Penumbras nadamás

Para aca­bar con la gra­ve con­ta­mi­na­ción ambien­tal de la Ciu­dad de Méxi­co, se deben tomar medi­das drás­ti­cas e inme­dia­tas. ¿Cuá­les? Las siguien­tes:
1)    Sacar de la Ciu­dad, al Aero­puer­to Inter­na­cio­nal “Beni­to Juá­rez”;
2)    Impe­dir la cir­cu­la­ción del 90 por cien­to de los vehícu­los par­ti­cu­la­res que actual­men­te lo hacen, es decir, el máxi­mo en cir­cu­la­ción dia­ria sería de 350 mil auto­mo­to­res;
3)    Impe­dir la cir­cu­la­ción duran­te el día, (de 6 de la maña­na a las 11 de la noche) de todos los vehícu­los de car­ga pesa­da, como trai­lers, tor­tons y pipas;
4)    Sacar de la Ciu­dad, a todas las indus­trias con­ta­mi­nan­tes, a menos que garan­ti­cen que ya no con­ta­mi­nan;
5)    Sus­ti­tuir todos los vehícu­los de los gobier­nos dele­ga­cio­na­les, del DF y fede­ral, por auto­mo­to­res no contaminantes;

6)    Sus­ti­tuir todos los vehícu­los de trans­por­te públi­co (auto­bu­ses, micro­bu­ses, com­bis y taxis) que con­ta­mi­nen, por otros que no lo hagan;

7)    Tri­pli­car la red del Sis­te­ma de Trans­por­te Colec­ti­vo mejor cono­ci­do como Metro;
8)    Ampliar, mul­ti­pli­can­do por diez, tan­to la red del lla­ma­do tren lige­ro, como la red de tro­le­bu­ses hoy exis­ten­tes;
9)    Cons­truir, a mane­ra de nue­vo peri­fé­ri­co, el lla­ma­do “Tren Bala”;
10)      Reubi­car a todos los tra­ba­ja­do­res de ins­ti­tu­cio­nes públi­cas, que labo­ren muy lejos de   sus hoga­res, a cen­tros de tra­ba­jo cer­ca­nos;
11)     Obli­gar a todas las empre­sas que ten­gan 100 o más, emplea­dos, a tras­la­dar­los de su casa al tra­ba­jo y vice­ver­sa, en vehícu­los colec­ti­vos pro­pie­dad de la empre­sa, como hacen algu­nos cen­tros esco­la­res;
12)     Obli­gar a todas las escue­las pri­ma­rias y secun­da­rias a tras­la­dar a los alum­nos de sus casas al cen­tro esco­lar y vice­ver­sa, en auto­bu­ses pro­pie­dad de las escue­las;
13)     Plan­tar un millón de árbo­les en sitios públi­cos, inclu­yen­do came­llo­nes y ban­que­tas;
Cier­ta­men­te, se tra­ta de medi­das drás­ti­cas pero urgen­tes. ¿Sue­ño? Sí. Sue­ño con un medio ambien­te lim­pio no con­ta­mi­na­do.
Se requie­re fre­nar las polí­ti­cas públi­cas que se han segui­do al res­pec­to, meter rever­sa y modi­fi­car el  rum­bo.  ¡No mas polí­ti­cas que le abran paso al auto­mó­vil, no mas aero­puer­to en medio de la gran ciu­dad, no más ato­le con el dedo con decla­ra­cio­nes de con­tin­gen­cia ambien­tal y simi­la­res, que de nada sir­ven!    
Y es que, mis que­ri­dos cua­tro o cin­co lec­to­res y lec­to­ras, la con­ta­mi­na­ción ambien­tal de la ciu­dad de Méxi­co, nos está qui­tan­do ace­le­ra­da­men­te, cali­dad de vida a todos (mas de 8 millo­nes de per­so­nas, tan solo en el DF y 12 millo­nes en la zona con­nur­ba­da del Edo­mex) los que aquí habi­ta­mos.
Que­ri­do lec­tor: ¿ha lle­ga­do usted a la ciu­dad de Méxi­co por vía aérea, se ha subi­do al WTC o a la Torre Lati­no­ame­ri­ca­na o a la Torre de Pemex o a cual­quier  otro ras­ca­cie­lo de la capi­tal o, de per­di­da, se ha subi­do usted al Cerro de la Estre­lla en Izta­pa­la­pa? Enton­ces se habrá dado cuen­ta que, des­de hace unos quin­ce años, la ciu­dad ya no se mira a sim­ple vis­ta. En su lugar lo que apa­re­ce, la mayor par­te del año, es una nata que va del color negro al café oscu­ro.  Es lo que esta­mos res­pi­ran­do. Son penum­bras nadamás.

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