la difi­cul­tad que hoy tene­mos para con­tro­lar­lo; Un caso en el que uste­des o yo pudié­ra­mos haber sido los protagonistas:

Ocu­rrió el 21 de julio de este 2009. Dos jóve­nes, –Omar y José- ves­ti­dos de mane­ra infor­mal, sucios y sudo­ro­sos des­pués de su jor­na­da labo­ral, cor­te casi a rape, tipo “tepi­te­ño o rape­ro” según su dicho, baja esta­tu­ra, more­nos, ori­gen humil­de, tra­ba­ja­do­res del ser­vi­cio de agua, dedi­ca­dos en sus ratos libres a la ela­bo­ra­ción de ale­bri­jes, a la lec­tu­ra de Galeano y Bene­det­ti, a escu­char la letra y músi­ca de Lila Downs y Cha­be­la Var­gas (esta últi­ma madri­na de la pri­me­ra) y a tocar un ins­tru­men­to musi­cal lla­ma­do “Yem­be”, acom­pa­ñán­do­se en oca­sio­nes con un ciga­rro de marihua­na y a veces con ciga­rro comer­cial, con la ale­gría a flor de labio, por­ta­do­res de esa otra belle­za,  que es la juven­tud y toda una vida y pro­yec­tos por delan­te.  Pues bien, así las cosas acu­die­ron el cita­do día por des­pen­sa a la Bode­ga Aurre­ra, ubi­ca­da en Ermi­ta Izta­pa­la­pa, eran apro­xi­ma­da­men­te las 20:40 horas, iban lle­nos de ale­gría, hacien­do cuen­tas y con­tán­do­se al oído cuen­tos de ena­mo­ra­dos,  sin ima­gi­nar el labe­rin­to legal en el que se verían invo­lu­cra­dos, mejor dicho arras­tra­dos en unos momen­tos más.

