Se tiene que ir el PRI

Esta elec­ción des­ta­ca no sólo por la cer­ca­nía con las elec­cio­nes pre­si­den­cia­les, sino por­que se diri­me un con­flic­to entre el vie­jo sis­te­ma y la voca­ción de alter­nan­cia y trans­for­ma­ción de la ciu­da­da­nía. Se tra­ta de una dispu­ta y una con­tra­dic­ción entre el inte­rés de los ciu­da­da­nos y el can­di­da­to del PRI, quien repre­sen­ta a la cla­se polí­ti­ca mexi­quen­se —en par­ti­cu­lar a Artu­ro Mon­tiel y Enri­que Peña Nie­to—, y a un sis­te­ma que se resis­te a cam­biar, que ha con­ver­ti­do al gobierno en un gran nego­cio, exclu­yen­do a la inmen­sa mayo­ría de los mexi­quen­ses de cual­quier posi­bi­li­dad de bienestar.

El Esta­do de Méxi­co es la enti­dad más pobla­da del país con más de 15 millo­nes de per­so­nas, de las cua­les sie­te millo­nes de per­so­nas viven en con­di­cio­nes de pobre­za y mar­gi­na­ción; tres millo­nes de los cua­les no tie­nen ingre­sos sufi­cien­tes para ali­men­tar­se todos los días. El 40% de la pobla­ción total (6 millo­nes de per­so­nas) no cuen­tan con segu­ri­dad social. Cer­ca de 700 mil per­so­nas regis­tran algún tipo de discapacidad.

La pobla­ción ocu­pa­da alcan­za los seis millo­nes de per­so­nas, de las cua­les el 69.3% son asa­la­ria­dos; de éstos, el 31% gana menos de dos sala­rios míni­mos, otro 23.5% gana entre dos y tres sala­rios míni­mos, y sólo 3.68% ganan más de 10 sala­rios mínimos.

El Esta­do de Méxi­co está con­for­ma­do por 3 millo­nes 700 mil hoga­res, en los que 850 mil son enca­be­za­dos por muje­res jefas de fami­lia. En una de cada cin­co fami­lias la mujer es el sos­tén del hogar y padre-madre a la vez. Ade­más, una de cada tres per­so­nas que tra­ba­jan es mujer.

Estos son los sal­dos de los gobier­nos del PRI, por lo que están en dispu­ta no sólo las for­mas inequi­ta­ti­vas de la com­pe­ten­cia elec­to­ral que ese par­ti­do ha uti­li­za­do duran­te 82 años, a las que es inca­paz de renun­ciar. De ahí la impor­tan­cia de no des­per­di­ciar el voto. De dotar al ejer­ci­cio demo­crá­ti­co de ele­gir al gober­nan­te de un valor trans­for­ma­dor. Bas­ta que el elec­tor tra­di­cio­nal priís­ta refle­xio­ne cuán­to ha mejo­ra­do su cali­dad de vida sexe­nio tras sexe­nio, y la deci­sión de los votan­tes panis­tas para ayu­dar a aca­bar con la hege­mo­nía de un gobierno corrup­to y auto­ri­ta­rio que aplas­ta la liber­tad ciu­da­da­na y ve en la crí­ti­ca ata­que y amenaza.

A lo lar­go de los últi­mos años y en la pre­sen­te cam­pa­ña se ha con­for­ma­do en el esta­do un movi­mien­to ciu­da­dano orga­ni­za­do capaz de lograr un triun­fo para recu­pe­rar el gobierno y abrir la posi­bi­li­dad de encon­trar una sen­da de pros­pe­ri­dad y bien­es­tar de los mexi­quen­ses. El voto de los sim­pa­ti­zan­tes de la Coa­li­ción Uni­dos Pode­mos Más —auna­do a miles de ciu­da­da­nos sin par­ti­do, los inde­ci­sos y de quie­nes recha­zan ser encues­ta­dos— deci­di­rá el 3 de julio si los mexi­quen­ses se some­ten a la mani­pu­la­ción o rom­pen con el PRI, para avan­zar hacia un cam­bio pro­fun­do y ver­da­de­ro, que per­mi­ta sig­nar un nue­vo pac­to social en la enti­dad, que con­vier­ta al gobierno en un alia­do soli­da­rio con quien hoy requie­re que se le tien­da la mano para salir ade­lan­te. Para lograr­lo, se tie­ne que ir el PRI.

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