Proyecto Indígena de Nación

El medio para lograr este fin fue la coop­ta­ción o ase­si­na­to de los líde­res polí­ti­co y espi­ri­tua­les, la coop­ta­ción  o ase­si­na­to de nues­tros sabios y maes­tros, la des­truc­ción de los códi­ces que con­te­nían el cono­ci­mien­to cien­tí­fi­co y el acer­vo cul­tu­ral mile­na­rio, la des­truc­ción de nues­tros cen­tros cere­mo­nia­les y admi­nis­tra­ti­vos, la des­truc­ción de nues­tras escue­las y el mayor geno­ci­dio cono­ci­do por la huma­ni­dad: en tan solo 65 años de inva­sión los espa­ño­les ase­si­na­ron o pro­vo­ca­ron la muer­te de 24 de 25 millo­nes de habi­tan­tes originarios.

2.-        El Pro­yec­to de Nación ema­na­do del Movi­mien­to de Inde­pen­den­cia con­ci­bió y defi­nió a Méxi­co como una Nación Úni­ca. Las nue­vas ins­ti­tu­cio­nes nacio­na­les, polí­ti­cas públi­cas y pla­nes de gobierno se cons­tru­ye­ron pen­san­do que la socie­dad mexi­ca­na era Mono­cul­tu­ral y Mono­lin­güe. En lo sus­tan­ti­vo nada cam­bió para los Indí­ge­nas, la escla­vi­tud con­ti­nuó al menos 100 años más

A pesar de que los Pue­blos Indí­ge­nas eran el 80% de la pobla­ción nacio­nal, los diri­gen­tes polí­ti­cos de la inde­pen­den­cia  ‑por racis­tas en su mayo­ría o por sober­bios e igno­ran­tes- no tuvie­ron volun­tad polí­ti­ca para reco­no­cer la exis­ten­cia de los Pue­blos Indí­ge­nas como suje­tos polí­ti­cos con per­so­na­li­dad jurí­di­ca en cali­dad de Tri­bus, Pue­blos y Nacio­nes ori­gi­na­rias; no tuvie­ron la sen­si­bi­li­dad polí­ti­ca para res­pe­tar nues­tra dife­ren­cia étni­ca y cul­tu­ral y garan­ti­zar nues­tra inte­gra­ción a la Nación sin per­der nues­tra iden­ti­dad. La solu­ción encon­tra­da fue algo mucho más sim­ple: solo nos ignoraron.

3.-        A prin­ci­pio del siglo XX la pobla­ción indí­ge­na seguía sien­do una mayo­ría étni­ca en Méxi­co, no obs­tan­te, los líde­res polí­ti­cos de todas las fac­cio­nes revo­lu­cio­na­rias  pac­ta­ron un nue­vo Pro­yec­to de Nación per­fi­la­do en la Cons­ti­tu­ción de 1917 que más allá de los dere­chos socia­les ahí con­sa­gra­dos ‑que si fue­ron moti­vo de enor­mes discordias‑, rati­fi­có el Mode­lo de Nación Úni­ca ( Mono­lin­güe, Mono­cul­tu­ral y aho­ra tam­bién Mono­ét­ni­co,), con lo cual cons­cien­te y polí­ti­ca­men­te toda la cla­se polí­ti­ca uni­fi­có su volun­tad polí­ti­ca para vol­ver a excluir a los Pue­blos Indí­ge­nas de la Nación mexi­ca­na y su Estado.

En la cons­ti­tu­ción no se reco­no­cía ni siquie­ra la exis­ten­cia físi­ca de nues­tros Pue­blos Indí­ge­nas. Las leyes, las ins­ti­tu­cio­nes, las polí­ti­cas públi­cas, la cul­tu­ra y la edu­ca­ción se cons­tru­ye­ron negan­do la diver­si­dad étni­ca y cul­tu­ral que era México.

Los dos­cien­tos años de inde­pen­den­cia de Méxi­co han sig­ni­fi­ca­do para nues­tros Pue­blos Indí­ge­nas dos­cien­tos años de sobre­vi­ven­cia en cali­dad de extran­je­ros en nues­tra pro­pia tie­rra. Han sido dos­cien­tos años en los que el Esta­do mexi­cano nos ha impues­to una con­di­ción de domi­na­ción étni­ca, polí­ti­ca y cultural.

4.-        A fines del siglo pasa­do el Esta­do Mexi­cano se dio cuen­ta que nece­si­ta­ban cons­truir una iden­ti­dad nacio­nal que le die­ra sus­ten­to cul­tu­ral y espi­ri­tual a la Nación. Cien años de inde­pen­den­cia no le habían apor­ta­do a Méxi­co ele­men­tos iden­ti­ta­rios pro­pios. Éstos se encon­tra­ban en el mun­do indí­ge­na ante­rior a la inva­sión espa­ño­la, en su pasa­do mile­na­rio y su acer­vo cul­tu­ral del pre­sen­te. Pri­me­ro el Por­fi­ris­mo se empe­ñó en res­ca­tar los ele­men­tos cul­tu­ra­les pre­his­pá­ni­cos y lue­go los polí­ti­cos triun­fan­tes de la revo­lu­ción le die­ron con­ti­nui­dad a ese pro­ce­so de res­ca­te arqueo­ló­gi­co has­ta for­mu­lar en 1948 una polí­ti­ca de Esta­do en mate­ria indí­ge­na etno­ci­da deno­mi­na­da Indi­ge­nis­mo con­sis­ten­te en acul­tu­ri­zar a nues­tros Pue­blos Indí­ge­nas para inte­grar­los como ver­da­de­ros mexi­ca­nos y al mis­mo tiem­po expro­piar­les sus ele­men­tos cul­tu­ra­les para dotár­se­los a la Nación mexi­ca­na que aho­ra ‑según sus esta­dís­ti­cas poco creí­bles- era mayo­ri­ta­ria­men­te mestiza.

5.-        La refor­ma cons­ti­tu­cio­nal fede­ral de 1992 creó el artícu­lo 4 en el cual ‑des­pués de 75 años- se reco­no­cía que exis­tían los Pue­blos Indí­ge­nas y más aún que eran el “sus­ten­to ori­gi­na­rio de la nación”. Esta reforma
obli­ga­da fue la pre­con­di­ción para que el Sena­do de la Repú­bli­ca pudie­ra rati­fi­car el “Con­ve­nio 169 de la OIT sobre Pue­blos indí­ge­nas y Tri­ba­les en paí­ses inde­pen­dien­tes de 1989”. Con estos nove­do­sos ele­men­tos cons­ti­tu­cio­na­les se inau­gu­ró en Méxi­co una nue­va eta­pa de domi­nio y mani­pu­la­ción étni­ca, polí­ti­ca y  cul­tu­ral sobre los Pue­blos Indí­ge­nas por el Esta­do mexi­cano y la socie­dad nacio­nal no indígena.

Es una nue­va eta­pa de simu­la­ción en la que el Esta­do alar­dea de reco­no­cer dere­chos indí­ge­nas pero en reali­dad en nin­gún caso la cons­ti­tu­ción fede­ral o esta­tal reco­no­ce a los Pue­blos Indí­ge­nas como el Suje­to del Dere­cho, de modo que los “dere­chos” míni­mos ya con­sa­gra­dos son letra muer­ta pues no exis­te el Suje­to del Dere­cho que pue­da ejer­cer tales derechos.

Los Pue­blos Indí­ge­nas son real­men­te exis­ten­tes pero jurí­di­ca­men­te inexis­ten­tes pues el Esta­do mexi­cano se nie­ga a reco­no­cer­nos per­so­na­li­dad jurí­di­ca como suje­tos de Dere­cho Público.

6.-        Refun­dar a la Nación  es ya una deman­da nacio­nal de todos los sec­to­res socia­les y polí­ti­cos del país y en eso coin­ci­di­mos los Pue­blos indí­ge­nas y sus orga­ni­za­cio­nes. Pero esta refun­da­ción no pue­de ni debe rati­fi­car el mode­lo de Nación Única.

Los Pue­blos Indí­ge­nas tene­mos el dere­cho a recons­ti­tuir­nos como las Nacio­nes flo­re­cien­tes y cul­tas que éra­mos al igual que  la Nación mexi­ca­na tie­ne el dere­cho a recons­ti­tuir el teji­do social, a repen­sar su demo­cra­cia repre­sen­ta­ti­va, sus for­mas de ejer­ci­cio del Poder Públi­co y su mode­lo de Desa­rro­llo nacional.

Una genui­na Uni­dad en la Diver­si­dad étni­ca y cul­tu­ral debe sin­te­ti­zar ambas aspi­ra­cio­nes en un mode­lo de Nación Demo­crá­ti­ca en la que coexis­ta­mos indí­ge­nas y no indí­ge­nas en con­di­cio­nes de plu­ra­li­dad jurí­di­ca, de res­pe­to a la iden­ti­dad étni­ca y a la dife­ren­cia cul­tu­ral. El suje­to colec­ti­vo capaz de con­du­cir a Méxi­co hacia este Pro­yec­to de uni­dad nacio­nal de nue­vo tipo le lla­ma­mos Esta­do Plu­ri­na­cio­nal Democrático.

Los Pue­blos Indí­ge­nas que­re­mos seguir sien­do mexi­ca­nos pero sin per­der nues­tra iden­ti­dad y a par­tir de nues­tras pro­pias ins­ti­tu­cio­nes y polí­ti­cas de autodesarrollo.

7.-        Este nue­vo mode­lo de Nación tie­ne que regir­se por rela­cio­nes polí­ti­cas demo­crá­ti­cas de nue­vo tipo en las que  los intere­ses de “lo públi­co” y/o comu­ni­ta­rio y la into­le­ran­cia a la corrup­ción e impu­ni­dad nor­men el mar­co jurí­di­co nacio­nal, la éti­ca polí­ti­ca y la vida ins­ti­tu­cio­nal de la nue­va Uni­dad en la Diversidad.

