Recordando a Alfredo del Valle

Tenía una men­te crea­ti­va e inno­va­do­ra, como fun­cio­na­rio esta­ba al tan­to del más míni­mo deta­lle, era exi­gen­te has­ta la into­le­ran­cia, y en su duro capa­ra­zón escon­día su bon­dad e inseguridad.

Habla­ba mucho de la muer­te decía sen­tir­la fami­liar, no le temía, pero no la invo­ca­ba, al falle­ci­mien­to de su padre, deci­dió no infor­mar a nadie, y pre­fi­rió lle­var en silen­cio su pesar.

Le atraían las cosas eso­té­ri­cas y en una oca­sión fui­mos con un san­te­ro, le dijo que obser­vó sobre su cabe­za espa­das que como rayos se ente­rra­ban en él, lo que sig­ni­fi­ca­ba que  su vida corría peli­gro. Nada hizo para pro­te­ger­se. Y dos meses des­pués ocu­rrió el crimen.

Se le recuer­da con cariño.

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