Otro informe

Sin embar­go, en esta épo­ca de infor­mes, y a pesar de cer­ca­nos derra­mes petro­le­ros récord, de cer­ca­nos encuen­tros mun­dia­les sobre cam­bio cli­má­ti­co, de otros anun­cios que insi­núan la gra­ve­dad de lo que nos espe­ra, segui­mos, como en el Tita­nic, tocan­do el vals que no podre­mos ya nun­ca más bai­lar. Crean­do la ilu­sión de que no nos hun­di­mos. Mal­gas­tan­do recur­sos hacien­do male­co­nes que dura­rán un sus­pi­ro, movien­do are­na como si noso­tros deter­mi­ná­ra­mos la línea de cos­ta, o afir­man­do que son los auto­mó­vi­les quie­nes dan vida a la ciu­dad cuan­do, en ver­dad, gene­ran muer­te y enfermedad.

Hoy cuan­do la visión de lar­go pla­zo debie­ra tra­du­cir­se en acción polí­ti­ca inme­dia­ta vemos, por el con­tra­rio, a la visión del pla­zo cor­to, polí­ti­ca­men­te espe­cu­la­ti­vo, rego­dear­se en el igno­rar que nos hun­di­mos. O más pre­ci­sa­men­te, el mar sube. Una nue­va opor­tu­ni­dad para levan­tar la vis­ta y ante­po­ner el todo a la par­te, se malo­gra en la siem­pre embria­ga­do­ra adu­la­ción del yo invito. 

El calentamiento global ya está en marcha

Las cau­sas son, entre otros, los impac­tos huma­nos sobre el terri­to­rio (cam­bios de usos del sue­lo) y la que­ma de com­bus­ti­bles fósi­les. Has­ta 1995 aún se dis­cu­tía sobre los rit­mos del pro­ce­so y sobre si la fase de calen­ta­mien­to más rápi­do ya se había ini­cia­do o no. Sin embar­go un momen­to deci­si­vo lle­gó en 1995. A fina­les de ese año, los cien­tí­fi­cos del IPC­Ci, reu­ni­dos en Nue­va York en sep­tiem­bre, en Madrid en noviem­bre y en Roma en diciem­bre, die­ron final­men­te por cier­to el comien­zo del calen­ta­mien­to indu­ci­do por la acti­vi­dad humana.ii

El secre­ta­rio gene­ral de la Orga­ni­za­ción Meteo­ro­ló­gi­ca Mun­dial, Michel Jarraud, anun­ció el 23 de diciem­bre de 2007, en la Cum­bre del Cli­ma de Bali, que el dece­nio 1998–2007 ha sido el más cáli­do que ha cono­ci­do el pla­ne­ta des­de que exis­ten regis­tros. Aún así, segui­mos insis­tien­do en pos­po­ner las medi­das que pudie­ran ayu­dar­nos a miti­gar las inevi­ta­bles con­se­cuen­cias negativas.

Crece el ritmo de aumento de las emisiones de CO²

En los años sesen­ta del siglo XX, el dió­xi­do de car­bono aumen­tó a un rit­mo medio de 0’84 par­tes por millón (ppm) al año. En los seten­ta, a 1’26. En los ochen­ta, a 1’59. En los noven­ta, a 1’50. Des­de el año 2000, a 2’01 par­tes por millón. En 2007 se supe­ra­ron las 387 ppm. Para com­pa­rar, en los últi­mos 650,000 años las con­cen­tra­cio­nes en la atmós­fe­ra osci­la­ron entre 180 y 300 ppm. Así que aho­ra esta­mos casi un 30% por enci­ma del mayor nivel des­de hace más de medio millón de añosiii. 

Una catástrofe climática en marcha

Según el Gru­po Inter­gu­ber­na­men­tal de Exper­tos sobre el Cam­bio Cli­má­ti­co (IPCC), en su Cuar­to Infor­me de Eva­lua­ción, febre­ro de 2007, la tem­pe­ra­tu­ra glo­bal se incre­men­ta­rá entre 1,8 y 6,4 gra­dos cen­tí­gra­dos has­ta el año 2100, con res­pec­to a aque­llos nive­les pre­in­dus­tria­les, con la mejor esti­ma­ción en torno a 3ºC, ¡lo que es enor­me! El lími­te para el “cam­bio cli­má­ti­co peli­gro­so” lo sitúan en unos 2ºC. La dife­ren­cia entre el pro­me­dio de tem­pe­ra­tu­ras en el últi­mo mile­nio, y la edad del hie­lo que fina­li­zó hace unos 12,000 años, es de sólo 3ºC.

