México, espiral de la barbarie”. Editorial íntegro de Le Monde

De hecho las cifras ofi­cia­les que aca­ban de ser publi­ca­das evi­den­cian en for­ma impla­ca­ble la gan­gre­na que corroe el país.

Más allá del núme­ro de muer­tos estric­ta­men­te liga­dos a la lucha con­tra el nar­co­trá­fi­co, se van des­aro­llan­do autén­ti­cas indus­trias de secues­tro, extor­sión de fon­dos, pros­ti­tu­ción, trá­fi­co de per­so­nas y órga­nos. El mapa de los homi­ci­dios demues­tra que estos crí­me­nes no se limi­tan a las regio­nes en las cua­les los cár­te­les están muy bien implan­ta­dos, sino que tien­den a dise­mi­nar­se por todo el terri­to­rio nacional.

Seme­jan­te espi­ral de bar­ba­rie, pro­vo­ca­da por la gue­rra con­tra el nar­co­trá­fi­co y los arre­glos de cuen­tas entre cár­te­les, no deja títe­re con cabe­za y gol­pea inclu­si­ve a dece­nas de perio­dis­tas que se bus­ca callar o a dece­nas de alcal­des víc­ti­mas de chan­ta­je o corrup­ción. Tan­ta vio­len­cia pare­ce haber echa­do por la bor­da todos los tabús sobre el res­pe­to a la persona.

Esa espi­ral, por últi­mo, san­cio­na el terri­ble fra­ca­so de la estra­te­gia “mili­tar” lle­va­da a cabo des­de hace seis años por Feli­pe Cal­de­rón con el apo­yo cons­tan­te, finan­cie­ro en par­ti­cu­lar, de Esta­dos Uni­dos que repre­sen­ta el prin­ci­pal mer­ca­do del narcotráfico.

Pero el mal es tan pro­fun­do, el mie­do tan arrai­ga­do y la mise­ria tan endé­mi­ca que de aho­ra en ade­lan­te nadie pare­ce capaz de pro­po­ner una polí­ti­ca alter­na­ti­va. Y es bas­tan­te dudo­so que la elec­ción de Enri­que Peña Nie­to pue­da cam­biar gran cosa: sella el regre­so del Par­ti­do Revo­lu­cio­na­rio Ins­ti­tu­cio­nal, que domi­nó la vida polí­ti­ca del país duran­te déca­das, en un ámbi­to de corrup­ción y com­pla­cen­cia con los narcotraficantes.

Más allá de Cen­tro Amé­ri­ca (sic), es un desa­fío para Esta­dos Uni­dos y Euro­pa, cuya pros­pe­ri­dad de los mer­ca­dos de estu­pe­fa­cien­tes y de armas ali­men­ta direc­ta­men­te la vio­len­cia mexi­ca­na. No se tra­ta de un desa­fío exó­ti­co: es mun­dial y no pue­de dejar indiferente.

Tra­duc­ción de Anne Marie Mer­gier, corres­pon­sal en Francia.

Fuen­te: proceso

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