Organización y Transformación Social

Pero igual ha suce­di­do con muchas cosas que se han hecho en este país. No han sido sufi­cien­tes para hacer el tra­ba­jo al cien por cien­to. Tan solo por la can­ti­dad de gen­te que está orga­ni­za­da. Me atre­vo a decir, por ejem­plo, que la mayor par­te de la pobla­ción mexi­ca­na nun­ca ha esta­do orga­ni­za­da. Por­que ade­más, miles de los “orga­ni­za­dos” —  ahí están muchos de quie­nes per­te­ne­cen a sin­di­ca­tos -, ni siquie­ra saben que lo están. Si el pue­blo mexi­cano estu­vie­ra orga­ni­za­do, otro gallo nos cantaría. 

Enton­ces, echan­do a volar nues­tra ima­gi­na­ción, podría­mos idear, crear, inven­tar otras for­mas orga­ni­za­ti­vas que sean más úti­les para trans­for­mar al país en uno mejor.

Aun­que, pen­sán­do­le un poco más, tal vez el pro­ble­ma no esté en la for­ma orga­ni­za­ti­va sino en su con­te­ni­do, en su orien­ta­ción. Por­que, vien­do un poco al pasa­do, uno se da cuen­ta que las gran­des orga­ni­za­cio­nes crea­das, por ejem­plo, duran­te el car­de­nis­mo, fue­ron úti­les para dos cosas, para movi­li­zar y para votar. Si le echa­mos un ojo al pre­sen­te, vemos que, en gene­ral, las orga­ni­za­cio­nes que se siguen crean­do sir­ven para lo mis­mo, para movi­li­zar y para votar. Pero ¿para eso es una orga­ni­za­ción? Sí, pero tam­bién pue­de ser­vir para algo más; para trans­for­mar, por ejem­plo. Para trans­for­mar al indi­vi­duo y para trans­for­mar la sociedad.

Y esto – trans­for­mar – creo no ha esta­do den­tro de los obje­ti­vos esen­cia­les, prio­ri­ta­rios, de las orga­ni­za­cio­nes. Por eso digo que el pro­ble­ma, qui­zá, no esté en la for­ma sino en su orien­ta­ción. Enton­ces está bien que la orga­ni­za­ción sea para movi­li­zar y para votar, no se los qui­to, pero sobre todo la orga­ni­za­ción debe ser útil para TRANS­FOR­MAR. Aho­ra, trans­for­mar ¿en qué sen­ti­do? Y aquí vie­ne lo intere­san­te. ¿Qué sen­ti­do hay que dar a las orga­ni­za­cio­nes para que trans­for­men? Por­que has­ta aho­ra las orga­ni­za­cio­nes han movi­li­za­do y han ense­ña­do a votar – pero de mar­chas, muchos ya están has­ta la madre y muchos siguen dudan­do que el voto se espe­te y al rato vamos a estar como los jóve­nes de Espa­ña, en con­tra de todo —  a sus inte­gran­tes pero la trans­for­ma­ción real, creo, sigue esperando.

En mi opi­nión – y per­mí­tan­me que insis­ta en uno de los aspec­tos que me pare­ce mas impor­tan­te en la actua­li­dad -, lo que aho­ra pro­ce­de, para pro­mo­ver la trans­for­ma­ción, y ade­más, lo mas prac­ti­co, es que las orga­ni­za­cio­nes inclu­yan entre sus pro­pó­si­tos esen­cia­les, la Cons­truc­ción de Ciu­da­da­nía; es decir, hay que crear Ciu­da­da­nos, así con mayús­cu­las. ¿Por qué? Por­que insi­to con mi pre­mi­sa, en Méxi­co, no hay ciu­da­da­nos. Este es otro de nues­tros gran­des reza­gos como país y ori­gen de un mon­tón de pro­ble­mas gran­des, media­nos  y pequeños.

Y no me refie­ro al con­cep­to plas­ma­do en el artícu­lo 34 cons­ti­tu­cio­nal que dice que son ciu­da­da­nos los nacio­na­les que ten­gan 18 años y un modo hones­to de vivir. Con ello se entien­de que ellos, ya están aptos para votar y ser vota­dos, o sea, para par­ti­ci­par en polí­ti­ca. De estos hay muchos más, qui­zá 80 millo­nes, que dis­fru­tan o sufren según les vaya, de nues­tra demo­cra­cia elec­to­ral. Pero esto, lo dice la expe­rien­cia, no alcan­za para resol­ver los gran­des pro­ble­mas nacio­na­les. Por eso no, no me refie­ro a su sig­ni­fi­ca­do cons­ti­tu­cio­nal o legal. Al hablar de ciu­da­da­nos, me refie­ro a su sig­ni­fi­ca­do mas res­trin­gi­do. Aquel que podría inter­pre­tar­se, como des­de un pun­to de vis­ta socio­ló­gi­co, como par­te de un pro­ce­so evo­lu­ti­vo. Es decir, en el ante­pa­sa­do hubo escla­vos; en el pasa­do, hubo vasa­llos; en el pre­sen­te debie­ra haber ciudadanos.