La Nación mexi­ca­na mul­ti­cul­tu­ral que hoy se pro­cla­ma, no será una far­sa   ‑como lo es aho­ra–  si se refun­da al Esta­do mexi­cano como un Esta­do Plu­ri­na­cio­nal Demo­crá­ti­co que man­da­ta­do por una nue­va Cons­ti­tu­ción reco­noz­ca y regla­men­te:  A) a los Pue­blos Indí­ge­nas del país como Suje­tos de Dere­cho Públi­co; B) que los Pue­blos Indí­ge­nas for­man par­te del Esta­do Plu­ri­na­cio­nal  Demo­crá­ti­co y la Nación mexi­ca­na de mane­ra autó­no­ma y libre­men­te deter­mi­na­da, que los Pue­blos indí­ge­nas tie­ne dere­cho a recons­ti­tuir: a) un Terri­to­rio en don­de ejer­cen una sobe­ra­nía rela­ti­va, b) un Gobierno autó­no­mo, c) una Ley pro­pia que regu­la su con­vi­ven­cia inter­na, d) una Len­gua mater­na, cul­tu­ra e iden­ti­dad pro­pia con dere­cho a recrear­la y repro­du­cir­la de mane­ra autó­no­ma y e) una Espi­ri­tua­li­dad que libre­men­te se dan a sí mis­mos; C) el dere­cho de iden­ti­dad étni­ca de la per­so­na indí­ge­na, a por­tar­la con dig­ni­dad en docu­men­tos ofi­cia­les y que en ade­lan­te se nos deno­mi­ne por nues­tro gen­ti­li­cio de con­for­mi­dad con nues­tra Len­gua Mater­na y ya no se refie­ran a noso­tros gené­ri­ca­men­te como indí­ge­nas; D) a las Auto­no­mías Indí­ge­nas como un cuar­to piso de poder en la estruc­tu­ra polí­ti­ca del país; E) un nue­vo mar­co jurí­di­co nacio­nal que se defi­ne como de Plu­ra­li­dad Jurí­di­ca (coexis­ten­cia del Dere­cho posi­ti­vo y el Dere­cho indí­ge­na) y F) la par­ti­ci­pa­ción de los Pue­blos Indí­ge­nas ‑de mane­ra repre­sen­ta­ti­va y man­da­ta­da y sin la media­ción de los par­ti­cos polí­ti­cos–   en los tres Pode­res del  Estado.

Así, de mane­ra autó­no­ma y
libre­men­te deter­mi­na­da los Pue­blos Indí­ge­nas recu­pe­ra­re­mos el poder de deci­sión sobre nues­tro pro­pio des­tino al que tene­mos derecho.

 

Tla­ca­ten­co Julio Aten­co Vidal
Xala­pa de Enrí­quez,  enero 2011

 

 

II) FUN­DA­MEN­TOS HISTÓRICOS

1.-        La Nación mexi­ca­na se encuen­tra en un momen­to his­tó­ri­co de con­fluen­cia de una seve­ra cri­sis eco­nó­mi­ca recu­rren­te, de una pro­fun­da cri­sis de repre­sen­ta­ti­vi­dad polí­ti­ca y de una terri­ble cri­sis social o des­com­po­si­ción social.

Este esce­na­rio ha sido posi­ble debi­do a déca­das de mal gobierno de una cla­se polí­ti­ca ambi­cio­sa que median­te el con­trol del Esta­do ha sido capaz de ins­ti­tu­cio­na­li­zar su corrup­ción y ama­sar enor­me for­tu­nas con el era­rio públi­co; que –vio­lan­do la cons­ti­tu­ción has­ta el can­san­cio- ha pro­te­gi­do los intere­ses del capi­tal nacio­nal y extran­je­ro, en detri­men­to de los dere­chos de los tra­ba­ja­do­res, de los intere­ses de la Nación y de la sobe­ra­nía del país; que admi­nis­tra la pobre­za con fines elec­to­ra­les, que man­tie­ne una rela­ción inces­tuo­sa con la delin­cuen­cia orga­ni­za­da; que impu­so un sis­te­ma de gobierno poli­cia­co median­te el cual sis­te­má­ti­ca­men­te ha pro­cu­ra­do des­man­te­lar a las orga­ni­za­cio­nes socia­les inde­pen­dien­tes y que admi­nis­tra la vio­len­cia ins­ti­tu­cio­nal para eli­mi­nar o coop­tar a líde­res socia­les o polí­ti­cos opo­si­to­res y cri­mi­na­li­za la pro­tes­ta social para repri­mir la disi­den­cia. El lla­ma­do Esta­do Social de Dere­cho,  pro­duc­to de la Revo­lu­ción de 1910, muy pron­to fue sus­ti­tui­do por un Esta­do Mafioso.

Esta es una par­te de la terri­ble his­to­ria que hemos vivi­do y com­par­ti­do los Pue­blos Indí­ge­nas con la socie­dad nacio­nal no indí­ge­na los últi­mos 80 años.

2.-        Pero la his­to­ria de vio­len­cia y agra­vios del Esta­do y su cla­se polí­ti­ca en con­tra de nues­tros Pue­blos ori­gi­na­rios de Méxi­co es aún más atroz. Por 500 años hemos sufri­do el geno­ci­dio del Esta­do que ha des­trui­do físi­ca­men­te a Pue­blos Indí­ge­nas ente­ros; hemos pade­ci­do el etno­ci­dio del Esta­do que ha des­trui­do cen­te­na­res de cul­tu­ras ori­gi­na­rias (des­ar­ti­cu­lan­do a nues­tras socie­da­des, eli­mi­nan­do nues­tras leyes e ins­ti­tu­cio­nes pro­pias para apro­piar­se de nues­tro patri­mo­nio cul­tu­ral e iden­ti­dad mile­na­ria); sufri­mos del Esta­do y de malos mexi­ca­nos un per­ma­nen­te des­po­jo de nues­tras tie­rras, terri­to­rios y recur­so natu­ra­les; sobre­vi­vi­mos a pesar de la explo­ta­ción que como escla­vos vivie­ron nues­tros abue­los en la colo­nia y al menos duran­te los pri­me­ros 100 años del Méxi­co inde­pen­dien­te; sobre­vi­vi­mos en con­di­cio­nes de nega­ción étni­ca, de opre­sión polí­ti­ca, de des­pre­cio racis­ta y  una polí­ti­ca de Esta­do que nos segre­ga y mar­gi­na polí­ti­ca, cul­tu­ral, social y eco­nó­mi­ca­men­te de la Nación mexicana.

Nues­tra his­to­ria de veja­cio­nes no se expli­ca solo en el  neo­li­be­ra­lis­mo o de otras for­mas del capi­ta­lis­mo moderno. Tie­ne su ori­gen en la inva­sión espa­ño­la en 1521 (de su Esta­do feu­dal y mer­ce­na­rios) y tie­ne con­ti­nui­dad y refi­na­mien­to con el naci­mien­to y con­so­li­da­ción del Esta­do mexicano.

El mode­lo civi­li­za­to­rio anahua­ca o meso­ame­ri­cano de nues­tros ances­tros se fue con­fi­gu­ran­do a lo lar­go de unos 40,000 años, el tiem­po que tie­ne el ser humano de haber lle­ga­do a este con­ti­nen­te. Nues­tros ante­pa­sa­dos encon­tra­ron una mane­ra pro­pia de enten­der el espa­cio y el tiem­po y así cons­tru­ye­ron una cul­tu­ra-civi­li­za­ción originaria.

De hecho –hoy se sabe- úni­ca­men­te en seis luga­res se encon­tra­ron mane­ras pro­pias de vivir el tiem­po y el espa­cio: Egip­to, Sume­ria, Chi­na, India, los Andes y el Anáhuac. El mode­lo cul­tu­ral que tra­je­ron los espa­ño­les fue el ori­gi­na­do en Egip­to y Sumeria.

Todo el saber anahua­ca, tan­to el cien­tí­fi­co, el tec­no­ló­gi­co, como del hom­bre su lugar en el uni­ver­so y su rela­ción con Dios, el dador de vida, fue gene­ra­do, con­ser­va­do y enri­que­ci­do a tra­vés del sis­te­ma edu­ca­ti­vo anahua­ca. Aho­ra es por todos reco­no­ci­do que en tiem­pos de la inva­sión espa­ño­la, las civi­li­za­cio­nes Anahua­cas eran mucho más
avan­za­das que las euro­peas en muchí­si­mos cam­pos del saber científico.

La inva­sión espa­ño­la como un depre­da­dor aca­bó con nues­tro sis­te­ma edu­ca­ti­vo: coop­tan­do o matan­do a los tla­ma­ti­nis y des­tru­yen­do sus cen­tros edu­ca­ti­vos. Lo más nota­ble de esta pér­di­da fue la que­ma de todas las biblio­te­cas que con­te­nían la sabi­du­ría anahua­ca, una sabi­du­ría acu­mu­la­da por el esfuer­zo de muchas gene­ra­cio­nes duran­te milenios.

Los pocos tla­ma­ti­ni­meh ‘tla­ma­ti­nis’ guías o como diría­mos aho­ra “maes­tros” que esca­pa­ron con vida se fue­ron a luga­res apar­ta­dos, gene­ral­men­te mon­ta­ño­sos, y trans­mi­tie­ron su saber en dife­ren­tes loca­li­da­des. Al rom­per­se la con­ti­nui­dad edu­ca­ti­va y cul­tu­ral anahua­ca en gene­ral, se per­dió no úni­ca­men­te el hablar armo­ni­zan­te sino tam­bién el avan­ce de nues­tra civi­li­za­ción anahuaca.

La que­ma de las biblio­te­cas de Tenoch­titlan y Tex­co­co aun horro­ri­za a cual­quier ser humano media­na­men­te edu­ca­do. En este acto de bar­ba­rie des­apa­re­ció mucho del saber cien­tí­fi­co de la anti­gua Anáhuac.

La impo­si­ción de la reli­gión cató­li­ca apos­tó­li­ca y roma­na a los anti­guos anahua­cas fue el coro­la­rio de la escla­vi­tud, y repre­sen­tó la pér­di­da de la liber­tad edu­ca­ti­va, de pen­sa­mien­to y mani­fes­ta­ción espi­ri­tual de que goza­ban los anahua­cas. A los gri­lle­tes de pies y manos de nues­tros abue­los se suma­ron los gri­lle­tes al pen­sa­mien­to y espi­ri­tua­li­dad de las siguien­tes gene­ra­cio­nes por 500 años.

La des­truc­ción de nues­tra éli­te gober­nan­te, cien­tí­fi­ca, inte­lec­tual y espi­ri­tual, así como el sis­te­ma ins­ti­tu­cio­nal y nor­ma­ti­vo de nues­tros ances­tros fue solo el prin­ci­pio del geno­ci­dio y etno­ci­dio que la huma­ni­dad jamás haya vis­to. Los lide­raz­gos polí­ti­cos o reli­gio­sos podían sus­ti­tuir­se en bre­ve tiem­po, pero sería impo­si­ble recu­pe­rar el cono­ci­mien­to mile­na­rio des­trui­do por la igno­ran­cia, bar­ba­rie, vul­ga­ri­dad y ava­ri­cia espa­ño­la. La inva­sión hun­dió a nues­tras socie­da­des en la oscuridad.

El mun­do actual se horro­ri­za de la masa­cre de 6 millo­nes de judíos a manos de los nazis. Pero no se atre­ve a mirar y menos enjui­ciar el geno­ci­dio, la masa­cre de más de 20 millo­nes de anti­guos mexi­ca­nos cau­sa­da por la espa­da, las enfer­me­da­des y la des­me­di­da ambi­ción espa­ño­la duran­te tan solo los pri­me­ros 60 años de la inva­sión. El mun­do tam­bién se nie­ga a mirar y cues­tio­nar el etno­ci­dio del Esta­do mexi­cano por haber com­ba­ti­do mili­tar­men­te a unos Pue­blos has­ta casi su exter­mi­nio y haber pau­pe­ri­za­do, acul­tu­ri­za­do y asi­mi­la­do a otro, todo lo cual final­men­te logró la des­apa­ri­ción de más de 200 Pue­blos-Cul­tu­ras en todo el terri­to­rio nacional.