Estan­do en el inte­rior del super­mer­ca­do eli­gien­do sus pro­duc­tos, lle­ga­ron a ellos cin­co suje­tos en acti­tud agre­si­va, pre­gun­tan­do por “los otros dos que salie­ron”; los jóve­nes des­con­cer­ta­dos nega­ron saber a qué o a quién se refe­rían sus inte­rro­ga­do­res, y siguie­ron con sus com­pras; minu­tos des­pués vol­vie­ron los mis­mos suje­tos, aho­ra acom­pa­ña­dos de otro más agre­si­vo, alto y cor­pu­len­to, mar­ca­do en la cara con dos añe­jas heri­das, vol­vien­do a hacer la mis­ma pre­gun­ta, pero en tono más enér­gi­co, y encon­tran­do la mis­ma res­pues­ta: ¡No los cono­ce­mos! Ante la nega­ti­va, son toma­dos con lujo de vio­len­cia de la pre­ti­na de sus ber­mu­das por la par­te de atrás, reci­ben gol­pes en la cabe­za, son obli­ga­dos por sus “aprehen­so­res” a cami­nar hacia la sali­da; y ya estan­do allí, son pues­tos de rodi­llas, bra­zos en la cabe­za, con la mira­da diri­gi­da al sue­lo.
Acto segui­do el que pare­ce el líder gol­pea a Omar en su cos­ta­do izquier­do con un pun­ta­pié, al tiem­po que le gri­ta, mos­trán­do­le una cre­den­cial a mane­ra del típi­co Cha­ro­la­zo: ¡No sabes con quien te metis­te hijo de tu puta madre!   Todo ello ante la mira­da incré­du­la de clien­tes y ante la indi­fe­ren­cia de los vigi­lan­tes del cen­tro comer­cial.
Así las cosas el líder del gru­po vio­len­to, da unos pasos hacia atrás y se diri­ge a un joven­zue­lo de 17 años, a quien pre­gun­ta: ¿Son ellos? Y obtie­ne como res­pues­ta un rotun­do ¡No!, pero el líder le insis­te, le orde­na; ¡Di que son ellos, di que son ellos! Obte­nien­do como res­pues­ta el llan­to que­bra­do del mucha­cho y
la fra­se angus­tia­da: “No me quie­ro meter en pedos”.  Pos­te­rior­men­te el líder y el gru­po salen de la tien­da y afue­ra en círcu­lo comen­tan en voz baja: ¡Vamos a hacer bis­ne con estos bue­yes!
En cues­tión de minu­tos, los pro­ta­go­nis­tas de esta tru­cu­len­ta his­to­ria se encon­tra­ban dete­ni­dos en los sepa­ros de la dele­ga­ción terri­to­rial de la pro­cu­ra­du­ría en Izta­pa­la­pa y aquel joven­zue­lo guia­do y pre­sio­na­do por el líder “cara cor­ta­da” y apo­ya­do por un agen­te del Minis­te­rio Públi­co sin escrú­pu­los, denun­cia­ba haber sido víc­ti­ma de un robo por par­te de Omar y José: seña­la­ba que al estar tra­ba­jan­do como des­pa­cha­dor de taxis, obser­va que los acu­sa­dos gol­pea­ban a un “ceri­llo”, deci­de acu­dir en auxi­lio de este, pero al lle­gar es ame­na­za­do por José quien, según su dicho, lo ama­ga con una pun­ta, se la colo­ca por la espal­da y extrae de su bol­sa dere­cha, la can­ti­dad de dos­cien­tos cin­cuen­ta pesos, mien­tras tan­to Omar, “echa­ba aguas”.  Ense­gui­da –dice- se pre­sen­tan otros tres suje­tos des­co­no­ci­dos para él, y casi al mis­mo tiem­po lle­ga un com­pa­ñe­ro taxis­ta; Ante ello, los tres suje­tos des­co­no­ci­dos, corren hacia la dere­cha y los supues­tos ladro­nes corren a la izquier­da; él y el taxis­ta deci­den ir corrien­do tras los tres tipos, que había decla­ra­do: “que solo se acer­ca­ron”, mien­tras los seña­la­dos como asal­tan­tes se diri­gen al cen­tro comer­cial; no logran­do dar alcan­ce a los tres suje­tos regre­san al lugar de los hechos, en don­de un taque­ro les mani­fies­ta que supues­ta­men­te fue tes­ti­go de que los asal­tan­tes entra­ron al cen­tro comer­cial y ellos al diri­gir­se a dicho lugar, encuen­tran a los jóve­nes Omar y José, ase­gu­ra­dos, dice el acu­sa­dor, por…¡personal de Aurre­ra y clien­tes de la tien­da!  ¿Serían los ven­ga­do­res anó­ni­mos? –esta últi­ma es mi pre­gun­ta–  Efec­ti­va­men­te sólo en este últi­mo dato coin­ci­den tan­to el acu­sa­dor como los acu­sa­dos, sola­men­te que quie­nes los habían dete­ni­do y pues­to de rodi­llas eran en reali­dad los acu­sa­do­res.
Sin embar­go, el Minis­te­rio Públi­co, encar­ga­do de la inves­ti­ga­ción y de reca­bar prue­bas incul­pa­to­rias, no logra hacer que com­pa­rez­can, ni el “ceri­llo”, ni el taque­ro, ni el taxis­ta que apo­yó a la víc­ti­ma, tam­po­co logra reca­bar infor­ma­ción en el lugar de los hechos que for­ta­lez­ca la acu­sa­ción, pues en dicho lugar la gen­te afir­ma no haber­se ente­ra­do del robo a excep­ción de un taxis­ta ajeno a los hechos que sólo decla­ró, “haber escu­cha­do que varios suje­tos gol­pea­ron a un taxis­ta, nun­ca a un ceri­llo ni menos de un robo (¿La acu­sa­ción decía que habían gol­pea­do a un taxis­ta? –Pre­gun­to- ¿No era a un ceri­llo? –Vuel­vo a preguntar‑,) pero nada más”. 
Es decir, esta­mos ante un típi­co caso de una sin­gu­lar acu­sa­ción fren­te a una rotun­da nega­ti­va de los acu­sa­dos, quie­nes no reco­no­cen la acu­sa­ción y decla­ran en el mis­mo sen­ti­do; pidien­do al Minis­te­rio Públi­co, soli­ci­tar al geren­te de Aurre­ra, faci­li­te el video que, fre­cuen­te­men­te exis­te en dichos esta­ble­ci­mien­tos, para en todo caso, veri­fi­car la exis­ten­cia de los hechos delic­ti­vos y en su caso reco­no­cer a los auto­res de dicha con­duc­ta.   La res­pues­ta es nega­ti­va, pues se había ago­ta­do el tér­mino de la inves­ti­ga­ción y la deci­sión es, : ¡Enviar­los a un reclu­so­rio para que se acla­ren los hechos!  Así se con­su­ma la mons­truo­sa arbi­tra­rie­dad de for­ma y fon­do en la deten­ción, pese a los recla­mos jurí­di­cos de la defen­sa, la angus­tia de las fami­lias y los gri­tos, mano­ta­zos y sollo­zos de los acu­sa­dos, quie­nes a empe­llo­nes son subi­dos a la camio­ne­ta blan­ca con siglas del Reclu­so­rio Pre­ven­ti­vo Oriente.