Los escla­vos no tie­nen dere­chos, nin­guno. Ade­más tie­nen due­ño, pro­pie­ta­rio o amo. Los vasa­llos tie­nen algu­nos dere­chos, pero acep­tan depen­der de otro al que creen supe­rior, el señor feu­dal, el cau­di­llo, el líder. Los ciu­da­da­nos ni tie­ne pro­pie­ta­rios, ni depen­den de otro supe­rior y si en cam­bio saben que tie­nen todos los dere­chos pero tam­bién obli­ga­cio­nes en igual­dad de cir­cuns­tan­cias que sus congéneres.

En Méxi­co, en mi modes­ta opi­nión, coexis­ten las tres eta­pas. La pri­me­ra, un poquito;
mucho más, la segun­da; y empie­za a nacer la tercera.

Ejem­plo: es común escu­char a líde­res del mun­do polí­ti­co, hablar de “su gen­te”. “Ten­go mi gen­te” dicen, con esa con­no­ta­ción de pro­pie­dad. Otro: el actual sin­di­ca­lis­mo tam­bién tie­ne esa mar­ca. Por­que en la reali­dad no hay liber­tad sin­di­cal. Se nota has­ta en el cobro de cuo­tas de los sin­di­ca­tos que agru­pan a los tra­ba­ja­do­res del GDF que, se dice, es un gobierno de izquier­da, pro­gre­sis­ta, de van­guar­dia: las cuo­tas sin­di­ca­les se des­cuen­tan por nómi­na al tra­ba­ja­dor y ellas se le entre­gan a los sin­di­ca­tos, cuan­do debe­rían ser los tra­ba­ja­do­res los que entre­ga­ran volun­ta­ria y libre­men­te, sus cuotas.

Es mucho más gene­ra­li­za­da la exis­ten­cia de la segun­da eta­pa, la de los vasa­llos: Por ejem­plo, el mexi­cano común par­ti­ci­pa de la elec­ción de su dipu­tado, pero nun­ca le pide cuen­tas. ¿Qué hizo su dipu­tado, legis­ló, votó a favor o en con­tra, infor­mó de lo que hizo? No lo sabe. O, dicho mexi­cano común, par­ti­ci­pa en la elec­ción de su repre­sen­tan­te social o diri­gen­te y, en los hechos, “para no meter­se en pro­ble­mas”, lo deja hacer y des­ha­cer. O al Pre­si­den­te, al Gober­na­dor, al que cree supe­rior por­que apa­re­ce arri­ba, más que res­pe­tar­lo, lo vene­ra, quie­re tomar­se una foto con él, qui­sie­ra ofre­cer­le una comi­di­ta, por­que depen­de o cree depen­der de ese ser “supe­rior”.

Y la ter­ce­ra eta­pa, la de los ciu­da­da­nos, prác­ti­ca­men­te ape­nas está nacien­do; tie­ne pocos lus­tros de vida. Ciu­da­dano es la per­so­na o per­so­nas, que por si mis­ma, sin que se lo orde­nen, par­ti­ci­pa, se infor­ma, exi­ge, empla­za, defien­de sus dere­chos, tien­de a cum­plir con sus obli­ga­cio­nes. Pero de éstos, aún somos fran­ca mino­ría. La inmen­sa mayo­ría está o se encuen­tra, en la segun­da eta­pa, la del vasa­lla­je. Por eso, creo, nues­tra demo­cra­cia, está en paña­les. Por eso, este régi­men de Par­ti­dos, que debie­ra ser la joya de nues­tra demo­cra­cia, ape­nas ha per­mi­ti­do dar el peque­ño sal­to de un régi­men Pre­si­den­cial, es decir, cau­di­lles­co, a una espe­cie de par­ti­do­cra­cia. Por eso, la gene­ra­li­dad de la pobla­ción está espe­ran­do solu­cio­nes mági­cas, mila­gro­sas, que ven­gan de arri­ba, del gobierno, del Pre­si­den­te, del líder, del cau­di­llo, sin ser con­cien­te que muchas gran­des solu­cio­nes están en sus manos.

Este fenó­meno tam­bién se refle­ja, creo, en la edu­ca­ción supe­rior: cuan­do los estu­dian­tes obtie­nen su titu­lo, salen pre­pa­ra­dos, con la idea y dis­po­si­ción, de ir a pedir empleo. Cuan­do lo que debie­ran es estar pre­pa­ra­dos para ir a crear u ofre­cer empleos. 