El exter­mi­nio y ase­si­na­to de millo­nes de nues­tros abue­los y abue­las indí­ge­nas, la des­truc­ción de nues­tras ins­ti­tu­cio­nes polí­ti­cas, socia­les y cul­tu­ra­les, la domi­na­ción espi­ri­tual y el saqueo inin­te­rrum­pi­do por 500 años de nues­tras tie­rras, terri­to­rios y recur­sos natu­ra­les cons­ti­tu­yen un CRI­MEN DE LESA HUMA­NI­DAD. Así, dra­má­ti­ca­men­te se inte­rrum­pió nues­tro pro­ce­so civi­li­za­to­rio flo­re­cien­te de 40 000 años.

Noso­tros per­do­na­mos, pero no olvidamos.

3.-        En tiem­pos de la Inde­pen­den­cia de cada 10 mexi­ca­nos 8 eran hablan­tes de algu­na len­gua ori­gi­na­ria. Fue­ron már­ti­res y san­gre indí­ge­na anó­ni­ma derra­ma­da a cau­da­les. A ellos el Movi­mien­to Indí­ge­na Nacio­nal les recor­da­rá con res­pe­to y les ren­di­re­mos tri­bu­to permanente.

No acep­ta­mos que se iden­ti­fi­que a estos már­ti­res solo como “pobres” o “des­po­seí­dos”, por­que con eso se quie­re evi­tar reco­no­cer que este sacri­fi­cio humano, en su inmen­sa mayo­ría, fue de nues­tros ances­tros indí­ge­nas. Los mexi­ca­nos deben saber que las masas revo­lu­cio­na­rias de la inde­pen­den­cia eran mayo­ri­ta­ria­men­te indí­ge­nas y de ellos fue la mayor cuo­ta de san­gre para lograr la inde­pen­den­cia de Espa­ña. Esta es una deu­da pen­dien­te que tie­ne Méxi­co con los Pue­blos Indígenas.

4.-        Se pidió el con­cur­so de los indios para engro­sar los ejér­ci­tos  insur­gen­tes y res­pon­dien­do al lla­ma­do se movi­li­za­ron como Pue­blos, Tri­bus y Nacio­nes gene­ro­sa­men­te y
ofren­da­ron su vida espe­ran­za­dos en lograr un cam­bio ver­da­de­ro que res­ti­tu­ye­ra sus terri­to­rios y res­pe­ta­ra sus for­mas de vida y de gobierno interno (que aho­ra lla­ma­ría­mos autó­no­mo) en jus­ta coexis­ten­cia con los nue­vos mexi­ca­nos… Pero el pago fue la traición. 

Las reali­da­des e intere­ses de indios y crio­llos eran muy dife­ren­tes.  Mien­tras que éstos últi­mos esta­ban en un con­flic­to con sus parien­tes espa­ño­les por poder y rique­za, nues­tros ances­tros indí­ge­nas vivían en con­flic­to per­ma­nen­te con espa­ño­les y crio­llos por la Inva­sión a nues­tros terri­to­rios, la Explo­ta­ción escla­va, el ase­si­na­to ale­vo­so y masi­vo y el Domi­nio polí­ti­co de que éra­mos víc­ti­ma por 300 años… Sin embar­go, en este aje­drez polí­ti­co mili­tar los indios solo fui­mos uti­li­za­dos como peo­nes de la revo­lu­ción, solo nos veían como fuer­za mili­tar de cho­que, ins­tru­men­tos mili­ta­res indi­vi­dua­les, masa dese­cha­ble como pun­ta de lanza.

Los crio­llos esta­ban con­ven­ci­dos que por dere­cho divino eran los ver­da­de­ros due­ños de la Nación mexi­ca­na. En este sis­te­ma de pen­sa­mien­to los indios solo éra­mos sus sir­vien­tes. Gene­ra­cio­nes de crio­llos duran­te 300 años solo habían cono­ci­do a los indios como muer­tos vivien­tes tri­bu­tan­tes de la Coro­na, casi bes­tias apor­tan­do su mano de obra gra­tui­ta para la cons­truc­ción de tem­plos y pala­cios, por eso para los crio­llos no tenía impor­tan­cia si de las manos indias ema­na­ban obras de arte, pues solo eran sus sir­vien­tes. Este era el con­cep­to que los crio­llos tenían de nues­tros abue­los y abue­las. Rene­ga­ban de los espa­ño­les, denun­cia­ban su opre­sión polí­ti­ca y la explo­ta­ción a los ame­ri­ca­nos (los crio­llos se asu­mían como los ame­ri­ca­nos) pero tram­po­sa­men­te evi­ta­ban reco­no­cer la con­di­ción de escla­vos en que vivían nues­tros abue­los y abue­las y que ellos eran los due­ños ori­gi­na­rios de los terri­to­rios ocu­pa­dos por extran­je­ros espa­ño­les, crio­llos y lue­go tam­bién por mes­ti­zos. Por eso, los crio­llos insur­gen­tes se com­pro­me­tían a res­pe­tar la pro­pie­dad inclu­so de los espa­ño­les que no se opu­sie­ran a la revo­lu­ción de inde­pen­den­cia pero nun­ca se com­pro­me­tie­ron a res­ti­tuir las tie­rras y terri­to­rios a sus due­ños originarios.

Las pro­cla­mas del “Des­per­ta­dor Ame­ri­cano” de Hidal­go encie­rran un pro­yec­to polí­ti­co en el que los crio­llos recla­man para sí el con­trol del gobierno, la eco­no­mía nacio­nal y  la titu­la­ri­dad de la sobe­ra­nía nacio­nal, pues se rei­vin­di­ca­ban como el Pue­blo ame­ri­cano. Hidal­go era un hom­bre bueno pero polí­ti­ca, cul­tu­ral e ideo­ló­gi­ca­men­te era crio­llo. En la tarea polí­ti­ca de defi­nir y pac­tar el Pro­yec­to de Nación y de todo asun­to de gobierno futu­ro los indios fue­ron igno­ra­dos, como si no exis­tie­ran. Insur­gen­tes e Inde­pen­den­tis­tas con­ci­bie­ron ‑cada quien a su modo- y final­men­te pac­ta­ron un pro­yec­to de Nación étni­ca­men­te Úni­ca en la cual los Pue­blos, Tri­bus y Nacio­nes que­da­rían disuel­tos ofi­cial y jurídicamente.

6.-        Con­su­ma­da la inde­pen­den­cia, los nue­vos mexi­ca­nos libe­ra­les y con­ser­va­do­res (crio­llos y mes­ti­zos), muy a pesar de que eran una cla­rí­si­ma mino­ría étni­ca y cul­tu­ral, se die­ron a la tarea de cons­truir sus ins­ti­tu­cio­nes y sus leyes pen­san­do que Méxi­co era una socie­dad de una sola etnia, de una sola cul­tu­ra, de una sola len­gua y de una sola reli­gión. La gran diver­si­dad cul­tu­ral y étni­ca que com­po­nía el 80 % de la pobla­ción nacio­nal y que era indí­ge­na fue sim­ple­men­te igno­ra­da. Así, la tra­ge­dia india fue haber derra­ma­do su san­gre solo para fin­car el Esta­do de sus nue­vos opresores.

7.-        Los con­flic­tos entre libe­ra­les y con­ser­va­do­res del pri­mer siglo del Méxi­co inde­pen­dien­te era una dispu­ta por la Nación, por el con­trol del Esta­do para favo­re­cer un sis­te­ma de acu­mu­la­ción de capi­tal.  Pero para unos y otros polí­ti­cos, los indios y sus Pue­blos eran con­si­de­ra­dos solo como un acti­vo eco­nó­mi­co muy poco dife­ren­te de las bes­tias de car­ga, pues aun­que la escla­vi­tud se había  abo­li­do por decre­to del pre­si­den­te Vicen­te Gue­rre­ro el 15 de sep­tiem­bre del año 1829, y muy a pesar del triun­fo Libe­ral y de sus
con­cep­cio­nes doc­tri­na­rias hipó­cri­tas de igual­dad ante la ley, la mayo­ría de nues­tros abue­las y abue­los indí­ge­nas y sus Pue­blos  con­ti­nua­ron sufrien­do la escla­vi­tud al menos has­ta la revo­lu­ción de 1910.

8.-        A prin­ci­pios del siglo XX de cada 10 mexi­ca­nos 6 eran hablan­tes de algu­na len­gua ori­gi­na­ria. Méxi­co lle­va­ba 400 años que no deja­ba de expe­ri­men­tar diver­sos levan­ta­mien­tos liber­ta­rios indí­ge­nas a lo lar­go de sus terri­to­rio, des­de los mayas en Yuca­tán has­ta los yaquis en Sono­ra. Pero aho­ra la par­ti­ci­pa­ción de nues­tros ances­tros en el pro­ce­so revo­lu­cio­na­rios de 1910 tenía obje­ti­vos pro­pios. Sin embar­go aun­que se suma­ron o hicie­ron alian­zas regio­na­les polí­ti­co mili­ta­res y apor­ta­ron nue­va­men­te una cuo­ta de san­gre muy alta, nue­va­men­te fue­ron trai­cio­na­dos y no se cum­plie­ron sus sue­ños libertarios.

La incom­pren­sión de la nece­si­dad de inter­lo­cu­ción polí­ti­ca de los indios con las fuer­zas polí­ti­cas nacio­na­les no indias deri­vó en una fatí­di­ca ausen­cia polí­ti­ca de la pala­bra india en el Cons­ti­tu­yen­te de 1917 y eso con­tri­bu­yó a que éste reafir­ma­ra nue­va­men­te a Méxi­co como Nación étni­ca­men­te Úni­ca e indi­vi­si­ble y al nue­vo Esta­do nacio­nal como Mono­ét­ni­co, Mono­cul­tu­ral y Monolingüe.