Pues­tos a dis­po­si­ción del juz­ga­dor en turno, cual­quie­ra con sen­ti­do común con­si­de­ra­ría, que un juez sen­sa­to estu­dia­ría los ele­men­tos que tuvo el Minis­te­rio Públi­co para con­sig­nar­los, los dese­cha­ría por insu­fi­cien­tes y en con­se­cuen­cia al encon­trar que sólo exis­tía la acu­sa­ción, sin prue­bas que la refor­za­ran; no ten­dría de otra más que decre­tar un Auto de Liber­tad por Fal­ta de Ele­men­tos para Pro­ce­sar a los indi­cia­dos, pero ¡Sor­pre­sa y decep­ción! El juez en turno, decretó…¡Auto de
For­mal Pri­sión! es decir deci­dió pro­ce­sar­los para encon­trar, dice, la ver­dad his­tó­ri­ca; (¿Máta­los des­pués ave­ri­guas?, decía ¿don Por­fi­rio Díaz?) Prác­ti­ca­men­te se pasó por el arco del triun­fo el artícu­lo 19 de la Cons­ti­tu­ción, que en su párra­fo pri­me­ro, seña­la como requi­si­to para fun­dar y moti­var una deci­sión de tal gra­ve­dad: Con­tar con “Sufi­cien­tes Ele­men­tos”, es decir, con prue­bas y no un sim­ple seña­la­mien­to.  Enton­ces, si así están las cosas, cual­quier hijo de vecino pue­de seña­lar al Minis­te­rio Públi­co, al Juez, a usted, a mi o a cual­quier per­so­na como autor de un robo y eso es sufi­cien­te para lle­var a pri­sión al Minis­te­rio Públi­co, al Juez o a cual­quie­ra de noso­tros. ¿Es váli­do fabri­car cul­pa­bles? ¿con­de­nar ino­cen­tes, exo­ne­rar cul­pa­bles? ¿No es cier­to que fabri­car cul­pa­bles equi­va­le a tener libre a un ver­da­de­ro culpable?

La defen­sa aún bus­ca la res­pues­ta a los cuestionamientos:

  • ¿Por qué el Minis­te­rio Públi­co no cum­plió a caba­li­dad con los pasos a que esta­ba obli­ga­do para inte­grar una Ave­ri­gua­ción Previa? –
  • ¿Por qué el Juez no inva­li­dó dicha inves­ti­ga­ción como se hubie­ra hecho en cual­quier sis­te­ma penal que se respete? –
  • ¿Por qué pre­va­le­cen los “rin­co­nes tor­ci­dos” del sis­te­ma de jus­ti­cia en Méxi­co? por­que al momen­to de escri­bir estas líneas, la jue­za que lle­va la cau­sa de Omar y José aún no con­si­de­ra los indi­cios con­tun­den­tes de la arbi­tra­rie­dad del Minis­te­rio Públi­co y ni siquie­ra se ha dig­na­do, como lo pidió la defen­sa y como la facul­ta la ley, a entre­vis­tar­se de mane­ra per­so­nal con los pro­ce­sa­dos y así cono­cer de viva voz su ver­sión de los hechos. 
  • ¿Por qué la jus­ti­cia se dila­ta en lle­gar pese a exis­tir fal­ta de rigor en las prue­bas del acu­sa­dor per­mi­tien­do que dos per­so­nas per­ma­nez­can en pri­sión, atra­pa­dos por una mara­ña o tela­ra­ña de un pro­ce­so penal vicia­do de origen?