Y, en ese mis­mo perio­do, has­ta el 2100, el nivel del mar podría subir más de medio metro supo­nien­do, lo que resul­ta cada vez más impro­ba­ble, que no se des­es­ta­bi­li­cen las gran­des masas de hie­lo de Groen­lan­dia y la Antár­ti­da. En tal caso esta­ría­mos hablan­do de subi­das de 6 metros, de 15 metros. El Árti­co está per­dien­do casi el 8% de su hie­lo por decenio.

Den­tro de trein­ta años pue­de que mire­mos atrás y vea­mos el lunes 16 de sep­tiem­bre de 2007 como el día en que el Árti­co alcan­zó el crí­ti­co pun­to del no retorno: tan lejos lle­gó el des­hie­lo que ya no pudo recu­pe­rar­se. Ese día el cas­que­te se redu­jo a su míni­mo his­tó­ri­co con una super­fi­cie de 4,13 millo­nes de kiló­me­tros cua­dra­dos, como dos veces Méxi­co. Pue­de pare­cer mucho, pero es una reduc­ción de 1,19 millo­nes de kiló­me­tros res­pec­to al míni­mo del 20 de sep­tiem­bre de
2005iv.
Aquel cuar­to infor­me de eva­lua­ción del IPCC, cuya pri­me­ra par­te se difun­dió en febre­ro de 2007, pre­vió una subi­da del nivel del mar entre 19 y 58 cm para el 2100, supo­nien­do que no haya pér­di­das masi­vas de hie­lo en los polos. Pero la cues­tión es que, si se fun­den los hie­los de Groen­lan­dia, el nivel del mar subiría no unos cen­tí­me­tros, sino pro­ba­ble­men­te sie­te metros. Y si se fun­den los hie­los de la Antár­ti­da el pano­ra­ma aún sería mucho peor, con subi­das de varias dece­nas de metrosv.

Local­men­te el Dr. Capu­rro segui­rá gri­tan­do “toda la penín­su­la es cos­ta” y las influen­cias “cien­tí­fi­cas” en la polí­ti­ca guber­na­men­tal le res­pon­de­rán “uti­li­za­mos con­cre­to poro­so en el nue­vo male­cón inter­na­cio­nal”, lo cual cons­ti­tui­rá un recuer­do joco­so cuan­do el male­cón que­de “poro­sa­men­te” deba­jo del nivel del mar según lo anti­ci­pan los exper­tos del IPCC. Mien­tras tan­to los que saben siguen advir­tien­do que “una fusión gla­cial ace­le­ra­da y cam­bios de gran cala­do en el nivel del mar no debe­rían con­si­de­rar­se posi­bi­li­da­des hipo­té­ti­cas, sino acon­te­ci­mien­tos probables.”vi ¡O sea, ten­dre­mos, por fin, puer­to de altu­ra! Aun­que podría­mos haber­nos aho­rra­do unos bue­nos pesos de no haber sido tan impacientes.

Y en nin­guno de los rubros más impor­tan­te, ni en la mer­ma de pro­duc­ción de gases de efec­to inver­na­de­ro, sacan­do local­men­te auto­mó­vi­les de cir­cu­la­ción, ni en las polí­ti­cas de pla­ni­fi­ca­ción que relo­ca­li­cen las acti­vi­da­des cos­te­ras de acuer­do a los tiem­pos que se vie­nen, reve­ló el infor­me o pro­pu­so algo. Esta­mos sí, por supues­to, obli­ga­dos a com­ba­tir las des­igual­da­des que deja­mos cre­cer has­ta el día de hoy, pero no como con­sue­lo ante la inevi­ta­ble catás­tro­fe, sino como alter­na­ti­va posi­ti­va que sea capaz de crear un mun­do que nun­ca más gene­re rique­za a cos­ta de des­truc­ción de natu­ra­le­za y exten­sión de pobre­za humana.

El autor es Arqui­tec­to y Ecó­lo­go Humano
Miem­bro acti­vo del Foro por la Defen­sa de nues­tros Eco­sis­te­mas Peninsulares

i Comi­sión Inter­gu­ber­na­men­tal sobre el Cam­bio Cli­má­ti­co
ii IPCC: The Scien­ce of Cli­ma­te Chan­ge, Cam­brid­ge Uni­ver­sity Press 1996
iii NOAA 2007
iv Mark Serre­ze, inves­ti­ga­dor prin­ci­pal del Ins­ti­tu­to Nacio­nal del Hie­lo de Esta­dos Uni­dos
v Kerr, R. (2006): “A worrying trend of less ice, higher seas”. Scien­ce vol. 311, 24 de mar­zo de 2006, p. 1698–1701. Véa­se tam­bién Flan­nery, Tim (2006): La ame­na­za del cam­bio cli­má­ti­co. His­to­ria y futu­ro, Tau­rus, Madrid 2006.
vi Ken­nedy, D./ Han­son, B. (2006): “Ice and his­tory”, Scien­ce vol. 311, 24 de mar­zo de 2006, p. 1673.

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