Aho­ra con una pre­sen­cia mes­ti­za mucho mayor que la crio­lla, los nue­vos gober­nan­tes cons­tru­ye­ron sus ins­ti­tu­cio­nes y leyes étni­ca y cul­tu­ral­men­te mes­ti­zas. ¿Pero cuá­les eran sus raí­ces? No tenían raí­ces pro­pias.  Des­cu­brie­ron que cons­truir una iden­ti­dad cul­tu­ral que le die­ra uni­dad patrió­ti­ca y sen­ti­do de per­te­nen­cia a los mexi­ca­nos era una prio­ri­dad nacio­nal. No bas­ta­ba con haber ins­ti­tui­do en la Cons­ti­tu­ción Fede­ral las garan­tías indi­vi­dua­les, las con­quis­tas labo­ra­les, el repar­to agra­rio, el dere­cho a la edu­ca­ción públi­ca y gra­tui­ta, así como muchos otros dere­chos socia­les que deman­da­ba la mayo­ría de la pobla­ción urba­na y cam­pe­si­na y que en tiem­pos de la mayo­ría crio­lla y la bur­gue­sía reac­cio­na­ria eran impen­sa­bles. Aho­ra tenían el Dere­cho pero les fal­ta­ba el Espí­ri­tu. Estos ele­men­tos iden­ti­ta­rios solo podían ser los ele­men­tos iden­ti­ta­rios indí­ge­nas, habría que expro­piár­se­los, des­po­jar­les de ese patri­mo­nio cul­tu­ral has­ta enton­ces solo recla­ma­do por ellos y des­pre­cia­do por la sober­bia y vul­ga­ri­dad crio­lla y mes­ti­za que solo tenían ojos y pen­sa­mien­to para la rique­za y el poder y no para la cul­tu­ra, la cien­cia y la vida espi­ri­tual. Su anti­guo enemi­go, Por­fi­rio Díaz, les había dado la pis­ta, él se había encar­ga­do de ini­ciar la recu­pe­ra­ción de algu­nos anti­guos cen­tros cere­mo­nia­les para fun­da­men­tar la edi­fi­ca­ción de la iden­ti­dad mexi­ca­na en el lega­do cul­tu­ral de las anti­guas cul­tu­ras anahua­cas o mesoamericanas.

La Cons­ti­tu­ción Fede­ral que fue con­si­de­ra­da la más van­guar­dis­ta del mun­do moderno, en reali­dad siguió sien­do tan con­ser­va­do­ra y reac­cio­na­ria en su esen­cia étni­ca y cul­tu­ral que las ante­rio­res, debi­do a que con­ser­vó y refi­nó la rela­ción de opre­sión polí­ti­ca y étni­ca del Esta­do mexi­cano impues­ta a nues­tros abue­los indios que seguían sien­do una abso­lu­ta mayo­ría social. Para acce­der a los bene­fi­cios de los dere­chos cons­ti­tu­cio­na­les de os mexi­ca­nos, que era como una ape­ti­to­sa man­za­na fren­te a un ham­brien­to de jus­ti­cia y liber­tad, debía­mos de renun­ciar a ser indí­ge­nas. La rati­fi­ca­ción del mode­lo de Nación Úni­ca y de Esta­do mono­ét­ni­co y mono­cul­tu­ral fue una nue­va trai­ción y el ini­cio de un nue­vo pro­ce­so de terri­ble etno­ci­dio cul­tu­ral Nues­tro cal­va­rio solo adop­ta­ba otras for­mas aho­ra con el sello de la cruel­dad mestiza.

Los polí­ti­cos libe­ra­les y con­ser­va­do­res Cons­ti­tu­yen­tes sabían de la lucha heroi­ca de resis­ten­cia de los mayas en con­tra del inva­sor espa­ñol al menos des­de 1840 y en con­tra de la explo­ta­ción de crio­llos y mes­ti­zos has­ta 1901 cuan­do Por­fi­rio Díaz por fin los pudo ven­cer mili­tar­men­te aun­que no aca­bar con su resis­ten­cia cul­tu­ral. Sabían de la lucha de resis­ten­cia de los Yaquis des­de los días de la inva­sión espa­ño­la y de la lucha auto­no­mis­ta del jefe Yaqui Caje­me cuyo lega­do aún era vigen­te duran­te los
días del Cons­ti­tu­yen­te. Sabían de los levan­ta­mien­tos mili­ta­res de indios nahuas, ña-ñhú, tlahui­cas, mazahuas, zapo­te­cos y muchos otros más. La lucha liber­ta­ria india, aun­que ais­la­da una de otra, era amplia­men­te cono­ci­da. A pesar de todo, estos Cons­ti­tu­yen­tes con­cep­tua­li­za­ron   a nues­tros Pue­blos, Tri­bus y Nacio­nes como sim­ples comu­ni­da­des o ‑peor aún- como gru­pos de cam­pe­si­nos pobres, igno­ran­tes y anal­fa­be­tas. Si bien los Libe­ra­les y Con­ser­va­do­res se dispu­taban el Poder y la Nación has­ta la muer­te, el tema indí­ge­na los uni­fi­có, aho­ra se unían para impe­dir la men­ción siquie­ra en la Cons­ti­tu­ción de la pala­bra indio o indí­ge­na, para garan­ti­zar que no se hicie­ra refe­ren­cia algu­na a la exis­ten­cia de Indios o Indí­ge­nas en el terri­to­rio nacio­nal. Así, vol­vi­mos a que­dar como extran­je­ros en nues­tra pro­pia tie­rra al menos por otros 100 años más

9.-        Los nue­vos lide­raz­gos polí­ti­cos e inte­lec­tua­les libe­ra­les mexi­ca­nos nun­ca qui­sie­ron ver y reco­no­cer a nues­tros abue­las y abue­los indios como Pue­blos, Tri­bus y Nacio­nes ori­gi­na­rias, como alia­dos para luchar por un Pro­yec­to común de Nación étni­ca­men­te inclu­yen­te y cul­tu­ral­men­te plu­ral, por­que nun­ca qui­sie­ron acep­tar nues­tro dere­cho a exis­tir como socie­da­des ori­gi­na­rias cul­tu­ral e his­tó­ri­ca­men­te diferenciadas.

En su momen­to los Insur­gen­tes, inde­pen­den­tis­tas y aho­ra los revo­lu­cio­na­rios de 1910 evi­ta­ron hacer un com­pro­mi­so de alian­za polí­ti­ca con nues­tros Pue­blos, Tri­bus y Nacio­nes pues de hacer­lo los hubie­ra obli­ga­do a com­par­tir espa­cios de poder en el nue­vo Esta­do y un lugar digno en la nue­va Nación. En ellos pesó más el espí­ri­tu del con­quis­ta­dor espa­ñol que la jus­ti­cia histórica.

10.-      Zapa­ta luchó heroi­ca­men­te por la res­ti­tu­ción de las tie­rras a sus Pue­blos, su lide­raz­go y  espí­ri­tu de la lucha del movi­mien­to fue pro­duc­to de for­mas de gobierno y del pen­sa­mien­to de indios autó­no­mos, pero al mis­mo tiem­po el movi­mien­to zapa­tis­ta y sus Pue­blos se reco­no­cían par­te de la Nación mexi­ca­na (aun­que ésta los dis­cri­mi­na­ba) y le reco­no­cían potes­tad al Esta­do mexi­cano (aun­que éste les igno­ra­ba sus dere­cho fun­da­men­ta­les). Su des­en­ga­ño los lle­vó a luchar a lado de Made­ro y lue­go en con­tra de él.  Por el con­tra­rio, otros Pue­blos nor­te­ños como el docu­men­ta­do caso de la Tri­bu Yaqui, al menos has­ta 1938, nun­ca se con­si­de­ra­ron mexi­ca­nos por­que lo que habían vivi­do por gene­ra­cio­nes duran­te 300 años era que aho­ra los mexi­ca­nos habían sus­ti­tui­do a los espa­ño­les en la tarea de rapi­ña que hacían de sus recur­sos natu­ra­les, en el des­po­jo de su terri­to­rio, la explo­ta­ción y vio­len­cia racial de que eran obje­to. Por eso los Yaquis siem­pre y has­ta el pre­sen­te han lucha­do por su autonomía.

11.-      Los cam­pe­si­nos indí­ge­nas logra­ron visi­bi­li­dad debi­do a su alto nivel de orga­ni­za­ción polí­ti­co mili­tar espe­cial­men­te en el cen­tro del país, pero sobre todo por­que logra­ron for­mu­lar y plan­tear ante la Nación un Pro­gra­ma Polí­ti­co pro­pio como lo fue el Plan de Aya­la que tenía como eje arti­cu­la­dor la deman­da agra­ria y expre­sa­ba la deman­da prin­ci­pal de una socie­dad nacio­nal mayo­ri­ta­ria y social­men­te campesina.

Zapa­ta cum­plió su papel en el momen­to his­tó­ri­co que le tocó vivir y dig­ni­fi­có la lucha por la tie­rra. Pero no obs­tan­te el alto nivel polí­ti­co mili­tar del movi­mien­to zapa­tis­ta, éste no logró per­fi­lar­se como Movi­mien­to Étni­co o Indí­ge­na ni rei­vin­di­car a los Pue­blos, Tri­bus y Nacio­nes indias como suje­tos polí­ti­cos acto­res en el esce­na­rio polí­ti­co nacio­nal. En estos vacios con­cep­tua­les y pro­gra­má­ti­cos estra­té­gi­cos resi­dió su fra­gi­li­dad histórica.

La reduc­ción del Pro­gra­ma Nacio­nal  Indio Auto­nó­mi­co a un Pro­gra­ma Agra­rio fue una limi­ta­ción his­tó­ri­ca. La feli­ci­dad de los Pue­blos indios y su rena­ci­mien­to no podía deve­nir solo de la tie­rra en sí mis­ma, pues la Tie­rra es un com­po­nen­te del cuer­po social y cul­tu­ral de nues­tros Pue­blos ori­gi­na­rios, el rec­tor pero no el úni­co. Es nues­tro cora­zón, pero sin el cuer­po no pue­de sobre­vi­vir, como tam­bién nues­tro cuer­po sin el cora­zón no es
nada.

El resul­ta­do del esfuer­zo zapa­tis­ta es des­alen­ta­dor. Los cons­ti­tu­yen­tes de 1917 con­ce­die­ron dere­chos agra­rios a los cam­pe­si­nos y has­ta pro­te­gie­ron la pro­pie­dad ejidal y comu­nal de la tie­rra, en con­tra­co­rrien­te de las anti­guas leyes jua­ris­tas. Obre­gón res­ti­tu­yó par­cial­men­te la tie­rra a los Pue­blos indios de More­los y lue­go Cár­de­nas con­clu­yó el repar­to, sin embar­go, a 80 años de dis­tan­cia de esa “gene­ro­si­dad” crio­lla y mes­ti­za la mise­ria cam­pe­si­na no ha cam­bia­do. Las leyes del mer­ca­do y sis­te­ma capi­ta­lis­ta, las refor­mas agra­rias de 1992 y el Esta­do corrup­to pro­pi­cia­ron la pro­le­ta­ri­za­ción cam­pe­si­na que con­du­jo a nue­vos ciclos de con­cen­tra­ción de la tie­rra y con ello tam­bién de pobre­za y la degra­da­ción socio cul­tu­ral de nues­tros Pue­blos has­ta casi su extinción.