Mien­tras dure el jui­cio o se resuel­ve la ape­la­ción inter­pues­ta en con­tra de la deci­sión de la jue­za de la cau­sa penal para some­ter a pro­ce­so a los acu­sa­dos, estos per­ma­ne­ce­rán reclui­dos, pri­va­dos de su liber­tad, haci­na­dos en el Reclu­so­rio Orien­te.  Ya fue­ron gol­pea­dos, ame­na­za­dos, humi­lla­dos y sobre su futu­ro pen­de fría­men­te la espa­da de Damo­cles. ¿Se deci­di­rá su per­ma­nen­cia por meses o años en el cita­do cala­bo­zo?
¡Que boni­ta for­ma de apren­der acer­ca de nues­tras garan­tías cons­ti­tu­cio­na­les! –dicen mis defen­di­dos con una melan­có­li­ca son­ri­sa,  una son­ri­sa triste.

En caso de revo­car­se el Auto de For­mal Pri­sión, por el que se encuen­tran sien­do juz­ga­dos, si es que la Sala Penal corri­ge las abe­rra­cio­nes de tal deci­sión, ter­mi­na­rá el cal­va­rio de Omar y José, aun­que no se escla­re­ce­rá la ver­dad his­tó­ri­ca, es decir, lo que real­men­te suce­dió aque­lla noche del 21 de julio, pero que­da­rá en mis defen­di­dos una idea de lo que sig­ni­fi­ca visi­tar un infierno pare­ci­do al des­cri­to por el poe­ta Dan­te, per­so­na­je que fue guia­do a ese lugar por Vir­gi­lio, el repre­sen­tan­te de la razón.
En el caso del resul­ta­do en el juz­ga­do, una Sen­ten­cia Abso­lu­to­ria corre­gi­ría un caso de fabri­ca­ción de cul­pa­bles,  lo cual es des­afor­tu­na­da­men­te la espe­cia­li­dad de la jus­ti­cia en Méxi­co. Si y sólo si, se reco­no­ce el error por negli­gen­cia o dolo de la Pro­cu­ra­du­ría de Jus­ti­cia capi­ta­li­na, triun­fa­rán, aun­que tar­de, los prin­ci­pios del DEBI­DO PRO­CE­SO y la PRE­SUN­CIÓN DE INO­CEN­CIA, garan­tías nece­sa­rias para com­ba­tir la fabri­ca­ción de cul­pa­bles y ende­re­zar una par­te de los rin­co­nes tor­ci­dos del sis­te­ma de jus­ti­cia penal en nues­tra ciudad.

Temas como el ante­rior ya se dis­cu­tían en el ya lejano año de 1990, en aquel Con­gre­so de DERE­CHO PENAL, cuan­do yo tam­bién era joven, cuan­do con­ta­ba con un poco más de vein­te años.

TEMA: “LA JUS­TI­CIA CIE­GA”.
PARA: Los miles de acu­sa­dos reclui­dos en los Reclu­so­rios del D.F. que no han goza­do de        la “Pre­sun­ción de Ino­cen­cia” y menos de un “Debi­do Pro­ce­so”.
POR: OSI­RIS (Luis F. Her­nán­dez- Pro­fe­sor de His­to­ria y Abo­ga­do defen­sor).
FECHA: JULIO
2009.

 

POS­DA­TA:
Las siguien­tes líneas las escri­bo en abril del 2010, para com­ple­men­tar mi tex­to anterior.

 

Lle­ga­do diciem­bre del 2009, pre­ci­sa­men­te el día 12, se resol­vió en esa pri­me­ra ins­tan­cia, la situa­ción legal de mis patro­ci­na­dos.  Jun­tos, aun­que sepa­ra­dos de la reji­lla de prác­ti­cas del juz­ga­do, nos encon­trá­ba­mos los tres: José, su pare­ja Omar y un ser­vi­dor, ner­vio­sos, des­de lue­go por­que de un momen­to a otro cono­ce­ría­mos cuál sería su suerte.