Los Par­ti­dos y las Aso­cia­cio­nes Polí­ti­cas, como ins­ti­tu­cio­nes de inte­rés públi­co, tie­nen la tarea legal, de crear ciu­da­da­nía, pero no la cum­plen, pues caye­ron en un pro­ce­so per­ver­so por­que, en su diná­mi­ca inter­na, pro­vo­ca­da por vacíos en la ley, pre­do­mi­nan intere­ses de gru­po y has­ta per­so­na­les, sobre los colec­ti­vos o institucionales.

Por eso esta tarea, cons­truir ciu­da­da­nía, debe ser una tarea asu­mi­da como pro­pia y prio­ri­ta­ria, por todas las orga­ni­za­cio­nes. Esta es una tarea sen­ci­lla, nada com­ple­ja, pero que exi­ge pacien­cia, cons­tan­cia, dis­ci­pli­na y sobre todo, visión de futuro.

Para empe­zar, a la pobla­ción se le debe­rían ense­ñar las garan­tías indi­vi­dua­les y socia­les que mar­ca la Cons­ti­tu­ción; Mucho ayu­da­ría en el mis­mo sen­ti­do, si las orga­ni­za­cio­nes cum­plen cabal­men­te con sus nor­mas inter­nas; Igual­men­te abo­na­ría en el mis­mo sen­ti­do desa­rro­llar otro tipo de prac­ti­cas, cual nue­vas cul­tu­ras. Por ejem­plo, cui­dar el agua, no esta­cio­nar­se en doble fila, pagar pun­tual­men­te los impues­tos, dere­chos y con­tri­bu­cio­nes, apli­car mar­ca­je per­so­nal a nues­tros dipu­tados y a los gober­nan­tes, par­ti­ci­par acti­va­men­te, en nues­tra comu­ni­dad mas inme­dia­ta, para la solu­ción de la pro­ble­má­ti­ca coti­dia­na, cono­cer los pla­nes de gobierno, ente­rar­se de los pre­su­pues­tos apro­ba­dos, cum­plir a caba­li­dad con lo que nos com­pro­me­te­mos, pedir cuen­tas a nues­tros líde­res o diri­gen­tes, etc., etc. Esta­ría­mos for­man­do per­so­nas sen­si­bles, con­cien­tes, poli­ti­za­das, orga­ni­za­das cívi­ca y polí­ti­ca­men­te, res­pon­sa­bles de sus actos. Y, en resu­mi­das cuen­tas, serían personas
dis­pues­tas a aca­tar la ley, a aco­plar­se al esta­do de dere­cho, sin recla­mar pri­vi­le­gios para nadie.

Actual­men­te, en Méxi­co, está tan dis­tor­sio­na­do esta pre­mi­sa ele­men­tal, la de aca­tar el esta­do de dere­cho, que hay quie­nes no cum­plen con algún orde­na­mien­to por­que lo con­si­de­ran “injus­to” para ellos. Y razo­nan: “Si con­si­de­ro que tal ley, me es injus­ta, no la cum­plo”. Otro ejem­plo es la incul­tu­ra del fue­ro y del cha­ro­la­zo. Uti­li­zan tal incul­tu­ra, sobre todos los ricos y los encum­bra­dos polí­ti­ca­men­te, para pasar­se la ley, el Esta­tu­to, el Regla­men­to, o cual­quier otro orde­na­mien­to, por el arco del triun­fo. Otro ejem­plo de lo mis­mo es hay sec­to­res de la pobla­ción que exi­ge tener pri­vi­le­gios. Un ejem­plo muy recu­rren­te en estos días es la exi­gen­cia de perio­dis­tas para que se les cui­de espe­cial­men­te a ellos para atem­pe­rar los ries­gos de su tra­ba­jo. ¿Por qué brin­dar­les mas segu­ri­dad a ellos, por qué no a los mine­ros, a los tra­ba­ja­do­res de la basu­ra, a las amas de casa u a otros sec­to­res? Lo correc­to es que todos ten­gan, ten­ga­mos, seguridad. 

Ello, el aca­tar la ley de mane­ra pare­ja, nos lle­va­rá, de mane­ra natu­ral a prac­ti­car otro tipo de orga­ni­za­ción, por ejem­plo, la de con­su­mi­do­res, la de pro­tec­ción del medio ambien­te, u otros, que son cam­pos aún vír­ge­nes en nues­tro país, aun­que requie­ren de aten­ción inme­dia­ta, y se esta­rá abo­nan­do en la cons­truc­ción de ciu­da­da­nía, que actual­men­te es como un requi­si­to para ace­le­rar, por medio de la orga­ni­za­ción, la trans­for­ma­ción del país.

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