La lec­ción revo­lu­cio­na­ria india de 1917 es que el pro­gra­ma liber­ta­rio de los Pue­blos ori­gi­na­rios no resi­de en la res­ti­tu­ción solo de la tie­rra sino en la res­ti­tu­ción de los Terri­to­rios ances­tra­les y autó­no­mos en sus cin­co com­po­nen­tes: a) Tie­rra y Terri­to­rio, b) Gobierno pro­pio, c) Ley pro­pia, d) Len­gua y Cul­tu­ra mater­na y e) Espi­ri­tua­li­dad. Terri­to­rios en don­de los Pue­blos Indios poda­mos ejer­cer legal y pací­fi­ca­men­te auto­go­bierno, admi­nis­tra­ción y jus­ti­cia y así recrear­nos. Terri­to­rios en don­de nues­tros Pue­blos ori­gi­na­rios pue­dan gra­dual­men­te recons­ti­tuir­se en su memo­ria his­tó­ri­ca, iden­ti­dad, ins­ti­tu­cio­nes y leyes. Aho­ra nos que­da cla­ro que esto si es posi­ble en el seno de un Esta­do Plu­ri­na­cio­nal Demo­crá­ti­co (plu­ri­ét­ni­co, plu­ri­cul­tu­ral, mul­ti­lin­güe, de plu­ra­li­dad jurí­di­ca) y una Nación inclu­yen­te. Por eso, los Pue­blos Indí­ge­nas del pre­sen­te somos zapa­tis­tas, más aún, somos Autonomistas.

12.-      Ade­más del racis­mo de Libe­ra­les y Con­ser­va­do­res, tres fac­to­res inter­nos de los Pue­blos, Tri­bus y Nacio­nes indias fue­ron deter­mi­nan­tes para que haya­mos per­di­do esta segun­da opor­tu­ni­dad his­tó­ri­ca de reden­ción étni­ca: A) La fal­ta de pro­yec­to polí­ti­co común entre los diver­sos Pue­blos, Tri­bus y Nacio­nes y cul­tu­ras ori­gi­na­rias del país que uni­fi­ca­ra a nivel nacio­nal nues­tros pen­sa­mien­tos, intere­ses y aspi­ra­cio­nes indí­ge­nas, B) La ausen­cia de pac­tos de uni­dad entre Pue­blos, Tri­bus y Nacio­nes que per­mi­tie­ra la cons­truc­ción de una ins­tan­cia de orga­ni­za­ción o coor­di­na­ción  nacio­nal indí­ge­na para la acción con­jun­ta y C) La incom­pren­sión de la nece­si­dad de cons­truir alian­zas polí­ti­cas con las fuer­zas polí­ti­cas no indí­ge­nas para Pac­tar a su vez un Pro­yec­to de Nación común.

Sin la exis­ten­cia de los fac­to­res polí­ti­cos de pro­gra­ma nacio­nal indio y de orga­ni­za­ción nacio­nal no era posi­ble que se ten­die­ran puen­tes de diá­lo­go y de alian­za polí­ti­ca con otras fuer­zas polí­ti­co-mili­ta­res para pac­tar un Pro­yec­to de Nación unitario.

Los indios revo­lu­cio­na­rios de 1910 deja­ron la polí­ti­ca a los polí­ti­cos y con ello tam­bién les deja­ron nues­tro futuro.

13.-      El Esta­do mexi­cano gober­na­do a par­tir de 1920 por una nue­va cla­se polí­ti­ca neo­con­ser­va­do­ra y con­ser­va­do­ra, se pro­pu­so en los años 30´s resol­ver en defi­ni­ti­va “el Pro­ble­ma indio” median­te una polí­ti­ca de Esta­do etno­ci­da deno­mi­na­da Indigenismo.

Esta polí­ti­ca la empe­zó a cons­truir Láza­ro Cár­de­nas quien con­vo­có a los cien­tí­fi­cos socia­les del país y del extran­je­ro, en espe­cial a los antro­pó­lo­gos y arqueó­lo­gos como Gon­za­lo Agui­rre Bel­trán y Alfon­so Caso para que acon­se­ja­ran la solu­ción al “Pro­ble­ma Indio” de México.

La pri­me­ra con­clu­sión de éstos fue des­ta­car lo peli­gro­so de la exis­ten­cia étni­ca de los Pue­blos Indí­ge­nas pues tan solo con su exis­ten­cia cues­tio­na­ba el mode­lo de Nación Úni­ca exis­ten­te des­de hacía 150 años con el sur­gi­mien­to del Esta­do y la  Nación mexi­ca­na. Una segun­da con­clu­sión fue que el Esta­do mexi­cano debía de apro­piar­se del Patri­mo­nio   Cul­tu­ral mile­na­rio e iden­ti­ta­rio de los Pue­blos Indí­ge­nas y recla­mar­lo como ele­men­tos de la iden­ti­dad de la Nación mexi­ca­na. Por eso habría que eli­mi­nar a los Pue­blos Indí­ge­nas o redu­cir­los numé­ri­ca­men­te a un nivel de bajo impac­to, ya
no con balas como fue duran­te los 120 años pre­ce­den­tes sino acul­tu­ri­zán­do­los, asi­mi­lán­do­los cul­tu­ral y étnicamente.

Final­men­te la polí­ti­ca de Esta­do en mate­ria indí­ge­na deno­mi­na­da Indi­ge­nis­mo la ins­ti­tu­yó Miguel Ale­mán Val­dez en 1948 para lo cual fun­dó el Ins­ti­tu­to Nacio­nal Indi­ge­nis­ta (INI). Tan exi­to­sa fue esta polí­ti­ca etno­ci­da que Méxi­co expor­tó la rece­ta a los paí­ses de Cen­tro y Sur Amé­ri­ca y los lide­ró por muchos años al fun­dar y diri­gir al Ins­ti­tu­to Indi­ge­nis­ta inter­ame­ri­cano (III).

Los obje­ti­vos del Indi­ge­nis­mo han sido has­ta aho­ra: A) asi­mi­lar cul­tu­ral­men­te a los Pue­blos Indí­ge­nas, esto es, que los indios asi­mi­le­mos la cul­tu­ra nacio­nal “domi­nan­te” y deje­mos de ser indí­ge­nas para ser ver­da­de­ros mexi­ca­nos. Esta polí­ti­ca ha sido exi­to­sa para el Esta­do mexi­cano. En tan solo 62 años ha logra­do eli­mi­nar cul­tu­ral­men­te a más de 100 Pue­blos Ori­gi­na­rios, es decir, casi la mitad de lo que logra­ron 300 años de masa­cres y domi­nio español.

B) asi­mi­lar eco­nó­mi­ca­men­te a los Pue­blos Indí­ge­nas median­te la des­ar­ti­cu­la­ción y extin­ción de sus sis­te­mas eco­nó­mi­cos  y la libe­ra­li­za­ción de la pro­pie­dad ejidal y comu­nal subor­di­nán­do­los a las leyes eco­nó­mi­cas del sis­te­ma capi­ta­lis­ta dominante.

C) con­so­li­dar el domi­nio cul­tu­ral étni­co. En esta tarea le ha sido muy útil al Esta­do su polí­ti­ca pobla­cio­nal y de esta­dís­ti­ca pues obse­si­va­men­te se  preo­cu­pan por hacer creer al país que la pobla­ción indí­ge­na es una ínfi­ma mino­ría social, ni siquie­ra una mino­ría étni­ca, solo un sec­tor social más. Ofi­cial­men­te al menos duran­te los últi­mos 50 años somos el 10% de la pobla­ción nacio­nal, cuan­do sabe­mos extra­ofi­cial­men­te que pro­ba­ble­men­te sea­mos actual­men­te al menos el 40% de la pobla­ción nacio­nal; como decía­mos antes, esta polí­ti­ca pobla­cio­nal está rela­cio­na­da con la inten­sión de dis­mi­nuir al míni­mo las pre­ten­sio­nes polí­ti­cas de nues­tros Pue­blos Ori­gi­na­rios para modi­fi­car el carác­ter Mono­cul­tu­ral, Mono­ét­ni­co y Mono­lin­güís­ti­co del Esta­do nacional.

D) apro­piar­se del patri­mo­nio cul­tu­ral de nues­tras cul­tu­ras anahua­cas o meso­ame­ri­ca­nas madre y expro­piar los ele­men­tos iden­ti­ta­rios de los actua­les Pue­blos Indí­ge­nas para fin­car en este lega­do cul­tu­ral  mile­na­rio las raí­ces iden­ti­ta­rios de la nación mexicana.

El indi­ge­nis­mo como polí­ti­ca de Esta­do ha pro­mo­vi­do una cul­tu­ra nacio­nal téc­ni­ca­men­te con­tra­dic­to­ria pero con un doble pro­pó­si­to subli­mi­nal polí­ti­ca­men­te per­ver­so. Por una par­te ali­men­ta una acti­tud racis­ta y dis­cri­mi­na­to­ria en la socie­dad nacio­nal hacia el indí­ge­na del pre­sen­te, de este modo, la vio­len­cia ins­ti­tu­cio­nal del Esta­do ali­men­ta una vio­len­cia social racial en con­tra nues­tra y al mis­mo tiem­po una sen­si­bi­li­dad social favo­ra­ble a la polí­ti­ca de Esta­do de segre­ga­ción racial para que nada cam­bie. Por otra par­te, pro­mue­ve la con­vic­ción de que las raí­ces iden­ti­ta­rias de Méxi­co se encuen­tran en las mile­na­rias cul­tu­ras meso­ame­ri­ca­nas pero aso­cia­da a la idea absur­da de que los indios del pre­sen­te somos aje­nos a aque­llas cul­tu­ras mara­vi­llo­sas ante­rio­res a la inva­sión espa­ño­la. De este modo se jus­ti­fi­ca, por ejem­plo, la deci­sión ofi­cial de impe­dir­nos hacer uso de los anti­guos cen­tros cere­mo­nia­les para eje­cu­tar nues­tros ritua­les espi­ri­tua­les tra­di­cio­na­les. La lógi­ca jurí­di­ca es que son pro­pie­dad de la Nación; ya no son nues­tras por deci­sión del Esta­do mexi­cano, éste los pue­de con­ce­sio­nar a la ini­cia­ti­va pri­va­da para que haga del turis­mo su nego­cio, pero les nie­ga a los nie­tos de los anti­guos mexi­ca­nos el dere­cho a su uso y dis­fru­te para los fines por los que fue­ron crea­das, es decir, para recrear nues­tra vida social, polí­ti­ca, cul­tu­ral y espiritual.