-Crees en la Vir­gen de Gua­da­lu­pe? –me pre­gun­ta Omar y agre­ga: ¡Hoy es su día!
‑Le son­río y para dar­le áni­mos, le res­pon­do: ¡No! Por­que yo soy el fan núme­ro uno de San Judi­tas Tadeo.
‑Pero aun­que seas de San Judas, pue­des ser Gua­da­lu­pano –me dice José.
‑Mien­tras no seas de la “Niña Blan­ca”, creo que hoy la pode­mos librar –dice Omar.
‑Quie­ro creer en la Jus­ti­cia, con eso me bas­ta­ría para estar tran­qui­lo y se me qui­ten estos pin­ches ner­vios, ‑les digo diri­gien­do mi mira­da al des­pa­cho de la licen­cia­da Flor de María, en don­de obser­vo que la Juez, sale para acer­car­se a nosotros.

Efec­ti­va­men­te, trae unos docu­men­tos, le tiem­blan las manos por­que diri­jo mi mira­da, bus­can­do la suya, pero me evade.

-“…Por con­si­de­rar­los penal­men­te res­pon­sa­ble del deli­to de Robo Cali­fi­ca­do Agra­va­do, les impon­go una pena…¡de cin­co años, un mes de pri­sión! que paga­rán en este Cen­tro de Readap­ta­ción…” –dice, entre otras cosas, la jue­za Flor de María para reti­rar­se apre­su­ra­da­men­te a su privado.

Nues­tras mira­das (las de ellos y la mía) se unen. A ellos les bri­llan enor­me­men­te los ojos, a mi me tiem­bla gran­de­men­te la gar­gan­ta. ¿Cómo defi­nir tal esta­do? ¡Frus­ta­ción! ¡Impo­ten­cia! ¡Cora­je! No sé real­men­te, pero sólo acier­to a decir­les: ¡Regre­sen a su anexo…Sigo con ustedes!

Tuvie­ron que pasar, otros cua­tro meses de pri­va­ción de su liber­tad, para que una auto­ri­dad Supe­rior (La Sala) modi­fi­ca­ra la Sen­ten­cia de la licen­cia­da Flor de María. Salie­ron, es cier­to, pero con Reso­lu­ción de tres años de cár­cel, lo que per­mi­tía pagar una fian­za y echar­los a la calle.
Los ví dis­mi­nui­dos de peso, pero aumen­ta­dos en ren­cor y des­ilu­sión. Les insis­tí en que si les habían dis­mi­nui­do en la Ape­la­ción, muy pro­ba­ble­men­te en el Ampa­ro los absol­ve­rían; Recha­za­ron con­tun­den­te­men­te la oferta.

-Ya no que­ría­mos absolución…sencillamente supli­cá­ba­mos por nues­tra liber­tad. ¿Jus­ti­cia? ¡…a chin­gar a su madre!  ‑Me dicen dán­do­me un abra­zo de des­pe­di­da, a las afue­ras del Reclu­so­río, sien­do las dos de la madrugada.

Días des­pués pro­mo­ví una que­ja con­tra la jue­za Flor de María, ante el Con­se­jo de la Judi­ca­tu­ra.  ¿Mi argu­men­to?: Al corre­gir­le su deci­sión, se entien­de que pudo dic­tar­la des­de el prin­ci­pio para que salie­ran, tal y como lo hizo la Sala posteriormente.

¿CON­CLU­SIO­NES? :

1.- Per­dió el “Debi­do Pro­ce­so”
2.- Per­dió la “Pre­sun­ción de Ino­cen­cia”
3.- Y finalmente…Perdió la admi­ra­ción que algu­na vez sen­tí por la madre de un ex alumno; la licen­cia­da que de FLOR, no tie­ne nada y de MARÍA tampoco.

TEMA: LA JUS­TI­CIA CIE­GA (a con­ve­nien­cia)
PARA: Los “per­de­do­res” anó­ni­mos.
POR: OSI­RIS. (FER­NAN­DO, el ex pro­fe­sor de Historia.)

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