McLuhan, el profeta

Por si no lo recuer­dan, esti­ma­dos cua­tro o cin­co lec­to­res (as), el cana­dien­se Her­bert Marshall Mcluhan, (1911–1980) fue un filó­so­fo, edu­ca­dor y teó­ri­co de los medios de la comu­ni­ca­ción. Para los intere­sa­dos en las cien­cias de la comu­ni­ca­ción, allá por los años 70´s, como s.s.s., resul­ta­ba indis­pen­sa­ble leer sus tex­tos. Creo que fue el pri­me­ro en hablar -¡en aque­llos años! — de “esta­do tri­bal”, “aldea glo­bal” “socie­dad de la infor­ma­ción”, “medios fríos y medios calien­tes”, y de la tele­vi­sión como “el gigan­te tími­do”, por el gran poder y peli­gro, que este inven­to repre­sen­ta. Por cier­to, recha­za­ba tan­to a la tele­vi­sión que pedía a su hijo que no per­mi­tie­ra que sus nie­tos la vieran.

El medio es el men­sa­je” repe­tía. “Somos lo que vemos” lapi­da­ba. “For­ma­mos nues­tras herra­mien­tas y lue­go estas nos for­man”, adver­tía. “Los medios son una exten­sión de nues­tros cuer­pos: los coches de nues­tros pies; la radio de nues­tros oídos, la tv de nues­tras manos, las PC de nues­tro sis­te­ma ner­vio­so cen­tral,…”, argumentaba.

Pien­so que si Mcluhan vol­vie­ra a Méxi­co en estos tiem­pos, segu­ra­men­te diría: “se los dije, toda esa publi­ci­dad que pasan por la tele­vi­sión, augu­ra cada vez mas vio­len­cia. Y aho­ra está peor, por­que todos los espec­tácu­los son escue­las del cri­men, video­jue­gos, tele­se­ries, pelí­cu­las, tele­no­ve­las, pri­me­ras pla­nas de los dia­rios y revistas”.

Y se vol­ve­ría a morir pero aho­ra sí, de mie­do del de a deve­ras, al ente­rar­se de las noti­cias coti­dia­nas. Van algunas:

En Méxi­co se come­ten al año 13 millo­nes de deli­tos; De ellos, solo se cas­ti­ga el 2 por ciento.

Somos el sép­ti­mo país mas vio­len­to del con­ti­nen­te ame­ri­cano, solo deba­jo de El Sal­va­dor, Gua­te­ma­la, Colom­bia, Vene­zue­la, Esta­dos Uni­dos y Bra­sil; situa­ción que para nada con­sue­la a las víctimas.

Del 1 de enero del 2006 al 30 de junio del 2011, en nues­tro país se come­tie­ron 83,321 homi­ci­dios dolo­sos; De todos estos, 39,715 fue­ron por arma de fuego.

Ya hubo un día record, el 17 de agos­to pasa­do, en el que hubo 86 homicidios.

Las enti­da­des con mayor inci­den­cia delic­ti­va son, en orden de mayor a menor: Chihuahua, Sina­loa, Gue­rre­ro, D. F., Duran­go, Nue­vo León, Michoa­cán (según datos de sus pro­pias Pro­cu­ra­du­rías, a excep­ción de las Bajas Cali­for­nias, Oaxa­ca y Tabas­co, cuyos datos no apa­re­cen). Y en todas van al alza en esta materia.

Un indi­vi­duo, que se dice líder de la ban­da auto­de­no­mi­na­da La Mano con Ojos, recién dete­ni­do, con­fe­só haber mata­do o man­da­do matar “sola­men­te” a 600 per­so­nas. Otro, tam­bién recién atra­pa­do en Chihuahua, que se dice líder de otra ban­da, con­fe­só haber mata­do a 200. Un sica­rio ado­les­cen­te, de 14 años, apo­da­do “el pon­chis”, dete­ni­do tam­bién recien­te­men­te, con­fe­só haber mata­do “solo” a once per­so­nas y haber dego­lla­do a 4 de ellas, acla­ran­do ade­más, que “él no las col­ga­ba”. Una ado­les­cen­te, esta de 13 años, ya dete­ni­da en el nor­te del país, con­fe­só ser sica­ria “des­de niña”. En Méxi­co, según la SEP, exis­ten 7 millo­nes de Ninis (jóve­nes de 13 a 25 años que ni estu­dia ni tra­ba­ja) y que se dice, des­de todos los medios, son mate­ria pri­ma para engro­sar las filas del cri­men orga­ni­za­do y des­or­ga­ni­za­do. Se cal­cu­la que medio millón de per­so­nas en Méxi­co se dedi­ca a algu­na tarea rela­cio­na­da con el nar­co­trá­fi­co: se ha dete­ni­do a 50 mil, 45 mil han ase­si­na­das en las dispu­tas entre ban­das, es decir, aún hay 400 mil “tra­ba­jan­do”.

La mayor par­te de las miles de extor­sio­nes tele­fó­ni­cas – y, aho­ra, apo­ya­dos en sis­te­mas compu­tari­za­dos – que se come­ten a dia­rio, se ope­ran des­de los pena­les del D. F. y del Esta­do de Méxi­co, cár­ce­les que se con­si­de­ran “de las mas segu­ras” del país.

¿Esta es par­te de la vio­len­cia “nun­ca antes vis­ta” que augu­ra­ba Mcluhan en 1975? Pare­ce que sí. El poder de los men­sa­jes de la tele­vi­sión, y aho­ra de los video­jue­gos, películas,
tele­no­ve­las, publi­ci­dad, tele­se­ries, por­ta­das de dia­rios y revis­tas, ”ver­da­de­ras escue­las del cri­men”, ha sem­bra­do la vio­len­cia que aho­ra sufrimos.

Somos lo que vemos”, “For­ma­mos nues­tras herra­mien­tas y lue­go estas nos for­man” diría Mcluhan.

Por cier­to, si vivie­ra este filó­so­fo, edu­ca­dor, teó­ri­co de los medios de comu­ni­ca­ción, el mas hip­pie de los filó­so­fos o el mas filó­so­fo de los hip­pies, ver­da­de­ro pro­fe­ta de nues­tros tiem­pos, el pasa­do 21 de julio hubie­ra cum­pli­do 100 años de edad. Va un aplau­so para él en don­de se encuentre.

Por cier­to, uno de mis cua­tro o cin­co lec­to­res, Ale­jan­dro Gar­cía, pre­ci­só uno de los datos que les com­par­tí en mi ante­rior mamo­tre­to, El Peca­do de Yuri­ko, cosa que le agra­dez­co, pues por escri­bir a la carre­ra y por­que mi “USB” es la de un anciano decré­pi­to de la cuar­ta edad, de repen­te doy algún tras­pié. El dato correc­to y com­ple­to, es el siguien­te: “…el avión que tras­por­ta­ba la bom­ba ató­mi­ca se lla­ma­ba, efec­ti­va­men­te, “Enola Gey”, pero el nom­bre de aque­lla pri­me­ra y cri­mi­nal bom­ba que se lan­zó en la ciu­dad de Hiroshi­ma, era “Fat Man” y la de Naga­sa­ki “Little Boy”.

Oigan, mis esti­ma­dos y esti­ma­das, si requie­ren algu­na tra­duc­ción inglés- espa­ñol, conoz­co a una tra­duc­to­ra e inter­pre­te ¡de p r i m e r a! Me dicen y yo los conec­to, se ponen de acuer­do y ya.

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