La polí­ti­ca indi­ge­nis­ta del Esta­do mexi­cano pro­mue­ve en el mun­do la “gran­de­za del pasa­do meso­ame­ri­cano” y la invi­si­bi­li­dad ‑ante la socie­dad nacio­nal- de los Pue­blos Indí­ge­nas del pre­sen­te y ha sido tan exi­to­sa que has­ta los his­to­ria­do­res aún los más “obje­ti­vos” y/o “crí­ti­cos” cuan­do hablan de “nues­tra iden­ti­dad como mexi­ca­nos” se refie­ren a la iden­ti­dad de
los mes­ti­zos y des­cu­bren su “pro­fun­da raíz en las cul­tu­ras meso­ame­ri­ca­nas”. Pero no hacen men­ción algu­na a la exis­ten­cia de los Pue­blos Indí­ge­nas del pre­sen­te. Rei­vin­di­can como mes­ti­zos su ori­gen iden­ti­ta­rio en las cul­tu­ras anahua­cas en nues­tros ances­tros  pero pasan sin vol­tear a ver a los here­de­ros pri­me­ros y ver­da­de­ros que somos noso­tros y que esta­mos jun­to a ellos, como si no existiéramos.

Los his­to­ria­do­res ofi­cia­les hacen recuen­to de la his­to­ria nacio­nal pasan­do del pasa­do pre­his­pá­ni­co al perio­do de la colo­nia, de ésta a la inde­pen­den­cia, lue­go a la refor­ma, lle­gan a la Revo­lu­ción de 1910 y final­men­te lle­gan al Méxi­co moderno. Pero los Pue­blos, Tri­bus y Nacio­nes indias del pre­sen­te des­apa­re­ce­mos de su his­to­ria. Por eso la inte­lec­tua­li­dad mexi­ca­na por “mexi­cano” entien­den solo al pue­blo mes­ti­zo como si los Pue­blos Indí­ge­nas ya no exis­tié­ra­mos, como si los indios del pre­sen­te fué­se­mos cosa del pasa­do y mero folcklor.

El indi­ge­nis­mo cons­tru­yó una cul­tu­ra anti indí­ge­na que influen­ció has­ta a los sec­to­res polí­ti­cos demo­crá­ti­cos y de izquier­da. Has­ta 1993 para el mun­do de las ONG’s y el movi­mien­to social lo indí­ge­na no exis­tía como tal, era sinó­ni­mo de cam­pe­sino. En el mis­mo tiem­po la Izquier­da elec­to­ral eran de la con­vic­ción mayo­ri­ta­ria de que ya no exis­tían los indí­ge­nas, menos los Pue­blos indí­ge­nas, aho­ra –decían- “todos tene­mos algo de san­gre indí­ge­na”, es decir, infe­rían que aho­ra social y étni­ca­men­te los mes­ti­zos repre­sen­ta­ban a los indí­ge­nas. En el pre­sen­te, para el sec­tor de la izquier­da elec­to­ral más con­gruen­te, los Pue­blos indí­ge­nas no somos Suje­tos Polí­ti­cos Pro­po­si­ti­vos, solo somos una “pro­pie­dad cul­tu­ral de la Nación” equi­pa­ra­ble con la pro­pie­dad de la nación sobre su diver­si­dad bio­ló­gi­ca, nada más y nada menos.

Pre­ser­var la rela­ción de domi­nio polí­ti­co y étni­co del Esta­do mexi­cano sobre los Pue­blos Indí­ge­nas es con­si­de­ra­do un asun­to de segu­ri­dad nacio­nal y para la cla­se polí­ti­ca con­ser­va­do­ra, que gobier­nan al país des­de hace 90 años  -“por razo­nes de Esta­do”-   los indí­ge­nas y nues­tros Pue­blos debe­mos ser eli­mi­na­dos cul­tu­ral­men­te o redu­ci­dos a mero folc­klor, a ele­men­tos cul­tu­ra­les del pasado .

14.-      A con­tra corrien­te de los que se vive en Méxi­co, y reco­no­cien­do más de 450 años de resis­ten­cia de los Pue­blos indí­ge­nas del mun­do la ONU apro­bó el Con­ve­nio 169 de la OIT sobre Pue­blos Indí­ge­nas y Tri­ba­les en paí­ses inde­pen­dien­tes de 1989. Su reper­cu­sión en Méxi­co tuvo efec­to has­ta 1992  con la refor­ma cons­ti­tu­cio­nal por la que se creó el artícu­lo 4. Por fin des­pués de 192 años el Esta­do mexi­cano reco­no­cía ‑sin otor­gar dere­chos- que los Pue­blos Indí­ge­nas exis­tían y que éra­mos “el sus­ten­to ori­gi­na­rio de la Nación mexi­ca­na”, pero solo nos con­ce­dían “el acce­so a la juris­dic­ción del Esta­do” mexi­cano. A pesar de esto, la refor­ma sir­vió para que el sena­do de la repú­bli­ca rati­fi­ca­ra el Con­ve­nio 169 y así for­ma­ra par­te de la legis­la­ción nacio­nal. Des­de enton­ces es el úni­co ins­tru­men­to jurí­di­co inter­na­cio­nal vin­cu­lan­te en mate­ria indí­ge­na que pro­te­ge algu­nos dere­chos fun­da­men­ta­les de nues­tros Pue­blos ori­gi­na­rios de Méxi­co y que a pesar de sus limi­ta­cio­nes nos ha ser­vi­do invaluablemente.

Ante la per­se­ve­ran­cia de las orga­ni­za­cio­nes indias de Méxi­co y del mun­do y des­pués de 30 años de lucha polí­ti­ca inter­na­cio­nal, en sep­tiem­bre del año 2007, la ONU pro­cla­mó la Decla­ra­ción Uni­ver­sal de los Dere­chos de los Pue­blos Indí­ge­nas que reco­no­ce decla­ra­ti­va­men­te otros más de nues­tros dere­chos fun­da­men­ta­les como Pue­blos y Cul­tu­ras dife­ren­cia­das pero sin que los Esta­do nacio­na­les estén obli­ga­dos a res­pe­tar­los. Por lo que solo repre­sen­ta una obli­ga­ción moral de aca­bar con la injus­ti­cia his­tó­ri­ca que padecemos.

Por otra par­te el Movi­mien­to Indí­ge­na Con­ti­nen­tal de Abya Yala o Amé­ri­ca  esta­mos luchan­do por la Decla­ra­ción Ame­ri­ca­na de los Dere­chos de los Pue­blos Indí­ge­nas pero has­ta el momen­to los gobier­nos de Méxi­co, Esta­dos uni­dos y Cana­dá ejer­cen un blo­queo para que no cul­mi­ne con
éxi­to la Declaración.

En los últi­mos 18 años la lucha indí­ge­na y sus alia­dos demo­crá­ti­cos han logra­do refor­mas cons­ti­tu­cio­na­les o leyes secun­da­rias en mate­ria de dere­chos y cul­tu­ra indí­ge­na en dife­ren­tes Esta­do fede­ra­dos del país. Pero sal­vo los dere­chos elec­to­ra­les en Oaxa­ca (ejer­ci­cio del dere­cho de ele­gir a sus auto­ri­da­des muni­ci­pa­les por usos y cos­tum­bres por la vía de los hechos) y cul­tu­ra­les en Quin­ta­na Roo los demás ha sido cla­ra­men­te inapli­ca­bles. A nivel fede­ral como a nivel de los Esta­dos fede­ra­dos, el Esta­do mexi­cano ha acce­di­do a con­ce­der algu­nos dere­chos pero garan­ti­zan­do escru­pu­lo­sa­men­te que no se pue­dan ejer­cer. Este es el moti­vo por el que el Esta­do mexi­cano se nie­ga a reco­no­cer (y regla­men­tar) a los Pue­blos Indí­ge­nas como Suje­tos de Dere­cho Público.

Des­pués de años de lucha polí­ti­ca a muchos Pue­blos Indí­ge­nas y sus orga­ni­za­cio­nes auto­no­mis­tas nos ha que­da­do cla­ro que el reco­no­ci­mien­to de los Pue­blos Indí­ge­nas como Suje­to de Dere­cho Públi­co es la pie­dra angu­lar de la lucha his­tó­ri­ca india. Ya exis­ten algu­nos dere­chos en la Cons­ti­tu­ción Fede­ral y las Loca­les pero no exis­te el Suje­to Tute­lar del dere­cho, o sea,  el Suje­to Polí­ti­co. Éste no pue­de ni debe ser otro que los Pue­blos Indí­ge­nas, tal y como lo esta­ble­ce la legis­la­ción internacional.

15.-      Gra­cias al levan­ta­mien­to arma­do de los indios del EZLN en Chia­pas en 1994 los Pue­blos Indí­ge­nas vol­vi­mos a ocu­par un espa­cio en el esce­na­rio polí­ti­co nacio­nal, vol­vi­mos a ganar visi­bi­li­dad, esto fue el gran apor­te del EZLN al Movi­mien­to Indí­ge­na Nacio­nal. Aun­que este movi­mien­to arma­do ini­cial­men­te no era un movi­mien­to indí­ge­na, sino un movi­mien­to de pobres en con­tra del neo­li­be­ra­lis­mo, su com­po­si­ción mayo­ri­ta­ria­men­te indí­ge­na con­ci­tó nues­tra soli­da­ri­dad inme­dia­ta e incon­di­cio­nal. Por eso, a invi­ta­ción expre­sa, acep­ta­mos ser ase­so­res del EZLN duran­te el diá­lo­go de San Andrés. Apor­ta­mos y con­tri­bui­mos al dise­ño y redac­ción de los Acuer­dos de San Andrés y apos­ta­mos a que éstos tuvie­ran el papel de pro­gra­ma polí­ti­co uni­fi­ca­dor de los indios del país y más ade­lan­te tam­bién con­tri­bui­mos a cons­truir al Con­gre­so Nacio­nal Indí­ge­na e inten­ta­mos que éste fue­se el espa­cio de con­ver­gen­cia y de orga­ni­za­ción nacio­nal indí­ge­na, pero des­gra­cia­da­men­te en ambos pro­pó­si­tos fracasamos.

En un exce­so de pro­ta­go­nis­mo las orga­ni­za­cio­nes indí­ge­nas sus­ti­tu­ye­ron a los Pue­blos, Tri­bus y Nacio­nes indias y ante­pu­sie­ron sus dife­ren­cias ideo­ló­gi­cas a sus coin­ci­den­cias polí­ti­cas. Por otra par­te, no se com­pren­dió a tiem­po que los acuer­dos de San Andrés no cabían en un Esta­do mono­ét­ni­co, mono­cul­tu­ral y mono­lin­güe y que modi­fi­car­lo es una tarea que debe ser pac­ta­da no solo entre los indí­ge­nas sino entre éstos y una nue­va mayo­ría social y polí­ti­ca del país, de indios y de no indios, de deba­jo, de en medio y de arri­ba, de la izquier­da pero tam­bién y fun­da­men­tal­men­te de ver­da­de­ros demó­cra­tas pues éstos no exis­ten solo a la izquier­da y los de izquier­da no todos los son en ver­dad ni no todos son demó­cra­tas. Con la refor­ma cons­ti­tu­cio­nal del año 2001 se mos­tró y demos­tró que la cla­se polí­ti­ca de “izquier­da” y de las dere­chas se uni­fi­can para pre­ser­var al Esta­do mono­ét­ni­co y el mode­lo de Nación Única.

Aho­ra com­pren­de­mos que los indios, nues­tros Pue­blos y orga­ni­za­cio­nes (en para­le­lo, jun­tos, ni atrás ni ade­lan­te uno de otra y sin sus­ti­tuir uno a otra o a la inver­sa), debe­mos reba­sar nues­tras pro­pias fron­te­ras loca­les y hacer polí­ti­ca nacio­nal, debe­mos pac­tar con otros Pue­blos, Tri­bus y Nacio­nes indias y orga­ni­zar­nos nacio­nal­men­te; debe­mos con­sen­sar inter­na y nacio­nal­men­te un Pro­yec­to Indí­ge­na de Nación y cons­truir sóli­das alian­zas polí­ti­cas con los demó­cra­tas del país para cons­truir un Pro­yec­to Alter­na­ti­vo de Nación común. Aho­ra nue­va­men­te cobra vigen­cia la deman­da his­tó­ri­ca que expre­sa­mos en 1996: ¡Nun­ca más un Méxi­co sin nosotros!

 

III) POR UNA RELA­CIÓN POLÍ­TI­CA DEMO­CRÁ­TI­CA E INTERCULTURAL

1.-        La Nación mexi­ca­na (des­de
su fun­da­ción en 1824), nació con una sola reli­gión: la cató­li­ca, un solo len­gua­je: el espa­ñol, una sola cul­tu­ra: la espa­ño­la crio­lla y una sola auto­ri­dad y ley: la cons­ti­tu­cio­nal con­ser­va­do­ra y libe­ral. Nues­tra espi­ri­tua­li­dad vol­vía a con­si­de­rar­se cosa del demo­nio y no sería tole­ra­ble; A par­tir de aho­ra si que­ría­mos par­ti­ci­par en la vida de la Nación debía­mos hablar en espa­ñol; nues­tra cul­tu­ra sería con­si­de­ra­da duran­te déca­das como sal­va­je, infe­rior y retró­gra­da y un obs­tácu­lo para la “pros­pe­ri­dad” por lo que debía des­apa­re­cer; nues­tra orga­ni­za­ción polí­ti­ca tra­di­cio­nal y sus prác­ti­cas de gobierno, admi­nis­tra­ción y jus­ti­cia autó­no­ma fue­ron con­si­de­ra­das ilegales.

Al impo­ner­se el mode­lo de Nación Úni­ca y Esta­do Repu­bli­cano y lue­go de ser reafir­ma­do por el Cons­ti­tu­yen­te de 1917 se deci­dió al mis­mo tiem­po que los Pue­blos, Tri­bus y Nacio­nes indias debe­rían dejar de exis­tir al menos legal­men­te. Con­se­cuen­te­men­te la rela­ción polí­ti­ca his­tó­ri­ca que impu­so el Esta­do mexi­cano a los Pue­blos indí­ge­nas fue de segre­ga­ción étni­ca y de domi­nio étni­co y político.

Los cons­ti­tu­yen­tes de 1824 y de 1910 no solo no con­si­de­ra­ron la cons­truc­ción de una Nación Plu­ri­na­cio­nal como éra­mos en la reali­dad, sino que aho­ra debía­mos dejar de ser indí­ge­nas para ser ver­da­de­ros mexi­ca­nos. Aho­ra que­dá­ba­mos en el total desamparo.

2.-        El nue­vo Esta­do mexi­cano se ane­xó todos los terri­to­rios indí­ge­nas exis­ten­tes en el que fue el “virrei­na­to lla­ma­do antes Nue­va Espa­ña, el que se decía capi­ta­nía gene­ral de Yuca­tán, el de las coman­dan­cias lla­ma­das antes de pro­vin­cias inter­nas de Orien­te, y Occi­den­te, y el de la baja y alta Cali­for­nia con los terre­nos ane­xos e islas adya­cen­tes en ambos mares”.

Cuan­do Méxi­co per­dió casi la mitad de su terri­to­rio con la gue­rra que cul­mi­nó en los Tra­ta­dos de Gua­da­lu­pe Hidal­go de 1848 los más pro­tes­ta­ron por la pér­di­da de terri­to­rio pero nadie lamen­tó la divi­sión de los terri­to­rios ances­tra­les de nues­tros Tri­bus y Nacio­nes indí­ge­nas del Nor­te. Por eso el Movi­mien­to Indí­ge­na Nacio­nal recla­ma­mos el dere­cho his­tó­ri­co de nues­tros Pue­blos Indí­ge­nas del nor­te a su uni­dad étni­ca y cul­tu­ral sin impor­tar las fron­te­ras de los Esta­do-Nación que los dividieron.

3.-        El Pue­blo mexi­cano se encuen­tra en con­di­cio­nes de har­taz­go hacia el Esta­do que lo domi­na, hacia la cla­se polí­ti­ca que lo gobier­na y hace enor­mes esfuer­zos por unir­se para luchar por cam­biar las con­di­cio­nes estruc­tu­ra­les de la cri­sis sis­té­mi­ca del país. Pero sigue mirán­do­se a sí mis­mo sin repa­rar en que los Pue­blos indí­ge­nas exis­ti­mos y que com­par­ti­mos su angus­tia y deses­pe­ra­ción. Qui­zá sea el momen­to en que tome­mos la ini­cia­ti­va de con­vo­car a múl­ti­ples encuen­tros de socie­da­des para sanar las heri­das de agra­vios y cons­truir una alian­za de pro­pó­si­tos y aspi­ra­cio­nes comunes.

4.-        El Pue­blo mexi­cano, los Pue­blos indí­ge­nas, sus orga­ni­za­cio­nes y par­ti­dos y en espe­cial los demó­cra­tas del país debe­mos pac­tar la paz y una nue­va rela­ción demo­crá­ti­ca e inter­cul­tu­ral, es decir una rela­ción de soli­da­ri­dad polí­ti­ca, de ayu­da mutua, de inter­cam­bio jus­to de bie­nes y cul­tu­ra y de retro­ali­men­ta­ción espiritual.

5.-        El actual Esta­do mexi­cano ha teni­do al menos dos opor­tu­ni­da­des his­tó­ri­cas en los últi­mos 15 años para tran­si­tar de una his­tó­ri­ca rela­ción polí­ti­ca de domi­nio sobre los Pue­blos indí­ge­nas hacia una rela­ción demo­crá­ti­ca e inter­cul­tu­ral pero las ha des­pre­cia­do. Incum­plió los Acuer­dos de San Andrés de 1996 y al dese­char­los en el año 2001 se negó por ter­ce­ra vez his­tó­ri­ca­men­te a reco­no­cer la diver­si­dad étni­ca y cul­tu­ral del país.

6.-        Esti­ma­mos que la cla­se polí­ti­ca con­ser­va­do­ra que aho­ra es domi­nan­te no le intere­sa demo­cra­ti­zar al Esta­do ni a la socie­dad. En con­se­cuen­cia el Movi­mien­to Indí­ge­na Nacio­nal con­tri­bui­rá  a la cons­truc­ción de una mayo­ría social y una mayo­ría polí­ti­ca para que Pac­te­mos una Revo­lu­ción Demo­crá­ti­ca y Pací­fi­ca que con­sen­sue con la Nación la con­vo­ca­to­ria a un nue­vo Cons­ti­tu­yen­te que redacte
una nue­va Cons­ti­tu­ción que can­ce­le el erró­neo mode­lo de Nación úni­ca y pro­mul­gue una nue­vo Esta­do Plu­ri­na­cio­nal Demo­crá­ti­co con lo que inau­gu­re­mos una genui­na Uni­dad en la diver­si­dad de la Nación y de su Esta­do nacional

7.-        Una nue­va Rela­ción Demo­crá­ti­ca e Inter­cul­tu­ral de los Pue­blos Indí­ge­nas con el Esta­do mexi­cano debe expre­sar­se al menos en lo siguien­te: que los tres Pode­res del Esta­do ten­gan una com­po­si­ción plu­ri­ét­ni­ca repre­sen­ta­ti­va y man­da­ta­da; que sean de plu­ra­li­dad jurí­di­ca, es decir, que  se rija por dos sis­te­mas nor­ma­ti­vos: el del dere­cho posi­ti­vo y el del dere­cho indí­ge­na; que las ins­ti­tu­cio­nes, sus pla­nes, pro­gra­mas y polí­ti­cas públi­cas sea plu­ri­cul­tu­ral; que en espe­cial las ins­ti­tu­cio­nes de edu­ca­ción indí­ge­nas sean cul­tu­ral­men­te apro­pia­da, que recu­pe­re la his­to­ria ver­da­de­ra de cada Pue­blo Indí­ge­na y se incor­po­re a la edu­ca­ción for­mal, que ésta sea al menos bilin­güe y esco­la­ri­za­da des­de el pre­es­co­lar hata la uni­ver­si­dad, para lograr un desa­rro­llo simé­tri­co entre regio­nes y entre etnias; que los Pue­blos Indí­ge­nas pue­dan y deban con­tar con sus pro­pios medios de comu­ni­ca­ción escri­tos y audio­vi­sua­les; que ins­ti­tu­ya el auto­de­sa­rro­llo indí­ge­na en con­di­cio­nes de auto­no­mía y libre deter­mi­na­ción; que ins­ti­tu­ya el dere­cho de nues­tros Pue­blos a recons­ti­tuir­se en su memo­ria his­tó­ri­ca, en su iden­ti­dad y sabe­res y que se ins­ti­tu­ya que el patri­mo­nio his­tó­ri­co de la Nación sig­ni­fi­ca el uso, dis­fru­te y admi­nis­tra­ción con­jun­ta entre los pue­blos indí­ge­nas y el Esta­do mexi­cano que ten­ga como eje rec­tor la deci­sión de for­ta­le­cer el desa­rro­llo espi­ri­tual de nues­tros Pueblos.

 

IV) REFUN­DAR EL ESTA­DO-NACION
HACIA UN ESTA­DO PLU­RI­NA­CIO­NAL DEMO­CRÁ­TI­CO EN MÉXICO

1.-        Los Pue­blos Indí­ge­nas de Méxi­co, las fuer­zas polí­ti­cas del país y la socie­dad nacio­nal no indí­ge­na de mane­ra repre­sen­ta­ti­va debe­rán con­vo­car a un nue­vo Cons­ti­tu­yen­te y en él Pac­ta­rán la Refun­da­ción del Esta­do mexi­cano como un Esta­do Plu­ri­na­cio­nal Demo­crá­ti­co y sus­cri­bi­re­mos un nue­vo Pac­to Fede­ral para el reco­no­ci­mien­to cons­ti­tu­cio­nal de los Pue­blos Indí­ge­nas como Suje­tos de Dere­cho Públi­co y a sus Terri­to­rios tra­di­cio­na­les, muni­ci­pios o regio­nes indí­ge­nas  autó­no­mos como un cuar­to nivel de poder.

Se debe­rá indi­car expre­sa­men­te en la nue­va Cons­ti­tu­ción Fede­ral que los Pue­blos Indí­ge­nas for­man par­te del Esta­do Plu­ri­na­cio­nal  Demo­crá­ti­co y la Nación mexi­ca­na de mane­ra autó­no­ma y libre­men­te deter­mi­na­da. Que los Pue­blos indí­ge­nas los cons­ti­tu­yen o tie­ne dere­cho a recons­ti­tuir: a) un Terri­to­rio en don­de ejer­cen una sobe­ra­nía rela­ti­va, b) un Gobierno autó­no­mo, c) una Ley pro­pia que regu­la su con­vi­ven­cia inter­na, d) una Len­gua mater­na, cul­tu­ra e iden­ti­dad pro­pia con dere­cho a recrear­la y repro­du­cir­la de mane­ra autó­no­ma y e) una Espi­ri­tua­li­dad que libre­men­te se dan a sí mismos.

Los indios nun­ca más debe­mos ser extran­je­ros en nues­tra pro­pia tie­rra. Sere­mos mexi­ca­nos sin per­der nues­tra iden­ti­dad madre.

El Esta­do Plu­ri­na­cio­nal será la expre­sión polí­ti­ca de la Uni­dad en la Diver­si­dad, de la uni­dad armo­nio­sa y en paz de etnias y sus cul­tu­ras diver­sas, por lo cual debe­rá ins­ti­tuir nues­tro dere­cho a la iden­ti­dad madre garan­ti­zan­do que el acta de naci­mien­to y el docu­men­to de iden­ti­fi­ca­ción ofi­cial de la per­so­na indí­ge­na indi­que su ori­gen étni­co y debe­rá ins­ti­tuir que en ade­lan­te a la per­so­na indí­ge­na se le deno­mi­ne por su gen­ti­li­cio de acuer­do a su len­gua materna.

2.-        El nue­vo Esta­do Plu­ri­na­cio­nal con la par­ti­ci­pa­ción plu­ri­ét­ni­ca y plu­ri­cul­tu­ral repre­sen­ta­ti­va de los acto­res polí­ti­cos nacio­na­les ten­drá la tarea tras­cen­den­tal de ini­ciar un pro­ce­so que podría­mos lla­mar de “Des­co­lo­ni­za­ción” que ten­drá por obje­ti­vo hacer una eva­lua­ción deta­lla­da de las con­se­cuen­cias y secue­las de la polí­ti­ca de Esta­do en mate­ria indí­ge­na lla­ma­da Indi­ge­nis­mo y dise­ñar y eje­cu­tar una estra­te­gia para su des­man­te­la­mien­to a nivel ins­ti­tu­cio­nal, en el mar­co jurí­di­co nacio­nal y a nivel cul­tu­ral en la sociedad
nacio­nal no indígena.

El pro­ce­so de Des­co­lo­ni­za­ción, res­pal­da­do en el Comi­té de Des­co­lo­ni­za­ción de las Orga­ni­za­ción de las Nacio­nes Uni­das y fun­da­men­ta­do en la legis­la­ción inter­na­cio­nal vigen­te debe­rá ini­ciar una nue­va inge­nie­ría ins­ti­tu­cio­nal en los tres Pode­res de la Unión para garan­ti­zar la par­ti­ci­pa­ción en ellos de los Pue­blos Indí­ge­nas de mane­ra repre­sen­ta­ti­va, man­da­ta­da y autó­no­ma y dise­ñar. Así mis­mo debe­rá dise­ñar y eje­cu­tar una nue­va polí­ti­ca social de Esta­do para la con­ci­lia­ción, recon­ci­lia­ción, diá­lo­go inter­cul­tu­ral y uni­dad nacio­nal en la diversidad.

3.-        La impo­si­ción a etnias diver­sas el cri­te­rio jurí­di­co Libe­ral de “Igual­dad ante la Ley Posi­ti­va” (que es mono­cul­tu­ral y mono­ét­ni­ca) es inmo­ral, es una injus­ti­cia inacep­ta­ble. Por eso, el nue­vo Esta­do Plu­ri­na­cio­nal debe­rá ser de Plu­ra­li­dad Jurí­di­ca. El Esta­do nacio­nal debe­rá pac­tar con los Pue­blos Indí­ge­nas las fun­cio­nes y com­pe­ten­cias de sus sis­te­mas judi­cia­les, ins­ti­tu­cio­nes y leyes respectivas.

4.-        El nue­vo Esta­do Plu­ri­na­cio­nal Demo­crá­ti­co debe­rá sus­ti­tuir el actual sis­te­ma de par­ti­dos por nove­do­sas fór­mu­las de repre­sen­ta­ción ciu­da­da­na y por la par­ti­ci­pa­ción polí­ti­ca que los pro­pios Pue­blos indí­ge­nas deter­mi­nen de mane­ra autó­no­ma. Los Acuer­dos de San Andrés debe­rán ser reto­ma­dos para su revi­sión y apli­ca­ción pun­tual guia­dos por el obje­ti­vo de bus­car el equi­li­brio de aspi­ra­cio­nes e intere­ses legí­ti­mos de las diver­sas etnias, cul­tu­ras, cla­ses, sec­to­res y estra­tos socia­les de Méxi­co que recons­tru­yan la armo­nía social, polí­ti­ca, cul­tu­ral y eco­nó­mi­ca para vivir y pros­pe­rar en paz.

5.-        Los cri­te­rios polí­ti­cos rec­to­res en la cons­truc­ción per­ma­nen­te de los equi­li­brios para vivir en armo­nía y en  paz son: A) el cri­te­rio de Equi­dad de Opor­tu­ni­da­des que garan­ti­ce el desa­rro­llo asi­mé­tri­co entre las etnias, cul­tu­ras, cla­ses, sec­to­res y estra­tos socia­les. B) el Pac­to Polí­ti­co hecho ley de todos los acto­res polí­ti­cos de izquier­das, dere­chas, demó­cra­tas, orga­ni­za­cio­nes y Pue­blos Indí­ge­nas para reco­no­cer como legí­ti­mos los dere­chos e intere­ses  indi­vi­dua­les siem­pre y cuan­do no se afec­te a los dere­chos e intere­ses de la comu­ni­dad en los cua­tro nive­les de gobierno. C) el Pac­to polí­ti­co hecho ley de todos los acto­res polí­ti­cos y de la socie­dad civil para no tole­rar la corrup­ción e impu­ni­dad. D) los meca­nis­mos efec­ti­vos para garan­ti­zar la par­ti­ci­pa­ción repre­sen­ta­ti­va y direc­ta de la socie­dad para fis­ca­li­zar, para pro­po­ner, para revo­car man­da­tos y para ejer­cer de mane­ra direc­ta la sobe­ra­nía popu­lar si fue­se necesario.

6.-        Al seno de la Nación por ser una gran comu­ni­dad no deben exis­tir enemi­gos, por­que éstos se eli­mi­nan mutua­men­te; solo pue­de haber adver­sa­rios con dife­ren­cias que se deben resol­ver median­te pro­ce­di­mien­tos pací­fi­cos y demo­crá­ti­cos e inter­cul­tu­ra­les, es decir, median­te el diá­lo­go y la cons­truc­ción de mayo­rías socia­les y polí­ti­cas en ple­na liber­tad de pen­sa­mien­to, orga­ni­za­ción y manifestación.

En un Esta­do Plu­ri­na­cio­nal Demo­crá­ti­co se gobier­na de acuer­do a la volun­tad de la mayo­ría y el Esta­do debe pre­ser­var los dere­chos de la mino­ría. Los que hoy son mayo­ría maña­na pue­de ser mino­ría, por­que el pen­sa­mien­to y los intere­ses siem­pre están en movi­mien­to y cambian.

Los ele­men­tos dife­ren­tes son nece­sa­rios por­que son com­ple­men­ta­rios. Nues­tros ances­tros nos lega­ron el cono­ci­mien­to de que todo en la vida es dual y como tal no son ele­men­tos con­tra­dic­to­rios y mutua­men­te exclu­yen­tes, son ele­men­tos dife­ren­tes y com­ple­men­ta­rios, nece­sa­rios para que con­ti­núe la vida y evolucione.

La cul­tu­ra polí­ti­ca tan­to de dere­chas como de izquier­das rigen su prác­ti­ca polí­ti­ca enfun­da­dos en que las cla­ses socia­les luchan para excluir­se y de ser posi­ble des­truir­se. Esa ha sido la his­to­ria de la huma­ni­dad has­ta aho­ra por­que unos y otros han hecho del Poder y la rique­za la razón de su exis­ten­cia. Pero el pro­pio Mate­ria­lis­mo Dia­lec­ti­co e His­tó­ri­co del Mar­xis­mo  ‑que ambos estu­dian–  dice que todo en la
natu­ra­le­za es una con­tra­dic­ción: el posi­ti­vo y el nega­ti­vo se repe­len pero se man­tie­nen en uni­dad por­que no es pen­sa­ble el uno sin el otro, se nece­si­tan mutua­men­te para exis­tir. El pro­ble­ma no es la des­apa­ri­ción de una de las par­tes sino las reglas de su coexis­ten­cia ponien­do en el cen­tro el inte­rés y las aspi­ra­cio­nes de la comunidad.

La no com­pren­sión de esta ley ele­men­tal ha con­du­ci­do a un esce­na­rio mun­dial de gue­rras per­ma­nen­tes, a la des­truc­ción de nues­tra Madre natu­ra­le­za, a la explo­ta­ción y el exter­mi­nio del hom­bre por el hom­bre, a la vio­len­cia social y el cri­men orga­ni­za­do, a la des­apa­ri­ción del lla­ma­do socia­lis­mo real y a las cri­sis recu­rren­tes del capi­ta­lis­mo has­ta el momen­to actual que cues­tio­na la ile­gi­ti­mi­dad del para­dig­ma del capi­ta­lis­mo en su fase imperial.

7.-        Méxi­co tam­bién ha lle­ga­do al lími­te de su exis­ten­cia como Esta­do-Nación al haber per­mi­ti­do el secues­tro de su Esta­do Social de Dere­cho por una mafia ins­ti­tu­cio­nal y el cri­men orga­ni­za­do. El Pue­blo mexi­cano y los Pue­blos Indí­ge­nas como par­te de éste están lla­ma­dos a abrir nue­vas bre­chas para abo­lir la corrup­ción, la impu­ni­dad y los intere­ses ile­gí­ti­mos en nue­vos mode­los de coexis­ten­cia regi­dos por lo públi­co y lo comu­ni­ta­rio en un nue­vo Esta­do Demo­crá­ti­co Plurinacional

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